Ojos Negros

No estaba en mis planes escribir dos post seguidos sobre cotos mineros, pero algunos de los temas en los que estoy trabajando para el blog todavía no están maduros para publicación. Así que, aprovechando que hace apenas una semana Tere y yo estábamos visitando las minas de Ojos Negros ubicadas entre las provincias de Teruel y Guadalajara, haré una pequeña crónica mineralógica de lo que vimos.

Molino harinero que puede verse entre la población turolense de Ojos Negros y el coto minero.

Quizás una de las cosas más llamativas es lo evocador del nombre, Ojos Negros. No recuerdo en qué curso de la EGB lo oí por primera vez como una de las minas de hierro más ricas de España. Sin embargo, nunca lo consideré un objetivo principal en mis «viajes con Mirete» por los minerales de hierro en sí, principalmente óxidos terrosos muy poco atractivos. Cierto que también hay minerales de hierro más bonitos, pero son similares a los de muchas localidades más cercanas a Murcia. En tal caso ¿qué hacemos aquí?

Pista que da acceso a las canteras desde un poblado minero.

El origen del yacimiento es sedimentario, una acumulación de óxidos e hidróxidos de hierro de edad ordovícica provocada por meteorización de rocas continentales. Es de suponer que durante la diagénesis parte del hierro pasó a carbonato, siderita, acompañando al carbonato de calcio y magnesio, dolomita, que es el mineral coleccionístico por excelencia de Ojos Negros. Posteriormente, durante la orogenia la masa de hierro quedó expuesta en forma de anticlinal, con lo que la acción de las aguas supergénicas comenzó a alterar la siderita y formar nuevos minerales como la goethita.

El autor examinando muestras en uno de los frentes de explotación.

Al parecer, existen en las minas de Ojos Negros carbonatos complejos de hierro y magnesio, que yo no podría diferenciar con mis rudimentarios medios. Así que vayan mis disculpas por adelantado si alguna de las sideritas mostradas resultara ser breunnerita.

Cristales de siderita mostrando translucidez, encuadre de 25 mm.
Cristales de siderita alterados en limonita.
Hematites en variedad micácea, con aspecto de filita es muy deleznable y deja la típica «purpurina» en los dedos.
Goethita, con su típico aspecto botroidal.
Dolomita, carbonato de calcio y magnesio cristalizado en romboedros.
Barita, recogida cerca de Mina Carlota.

Pero aún no he dicho qué hacía por Ojos Negros… El pasado verano me crucé con unos coleccionistas que me hablaron del cuarzo que aparece en cierto sector de las minas. Como ya dije en un post anterior, yo me declaro buscador de cuarzo. La posibilidad de unos cristales que pudiera hermanarse con el «hielo de Carrascoy» era algo que debía investigar. Al final pude observar unas muestras de cuarzo entre unos acopios de mineral de hierro, que por haber pasado por molinos estaban algo estropeadas. Por cierto, sobre el cuarzo, a su vez, se depositan óxidos de manganeso.

Gran punta de cuarzo desgajada de una drusa.
Agregado de cristales de cuarzo.
Hielo en uno de los caminos… no hay que olvidar que aquí refresca por la noche.

Lamento decir que no recogí ninguna muestra de aragonito, que aquí se presenta en cristales transparentes de gran belleza… pero seguro que en el siguiente viaje cae: además del cuarzo hay muchas razones para volver a las minas de Ojos Negros y su comarca.

Castillo de Zafra, no muy lejos de Ojos Negros y localización de varias escenas de Juego de Tronos.

Editado 20/08/2026

He tenido la oportunidad de volver más veces a las minas de Ojos Negros – Setiles y mejorar los ejemplares de los minerales mostrados anteriormente. Esta precisión geográfica añadiendo la localidad guadalajareña de Setiles es importante porque Sierra Menera, en la que se sitúan las minas, está dividida por la frontera municipal (y autonómica). Es precisamente en la Mina Carlota de Setiles donde aparece el cuarzo, al menos en cantidad y calidad significativa. Agradezco a mi colega Miguel Palacios la información sobre otras especies minerales que no cito en el post como calcita, magnesita, aragonito (tipo «catedral»), malaquita y alguna rareza como todorikita y jianshuita (óxidos de manganeso).

Agregado de cristales de cuarzo tipo domo (lo contrario de una geoda), recogido en la escombrera de Mina Carlota el 18 de agosto de 2026. En caso que no salga el vídeo incrustado pulsar el siguiente link.
El domo anterior en el momento de recogerlo 🙂
Dumper en la Mina Carlota, que se encuentra en explotación.

Mis minerales de La Unión

Reconozco con cierto apuro que no he ido a buscar minerales al distrito minero de La Unión (extensivo a Cartagena – Sierra Minera) tanto como lo merece por diversidad, abundancia y fama. Quizás sea esto último, la fama, lo que me ha provocado un cierto rechazo… Si hay un lugar en la Región de Murcia tomado por los “vitrinólogos”, como los llama mi querido amigo Luis Arrufat, ese es La Unión: piezas estandarizadas de los minerales que han hecho famoso al distrito entre los coleccionistas, ejemplares cotizadísimos de filones ya agotados, secretismo y desconfianza entre los mineros…

Paisaje de la Sierra Minera

He querido titular el post Mis minerales de La Unión porque mis ejemplares distan mucho de lo que se entiende por una buena colección de la zona. Mi cosecha de piedras no es excesivamente sistemática para la variedad de especies minerales que produce la Sierra Minera. Tampoco tengo piezas excepcionales por su rareza o cristalización. El libro Minerales de la Región de Murcia de Mariano Muelas Espinosa, Pedro Pérez Nieto y Jordi Gil García-Miguel sigue siendo una buena referencia, pero se ha quedado algo obsoleto desde la entrada en acción de los coleccionistas de micros. Para ver una lista más actualizada recomiendo visitar MINDAT.

La portada la protagoniza un cristal de ludlamita, uno de los minerales más apreciados.

Algunas de las piezas que aparecen no las he recogido yo personalmente. Si tratara de dar las gracias a todos los que me han ayudado, enseñado y compartido momentos de mazo y cincel, escribiendo sus nombres seguro que cometería alguna omisión imperdonable. Por eso sólo mencionaré al Robles, que nos dejó repentinamente hace algo más de un año. Finalmente, como La Unión no es mi territorio, no me siento en condiciones de dar “lecciones” por lo que me limitaré a poner las fotos con breves comentarios.

Blenda (esfalerita)

Agregado de cristales de blenda ferrífera (marmatita).
Blenda ferrífera masiva de un acopio.
Filoncillo de blenda con calcopirita.

Galena

Ejemplar de galena cristalizada.
Pieza de galena mostrando una superficie libre que no llega a ser cara de cristal. Es el único plomo que he picado en el interior de una mina y llevaba una iluminación tan mala que no pude apreciar lo que era hasta que salí al exterior.
Pisapapeles de galena, de los tiempos que las minas estaban en activo.

Pirita

Pequeña geoda en pirita masiva, encuadre 3 cm.
Macla de cubos de pirita con aristas de algo más de 1 cm.

Pirrotina

Agregado de cristales tabulares.

Calcopirita

Calcopirita masiva con magnetita.

Calcosina

Masa de sulfuros de cobre superficialmente alterada.
Cristal de hábito pseudocúbico que me desconcierta, 1 mm de diámetro..

Magnetita

Magnetita cristalizada en drusa aterciopelada.
Detalle de la pieza anterior
Piedra imán de La Unión levantando una bola de hierro de 18 milímetros de diámetro.

Hematites

Masa de hematites laminar recogida en la zona de Las Lajas… en serio, lo prometo.

Goethita

Irisaciones de vivos colores en goethita.

Pirolusita

Drusa tapizada de cristales de pirolusita con otros óxidos de manganeso, encuadre 5 centímetros.

Cuarzo

Cuarzo de suave tono amatista.
Placa de cuarzo.
Cuarzo biterminado de 35 milímetros.
Ópalo y calcedonia, encuadre 25 mm.

Smithsonita

Masa de smithsonita verdosa y parda, con formaciones arriñonadas.
Pieza de smithsonita monstrando su translucidez.

Hemimorfita

Cristales de hemimorfita sobre limonita en formación de abanicos, encuadre 25 mm.

Hidrocincita

Masa parcialmente terroso con hidrocincita.
Vista de la misma pieza con luz UV.

Barita

Drusa de barita con cristales tipo“ juanola”.
Pieza de barita que me regalaron en una de las minas cuando era niño.

Calcita

Drusa de calcita.
Otra drusa de calcita.

Fluorita

Fluorita cristalizada en cubos.
Pieza enorme de fluorita de una colección antigua de procedencia dudosa.

Mimetita

Tapizado de cristalitos “haciéndose pasar” por piromorfita.

Asociaciones

Sulfuro polimetálico, destacando la galena y pirita, en menor cantidad blenda y algo de siderita.
Greenalita con sulfuros, paragénesis típica del «manto de los azules».
Masa de sulfuros: galena (destaca la exfoliación a la izquierda), blenda, pirita, calcopirita… hace falta la lupa para verlo todo. También lleva siderita.
Galena con magnetita.
Mezcla de minerales de cobre y hierro, visibles algo de calcopirita, magnetita y malaquita.
Mineral por determinar, sorry.

Visita a las antiguas minas

Para disfrutar como turista del patrimonio minero de La Unión – Sierra Minera hay una zona acondicionada, el llamado Parque Minero, del que forma parte la mina visitable Agrupa Vicenta. En el momento de escribir estas líneas, el Parque Minero se encuentra cerrado y sin noticias sobre su futuro. No obstante, es posible dejar el vehículo en su aparcamiento y subir caminado por la Carretera del 33 con relativa comodidad hasta la zona de La Crisoleja. Si se sigue subiendo hasta los aerogeneradores, desde allí se podrá disfrutar de una estupenda panorámica en todas direcciones, mar incluido.

El pan de cada día para el aficionado a buscar minerales.

Para el aficionado a los minerales sería más interesante tener acceso a frentes de explotación y escombreras más recientes. Sin embargo no puedo aconsejar esta actividad en mi web por dos motivos. El primero, es que hay que saber moverse en las zonas minadas para no tener accidentes. El segundo, es que las cortas están en “terreno privado”: cómo unas concesiones temporales para explotación minera terminan convirtiéndose en títulos de propiedad es uno de esos milagros que sólo pueden ocurrir en un país como el nuestro.

Yeso, formado en el gossan por la acción de las aguas ácidas sobre carbonatos de calcio.
Masa de pirita en una corta.
Laguna de agua ácida en la corta Brunita.

Sobre lo que no tengo…

No quisiera acabar sin comentar algunas cosas que me gustaría encontrar en La Unión. Entre las piezas típicas en las colecciones están las maclas estrelladas de cerusita sobre goethita. Sin embargo, lo que a mí me gustaría tener es una cerusita masiva que se explotó en el siglo XIX compuesta de largos cristales entrecruzados. De aquí también han salido buenos cobres nativos, cuprita, azurita y malaquita cristalizadas y linarita, incluso. Mencionemos también los yesos aciculares hialinos que se formaron en alguna galerías selladas durante décadas, una de ellas tristemente vandalizada por un especulador sin escrúpulos.

Número de una revista especializada en Mineralogía luciendo en la portada una roseta de natrosiderita de Cabo de Palos con motivo del artículo que mi amigo Manuel Morales y Joan Rosell dedican a la rara paragénesis de la mina «Ferruginosa».

Hay minerales de gran belleza, como los fosfatos cristalizados vivianita y ludlamita, encerrados en grandes bolos de pirita. En el gossan de La Unión se producen muchos minerales complejos para quien tenga paciencia y buena lupa. Algunas minas más bajas, por la acción de adicional de la proximidad del mar y el clima árido han añadido nuevas citas mineralógicas a nivel nacional. Reconozco que aunque no soy de micros, no me importaría encontrarme alguno de esos cristalitos.

Otra referencia para saber más sobre los minerales de La Unión.

Acabo la sección con uno de los misterios de la mineralogía local. Durante algunos años, el distrito de La Unión fue el principal productor de estaño de España. Para mayor asombro, en el Parque Minero se pueden visitar, en buen estado de conservación, el lavadero con los molinos especiales para beneficiar la casiterita (minas Cuarta y Remunerada). Sin embargo, no he visto ni sé de ninguna colección que presuma de tener una pieza donde el mineral estannífero sea evidente. También ha aparecido cinabrio en alguna mina, entre otras curiosidades de este suelo rico en metales.

Seguimos buscando…

Como en otras páginas similares (Valle de Ricote, Mazarrón), mis minerales de La Unión no quedará estática. Espero aumentar las especies mencionadas y mejorar las fotos a lo largo de este año.

Escombrera en primer plano. Al fondo, la bahía de Portmán, tristemente famosa.

El Cañarico

«Mi calle» en El Cañarico

Hay un hecho relevante, casi como un as en la manga, que nunca había mencionado antes en este blog dedicado, sin pudor alguno, al autobombo: tengo una calle dedicada en El Cañarico. Esto es algo que ni siquiera mi querido amigo Ignacio Martín Lerma, murciano del año 2022, ha conseguido todavía. Sin embargo, tal calle no es mérito mío y su onomástica la tengo compartida con algunos primos hermanos. La explicación, unos cuantos párrafos más abajo.

La madre

A Mazarrón, pueblo de mi padre y de Tere 😉 , le he dedicado varios posts en relación con sus minerales y pasado minero. Pero cuando uno que ha nacido en ruta tiene que ser de algún sitio, lo propio es serlo de donde sea su madre. Porque la madre es la tierra y es en ella donde se echan las raíces. Los gitanos lo saben desde siempre y por eso heredan su condición por vía materna. La Ciencia ha llegado a la misma conclusión en tiempos bastante más recientes y lo llama ADN mitocondrial.

La diosa Isis sostiene a su hijo Horus, escultura egipcia

No es sólo una cuestión de sangre o genes. Hay también una tradición y cultura antiquísimas que viaja(ba)n por la vía matriarcal de generación en generación. Por ejemplo, la devoción a la Virgen María, tan arraigada en las mujeres de esta tierra, así como en el resto del Mediterráneo cristiano, no viene de ningún concilio eclesiástico, sino de la Astarté fenicia o la Isis egipcia. Estas deidades representaban la fertilidad y la vida, y su culto fue asimilado por la Iglesia Cristiana, ese estómago de camello que llamaba Sánchez Dragó, para arraigar en el Mediterráneo, dónde, por cierto, nunca prendió la llama del Protestantismo por devaluar a la madre de Jesús.

Foto de familia: en posición central mi abuela Carmen, mi chacho Tomás sostiene una guitarra y detrás mi madre con sombrero y postizas

Por todo esto, yo siempre digo que soy del Cañarico, donde nació mi madre y buena parte de mis antepasados. Porque me vincula al ancestral mundo mediterráneo, y un escalofrío me recorre la espalda cuando, sentado en los restos de un poblado argárico, pongo mis manos en la tierra y cierro los ojos. Por coherencia, he mantenido El Cañarico como lugar de empadronamiento durante más de treinta años, hasta que las medidas anti-covid imposibilitaron la ubicuidad residencial.

Un poco de geografía e historia

El Cañarico es una pedanía de Alhama de Murcia, ubicada entre el río Guadalentín y la umbría de la sierra de Carrascoy. Esto lo tiene en común con La Costera, aparte de estar ambas poblaciones situadas sobre la antigua carretera de Murcia a Mazarrón. El Cañarico es también la pedanía más distante del núcleo urbano de Alhama, de manera que sus habitantes encuentran mucho más cómodo acercarse a Sangonera la Verde o a Librilla para las compras básicas.

Vista de Carrascoy con nieve desde El Cañarico

Consta El Cañarico de dos aglomeraciones de población, aparte de varias casas diseminadas. Las Ventas, o Cañarico propiamente dicho para muchos, es más antigua, como queda patente al llamarse el otro núcleo Pueblo Nuevo. La distinción entre ambos lugares era particularmente clara para la empresa de autobuses adjudicataria de la línea Murcia-Mazarrón que cambiaba de tarifa en los menos de 500 metros que separan ambos lugares. 

Fragmento de litargirio procedente del Cañarico

Existen evidencias de ocupación persistente del territorio durante los últimos 5000 años, pero el resto arqueológico más famoso del Cañarico es el tesorillo de monedas de oro y plata medievales del Cabezo de la Pita, que se puede contemplar el Museo Arqueológico de Murcia… bueno, dicen las leyendas que lo que hay en el museo es una mínima parte del tesoro original y que el oro de la Pita contribuyó a suavizar las economías de algunas familias.

Monedas de oro del Tesorillo de la Pita

Ahora la explicación de “mi calle”… El Pueblo Nuevo se levanta sobre unos terrenos cedidos por mi abuelo Matías. En aquel tiempo el nombre del padre era el apellido popular, así que toda la descendencia de mi abuelo eran “los Matías” y el nombre se repetía dos generaciones después. Siguiendo la normativa no escrita, los nombres de los dos primeros varones honraban a los abuelos paterno y materno respectivamente. Así que hemos llegado a ser hasta cinco primos “Matías” en total los que nos repartimos la calle.

Macondo

Las mujeres eran las depositarias del conocimiento del mal de ojo y del aliacán, su diagnóstico (con ayuda de un candil y un tazón) y su curación (con una plegaria que sólo se podía transmitir en Viernes Santo). El mal de ojo podía ocasionarlo cualquier persona sin querer, pero había algunas que estaban permanentemente maldecidas con ese poder. Tal era su fama, que se evitaba pasar cerca de su casa, con niños o animales, mucho más sensibles a la “dolencia” que los adultos. Por otra parte, cualquiera que se acreditara que había llorado en el vientre de su madre antes de nacer podía dedicarse a curandero, si así lo deseaba.

Mis abuelos maternos: Carmen Muñoz Vidal y Matías Baño Carrasco

Aparte de las enfermedades señaladas antes, las mujeres conocían remedios para cualquier cosa. Me cuentan que mi abuela Carmen era muy consultada y que una vez le llevaron un niño con una tos persistente. El remedio que indicó consistía en freír escarabajos (folloneros, para más detalle) y dar cucharadas de ese aceite. El señor en el que se convirtió ese niño me cuenta que el brebaje funcionó. Alguna vez, si no quedaba otra solución, se consultaba al médico. Una de mis chachas estaba tan enferma de niña que le tenían ya preparada la mortaja. El médico le prescribió aceite de ricino y se curó. Mi chacha Carmen hizo la primera comunión vestida con su mortaja. Murió con 96 años y una salud extraordinaria hasta el final de su vida.

Mi madre con mi chacha Pura, ya fallecida

Mi madre es la única que todavía sobrevive de sus siete hermanos que llegaron a edad adulta. Mis dos chachas mayores habían estado siempre muy unidas. Una de ellas, a raíz de un accidente doméstico, perdió el habla y la movilidad, quedando en un estado casi vegetal durante bastantes años. Una mañana, mi otra chacha le pidió a su hijo que la llevara a ver a su hermana: ésta le había dicho en sueños que iba a morir y quería despedirse. Así que la visitó y se despidió de ella. A los pocos días acabó el sufrimiento de su hermana.

Así que el realismo mágico no es algo que me resulte extraño: Macondo podría estar perfectamente de esta parte del Atlántico.

Mis años en El Cañarico

La escuela del Cañarico proporcionaba en una sola aula todos los cursos hasta 5º de EGB. A partir de 6º, que era mi caso cuando nos mudamos, había que ir a Alhama. Un autobús escolar nos recogía por las mañanas y nos devolvía por las tardes. La espera podía ser relativamente larga, así que durante las mañanas frías esperábamos junto a una hoguera de una o dos garbas de limonero que se amontonaban cerca de la parada. Mis compañeros, chicos en su mayoría tenían motes: la yemala menchael cheifla porre, Pepe el rubio… no había ningún obstáculo en que al alias tuviera género femenino, pero las chicas no solían tener motes. Yo también tuve un mote, pero con menos solera, apenas me llamaban por él.

Recogiendo almendras con mi hermana

Vivir en una casa aislada lejos del caserío no ayudaba a que pasara mucho más tiempo en compañía de mis coetáneos fuera del horario escolar. Pero recuerdo muchas de aquellas reuniones sentados en la marquesina, o sobre su moto el que la tuviera, y los temas de conversación y las preocupaciones de mis amigos. La televisión no había interferido todavía en la vida social. Cuando se pasaba el frío eran frecuentes las tertulias nocturnas en la calle, pero durante todo el año los hombres se reunían en el bar de El León a jugar al dominó. El bar también era tienda y entre los escasos productos que ofrecía estaba el almendracao, cuyo sabor irrepetible echo de menos.

En El Cañarico, a mediados de los 90

A pesar de estos recuerdos sociales, la mayor parte del tiempo libre que no estaba en la escuela lo pasaba observando a los bichos, buscando piedras y leyendo los libros que había por casa. Sobre esto último, creo que la mayor parte de lo que es ahora “mi cultura” son vestigios de aquellas lecturas. Así pasé cinco años hasta que mis padres se mudaron a Archena, aunque seguimos habitando en El Cañarico por temporadas durante unos años más. Hoy está tan cambiado que cada vez que vuelvo por allí se distorsionan mis recuerdos.

A modo de epílogo

En mi infancia el cultivo mayoritario que había por El Cañarico y sus alrededores era el almendro, especie adaptada al clima y la escasez de agua. Para alguna otra cosa que requiriera algo más de riego estaban los pozos. La tendencia fue cambiar almendros por cítricos, cosa que todavía sigue, a pesar de la aparente saturación del mercado, con roturación de nuevos terrenos. Los lugares donde buscaba patatas de monte (criadillas o turmas, la más humilde de las trufas) con mi madre han desaparecido removidos por bulldozers.

La sobreexplotación de los acuíferos ha bajado el nivel freático, robando la humedad natural del suelo y provocando la muerte de multitud de árboles. Nadie puede ser tan estúpido para pensar que los árboles silvestres sólo reciben agua los escasos días de lluvia ¿no? Recuerdo particularmente las moreras y olmos que crecían cerca de la casa de mis abuelos, donde iba a coger hojas para mis gusanos de seda y me gustaba deslizarme por la hiedra que cubría un talud entre los árboles. Por supuesto, no queda ya nada de eso, y aunque esto es mera anécdota, lo pongo como ejemplo de una de tantas cosas que frecuentemente se achacan al cambio climático para alivio de culpables e inacción de responsables.

Este post está dedicado a mi madre

¡Feliz 2023!

Adenda 5/01/2023

El post «El Cañarico» ha tenido más de 150 entradas en las 72 horas siguientes a su publicación. Sé que estos números son ridículos comparados con los que manejan los influencers, pero teniendo en cuenta la población de El Cañarico se puede decir que ha sido un éxito rotundo y estoy encantado por la extraordinaria acogida ¡Muchísimas gracias!

Pero esto también me incita a la reflexión. Seguramente el mérito del post, si es que tiene alguno, ha sido recuperar una ínfima parte de la memoria de nuestras gentes y de nuestro pueblo, que está condenada a perderse si no se escribe. Antes, sentados en la puerta de la casa las noches de verano, o dentro de ella junto a la lumbre las noches frías de invierno, nuestros mayores contaban historias, cuentos y leyendas. Eso ya no es así porque la vida ha cambiado, y todo el patrimonio oral se va perdiendo a la vez que nuestros mayores nos dejan.

Creo que debería hacerse un esfuerzo por salvar la memoria oral, no sólo del Cañarico, sino también de La Costera y Las Cañadas (Los Muñoces, La Molata, Casas del Aljibe) y quizás de otros sitios de Alhama que no conozco tanto. Yo, por mi parte, en un futuro post escribiré un poco más sobre las costumbres: día de la Candelaria, como me pide mi primo Tomás; fiestas de San Antonio y de la Ermita de Belén; la desaparecida Villa Jorquera; y algún recuerdo más de mi madre… Cierto que podría contar más vivencias mías, como también me recuerda mi primo, pero lo haré sólo en la medida que sirva para ilustrar lo anterior.

Área

Hubo un tiempo en el que el referente en divulgación matemática era Martin Gardner. Es difícil encontrar a alguien que haya hecho más por hacer llegar las curiosidades y paradojas de las Matemáticas, clásicas o contemporáneas, al público en general. Lo más curioso es que Martin Gardner no tenía estudios reglados de Matemáticas más allá de la high school. Ahora la divulgación matemática se ha erigido en disciplina y los divulgadores profesionales son básicamente monologuistas temáticos. No sé hasta que punto los divulgadores especializados más conocidos de nuestro país (Claudi Alsina, Clara Grima, Eduardo Sáenz de Cabezón, Marta Macho, Santi García Cremades…) están contribuyendo a las vocaciones matemáticas. En este sentido, yo sólo puedo hablar del tipo de cosas con las que a mí me «engancharían» si fuera un joven indeciso. Este post es un ejemplo: hablemos del área.

Portada de uno de los libros más populares de Martin Gardner, «Paradojas», Labor (1989).

Matemáticas en la barra de un bar

En mi post Matemáticas y matemáticos di una versión excesivamente pesimista de qué significa ser matemático entre gente que no lo es. Lo cierto es que muchas veces disfrutamos tanto con nuestro oficio que podemos llegar a hacer apostolado de nuestra ciencia en los bares y entre cervezas. Mucha gente recuerda el Teorema de Pitágoras de los triángulos rectángulos con detalle suficiente como para enunciarlo en términos de catetos e hipotenusa. Pero nadie recuerda el motivo por el cual el teorema es cierto, en muchos casos, porque nunca le han enseñado una demostración. Es decir, como se deduciría el Teorema de Pitágoras a partir de hechos más elementales.

Esto es una prueba del teorema de Pitágoras basada en la noción de área. El dibujo es algo cutre, tal como quedaría tras dos cervezas o más…

En ese momento se saca el bolígrafo y sobre una servilleta se hacen los dos dibujos representados arriba con la idea de demostrar que el triángulo rectángulo de lados a, b, c satisface el Teorema de Pitágoras. Los dos cuadrados grandes, de lado a+b, tienen igual área porque son iguales. Si de cada cuadrado se retiran los cuatro triángulos, todos ellos iguales al triángulo rectángulo de lados a, b, c original, lo que quede tras la sustracción deberá tener igual área: a la izquierda quedan dos cuadrados de lados a y b; a la derecha queda un cuadrado de lado c. Por lo tanto ab2 = c2 ¿No es sorprendentemente sencillo?

Demostración del Teorema de Pitágoras basada en semejanza de triángulos, tomada de Coxeter «Fundamentos de Geometría», LIMUSA-WHILEY (1971).

Sin embargo, el «principio de conservación del área» al que hemos apelado parece más sencillo que el Teorema de Pitágoras porque es una extrapolación de nuestra experiencia cotidiana: si un kilo de harina se separa en tres porciones y se pesan cada una de ellas con la mayor precisión posible que puede proporcionar una báscula digital de cocina podemos asegurar que los tres números sumaran 1000 gramos, y si el resultado es inferior (999 ó 998) será culpa del redondeo o de algo de polvo de harina que se ha derramado. La Ley de Conservación de la Materia en el contexto químico fue formulada por Lavoisier y Lomonosov, independientemente en el siglo XVIII, y corregida por Einstein añadiendo el balance energético por medio de la fórmula de conversión E=mc2.

Unas cervezas después…

Queremos convencer a nuestro interlocutor de que la noción de área en Matemáticas posiblemente no se comporte con la misma fiabilidad que la materia en el mundo real. Le preguntamos por el área del triángulo y responde casi sin pensar «la mitad de la base por altura»… Pero eso dependerá de como esté apoyado el triángulo ¿no? – podríamos argumentarle. Aprovechamos el breve momento de desconcierto para tomar una nueva servilleta de papel y lanzar un nuevo ataque en forma del siguiente dibujo.

Cuadrado de lado 13 descompuesto en triángulos y trapecios.

Partimos de un cuadrado de lado 13 y se descompone en piezas tal como se muestra arriba. Si se tuviera una regla y unas tijeras, se podría llevar a la práctica la reorganización de los trozos de papel que ilustra el siguiente dibujo.

Reorganización de los trozos de la descomposición del cuadrado de lado 13.

¿Qué tiene esto de particular? El cuadrado original de lado 13 tiene área 169 mientras que el rectángulo de dimensiones 21×8 tiene área 168… algo no cuadra. Tenemos tanta confianza en la conservación del área que seguro que hay truco. En efecto, la aparente diagonal del rectángulo no es una línea, sino que tiene área positiva, ya que los triángulos y los trapecios no están perfectamente alineados. Sin embargo, la diferencia es tan sutil que queda encubierta por la tinta del bolígrafo, o por la imperfección del corte del papel si se ha llevado a la práctica. Por cierto, este ejemplo lo aprendí en el libro de Martin Gardner que menciono al principio.

Otro «truco» de recomposición de rectángulos en el libro de Martin Gardner, en este caso, para hacer desaparecer una quemadura de un alfombra.

El área de los polígonos

A nuestros colegas del bar hay que dejarles claro que si bien el área satisface un cierto principio de conservación, se trata de una cuestión delicada y que es preferible remitir la prueba del teorema de Pitágoras a argumentos más simples como la semejanza de triángulos. En cuanto a las magnitudes, es decir, longitudes, ángulos, áreas, volúmenes…, lo que se hace es atribuir un número, llamado su medida, que dependerá de la unidad que se establezca y de la complejidad del objeto a medir. Para no desviarnos mucho del asunto, seguiremos con la fundamentación rigurosa de la noción de área.

Comienzo del capítulo dedicado al área en el «Curso de Geometría Métrica» de Pedro Puig Adam.

En un nivel elemental, puede demostrarse que a los polígonos del plano se les puede asignar una medida de área que cumple la «ley de conservación» siguiente: si un polígono se descompone como unión de una cantidad finita de polígonos que no se solapan, entonces la suma de sus áreas es la del polígono inicial. Esto es un teorema, como el de Pitágoras, que debe ser demostrado en el marco de las Matemáticas, es decir, sin pretender que los polígonos puedan ser recortados en chapa de acero, por ejemplo, y apelar a la Ley de Conservación de la Materia.

Página de «Figuras equivalentes y equicompuestas» de V. G. Boltianski, Ed. MIR (1981).

Naturalmente, si dos polígonos pueden descomponerse en los mismos trozos no solapados deben tener igual área. El recíproco resulta ser también cierto, es decir, si dos polígonos tienen igual área, entonces es posible descomponer uno de ellos en trozos de manera que, reorganizados convenientemente, se obtiene el otro polígono. Este es el llamado teorema de Bolyai-Gerwien. Notemos que «reorganizado convenientemente» significa que los trozos son trasladados y rotados, como haríamos con las piezas de un puzzle. Un refinamiento debido a Hadwiger y Glur establece que bastan traslaciones y rotaciones de 180 grados. Los matemáticos son bastante dados a los “refinamientos”, en este caso no referimos a buscar las hipótesis más débiles a partir de las cuales se puede obtener una misma conclusión.

Los problemas de Hilbert

Durante el Congreso Internacional de Matemáticos de 1900 en París, el insigne matemático alemán David Hilbert formuló 23 problemas que él consideraba interesantes como “propósitos de siglo nuevo”. Y, en cierto modo, alguno de esos problemas fue fundamental como guía o inspiración de las Matemáticas del siglo XX. Sin embargo, el problema número 3 fue resuelto ese mismo año por, Max Dehn, un alumno del propio Hilbert. El problema consistía en saber si un cubo se podía descomponer el poliedros de manera que reorganizándolos se pudiera obtener un tetraedro, obviamente del mismo volumen.

Descomposición de un cubo en varios poliedros, tomado del libro de Boltianski citado arriba.

La solución de dada por Dehn fue negativa, es decir, cubo y tetraedro del mismo volumen no son equidescomponibles. Las pruebas de imposibilidad son, por lo general, mucho más sutiles que las de posibilidad. De manera similar, las desigualdades en Matemáticas suelen ser más profundas que las igualdades (hablo de fórmulas). El resultado de Dehn muestra que no puede haber una «teoría elemental» del volumen de poliedros análoga a la del área de polígonos del plano. Para relacionar el volumen de una pirámide con el de un prisma de igual base y altura hay que cruzar un abismo conceptual parecido al que separa un círculo de un polígono regular de igual área. Hay que hacerse a la idea de que los polígonos o los poliedros no llegan demasiado lejos… Pero ¿qué objetos geométricos son susceptibles de ser medidos?

La Teoría de Conjuntos

Los polígonos y otros objetos geométricos del plano son conjuntos de puntos. Esto puede parecer una obviedad, pero adoptar el punto de vista conjuntista fue uno de los mayores avances en las Matemáticas. A partir de conjuntos dados, se pueden formar otros usando operaciones como la unión o la intersección, resultando conjuntos cada vez más complejos. La Teoría de Conjuntos creada por George Cantor a finales del siglo XIX tuvo un profundo efecto en la fundamentación de las teorías matemáticas en el siglo XX, que alcanzó incluso a las matemáticas escolares.

G. Pappy «Matemática Moderna», EUDEBA (1972), libro de Matemáticas para las escuelas con una notable insistencia en el leguaje de la Teoría de Conjuntos.

Podemos plantearnos si el área de un conjunto tiene relación con la cantidad de puntos que contiene, ya que, aparentemente, un conjunto mayor tiene más puntos que uno más pequeño, a pesar de que ambos pueden tener infinitos puntos. Aunque este no es el sitio para reproducir las discusiones de los antiguos filósofos griegos sobre la noción de infinito, la infinitud de los números o los puntos de una recta nos resulta obvia. Uno de los descubrimientos de Cantor fue que había infinitos de distintos tamaños. De hecho, demostrar que hay más puntos en un segmento de recta que números naturales (1, 2, 3…), o que un cuadrado y un segmento tienen la misma cantidad de puntos, se puede hacer en la barra de un bar sobre una servilleta…

El «Hotel del Infinito», historieta inventada por David Hilbert para ilustrar la noción de infinitud, tal como se encuentra expuesta en el libro de Martin Gardner.

Las paradojas a las que da lugar el infinito son muy interesantes (véanse las Paradojas de Zenón o el Hotel del Infinito de Hilbert, ilustración de arriba), pero no quiero desviarme demasiado del tema. El área, realmente, no tiene mucho que ver con la cantidad de puntos (como se pudo mostrar sobre una servilleta), pero entre los diferentes infinitos usaremos el más pequeño, esto es, el de los números naturales (insisto, los números de contar: 1,2,3…). Diremos que un conjunto es numerable si sus elementos se pueden etiquetar usando los números naturales. Notemos que esta definición incluye los conjuntos finitos, pero no insistiremos mucho en la diferencia, ça va de soi.

Viñeta, «politicamente incorrecta» hoy día, tomada de George Gamow «One, two, three… infinity», Dover (1974).

La Teoría de la Medida

Un círculo puede expresarse como una unión numerable de triángulos: primero un triángulo equilátero inscrito; después se añaden tres triángulos isósceles cuyas bases sean los del primero y sus vértices tocan la circunferencia; después, seis triángulos más ocupando cada una de las lúnulas no cubiertas por el hexágono resultante… El proceso de rellenado por triángulos del círculo puede verse en la siguiente ilustración. La numerabilidad es consecuencia de que en cada paso se añade una cantidad finita de triángulos.

Cómo rellenar un círculo con triángulos (imagen tomada de Scielo http://ve.scielo.org/scielo.php)

Aunque es un ejemplo particular, el mismo argumento se puede emplear para rellenar con polígonos cualquier figura limitada por curvas. Esto nos induce a pensar que si el área fuera «numerablemente aditiva» se simplificaría, por lo menos a nivel teórico, las relaciones entre las áreas de conjuntos del plano, a costa de sustituir las sumas finitas por series. Es decir, si un conjunto se expresa como una unión numerable de partes disjuntas, el área del total se expresará como la suma finita o infinita (serie) de las áreas de las partes. No es razonable tratar de ir más lejos, a la hora de tomar uniones, del infinito numerable. En efecto, cualquier polígono es una unión de puntos, cada uno con área cero, y no hay forma de conseguir un número positivo a base de sumar ceros 😕

Ejemplos de series (sumas infinitas) tomado de Brohshtein y Semendiaev «Manual de Matemáticas para ingenieros y estudiantes», MIR (1973).

A la vez que se admiten uniones numerables, la complejidad de los conjuntos aumenta y la noción de «área» se vuelve menos intuitiva. No obstante, Henri Lebesgue demostró en 1904 que hay una forma coherente de asignar medida a familias de conjuntos de la recta, del plano o el espacio, sin restricción por operaciones conjuntistas (uniones, intersecciones, diferencias) en cantidad numerable. La Teoría de la Medida de Lebesgue se continúa y complementa con la integral que lleva su nombre, que es una de las principales herramientas en Análisis Funcional.

El milagro de los panes, los peces y las esferas

El procedimiento que empleó Lebesgue para definir una medida de área aplicable a un gran número de conjuntos del plano era esencialmente constructivo. Si se admite cierta regla no constructiva para la formación de conjuntos, es posible encontrar (realmente, «fabricar») un conjunto no medible. Las regla no constructiva a la que nos referimos es el llamado «Axioma de Elección» de la Teoría de Conjuntos, al que pondremos en contexto en la próxima sección. A pesar de la existencia de conjuntos no medibles en el plano, es todavía posible asignar una medida finitamente aditiva (renunciamos a las uniones numerables y a las series) a los conjuntos del plano de manera que se comporta como el área. Esto fue demostrado en 1923 por Stefan Banach, padre de los espacios que llevan su nombre, haciendo uso del Axioma de Elección.

Ilustración de la Paradoja de Banach-Tarski tomada de Wikipedia.

Pero si nos situamos en el espacio tridimensional, la cosa cambia drásticamente. Banach y Tarski demostraron que una esfera puede descomponerse en una cantidad finita de trozos (10, sin ir más lejos) de tal manera que, convenientemente trasladados y rotados, componen dos esferas, exactamente iguales a la original. Este resultado conocido como la «Paradoja de Banach-Tarski» es el equivalente matemático del célebre milagro de los panes y los peces recogido en los evangelios. Insistimos en que esto es un resultado puramente matemático y no viola la Ley de Conservación de la Materia. La Paradoja de Banach-Tarski implica la imposibilidad de una medida de volumen definida para todos los conjuntos del espacio: asunto cerrado. Por cierto, dije más arriba que las demostraciones de no existencia eran en general más sutiles que las de existencia… me retracto 😉

Y dijo Gödel…

La Teoría de Conjuntos que fundó Cantor se conoce como la «Teoría Ingenua de Conjuntos» (Naive Set Theory, por el libro de Halmos) en la que los conjuntos se manejan como objetos compuestos de elementos previamente existentes y con propiedades nítidas. El carácter sumamente elemental de la noción de conjunto, a partir de la cual se pueden definir las relaciones, los números, las funciones… motivó tomar la Teoría de Conjuntos como «piedra fundacional» de las Matemáticas. Para ello, sería necesario definirla axiomáticamente. La dificultad de la tarea fue puesta de manifiesto por la Paradoja de Russell, que no es más que la versión conjuntista de la más popular «Paradoja del Barbero» (ver ilustración).

La Paradoja del Barbero, según Martin Gardner.

La versión de la Teoría de Conjuntos más aceptada se debe a Zermelo y Fraenkel, siendo el último de los axiomas el de Elección. Por motivos que no voy a desentrañar aquí, el Axioma de Elección se considera como algo opcional por lo que su uso se hace explícito denotando la Teoría de Conjuntos como ZFC (Zermelo-Fraenkel + Choice). Sin embargo, ZFC no es un cimiento de las Matemáticas tan firme como sería deseable. Kurt Gödel en su breve tesis doctoral (1930) demostró que cualquier teoría axiomática que incluya a la Aritmética (dese ZFC por aludida) contiene «proposiciones indecidibles», es decir, afirmaciones cuya veracidad o falsedad no puede ser establecida dentro de los límites de la teoría.

Kurt Gödel con Albert Einstein, en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton (Science Photo Library).

El así llamado Teorema de Incompletitud de Gödel abre la puerta a seguir añadiendo axiomas a ZFC, aunque la teoría seguirá siendo incompleta. Tampoco parece algo necesario, porque estas sutilezas afectan únicamente a la Teoría de Conjuntos y no perjudican a las «Matemáticas normales» ni al «mundo real»… ¿O quizás sí? En 2016 tres matemáticos, entre ellos nuestro apreciado David Pérez García (UCM-ICMAT), publicaron un artículo en Nature en el que demuestran que cierto problema de la Mecánica Cuántica (la teoría Física que rige los fenómenos a nivel atómico) es indecidible. Esto fue nada menos que un shock: el principio de Gödel interviene también en las leyes que rigen el Mundo. Sin embargo, que las leyes de los Hombres serán siempre incompletas, es algo que ya tenía más que asumido.

Epílogo

Martin Gardner fue una gran influencia para mí antes de comenzar a estudiar la carrera de Matemáticas. Podría atribuirle parte de responsabilidad en esta decisión, incluso. Ahora yo intento hacer divulgación a mi manera, pero sin olvidar a mis maestros. Sobre el tema de este post, reconozco que por la razonable limitación de espacio, la longitud de los párrafos y la prudencia a la hora de introducir nuevos conceptos, me he dejado innumerables (esta vez la palabra en el sentido de la RAE) detalles, anécdotas, conexiones con otros temas… sin tratar. Si quieren saber más, ¡llévenme a un bar!

También se pueden leer libros… el de la derecha contiene la prueba de la Paradoja de Banach-Tarski.

La Fiebre del Plomo

Página de La Verdad (31/01/21) haciendo alusión a una noticia antigua (artículo de Antonio Botías).

Todo el mundo ha oído hablar de «La Fiebre del Oro» californiana del siglo XIX, en parte, gracias a los muchos westerns hollywoodienses ambientados en ese momento. Pero casi nadie conoce «La Fiebre del Plomo» de Murcia y Almería, un episodio coetáneo y no menos apasionante. No busquen la película porque no la han hecho todavía y dudo que alguna vez la hagan… Este post está basado en lo que le cuento a mis amigos sobre los orígenes y la importancia de la minería del plomo con motivo de alguna visita a las minas de La Unión o Mazarrón.

Plomo y galena

Antes de contar el episodio de la Fiebre del Plomo, sería conveniente dar unas cuantas informaciones previas sobre nuestro elemento protagonista. El plomo es un metal gris, blando y pesado (densidad superior a 11 kg/dm3). Se conoce desde la antigüedad, aunque no fue empleado de forma extensiva hasta el advenimiento de la era industrial. Durante mucho tiempo se había usado exclusivamente por su densidad para lastre y proyectiles, con excepciones notables como las láminas de plomo con inscripciones ibéricas. Los romanos arrojaban glandes de plomo con sus hondas, y más modernamente los proyectiles de plomo se han impulsado con pólvora. Gracias a la maleabilidad y cualidades mecánicas del plomo lo encontramos también en cubiertas impermeabilizantes y juntas para amortiguar elementos arquitectónicos. Por ejemplo, en todas las columnas de la Alhambra de Granada hay discos de plomo en los extremos. Sin duda han jugado un papel en la pervivencia del edificio en una zona tan inestable sísmicamente.

Objetos de plomo: pesa de pescador y dos proyectiles antiguos.

El plomo es uno de los componentes de la aleación para fabricar los tipos móviles de imprenta, así que es, en parte, responsable de la difusión del saber y la cultura. En el siglo XIX el plomo comenzó a utilizarse extensivamente en la elaboración cañerías, por lo que también fue responsable, en cierta medida, del grado de comodidad alcanzado en las viviendas y el desarrollo de las ciudades. El plomo ya no se usa en tuberías y es sustituido en las instalaciones antiguas cuando hay ocasión. Por motivos similares que comentaremos al final del post, tampoco se usa ya en la munición de caza, ni en forma de ciertos compuestos, como el minio y el albayalde, componentes de pinturas. A pesar de eso, el plomo sigue todavía muy presente en nuestras vidas aunque no lo veamos: cada vehículo con motor de explosión lleva varios kilos de plomo en su batería (acumulador).

Galena en cristales cúbicos, con calcopirita, algún otro sulfuro y cuarzo, de Bulgaria.

El principal mineral de plomo es la galena, de la que ya hemos hablado en Minerales de Mazarrón y Minerales del Valle de Ricote. La galena es un mineral fácilmente reconocible y muy frecuente en las paragénesis de origen hidrotermal, ya sea directamente en filones o yacimientos de sustitución. En el sureste español, la galena responde casi siempre a filones provocados por el vulcanismo neógeno, o a bolsadas y masas estratiformes en dolomías béticas. Mención especial merecen los filones de Linares que arman en granitos. En la Región de Murcia se encuentra galena en todas las minas de las sierras costeras, desde Cabo Palos hasta Águilas. La encontramos también en pedanías del interior de Lorca (Zarcilla, La Paca, Coy), Sierras de Pedro Ponce, Espuña (cerca de Totana), Carrascoy (Algezares, La Murta) y de Ricote, por citar sólo los sitios que conozco de primera mano.

Jarrón de cristal de Bohemia con un 24 % de PbO. En mis primeros viajes a Praga estaba fascinado con este material y siempre regresaba con algún objeto de cristal. El de la foto lo tiene mi madre.

La galena en polvo se usó en la antigüedad para el vidriado de la cerámica, recibiendo el nombre de alcohol de alfareros. De hecho, el óxido de plomo añadido al vidrio aumenta notablemente su índice de refracción, dando el producto conocido popularmente como cristal (especialmente si es de Bohemia o Swarovski). En los contenedores de reciclaje de vidrio se advierte sobre no arrojar cristal por motivo de su contenido en plomo. Acabamos esta sección con un uso peculiar que tuvo la galena en tiempos mas recientes. Un cristal cúbico de galena (ahora «cristal» es en sentido mineralógico) es un semiconductor eléctrico natural, es decir, entre dos caras del cristal, los electrones circulan preferiblemente según uno de los sentidos pero no el opuesto. Gracias a los diodos de galena se construyeron los primeros receptores de radio que, por cierto, no necesitaban suministro eléctrico para funcionar, algo que hoy día vendría muy bien.

Liberalización de la minería

En el primer cuarto del siglo XIX la minería en España estaba todavía en manos de la Corona, bien directamente o por los abusivos impuestos. Esto se traducía en que sólo se explotaban, con medios rudimentarios, unas pocas minas, pero extraordinariamente productivas: Almadén, Rio Tinto, Linares o Guadalcanal, entre otras. Por esos mismos años, los Territorios de Ultramar, o sea, América, se estaban emancipando, también de la Corona. A partir de ahora, las materias primas habría que buscarlas de esta parte del Atlántico, y entre ellas, los metales, esenciales para la incipiente industrialización y modernización del país. En 1825 se produjo la primera de una serie de reformas legislativas que permitirían a los particulares sacar provecho de la búsqueda y explotación de yacimientos mineros.

Fragmento de torta (copela) de litargirio de un escorial en Ramonete (Lorca).

El efecto de la ley no fue inmediato por falta conocimiento y experiencia (el know-how tan cacareado últimamente). Pero, sobre todo, faltaban medios. No era fácil para cualquier emprendedor de la época, con su pequeña cuadrilla familiar de obreros, retomar las explotaciones en el punto donde las dejaron los romanos, que podían emplear en un pozo a cientos de esclavos sin tener que pagar sueldos. En lo que respecta a la Sierra Minera de Cartagena, la rápida decepción de los buscadores de plomo, provocó que en lugar de horadar la montaña se dedicaran beneficiar las escorias romanas y explotar placeres en ramblas. Hay que decir que las llamadas «escorias romanas» eran básicamente tortas de litargirio, óxido de plomo, subproducto de la obtención de plata a partir de la galena argentífera por el método de copelación.

Acceso al Barranco del Jaroso, desde Los Lobos (Almería).

En 1839 se descubre el filón de El Jaroso, en Sierra Almagrera, una masa impresionante de galena argentífera que se le había pasado por alto a los romanos. La noticia corrió como la pólvora y fue un revulsivo para la estancada minería murciana. Los filones estaban bajo tierra a la espera de ser descubiertos, pero no era tarea para aventureros solitarios. Era necesario acometer proyectos de mayor envergadura, bien dirigidos y con los medios adecuados. Naturalmente, eso implicaba una fuerte inversión, y así es como comenzaron a surgir a partir de 1840, como las setas en otoño, las compañías mineras en la provincia de Murcia para atraer capital con la promesa de buenos dividendos en pocos años. Según datos recogidos por Mariano C. Guillén, ese año se registraron 19 compañías en Cartagena, 30 en Mazarrón y, ojo al dato, 146 entre Lorca y Águilas (emancipado de Lorca sólo 6 años antes, Puerto Lumbreras lo hizo en el siglo XX). Así es como comenzó La Fiebre del Plomo.

Alteración del paisaje tras siglos de minería en el coto San Cristóbal – Los Perules de Mazarrón.

Llama la atención que el reparto de compañías por municipios siga un orden opuesto a lo que nos dicta la intuición en términos de patrimonio industrial minero “aparente” (el exceso de denuncias mineras en Lorca hay que achacarlo a la proximidad con Almería). Pues aún queda un dato sorprendente: en el municipio de Murcia se registraron 45 compañías mineras. Si bien es cierto que existen pequeños yacimientos de plomo, hierro y cobre en su territorio, estos palidecen comparados con los situados en la costa. La explicación haya que buscarla, quizás, en la picaresca. En la ciudad de Murcia del siglo XIX debía de ser fácil atraer inversores entre los adinerados huertanos y sericultores, convencerlos de algún indicio metálico en las montañas cercanas y «sangrarles» la billetera durante los años de trabajos que se supone llevará alcanzar el filón prometido.

Recibo emitido por la compañía que explotaba una mina de plomo en la Sierra de Ricote (cortesía de Manuel Morales). En la parte de la izquierda se especifica la cantidad de acciones (40) de la sociedad.

Debió de ser, sin duda, muy curioso ver a estos estafadores en acción. Por ejemplo, convenciendo a medio centenar de labradores de Beniaján de la conveniencia de poner en marcha una mina en El Garruchal. No descarto que algún caso de denuncia minera inverosímil fuera producto de una mezcla de buena fe y desconocimiento de la geología. La primera foto de este post con la frase «Murcia será la California de Europa» hace alusión a un hecho ocurrido mucho después, en 1880, cuando Antonete Gálvez, personaje fundamental de la historia murciana y de arrebatadora personalidad, comenzó a horadar el cerro Miravete, frente a Torreagüera, en busca de oro. La galería, de grandes dimensiones, sigue allí para asombro de visitantes. Antonete tampoco iba tan descaminado: en Santomera a poco más de 12 km desde Torreagüera, sí que se ha encontrado oro, aunque no mucho.

Consolidación de la minería

Muchas de esas empresas mineras fracasaron. El Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de Madoz publicado entre 1845 y 1850 se mostraba muy escéptico con los trabajos en la Sierra de Cartagena. Literalmente decía «ningún criadero metálico de alguna consideración se ha descubierto todavía, y creemos que aun dado el caso que se hallase, todo induce a opinar que nunca sería de una importancia estraordinaria, ni por su abundancia ni por su riqueza» . Gran metedura de pata de don Pascual: en 1848 los trabajos mineros alcanzan el llamado “Manto de los Azules”, una masa estratiforme rica en sulfuros polimetálicos (plomo, zinc, hierro y cobre). Aunque el Manto de los Azules tiene una ley más baja que los filones, su potencia y extensión desmesurada permitió que la minería en La Unión continuara de manera ininterrumpida hasta principio de los años 90 del siglo XX, cesando únicamente por motivos medioambientales.

Muestra de mineral del Manto de los Azules. La mayor parte consiste en un silicato de hierro (greenalita) con galena y blenda dispersas.

Acometer la explotación del Manto de los Azules obligó a una sinergia entre las distintas compañías mineras de la Sierra de Cartagena, pero es con la llegada de capital extranjero cuando arranca verdaderamente la modernización de la minería en La Unión. Con los inversores e ingenieros ingleses llegarían también el ferrocarril y el fútbol. En 1871 el descubrimiento del «Filón Prodigio» en Mazarrón, cuyo nombre no necesita mayor explicación, supondría un punto de inflexión análogo en esta localidad. Después de varias décadas de aventureros, jugadores y pícaros, los criaderos metálicos realmente productivos ya habían sido localizados. A su alrededor crecían los poblados mineros con trabajadores venidos de otras partes de España, y se enriquecían las ciudades cercanas, en las que ha quedado una marca evidente del estilo imperante a caballo entre los siglos XIX y XX: el Modernismo.

Ayuntamiento de Cartagena, ejemplo de edificio modernista (foto tomada de Wikipedia).

En La Unión hay un «barrio» llamado El Garbanzal. Si se le pregunta dónde vive a algún vecino del Garbanzal, particularmente si ha nacido allí, nunca responderá que en La Unión. Hay un porqué detrás de esa muestra de “orgullo”. Cuando las minas del entorno fueron ganando importancia, las pedanías del Garbanzal, Las Herrerías, Roche y Portman (el Portus Magnus de los romanos) decidieron emanciparse de Cartagena. El nombre inicial para el nuevo municipio fue Villa del Garbanzal, en claro detrimento de las otras pedanías. Las desavenencias existentes entre vecinos fueron resueltas en una breve visita del General Prim en 1868 que rebautizó salomónicamente el municipio como La Unión.

Selección de libros para este post.

La minería continuó en el siglo XX con otros avatares, pero nosotros acabamos aquí nuestro relato. Para más detalles sobre La Fiebre del Plomo y la historia de la minería en la Región de Murcia, recomiendo la consulta de estos cuatro libros: Los orígenes del siglo minero en Murcia de Mariano C. Guillén (2004), que contiene, entre otras cosas, una estupenda colección de fotografías antiguas; La minería murciana contemporánea (1840-1930) de Juan Bta. Vilar y Pedro Mª Egea (1990), que proporciona abundantes datos sobre la producción minera y metalúrgica; el monográfico de la revista Bocamina dedicado al Patrimonio minero de la Región de Murcia (2005) compuesto de numerosos artículos de distintos autores abarcando la minería desde la Prehistoria; finalmente, Minerales de La Unión de Ginés López (2015), que aunque trata fundamentalmente de Mineralogía, proporciona detalles sobre la minería contemporánea en esta localidad.

El plomo es malo… ¿y qué no?

En unas pocas décadas el plomo a pasado a ser un metal proscrito, no muy lejos del mercurio y el uranio. Hoy día es impensable regalar un soldadito de plomo a un niño… ¿Qué ha pasado? Se sabe desde hace mucho que el plomo es tóxico y el síndrome que provoca tiene incluso un nombre añejo: saturnismo. No obstante, el plomo debe llegar antes al organismo de algún modo y aquí es donde podemos discutir la eficacia o pertinencia de las medidas preventivas. Para empezar, todos los que tenemos una cierta edad hemos estado respirando compuestos de plomo a nuestro pesar. En efecto, la gasolina incorporaba hasta 1989 tetraetilo de plomo como antidetonante. Pero había en aquellos años otras formas de exposición al plomo totalmente inocentes, como el gesto de sujetar el perdigón con los labios mientras se preparaba la escopeta de aire comprimido.

Recorte de una tubería de plomo (desagüe fregadero) tras una reparación efectuada por el autor en casa de su madre. El edificio, con su instalación, fue construido a principios de los años 80.

Se entiende perfectamente la sustitución del plomo en algunas aplicaciones cuando es posible utilizar otros materiales menos tóxicos. No obstante, la peligrosidad del plomo es comparable a la de un cuchillo: depende de quién y cómo lo use. El miedo irracional nunca debería sustituir a la Ciencia a la hora de adoptar medidas. En este caso es la Química la que establece los mecanismos plausibles por medio de los cuales las substancias tóxicas pueden llegar a nuestro organismo. Un ejemplo, la fontanería de plomo para agua corriente fría es inocua, ya que la capa de carbonato de plomo que se forma en el interior por efecto de la cal del agua, presente siempre en cierta medida, es insoluble y evita la ulterior difusión del plomo. No obstante, si por la misma tubería circula agua muy caliente o con algún compuesto químico capaz de movilizar el plomo (tratamiento con cloramina, por ejemplo) sí que tenemos un problema.

Pieza de 1500 gramos de galena-blenda de la mina del Cerrillar, en pleno Parque Regional de Carrascoy – El Valle, el «pulmón verde» de la ciudad de Murcia.

De manera análoga hay que tratar otros escenarios de posible exposición a substancias tóxicas. Muchas de nuestras montañas contienen plomo en forma de minerales ¿Significa esto que la Administración debería adoptar medidas especiales? En absoluto. Los compuestos de plomo naturales están en formas tan estables que difícilmente podrían entrar en la cadena trófica. La minería y metalurgia del plomo, evidentemente, movilizaron el tóxico en su día, pero tras muchos años cesada la actividad, los compuestos de plomo se han estabilizado. Las actuaciones de cualquier tipo con la excusa de la salud en antiguas minas y restos del procesado del mineral podrían ser más contraproducentes que dejarlas tal como están. Y si se visitan estos lugares especialmente ricos en plomo, siempre debe hacerse desde el conocimiento y con las debidas precauciones.

Roca usada en la pavimentación de caminos mostrando un filoncillo de galena (gris oscuro), pero las manchas de color marrón también se deben a un compuesto de plomo.

Doy a entender entre líneas que abogo más por el conocimiento y el sentido común que por el exceso normativo típico de nuestro país. Por eso acabaré con un par de ejemplos que ilustran las consecuencias de la ignorancia. No diré el nombre de los lugares, pero barrabasadas similares puede haberlas en cualquier parte. En primer lugar, en una zona de costa han pavimentado caminos rústicos con una riolita salpicada de filoncillos de galena. En otras palabras, una cantera ha estado esparciendo el tóxico metal con el beneplácito de la Administración. Aunque, como hemos dicho antes, ese plomo difícilmente nos haría daño, esto no exculpa a los responsables. El segundo ejemplo es incluso peor: la zahorra ornamental usada en un talud ajardinado es una metabasita con un gran contenido en amianto, otra substancia altamente tóxica. En este caso, la peor parte se la llevaron los obreros que manipulaban el material al exponerse al polvo cancerígeno.

Rocas con amianto decorando un jardín.

Epílogo

El plomo es considerado hoy un metal maldito, hasta tal punto que la sección de historia en su entrada en Wikipedia está escrita desde la perspectiva de un toxicólogo, no la de un químico o un ingeniero industrial. Sin embargo, el plomo ha sido un material fundamental en el desarrollo de la industria y del estándar de comodidad tal como lo conocemos en Occidente. Por eso, el pesado metal fue un codiciado objeto de deseo en el siglo XIX, dando lugar así a La Fiebre del Plomo y el posterior desarrollo de la minería moderna en la Región de Murcia.

Congresos post-Covid

Realmente, no estoy contento con el título para esta secuela de El Covid visto desde tres congresos. Me hubiera gustado llamarlo «Tres congresos más» o algo así, que sea sonoro, pero son cinco congresos en total y no atino a encajar el número en el título sin evocar una rima soez… Podría subir a siete si cuento unas breves apariciones por Elche y Alicante, pero ir un solo día y no pernoctar atenúa mi sensación de participación en los eventos. Tampoco post-Covid es un término acertado porque el Covid no se ha ido, pero tras el verano de 2021 no volvimos (no volvieron) a confinarnos, y eso ya es algo. En esta ocasión hablaré de los cinco congresos post-Covid en los que he participado (pernoctando) durante 2022. La idea no es contar mi vida, sino la actividad social de los matemáticos a través de distintos tipos de encuentros que tenemos.

Cala en la costa adriática italiana, cerca de Otranto (Italia).

Antes, acabamos con 2021

Tras el congreso de Bulgaria al que me referí en El Covid visto desde tres congresos, así como unos cuantos seminarios en mi facultad, a todos nos ha quedado claro que el sistema dual presencial/telemático es un desastre. Es imposible no tener problemas técnicos de conexión, y cuando todo va bien, no existe interacción alguna entre los asistentes físicos y los online. Aún así, estoy muy satisfecho por haber podido participar en algunos de los pocos que fueron posibles entre 2020 y 2021.

Las Carrières de Lumiéres, en Les Baux-de-Provence, con uno de sus espectáculos de luz y sonido en agosto de 2021.

En julio de 2021 tuvo lugar mi oposición a cátedra. Con ello liberé una buena cantidad de estrés acumulado los meses anteriores. Ya en agosto, Tere y yo viajamos por el sur de Francia con el pasaporte Covid (veo que se me amontona el trabajo para la sección viajes turísticos del blog: Aix-en-Provence, Nueva York, Londres…). Hubo un pequeño repunte de la pandemia en septiembre y comenzamos el curso en la Universidad de Murcia con las mascarillas puestas. También durante este periodo llegaron las noticias de que algunos congresos programados en 2020 y prudentemente cancelados volvían a reactivarse para 2022, los congresos post-Covid.

Winter School in Abstract Analysis

Paisaje nevado con caballos, no muy lejos de donde tuvo lugar la Winter School 2022.

La Winter School in Abstract Analysis se ha celebrado desde hace 50 años de manera casi ininterrumpida todos los inviernos en la República Checa. El formato es el siguiente: un sábado por la tarde un autobús recoge a los participantes en la puerta de la Facultad de Matemáticas y Física de la Universidad Carlos de Praga y los lleva a un hotel, o similar, donde pasan una semana hasta que el autobús los devuelve a Praga el mediodía del sábado siguiente. Desde el mismo domingo hasta el último sábado hay cursos y charlas y comunicaciones por la mañanas y tardes, excepto la tarde del miércoles que se reserva para una excursión por los nevados alrededores.

El profesor Luboš Pick impartiendo una charla durante la Winter School.

A pesar del intenso programa, el aislamiento de la ciudad y la despreocupación por las comidas, que se sirven a horas fijas, facilitan que uno pueda tener momentos de concentración y avanzar en el trabajo de investigación. Pero, al mismo tiempo, el roce continuo con los colegas, desde el desayuno hasta las últimas cervezas que sirven en el bar a medianoche, incentiva los trabajos de colaboración.

Con Luis Carlos García Lirola y Guillaume Grelier.

He asistido a muchas Winter Schools desde 1998, que se han celebrado en distintos lugares y hoteles. A lo largo de ese tiempo, la calidad y la abundancia de la comida ha ido en aumento. En mis primeras ediciones era conveniente aprovisionarse de embutido, pan, galletas y chocolate en Praga antes de tomar el autobús. Ahora intento elegir los platos más livianos dentro de las opciones que ofertan, pero a veces la traducción le juega a uno malas pasadas… Siempre está la nieve afuera para intentar quemar grasas.

Participantes en la Winter School 2022

En la edición de 2022, tras mi breve comunicación sobre funciones uniformemente convexas, tuve el honor de hacer un pequeño homenaje a la Winter School desde mis recuerdos y fotos, incluyendo como en 2007 nos quedamos sin electricidad (incluyendo agua caliente) un jueves, y nos fuimos de allí el sábado sin que hubiera vuelto; o también, como tuve que llegar por mis medios al perdido lugar de celebración de la Winter School tras quedar un fin de semana bloqueado en Frankfurt por un problema con el pasaporte (tiempos pre-Schengen).

Encuentro de la Red de Análisis Funcional

Costa norte de Tenerife, cerca de Taganana.

Un buen número de grupos de investigación cuya actividad se encuadra en el Análisis Funcional se reúne periódicamente para celebrar una Escuela-Taller (que lleva ahora el nombre de Bernardo Cascales) donde los estudiantes, trabajando en grupos, preparan temas que se expondrán durante el posterior Encuentro de la Red. El Encuentro, propiamente dicho, dura dos o tres días, pero los estudiantes de la Escuela-Taller y sus tutores pasan una semana entera. Las charlas «senior» tratan de ser representativas del trabajo de los grupos que integran la Red. También se hace una reunión para discutir, entre otras cosas, qué grupo se hace cargo del próximo encuentro o dónde se celebrará.

Víctor Almeida, uno de los organizadores del evento, en una de sus explicaciones durante la ruta turística por La Laguna.

Este tipo de congresos nacionales sirve para mantener el contacto con colegas que, aunque no trabajan en exactamente en la misma rama del Análisis Funcional, eventualmente puede estar relacionado. Los resultados se ponen en contexto y se explican con detalle. Esto es muy importante por un motivo que voy a desvelar. Cada año hay algunos grupos que solicitan financiación (proyectos de investigación nacionales o autonómicos), y entre los que no lo hacen ese año se encuentran los expertos que tendrán que elaborar los informes anónimos pertinentes explicando si merece la pena financiar o no a los peticionarios para el trabajo que están haciendo. Así que si uno va a solicitar un proyecto, mejor que demuestre que su trabajo es interesante y profundo aprovechando el Encuentro de la Red. Además, los muchos estudiantes que participan pueden ver un muestrario de lo que se hace en otros lugares y quizás le sirva de orientación para elegir su futuro tema de investigación.

Laurisilva en el Parque Rural de Anaga.

Justo cuando el Covid irrumpía en nuestras vidas tuvo lugar el Encuentro de la Red en La Laguna (Tenerife) en marzo de 2020, del que di cuenta en El Covid visto desde tres congresos. Como en la película clásica de Buñuel «El ángel exterminador» había que volver a la posición inicial para romper el maleficio. Así que en marzo de 2022 acudí encantado, de nuevo, a La Laguna para asistir al Encuentro de la Red. Por cierto, el año que viene no se celebrará en Canarias porque toca rotación entre grupos. Tras la clausura del congreso, aún quedaba una tarde libre para disfrutar de la isla, cosa que hice en compañía de mi colega Gustavo Garrigós que la conoce muy bien.

Encuentros de Análisis Real y Complejo

Vista del puerto de Cartagena desde el edificio donde se celebró el EARCO 2022.

Normalmente la gente se refiere a este congreso periódico por el acrónimo EARCO. Al igual que el anterior, surge por iniciativa de varios grupos de Análisis Armónico y Complejo, Teoría de Operadores y Espacios de Funciones, que se van turnando en la organización, de manera que cada vez se hace en una localidad diferente. Dura entre dos y tres días. En el programa se da preferencia a los investigadores jóvenes, que suelen exponer los resultados obtenidos durante la realización de sus tesis doctorales.

El asiático es el combinado de café típico en Cartagena, y esta foto está tomada en el famoso bar «El Pico Esquina». Recomiendo leer mi post La ciencia del… desempañado de coches a este respecto.

He participado en varias ocasiones en los EARCOs. No recuerdo las fechas, pero sí los lugares: Cuenca, Gandía y, especialmente, Torremolinos. En esta ocasión, se celebró este mayo en Cartagena. Aprovecharé para comentar otro aspecto de los congresos científicos. Cuando uno empieza en este mundo de la investigación debes asistir a muchos congresos y guardar los certificados acreditativos, porque esa es una forma de hacer méritos. Más adelante, en el momento de consolidar la carrera científica, lo que se requiere para hacer méritos es que te inviten como ponente a los congresos. Para cerrar el ciclo y devolver a la comunidad científica parte de lo que has recibido, en algún momento debes ser el organizador de un congreso.

Mi amigo Pedro Fernández, organizador del evento.

Dicho esto, la responsabilidad de la organización del EARCO 2022 recayó en en mi compañero y amigo Pedro Fernández, que además aprovechó la ocasión para homenajear a su mentor Fernando Cobos con motivo de su 60 aniversario. El otro protagonista del congreso fue el marco excepcional que proporciona la bimilenaria ciudad de Cartagena, a la que en algún momento tendré que dedicar un post.

Functional Analysis in Lille

Vista de la Place de Téâtre de Lille.

Pasamos a otro tipo de congreso, el de homenaje, que puede ser en vida o póstumo, obviamente. Los homenajes en vida suelen hacerse coincidiendo con algún aniversario «redondo». Últimamente son frecuentes los del 60 cumpleaños, que están muy bien porque el homenajeado está todavía activo y disfruta las conferencias sobre temas relacionados con su trabajo, aparte de recibir el aprecio de los colegas. Luego, si el homenajeado es una figura fundamental de la Matemáticas, el congreso congrega a especialistas de primer orden y «leyendas vivientes» que no son fáciles de ver, en general. En efecto, muchos de ellos por cuestión de falta de tiempo o la edad apenas viajan y si lo hacen en esta ocasión es por la amistad con el homenajeado.

Conferencia de Christian Rosendal, al «estilo francés»: toda a pizarra y tiza, mucho más elegante, sin duda, que pasar slides apuntando con un láser ¿Veremos el fin del PowerPoint?

Gilles Godefroy tiene la enorme capacidad de convocatoria que acabamos de describir. Por eso el congreso en Lille celebrado en junio de este año fue uno de las más importantes acontecimientos de los últimos tiempos para los que trabajamos en espacios de Banach. Con el retraso provocado por la pandemia, esta reunión no coincidió con ningún aniversario «redondo» (salvo que el número 69 tenga alguna característica especial que se me escapa) . Gilles Godefroy, a quien he mencionado en algunos posts anteriores, es una persona a la que le tengo un gran aprecio: me ayudó mucho en mis comienzos con los espacios de Banach, me ha invitado a París en varias ocasiones y hasta forma parte de mi árbol genealógico.

Marcasita, parte de un nódulo radial formado en las areniscas cerca del río Aisne.

Me permití el lujo de viajar en coche desde Murcia hasta Lille. Ya no hago las salvajadas de otros tiempos y planifico escalas para descansar. A la ida no hice ninguna parada interesante, aunque el paisaje me incitaba a ello. Fue a la vuelta que me detuve en Vailly-sur-Aisne para conocer el contexto de uno de los lugares destacables del Paleolítico inferior de Francia. Entré a una cantera de arenas fluviales, pero al ser día laborable estaban trabajando, por lo que no me quedé allí mucho tiempo. Entre las cosas de interés, recogí un fragmento de marcasita (sulfuro de hierro) en avanzado grado de alteración, que muestro en la foto. Al día siguiente paraba en San Juan de Plan, en pleno Pirineo oscense en busca de minerales de cobalto.

Progress in Functional Analysis

Ruinas del anfiteatro romano en el centro de Lecce.

Asistir a un congreso fuera de tu universidad siempre implica viajar, en mayor o menor medida, lo que dota a la actividad científica de un valor cultural añadido. Si se hace a un sitio como Italia y en compañía de tu pareja, el valor cultural eclipsa al matemático. A finales de verano acudimos al último congreso de los reactivados tras la pandemia, en Lecce, la capital del «tacón» de Italia. Durante tres días, el apretado programa de conferencias obligaba a los asistentes a hacer «novillos» si querían ver la ciudad con luz del día.

Sala del Rectorado de la Università del Salento donde se celebraron la mayor parte de las conferencias.

Lecce es una ciudad mucho más monumental de lo que podría corresponderle por su tamaño. Su centro histórico, construido en piedra de color crema muy manoseada por el tiempo, invita a pasear buscando rincones y tomado nota de las trattorias para poder regresar después a cenar cuando caiga la noche. Lecce no está junto al mar pero lo tiene bastante cerca y gracias al panda que alquilamos en Bari pudimos acercarnos a la portuaria Otranto, donde disfrutamos de los frutti di mare en la playa. Entre Bari y Lecce, se encuentra Alberobello, un pueblo que parece sacado de un cuento.

Casitas de piedra seca, llamadas «trulli», en Alberobello y que han puesto a esta localidad en la lista del Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Esta reunión de Lecce cierra todo lo que tenía previsto para este año. La tristeza de dejar los bellos parajes de la Puglia se transforma rápidamente en nostalgia a medida que el avión se va acercando a Alicante. Ahora hay que ocuparse de que el curso salga adelante, tanto con las clases como las tareas administrativas, y tratar de obtener nuevos resultados matemáticos con los que renovar el «repertorio» y así tener algo interesante que contar en los congresos de 2023.

Selfie de durante una comida en Otranto.

Bonus track: una oposición en Pamplona

De izquierda a derecha: Pilar Rueda, Paco Hernández, Fernando Albiac, el pesado que suscribe y María José Asiáin.

De haber sido sólo cuatro congresos post-Covid, este artículo se hubiera titulado «Cuatro congresos y una oposición» , que es más cinematográfico y porque la oposición a la que asistí en Pamplona la semana pasada fue un bonito broche a las actividades académicas viajeras de este año. Formé parte del tribunal encargado de acreditar la valía de mi colega Fernando Albiac para ser catedrático de la Universidad Pública de Navarra. Realmente, Fernando tenía tantos méritos que el trabajo del tribunal fue básicamente firmar unos cuantos papeles y festejar con él su ascenso.

Ver Libros para el verano para saber dónde pudo haber sido escrito…

Neandertales

Neandertales, ilustración de Z. Burian tomada de «Encyclopédie illustrée de l’homme préhistorique» de Jan Jelínek, Gründ (1989).

Tenía pensado escribir sobre los neandertales en algún momento, pero esperaba antes ponerme al día sobre los más recientes descubrimientos y hacer un post algo más presentable. Evidentemente, por mucho interés que pueda tener en los neandertales, no me dedico profesionalmente al tema. Sin embargo, una serie de “señales” me ha indicado que el momento es ahora. Acaba de fallarse el premio Nobel de Fisiología/Medicina a favor del sueco Svante Pääbo por sus investigaciones sobre ADN de homínidos extintos, en particular, por haber secuenciado el genoma neandertal.

Michael Walker, Ignacio Martín Lerma y Luis de Miquel, en un momento del homenaje al primero realizado en el Museo Arqueológico de Murcia.

Además, hoy mismo recibe un homenaje Michael Walker, profesor jubilado de la Universidad de Murcia y director durante muchos años de las excavaciones en la Sima de las Palomas (Torre Pacheco), uno de los principales yacimientos neandertales de la Península Ibérica. En fin, yo veo señales claras para escribir este post, timing perfecto… otros podrían ver oportunismo. El caso es que las informaciones sobre los neandertales son últimamente tan frecuentes que lo más difícil, a estas alturas, es ser original.

¿De qué hablamos?

Homo neanderthalensis (más tarde nos ocuparemos de la hache) es una especie extinta de seres humanos que vivió entre 300.000 BP y 30.000 BP, redondeando un poco, en lo que actualmente es Europa y una buena parte de Asia incluyendo Oriente Medio. Nota: BP indica años before present, es decir, «antes del presente», pero presente aquí es el año 1950 por convenio, lo que viene a ser cambiar la referencia de la fecha de nacimiento de Nuestro Señor por la de los baby boomers cuando se indican acontecimientos pasados. En relación con los Homo sapiens, es decir, los humanos modernos o nosotros, los neandertales eran en general más robustos y estaban mejor adaptados al clima frío, ya que prosperaron durante la última glaciación.

Clásico libro de Obermaier en su edición de Ed. Istmo (1985). El libro original es de 1925, por lo que es fácil encontrar diferencias respecto al tratamiento actual de los neandertales.

Viene ahora el momento de poner los puntos sobre las íes. Una especie, en el sentido biológico de la palabra, puede presentar una gran variabilidad geográfica y temporal (más de 250 Ka), no digamos ya entre individuos, por lo que la definición de neandertal es delicada, como la de cualquier otro organismo extinto. Más aún, afirmar que los neandertales son (eran) otra especie puede resultar algo excesivo porque hay constancia de hibridación fértil con H. sapiens: nosotros mismos, los europeos, somos neandertales en una pequeña proporción de nuestros genes. Finalmente, mientras que el límite superior del intervalo temporal es discutido en relación con la definición de neandertal, el límite inferior va reduciéndose a medida que se hacen nuevos hallazgos. Actualmente se han datado restos neandertales en 28.000 BP. Al parecer, la Península Ibérica es el último reducto de H. neanderthalensis.

Árbol filogenético de la estirpe humana, tal como se concebía hace algunos años. Tomado del libro «Los neandertales» de Antonio Rosas, CSIC (2010).

Tradicionalmente se ha pensado que los neandertales evolucionan de las primeras poblaciones que migraron a Europa desde África llevando consigo la tecnología del bifaz. Al parecer, en primer lugar llegaron a Europa homínidos sin esta tecnología, como el hombre de Orce o el grupo de Dmanisi, y en una segunda oleada llegaron los H. heilderbergensis con sus flamantes bifaces. Sin embargo, ahora hay algunos investigadores que quieren situar el origen de los neandertales en una migración post-Achelense, lo que a mí me deja particularmente descolocado… No entraré en ese tema, por lo menos hasta que lea los argumentos a favor de dicha teoría.

Arqueología de los neandertales

Industria lítica típica musteriense, tomado de «Outils préhistoriques» por Jean-Luc Piel-Desruisseaux, Ed. Dunod (2002).

En lo que respecta a Europa (y parte de Asia) hay una identificación entre neandertales (especie humana), Paleolítico medio (periodo de la prehistoria) y musteriense (tecnología lítica). Los neandertales desarrollaron también una forma particular de talla llamada Levallois consistente en la preparación de facetas de la futura herramienta antes de separarla del núcleo. Espero que el siguiente dibujo ayude a entender mejor la explicación.

La pieza representada abajo (vista superior e inferior) es la que se ha extraído arriba, pero ligeramente ampliada. Ilustración de «Encyclopédie illustrée de l’homme préhistorique» citado arriba.

Mientras que los fósiles humanos proceden principalmente de cuevas y rellenos de simas (con las condiciones adecuadas para la conservación de nuestros frágiles huesos), las piezas musterienses, en sílex o cuarcita, pueden encontrarse mucho más repartidas: laderas de montes con covachas, lugares de paso como las ramblas, antiguos manantiales (hoy desecados) donde acudían a beber… En particular, en la Región de Murcia ese tipo de hallazgos no son extraños: los neandertales se pasearon por todas partes tallando y abandonando sus útiles de piedra. Una pieza musteriense aislada que podamos encontrar en el campo no constituye un yacimiento, al igual que una golondrina no hace verano, pero es muy recomendable contactar con un experto para que realice una valoración.

Una mirada escalofriante desde el pasado: rostro neandertal embutido en toba procedente de la Sima de las Palomas (Torre Pacheco).

Desde hace poco más de una década, la posibilidad de recuperar ADN de los restos neandertales preservados en ciertas condiciones de humedad y temperatura, hace que haya que extremar las precauciones para no contaminar las muestras. Muchos arqueólogos acuden a sus excavaciones vestidos como los médicos que tratan a un enfermo ébola. Otra línea de investigación muy interesante es la de establecer y documentar la convivencia entre especies, neandertales y sapiens. Para ello se excava en cuevas y abrigos con presencia de útiles musterienses y del Paleolítico superior, en principio, causados por ocupaciones sucesivas, pero prestando especial atención al momento de transición. Ejemplos de esta doble ocupación son los abrigos de Rambla Perea (Mula) excavados por el equipo de Joao Zilhao, o la Cueva del Arco (Cieza) cuyas campañas dirige mi querido amigo Ignacio Martin Lerma, aunque aún no se ha establecido la cohabitación entre especies en dichos yacimientos.

La evolución de un paradigma

Charles Darwin publicó su «El origen de las especies» en 1859. Desde ese momento, los científicos estuvieron especialmente receptivos a cualquier fósil que pudiera servir como eslabón perdido entre el simio y el hombre. El primer resto óseo en desempeñar ese papel fue una peculiar bóveda craneal encontrada tres años antes en una cantera cerca de Düsseldorf (Alemania) que inicialmente se había interpretado como una malformación en un humano moderno. Después se sumaron otros hallazgos, como el cráneo Forbes encontrado en Gibraltar por la misma época.

Bóveda craneal encontrada en la cantera de Feldhofer, en Neanderthal, cerca de Düsseldorf. Éste fue el primer fósil adscrito a un antepasado del hombre moderno.

El nombre neandertal se toma de Neanderthal, literalmente “valle de Neander” en alemán, en donde estaba la cantera en la que aparecieron los restos. A su vez dicho topónimo es en honor al músico y religioso Joachim Neander, cuyo apellido familiar original era Neumann, literalmente “hombre nuevo”. El cambio estético del apellido no altera el significado, sólo que ahora debemos acudir al diccionario de griego. Señalemos que el nombre equivalente Neandro existe en castellano. Finalmente, la h se pierde en la reforma ortográfica del alemán a principios del siglo XX, siendo actualmente valle “das Tal”.

Así que, etimológicamente resumiendo, neandertal es el valle del hombre nuevo, una denominación sumamente oportuna. No mucho tiempo después y también en Alemania, Friedrich Nietzsche anunciaría la muerte de Dios y el advenimiento del superhombre… creo que me estoy desviando del tema. Volviendo a los restos humanos, señalemos que el cráneo Forbes es recuperado por el teniente Edmund Flint, siendo “flint” la palabra inglesa para sílex, el material favorito de los neandertales ¿Casualidad o conspiración? Lo dejo ahí, esperando haber arrancado alguna sonrisa 🙂

Lámina del libro de Ciencias Naturales de 3º de Bachillerato de la editorial ECIR (1965), por R. Verdú Payá y E. López Mezquida. La idea está bastante clara…

Las primeras representaciones de los neandertales, llamados en aquel tiempo hombres de las cavernas, son simiescas. La causa de esto la encontramos en la incorrecta interpretación de los huesos de individuos ancianos junto con no pocos prejuicios. Una de las imágenes cinematográficas de los neandertales que ha dejado más huella es, sin duda, La guerre du feu, con la memorable interpretación de Ron Perlman (dicen las malas lenguas que iba sin maquillar). En las últimas décadas, las reconstrucciones físicas basadas en evidencias anatómicas han avanzado mucho. Si se añade, además, la interpretación del genoma en términos de características físicas y los descubrimientos arqueológicos en lo que respecta a estética y adornos de los individuos, la imagen de los neandertales cambia radicalmente.

Recreación de una chica neandertal en un lecho de pieles, por Tom Björklund. Después de contemplarla, a algunos de mis amigos la hibridación entre especies ya no les parece una idea tan descabellada.

Otro de los vuelcos de paradigma ocurridos en la última década es el reconocimiento de pensamiento simbólico y arte parietal en los neandertales. Hasta hace relativamente poco se les negaba algunas de las características que los sapiens solemos decir que nos hacen más humanos. Todo empezó con el descubrimiento de objetos puramente ornamentales y pigmentos, en Cueva Antón (Mula) y la Cueva de los Aviones (Cartagena). Después se han descubierto círculos realizados con espeleotemas en lo más profundo de una gruta francesa (Bruniquel) y se ha datado en fechas del Paleolítico medio unas pinturas esquemáticas realizadas en la Cueva de Ardales (Málaga). Por si fuera poco, en algunos enterramientos neandertales se han descubierto pólenes (el polen es extraordinariamente resistente en contexto arqueológico) de plantas cuya explicación más plausible es la realización de ofrendas florales a los difuntos. ¿A qué ya no nos parecen tan brutos los hombres de las cavernas?

Cuéntame un cuento

Se han propuesto muchas explicaciones para la extinción de los neandertales: cambios climáticos, enfermedades, exterminados por H. sapiens (o sea, nosotros)… Otro motivo que si bien no sería una causa en sí mismo sino que añadido a los anteriores dejaría a H. neanderthalensis en una situación más desfavorable respecto a H. sapiens es una de las tesis expuestas en el libro «Sapiens» del pensador israelí Yuval Noah Harari.

Portada del million seller de Harari.

La idea principal posiblemente sea anterior a Harari, pero no he podido rastrearla. Básicamente sostiene que los grupos de H. sapiens están más cohesionados que los de H. neanderthalensis porque tienen la capacidad de contar historias, de crear mitos, de fabricar dioses. Mirando al pasado reciente podemos poner ejemplos de muchedumbres de personas capaces de acometer grandes proyectos, para bien o para mal, porque siguen una idea materializada en un libro: La Biblia, El Corán, Mein Kampf… De la misma manera, en el pasado remoto los grupos de sapiens se organizaron alrededor de unos mitos y creencias. Eso les permitió superar las situaciones en las que los neandertales sucumbieron.

Pero la capacidad de contar historias, o fabricar mitos, tiene que ver con las características del lenguaje en el que se realiza la comunicación. Éste debe ser recursivo en el sentido definido por Noam Chomsky, es decir, el lenguaje debe admitir “estructuras anidadas” exactamente como hacen los narradores en una novela para contar lo que dicen los personajes, o el diccionario para poner ejemplos de la palabra que acaba de definir. Un idioma más sencillo, plano por así decirlo, puede servir para organizar una cacería en grupo o decir dónde hay agua o fruta, pero no permitiría planificar a medio o largo plazo.

Grupo de arqueólogos del Paleolítico medio, no ellos sino su objeto de estudio… Joao Zilhao con sombrero, e Ignacio Martín Lerma a la derecha (realmente, tendría que haber puesto la foto un par de secciones más arriba…). La escena es en Ricote (Murcia) y yo no salgo porque alguien tenía que echar la foto.

La teoría es atractiva, sin duda, pero no la comparto. Yo creo que los neandertales tenían un mundo simbólico profundo y eso es difícil de llevar sin un lenguaje complejo y recursivo. Además de las evidencias aportadas en la sección anterior, mi particular interpretación de algunos útiles líticos me permite afirmar que, incluso, Homo heidelbergensis hacía juguetes para sus niños y tenía sentido del humor. Bueno, esto lo digo yo que no soy un profesional de la Antropología… pero tampoco estoy limitado por los paradigmas imperantes. Espero que en algún momento no muy lejano, llegue a estas mismas conclusiones la ciencia oficial (o mainstream scholars, como diría Giorgio A. Tsoukalos, uno de mis magufos favoritos).

Algo de lectura

He mencionado unos cuantos libros, pero en un tema como éste se quedan obsoletos en cuatro días, con la excepción de los que tratan de industria lítica (aquí no suele haber sorpresas).

En primer lugar, «Los neandertales» de Antonio Rosas, investigador del CSIC y del Museo Nacional de Ciencias Naturales. Conocí a Antonio Rosas durante el breve tiempo que estuvo vinculado al yacimiento paleontológico de Quibas (Abanilla). Su librito da un panorama muy resumido de lo que se sabía, o se pensaba, alrededor de 2010. Mucho más reciente y extenso es el best seller de Rebecca Wragg Sykes «Neandertales» . Estoy seguro de que con él resolveré un buen puñado de mis lagunas sobre los descubrimientos más recientes en materia de neandertales, pero voy leyendo muy despacio (son más de 400 páginas).

Tres libros amenos sobre los neandertales, cada uno en su estilo.

Una de mis recomendaciones para el verano fue el libro «La prehistoria en la mochila» de Ignacio Martín Lerma publicado este mismo año por Aguilar. Como ya lo he leído, haré una breve reseña.

En forma de una vuelta a la Península Ibérica, un joven neandertal llamado Sepik visita distintos lugares que hoy día son destacados yacimientos arqueológicos buscando una nueva zona en el que poder establecerse con su clan. Sin embargo, en todos los lugares por donde pasa las comunidades están igual de mal o peor. Cuando regresa a Cieza en compañía de Omati, una cromagnona de la que se ha enamorado, no puede ofrecerle a su clan un nuevo hogar, pero sí que puede enseñarles formas alternativas de explotar los recursos a su alrededor gracias a todo lo que ha aprendido durante su viaje.

Pala para mayonesa” del Abric Romaní, reconstrucción basada en el molde que dejó la pieza original de madera.

Con alguna licencia literaria, como el uso de leguaje recursivo por parte de los personajes, Martín Lerma logra integrar en su relato todas las peculiaridades de cada uno de los yacimientos visitados, incluida la “pala para mayonesa” del Abric Romaní, el dramático canibalismo en El Sidrón, o la bellísima interpretación de las manos de Maltravieso. Ojo, otro spoiler: los malos del libro son los neandertales del Boquete de la Zafarraya. Espero que esto último no les siente demasiado mal a mis amigos de la Axarquía, Amalia y Juan.

Epílogo

Hemos visto que, al final, los neandertales no eran muy distintos de nosotros. El mestizaje entre neandertales y sapiens, establecido por el análisis de los genomas, ha permitido que podamos verlos incluso como nuestros antepasados. Puede que la especie, o estirpe, neandertal haya desaparecido, estrictamente hablando, pero una parte de ellos sigue viviendo en nosotros.

Mi YO hipster-neandertal. Imagen generada por un software en el Museo de Historia Natural de Viena, en 2020.

Un año

Este mes de septiembre se cumplió un año del comienzo del blog. Desde entonces he escrito 33 entradas o posts, sin contar éste… Realmente, este post no debería contarse como tampoco debe hacerse con el primero, titulado ¡Por fin! Allí hacía una declaración de intenciones sobre los temas que trataría, que se ha quedado obsoleta, en cierto modo, como da fe el menú actual de categorías.

Es posible que después de un año no haya cubierto las expectativas respecto a todo lo que quería escribir. En la página raíz hablaba de frecuencia aproximadamente semanal. Salta a la vista que no ha sido así, pero tampoco está mal… Hemos pasado de 5700 visitas, lo que vienen a ser unas 15 visitas diarias en media. Ya sé, que muchas acciones pueden computar como visitas sin llegar a ser lecturas, pero esos son los números que dispongo. Me consta, además, que algunas entradas en particular han sido muy visitadas por distintos motivos. Otras, por su parte, han servido para ponerme en contacto con personas con las comparto intereses y aficiones.

Estadística de visitas a matiasraja.es

Para poner estas estadísticas en perspectiva, digamos que algunos días he registrado más de 100 entradas en el blog, mientras que en la actividad académica oficial, mi artículo más referenciado acumula poco más de 50 citas a lo largo de unos 22 años según datos de Google Scholar. Sé que no son cosas comparables: mi trabajo en Matemáticas me ha permitido llegar a catedrático de universidad; el tiempo que empleo en el blog lo hago por mero placer.

¿Autobombo?

Anunciaba hace un año que unos de los objetivos de esta web era darme autobombo… ¿lo he conseguido? En cierto modo, sí: mucha gente ha pasado por Algo sobre mí donde expongo algunas de mis “hazañas” con las pruebas documentales correspondientes (mi nombre aparece perdido en una página, pero a veces ni eso). De vez en cuando, los detalles son interesantes y merece la pena ampliar la historia, como en el caso del mamut de Caravaca. También, puestos a contar aventuras menos científicas he volcado en estas páginas el Camino de Santiago en tres semanas o mi vuelta por Europa con el Interrail.

Quo vadis?

En más de una ocasión me han sorprendido diciéndome que leen mi blog. Me explicaré un poco… en mi círculo más cercano a veces tengo la impresión de que me leen por obligación: les mando el enlace al último post, o les pido impresiones… Por eso, encontrarme con un lector/lectora voluntario es siempre un grata experiencia que me recuerda uno de mis primeros momentos de “gloria”. Hace muchos, muchos años, en una reunión entre amigos me presentan a un estudiante de Historia. Al oír mi nombre me dice «¿Eres Matías, el de la cabaña argárica?» Le digo que sí, pero un poco extrañado por la interpelación… «El profesor de Arqueología habló de ti en clase» me dijo. Omitiré el resto de la conversación, pero la idea queda clara: me sentí súper famoso 🙂

Y ahora…

Al comienzo de este proyecto preparé una lista de temas sobre los que escribiría. Tengo títulos por lo menos para dos años a este ritmo de escritura, sin embargo apenas gasto ideas de ese repertorio porque en la mayoría de las ocasiones el tema me viene solo y me dejo llevar. Pero en esto hay un efecto secundario, en el sentido medicamentoso de la expresión, que consiste en un desequilibrio en el tratamiento de temas que para mí son igualmente importantes. Remediar esto es uno de los propósitos de este nuevo curso. Podría adelantar algunos títulos que tengo previstos, pero he descubierto en este año de experiencia el valor de la sorpresa.

A punto de acabar septiembre, por fin hizo aparición la lluvia, y no se me ocurre otra cosa para despedirme por hoy que compartir este fragmento de Nomadi, la canción compuesta por Juri Camisasca y popularizada (universalizada sería más correcto) por Franco Battiato (enlace al tema en YouTube).

Lungo il transito dell’apparente dualità
la pioggia di settembre
risveglia i vuoti della mia stanza
ed i lamenti della solitudine
si prolungano

Otoño en Polonia, hace un huevo de años…

Minerales de Mazarrón

Impresionante contraste de colores en las terreras de las minas de Mazarrón. Parece una imagen de otro planeta, pero está en la Región de Murcia.

Nota: Al final de este post se puede encontrar un vídeo de una conferencia dada el 21/02/2024 por el autor sobre los minerales de Mazarrón con motivo de la I Semana de la Memoria Minera, grabada y editada por TeleMazarrón.

En mi anterior post Mazarrón explicaba los vínculos familiares que tengo con esta villa minera. Es posible que el lector acostumbrado a los minerales se sintiera algo decepcionado porque apenas hablé de ellos. Por eso, en esta ocasión quisiera centrarme en los minerales de Mazarrón, propiamente dichos.

Siguiendo mi costumbre, trataré de la «mineralogía manoscópica» : minerales que aparecen con un tamaño apreciable y, en general, masivos. Para mí son piedras que da gusto tenerlas en la mano. No desprecio los cristales, que, de hecho, los busco… pero los minerales son mucho más que piezas de museo. Como ocurre con otros post similares de mi web, Minerales de Mazarrón se irá actualizando a medida que consiga más y mejores ejemplares de los minerales de la zona.

Geológicamente, en el municipio de Mazarrón se pueden distinguir tres tipos de terrenos: bético, neógeno y volcánico. Los materiales metamórficos béticos, de edad permo-triásica, están compuestos de rocas carbonatadas (dolomías, mármoles) y silíceas (esquistos, filitas). Conforman las sierras de las Moreras, Almenara y el Algarrobo. Los materiales sedimentarios neógenos fueron dejados por la relativamente reciente regresión marina. Son particularmente apreciables cerca de la costa (Gredas de Bolnuevo), pero llegan mucho más adentro (Ermita del Saladillo, Camposol). Finalmente, los materiales volcánicos cubren una gran extensión del municipio y han dado lugar a algunas elevaciones notables, como el cerro de San Cristóbal, que está parcialmente rodeado por la villa de Mazarrón. Corresponden a erupciones volcánicas ocurridas durante el Mioceno y se componen de rocas ácidas, principalmente andesitas y dacitas.

Los filones de las andesitas

Las erupciones volcánicas suponen un transporte de elementos desde el manto a la superficie terrestre, pero esto no implica necesariamente la formación de yacimientos minerales. Se precisa un poco más, como la «destilación» del contenido metálico en la cámara magmática y la eventual interacción de los fluidos con las rocas que encuentran en su ascensión a la superficie. En los cotos mineros clásicos mazarroneros (San Cristóbal – Perules, Pedreras Viejas y Coto Fortuna) encontramos que los filones rellenan grietas en la propia andesita volcánica, como producidos por un proceso hidrotermal tardío. Una vez formados los filones, otros procesos posteriores, como la infiltración de aguas y la alteración superficial, terminan de modelar el yacimiento.

Castillete de hierro, rodeado de escombreras.

Es una creencia común entre los habitantes que las minas eran de plata. Muy posiblemente, en la época protohistórica existiera plata nativa como producto de la descomposición de la galena argentífera. Pero ya en tiempos de la explotación romana de las minas, toda la plata obtenida en Mazarrón procedía únicamente del procesamiento del mineral de plomo. Además, existen otros minerales que fueron explotados cuando se descubrió su uso industrial, como el alumbre y la blenda.

Las minas dejaron de explotarse en 1969, hace ya más de medio siglo. Durante las últimas décadas se usaron técnicas de flotación para concentrar los sulfuros, por lo que todo lo que salía de los pozos era inmediatamente molido. Estas dos circunstancias hacen muy difícil la recolección de minerales en superficie. No obstante, los mineros tenían «descuidos» y a las escombreras fueron a para algunos bolos ricos en metal, hoy escondidos tras una gruesa y oscura costra de alteración.

Galena

Pieza compuesta principalmente por galena, con pirita, siderita y cuarzo.

La galena (sulfuro de plomo) es el mineral más representativo de las minas de Mazarrón, pero es difícil de encontrar en cantidades apreciables. Hay que pensar que ya era explotada por los romanos y, en tiempos más recientes, todo el material arrancado de los filones conteniendo galena pasaba por molino y lavadero. Recordaremos a los lectores que la galena es un mineral muy denso de aspecto metálico cuyo color recuerda el plomo que contiene.

Exfoliación cúbica de la galena.

Cuando la masa de galena se compone de cristales grandes (más de 1 cm), variedad a la que los antiguos mineros se referían como metal de hoja, es fácil apreciar la exfoliación cúbica.

Blenda

Pieza de blenda, con algo de magnetita. El color amarillento central es debido a aguas ferruginosas.

Las aplicaciones industriales del zinc se multiplicaron en tiempos relativamente recientes, y con ello la demanda de este metal que es abundante en los filones de Mazarrón como blenda (sulfuro de zinc). La blenda es menos pesada que la galena y no es un mineral metálico, ya que en condiciones de pureza es transparente. La blenda de Mazarrón contiene una cierta cantidad de hierro que la vuelve casi opaca y le proporciona brillo submetálico (diría que la blenda de Mazarrón es menos ferrífera que la de La Unión). Pero en las secciones de cristales de más de un 1 mm y con ayuda de la lupa se puede ver un color rojizo acaramelado con algo de translucidez.

Para distinguir la blenda de la galena lo mejor es verlas juntas: la franja central es galena, la superior es blenda, y lo de abajo pirita. También aparece la magnetita y la siderita en la foto, pero no diré dónde…

La blenda, junto con la galena, la pirita y otros sulfuros en menor cantidad (calcopirita, estibina…) forma masas indiferenciadas que reciben el nombre de sulfuros polimetálicos. En algunas ocasiones, con la lupa se pueden reconocer los componentes individuales, y con algo más de suerte, ver como los distintos minerales se agrupan como en el ejemplar fotografiado arriba.

Secundarios de plomo

Masa indiferenciada de minerales de plomo procedentes de la alteración de la galena.

La galena es un mineral relativamente estable a la intemperie. No obstante, tras muchos años de exposición a las aguas infiltradas en los filones se altera. En primer lugar pasa a sulfato de plomo (anglesita) y posteriormente a carbonato de plomo (cerusita). Estos minerales pueden cristalizar bellamente (tengo noticias de un ejemplar excelente de cerusita cristalizada de Mazarrón), pero en la mayor parte de las ocasiones se presentan como una masa indiferenciada densa y gris.

Pirita

Masa de pirita procedente de una escombrera.

Uno de los minerales más abundantes, la pirita (sulfuro de hierro) de Mazarrón no fue aprovechada. La obtención de hierro a partir de pirita plantea difíciles problemas metalúrgicos. También se podría utilizar como mena de azufre (así se hizo en Riotinto), pero en Mazarrón sencillamente iba a parar a las escombreras, donde a la intemperie se transformaba en sulfato de hierro que es el componente de las costras amarillo verdosas, que dan color a las terreras y los charcos desecados, además de ser responsable del característico olor que se respira en las minas.

Pirita, mostrando algunos cubos. Esta pieza la recogí cuando tenía 10 años de edad y las minas llevaban sólo 20 años cerradas… entonces la pirita todavía tenía color de pirita.

No he encontrado cristales de pirita de tamaño apreciable. Las geodas en la masa de pirita tienen tendencia a ser de siderita. En la foto de arriba se pueden distinguir algunos cubos estriados de tamaño inferior al milímetro.

Siderita

Siderita en una fractura fresca, con algunos sulfuros.

La siderita (cabonato de hierro) fue descrita como mineral portador en mi post Paragénesis. En Mazarrón hay mucha siderita, aunque no juega un papel principal respecto a los sulfuros. La siderita se deteriora rápidamente a la intemperie tomando un color rojizo o marrón en los primeros años. Después pasa a negra y la capa de alteración se va haciendo cada vez más gruesa, por lo que su color original sólo puede ser desvelado por el martillo.

Magnetita

Masa de magnetita, cuarzo y algún sulfuro. El imán adherido a la derecha muestra la característica más distintiva de este mineral.

La magnetita (óxido de hierro) es extraordinariamente abundante en la mineralización primaria acompañando a los sulfuros. Se determina rápidamente por su color negro y la capacidad para ser atraída por el imán. En ocasiones, va entremezclada con cuarzo dándole al conjunto una tenacidad excepcional.

Limonita

Masa de limonita procedente de la alteración de siderita, de la que quedan pequeños vestigios.

Los minerales de hierro que se deterioran a la intemperie, como la pirita o la siderita, se transforma en limonita (mezcla de óxidos e hidróxidos de hierro). En la parte superior de los filones (montera), la descomposición de los minerales de hierro dan lugar a grandes masas de limonita susceptibles de explotación para la obtención de este metal.

Goethita, de una escombrera de San Cristóbal.

Uno de esos hidróxidos que compone el grupo de la limonita es la goethita, que a veces se puede encontrar botroidal tapizando oquedades, con su característico color negro, más o menos irisado.

Barita

Pieza de barita mostrando uno de sus hábitos cristalinos típicos.

La barita (sulfato de bario) es un mineral pesado y generalmente blanco que suele depositarse en la montera o parte alta de los filones, por los que casi siempre está acompañado de óxidos de hiero, y eventualmente, manganeso.

Masa de barita en una escombrera.

En Mazarrón aún se pueden observar vetas de limonita y barita sin explotar, sobre todo, en cerro de San Cristóbal. La formación consistente en una densa trama de filoncillos entrecruzados cuya explotación debe acometerse vaciando todo el volumen, estéril incluido, se denomina stockwork en la jerga minera.

Alunita

La alunita tiene un característico aspecto de loza.

La alunita (sulfato hidratado de aluminio y potasio) era la materia prima para la obtención del alumbre, en un proceso que comenzaba con la carbonización del mismo y la recuperación del alumbre cristalizado en balsas. El subproducto de la fabricación del alumbre son los depósitos de almagra que hay repartidos alrededor del Cerro de San Cristóbal. La alunita se ha formado por la acción de los fluidos hidrotermales de los filones en los silicatos de la roca volcánica.

Manganita

Manganita cristalizada sobre una mezcla de limonita y wad.

En algunos lugares de la montera puede apreciarse una alto contenido en manganeso. Sobre la mezcla indiferenciada de limonita y wad (mezcla de óxidos e hidróxidos de manganeso) se han formado cristales brillantes de color gris que corresponden a manganita (óxido de manganeso).

Placa tapizada de crecimientos paralelos de manganita.

Aprovechando que la manganita es un mineral menos conocido, incluimos una segunda foto mostrando el tamaño de las piezas que proporciona el distrito de San Cristóbal – Perules.

¿Ha salido algo bonito de las minas?

Los coleccionistas locales siempre se quejan de la imposibilidad de adentrase en las minas los cotos mineros clásicos. No hay trancadas, por lo que la única forma de acceso es a través de los pozos. Tras el fin de las explotaciones muchas galerías colapsaron o están inundadas. Algunos dicen que fue la codicia la causa, que arrancaron las «llaves» (columnas y arbotantes de filón que se dejan para refuerzo) que databan del tiempo de los romanos por sacar un poco más de metal. Mi chacho Pepe iba algo más lejos: decía que MINOFER hizo voladuras para dejar las minas inservibles a quien quisiera retomarlas después de ellos.

Sea como fuere, ni se puede bajar hoy día a los filones, ni son frecuentes en museos o colecciones ejemplares notables de los tiempos de bonanza minera de Mazarrón. Sin embargo, aunque deteriorado por el tiempo, se puede ver algún indicio que revela que una vez hubo ejemplares interesantes. Por ejemplo, en la siguiente foto puede verse una pieza de pocos centímetros mostrando galena y blenda cristalizadas juntas: la galena en cuboctaedros y la blenda acaramelada.

Galena cristalizada (gris) rodeada de blenda acaramelada.

En algunos lugares han aparecido en la andesita drusas de barita libre de óxidos de hierro y con cristales algo más independientes y mejor desarrollados que la barita depositada en la montera de los filones de sulfuros.

Cristales de barita sobre andesita recogidos cerca de la rambla de las Moreras.

En la zona de oxidación de los filones, actualmente arrasadas por las labores, se dieron bolsadas de cerusita cristalizada.

Cristales de cerusita.

Minería marginal

Además de los filones en andesitas y la paragénesis descrita en el apartado anterior, existen pequeñas mineralizaciones ligadas a las rocas metamórficas béticas que han dado lugar prospecciones o pequeñas explotaciones, en el mejor de los casos. Algunas calicatas sin interés comercial han producido ejemplares de minerales raros y que muchos coleccionistas es lo que entienden cuando se habla de los minerales de Mazarrón.

Hematites

Hematites de la calicata de la Sierra de las Moreras.

Destaca una masa de hematites (óxido de hierro) de gran calidad cerca del pico de la sierra de las Moreras que no pudo explotarse por la dificultad para sacar el mineral. Hay hematites terrosa y especular similar a la que aparece el las minas de la Cuesta del Cedacero, ya en el término municipal de Cartagena.

Galena

Fragmento de galena de las minas del Cabezo de la Leonera, donada al Museo Antonio Paredes.

Curiosamente, existen unas minas de galena en Mazarrón que no tienen nada que ver con las andesitas. En el cabezo de la Leonera en Bolnuevo se explotaron unas masas estratiformes de galena acerada en dolomía franciscana (bandeada). El mineral fue separado mediante estriado manual, a pesar de lo cual muchos trozos de tamaño variable fueron a parar a las escombreras. Siempre he sostenido que sería interesante hacer un estudio comparativo los plomos de distintas minas: el del Cabezo de la Leonera dejó el manto hace 250 Ma mientras que el de San Cristóbal lo hizo hace menos de 10 Ma.

También encontramos galena en esquistos más o menos cuarzosos en la mina Dolores, accesible por una pista que sale de Pastrana. La galena cristaliza en pequeños octaedros en drusas, pero décadas de exposición a la intemperie ha deteriorado las muestras.

Secundarios de plomo

Masa de minerales de plomo indiferenciados producto de la alteración casi total de la galena.

Las filtraciones de agua superficiales han alterado parcialmente la galena en sulfato (anglesita) y carbonato (cerusita) de plomo. El aspecto de este mineral es el de una masa grisácea y blanca, aunque con la lupa se pueden identificar cristales.

Fluorita

Fluorita masiva del Cabezo de la Leonera.

La fluorita (fluoruro cálcico) aparece acompañando a la galena en las minas del Cabezo de la Leonera. Es en general masiva y no manifiesta exfoliación ni fractura típicas del mineral en versiones más cristalizadas, por lo que no es tan sencilla de reconocer. Se presenta blanca traslúcida y a veces con tono violáceo, formando una especie de brecha con la dolomía y acompañada de galena.

Cristales cúbicos de fluorita, muy aumentados (detalle de la pieza anterior).

Existe la posibilidad de encontrar el mineral cristalizado en pequeñas geodas: cubos con caras de aspecto empañado. Al fracturarse un vértice aparece una cara triangular, ya que la exfoliación de la fluorita es octaédrica.

Minería del cobre

Fragmento de filón correspondiente a lo que fueron sulfuros de cobre. Dentro de la masa alterada aún se puede distinguir la calcopirita. Destacan los colores de la azurita y malaquita.

En la zona existe el dicho «minero de cobre, minero pobre». Aunque en los filones de las andesitas hay pequeñas cantidades de cobre que se hacen evidentes por las aureolas verdes de alteración, no es un metal principal. Sin embargo, en el término municipal de Mazarrón existen varios puntos donde se ha intentado explotar el cobre. En la que fue la mina de cobre mas rica de la comarca, situada en Las Balsicas, se puede observar la mineralización primaria de sulfuros de cobre (calcopirita, cobres grises) aunque bastante alterada.

Mezcla de minerales, destacando la malaquita cristalizada en agujas.

A falta de mineral primario, lo más llamativo en las escombreras son los carbonatos de cobre, malaquita y azurita. Además de la mina de Las Balsicas, existen en el término otras calicatas en las que aparecen minerales de alteración de cobre, con su gama de colores azules y verdes

Cinabrio

Detalle del cinabriocon minerales de cobre.

En la mina de Las Balsicas aparece cinabrio (sulfuro de mercurio) pulverulento acompañando a los minerales de cobre y la siderita.

Placa de siderita cristalizada en romboedros con algunas inclusiones de cinabrio pulverulento.

Aunque el cinabrio no forma ejemplares vistosos, su relativa abundancia convierte esta mina de Mazarrón en una singularidad regional.

Crisocola

Crisocola masiva de distintos colores, de Bolnuevo.

La crisocola es un silicato de cobre que puede adoptar una variada gama de tonos azulados, verdosos e incluso pardos. La mayor concentración de este mineral en Mazarrón aparece en una mina de la Sierra de las Moreras que se ubica frente a la playa de Bolnuevo (más información sobre esta mina en mi post Minerales de verano). A mí me gusta referirme a este bello mineral en su versión azul pálido como «turquesa de Bolnuevo», que estoy seguro que haría las delicias de los aficionados a la energía de los minerales.

Arseniatos de cobre

El arsénico contenido en ciertas menas de cobre (cobres grises) produce en las condiciones geológicas y climáticas de Mazarrón una variedad de minerales complejos: olivenita, cornwallita, conicalcita, lavendulana… De momento, sólo incluyo tres muestras de la calicata de Pastrana. Hay que decir que los arseniatos de cobre son el highlight de Mazarrón que más turismo mineralógico atrae.

Olivenita, en finas agujas sobre costra de óxido de hierro, acompañada de conicalcita.
Conicalcita en esferas.
Cristales de lavendulana.

Minerales de las rocas

Finalmente, nos ocuparemos de los minerales que son componentes o accesorios de las rocas presentes en el municipio de Mazarrón.

Cuarzo

Fragmento de sílice de las andesitas a la que me suelo referir como «duralex» por la forma en la que se rompe el vidrio de dicha marca.

El cuarzo está presente en las rocas metamórficas, en las volcánicas y los filones. En este último caso aparece cristalizado, pero no dispongo ahora mismo de un ejemplar realmente significativo. La versión más peculiar de la sílice es el «duralex» incluido en las andesitas, que probablemente deba su aspecto a las tensiones acumuladas por su formación a altas temperaturas, posiblemente como cristobalita. Por cierto, la cristobalita debe su nombre al cerro de San Cristóbal en Pachuca de Soto (México) que fue llamado así por los mineros en recuerdo del cerro homónimo de Mazarrón.

Drusa de cristales milimétricos de cuarzo transparente, en las andesitas del Cabezo de San Cristóbal.

Ópalo

La sílice hidratada aparece con frecuencia en filoncillos en las andesitas con distintos tonos: jaspe, marrón, verdoso… De momento, no han aparecido variedades «nobles» de este mineral. El ópalo también suele estar presente en los filones de metales, pero no he recuperado muestras en las minas.

Ópalo verde, de andesitas cerca de Leyva.

Calcita

Relleno masivo de calcita procedente de una grieta de la Sierra de las Moreras.

La calcita es un mineral muy abundante como componente de las rocas en Mazarrón, pero hasta el momento, no he encontrado muestras con cristales de buen tamaño o particular belleza.

Cristales escalenoédricos de calcita (diente de perro) de escala milimétrica, encontrados en Bolnuevo.

Yeso

Yeso bandeado de las yeseras del Barranco de Algezares.

Otro mineral muy abundante, el yeso, aparece en casi todo tipo de terrenos. En particular, las evaporitas paleozoicas metamorfizadas han dado lugar a los yacimientos de yeso de la Sierra de las Moreras (Barranco de los Algezares) y Sierra del Algarrobo.

Rosa del desierto de las inmediaciones de San Cristóbal.

Las aguas ácidas de la descomposición de la pirita reaccionan con el carbonato cálcico dando lugar a yeso en las inmediaciones de las minas. Este diría que es el origen de la «rosa del desierto» que doné al Museo Antonio Paredes.

Caolín

Caolín recogido en el Cerro de San Cristóbal.

La fuerte alteración de los silicatos de las andesitas por los procesos hidrotermales tardíos ha dado lugar a pequeñas acumulaciones de caolín, arcilla blanca de gran pureza que sirve para la elaboración de la porcelana, acompañando a la alunita.

Dolomita

Dolomita masiva, blanca y rosada, de la Sierra de las Moreras.

La dolomita (carbonato de calcio y magnesio) es el principal componente de las rocas llamadas dolomías. Justo en esas rocas se puede encontrar recristalizada en filoncillos.

Andalucita

Xenolito de gneiss procedente de las dacitas con una formación en ramo de cristales de andalucita.

La andalucita es un silicato de aluminio que cristaliza en forma de prismas cuadrados. El mismo compuesto químico de la andalucita se puede presentar en forma de otros minerales: sillimanita y distena. Aunque estos dos últimos existen también en el municipio, la andalucita es el más llamativo por el desarrollo de los cristales. Aparece indistintamente en la matriz de las andesitas/dacitas o en los xenolitos de gneiss que portan estas rocas volcánicas.

Sillimanita pseudomórfica de andalucita en prismas cuadrados.

Algunos de los cristales prismáticos de andalucita resultan ser de sillimanita. Cuando un mineral se presenta con la forma de otro se dice que hay pseudomorfosis.

Andalucita verde de Mazarrón.

Excepcionalmente la andalucita puede presentar otros colores aparte del típico rosado. En Mazarrón ha aparecido andalucitas verdes.

Granate

Xenolito de gneiss con varios granates almandinos.

El granate almandino es un silicato de aluminio y hierro que en ocasiones sirve como piedra semipreciosa. Aparece en cristales de hasta dos centímetros de diámetro en las andesitas/dacitas o sus xenolitos. Los individuos pequeños suelen estar mejor cristalizados que los grandes, normalmente en trapezoedros que le dan aspecto de bolitas color rubí.

Cordierita

Cordierita de las andesitas de Mazarrón.

La cordierita es un mineral curioso. Un día, recoges una piedra que vista a la luz del sol parece azul y te la echas al bolsillo. Cuando regresas a casa, la sacas, la vuelves a mirar con luz artificial y resulta ser gris… sin duda es cordierita, un silicato de aluminio, magnesio y hierro con una curiosa propiedad óptica llamada pleocrismo que se encuentra en las andesitas/dacitas acompañando a la andalucita y granate.

Sanidina

Cristales prismáticos de sanidina procedentes de dacitas.

Este feldespato es un componente de las rocas volcánicas, pero no siempre alcanza un tamaño correspondiente a la mineralogía «manoscópica» que tratamos aquí. En las rocas del Cabezo de San Cristóbal es frecuente ver los huecos de sección cuadrada que dejan los cristales de sanidina tras su alteración. En ciertos lugares en los que la roca está meteorizada pero el feldespato aún no se ha alterado es posible recuperar cristales centimétricos como los de la foto. Hay que decir que una localidad referencia para este mineral es Los Lobos (Almería) a escasos kilómetros del límite provincial.

Celestina

Cristales de celestina formados en una grieta en areniscas.

Encontramos este sulfato de estroncio, emparentado como mineral con la barita, en terrenos sedimentarios en los que se ha formado a partir del contenido del agua marina de esta substancia. De momento, sólo hemos localizado celestina en el municipio de Mazarrón en areniscas miocenas próximas a la ermita del Saladillo, donde forma abanicos de cristales prismáticos en las grietas.

Epidota

Masa de epidota recogido cerca de Camposol.

Este silicato aparece en Mazarrón ligado a las metabasitas, de las que hay pequeños afloramientos entre los materiales béticos. No obstante, cantos rodados de metabasita conteniendo epidota eventualmente pueden encontrarse en los terrenos cuaternarios con facilidad.

A un tiro de piedra

Hay sitios interesantes cerca de Mazarrón pero por azares de la geografía caen fuera de su término municipal. Por ejemplo, las minas de Ramonete, las minas del Cedacero o las minas de Boletes. En estas últimas aparece una galena muy interesante acompañada de cinabrio.

Cubo solitario de galena seccionado y superficialmente alterado incluido en materiales triásicos, de Boletes.

Otra localidad es Tallante (Cartagena), donde hay unos volcanes de lamproita en los que se puede encontrar hormblenda en grandes cristales y olivino masivo.

Cristales de hormblenda basáltica de Tallante.
Olivino de las lamproitas de Tallante.

La otra localidad es Morata (Lorca) donde hace tiempo recogí unas azuritas estupendas. Su origen era la alteración de la calpirita contenida en unos esquistos con magnetita.

Cristales de azurita depositados sobre el esquisto cuarzoso con calcopirita y magnetita.
Agregado de cristales de azurita en forma de roseta, una pieza pequeña pero increíble.

Perspectivas

Como de costumbre, mientras escribía esto he sido más consciente de los lugares que no he visitado todavía en Mazarrón, de los minerales que sé que están y aún no he recogido… Espero que la próxima vez que vuelvas a mirar este post esas deficiencias estén ya subsanadas.

Editado 7/10/2023: En mi post Minerales de verano aparecen algunos nuevos ejemplares de Mazarrón.

Editado 22/02/2024: Anoche tuve el enorme privilegio de impartir una charla sobre los minerales de Mazarrón en el contexto de la I Semana de la Memoria Minera. Para la presentación, que puede verse aquí (parte 1, parte 2, parte 3), hice nuevas fotos de algunos de los ejemplares mostrados en el post.

Editado 25/02/2024: Insertamos aquí el vídeo de la charla en el Casino de Mazarrón elaborado por cortesía de TELEMAZARRON a quienes enviamos nuestro agradecimiento.

Los minerales de Mazarrón: dentro y fuera de las minas.

Madera fósil

Sección pulida de tronco petrificado procedente de Madagascar que me regaló mi querido amigo Fernando Cánovas. Pueden apreciarse claramente los anillos de crecimiento.

Acabadas las vacaciones de verano y, supuestamente, «recargadas las pilas», quisiera retomar con fuerza la actividad divulgativa. En esta ocasión le toca a la Paleontología y hablaré de algo que durante muchos años ha sido un misterio para mí, la madera fósil, o más en general, los fósiles de vegetales. Digo bien, un misterio: cómo han podido preservarse árboles muertos hace millones de años, sabiendo que la madera se pudre y descompone, ya sea a la intemperie o enterrada. Por contra, que una concha o un hueso puedan fosilizarse no resulta tan extraño… En este post trataremos de arrojar alguna luz sobre la transformación de la madera en «piedra» teniendo en cuenta los procesos de fosilización, así como las circunstancias que han concurrido en la preservación de muestras de distintas eras.

Petrified Forest National Park en Arizona (USA), santuario de la madera fósil que no tengo la fortuna de haber visitado… todavía (foto tomada de Wikipedia).

Diferentes tipos de fosilización

Los fósiles son los vestigios de vida de eras pasadas. En ocasiones, los organismos contienen partes inorgánicas, lo cual puede resultar chocante, y por ello resistentes a la descomposición tras la muerte del organismo. Por ejemplo, carbonato cálcico (conchas de moluscos), fosfato cálcico (huesos, dientes) y sílice (diatomeas, espículas de algunas esponjas).

En el caso de los vegetales, la presencia de materia inorgánica es casi irrelevante, por lo que los procesos de fosilización, cuando son posibles, implican la transformación total de los restos. La parte de la Paleontología que estudia la formación de fósiles se llama Tafonomía. A continuación describiré algunos de los procesos que permiten la conservación de plantas de tiempos remotos.

Improntas

Improntas de hojas en una toba calcárea, inmediaciones del río Guadalentín cerca de El Cañarico (Murcia). Los tubitos huecos que también se observan corresponden a tallos ausentes.

Si el vegetal queda cubierto por alguna substancia es posible que se preserve el aspecto externo de mismo mucho tiempo después de descomponerse. Esto es lo que ocurre con la toba calcárea que depositan algunos ríos y fuentes alrededor de los vegetales que mojan. También pueden producirse improntas vegetales en ciertos sedimentos como areniscas de grano fino o calizas lacustres.

Carbonización

Fragmento de carbón procedente de una mina de la cuenca hullera de León.

En determinadas condiciones la materia orgánica acumulada en un pantano no se descompone, sino que es progresivamente enriquecida en carbono, al eliminarse el hidrógeno y otros elementos, por la acción de bacterias anaerobias. La materia orgánica va compactando al tiempo que se transforma en carbón, reduciéndose el volumen hasta una décima parte del original. Esto hace difícil que se conserven las estructuras vegetales. Sin embargo, si se producen intercalaciones de limos, o precipitaciones calcáreas, entre la materia orgánica hay más oportunidades de poder recuperar fósiles de un yacimiento de carbón. También, incidentalmente, la madera puede carbonizarse en un incendio y preservarse después en sedimento.

Óxido de hierro

Pequeños cilindros de óxido de hierro en marga miocena que se corresponden con raíces de plantas que crecían en ambiente fangoso, Lorquí (Murcia).

Alrededor de la materia orgánica sumergida en ambiente pobre en oxígeno (anaerobio) actúan bacterias que obtienen su energía de las reacciones químicas más insólitas. A partir del azufre orgánico y el hierro, siempre abundante, producen sulfuro de hierro (pirita o marcasita) que rellena el hueco ocupado por el organismo, a veces preservando estructuras. Este proceso se llama piritización. En lo que respecta a vegetales, distintas bacterias anaerobias puede intervenir a la vez: he visto fósiles mixtos en carbón y pirita en el escombro de una mina. Si bien la substancia inicial es el sulfuro de hierro, lo normal es que en condiciones cercanas a las de la intemperie éste se transforme en limonita (hidróxido de hierro de aspecto enrobinado), que es la forma más habitual de encontrar estos fósiles. También hay bacterias que obtienen su energía directamente de la oxidación del hierro, que podrían tener un papel en la formación de ciertos fósiles vegetales en limonita.

Sílice

Madera silificada de Campos del Río (Murcia), encuadre de 5 cm de anchura.

La más perfecta «petrificación» de la madera ocurre por medio de la sílice (óxido de silicio). La materia vegetal conserva la forma después de muerta por la rigidez de las paredes celulares hechas de lignina y celulosa, entre otros componentes. El interior de la célula queda vacío. En determinadas condiciones, la materia vegetal sumergida es penetrada por las substancias disueltas en el medio, en particular la sílice. Este material comienza a rellenar los huecos dejados por las células en una primera fase. En una segunda fase la sílice sustituye también el material de las paredes celulares. El resultado final puede ser cuarzo criptocristalino (calcedonia) o sílice hidratada (ópalo). La diferencia entre ambas versiones quizás pueda deberse a si la sílice va simplemente disuelta o en estado coloidal. Debido a que la substitución se hace célula a célula, se preservan las estructuras vegetales perfectamente.

Falsos fósiles

Dendritas de óxido de manganeso (psilomelano) con aspecto de impronta vegetal (foto tomada en una fachada de Bolnuevo, Murcia).

Del mismo modo que los vegetales pueden transformarse en substancia mineral, algunos minerales pueden recordar estructuras vegetales. Los crecimientos paralelos de cristales, o las direcciones preferentes en ciertas rocas metamórficas como los esquistos, pueden recordar las fibras de la madera; los espelotemas (formaciones calcáreas) pueden imitar troncos y ramas; los cristales que ramifican desde un punto pueden parecerse a un haz de hojas aciculares… Pero los crecimientos de tipo fractal llamados dendritas, como los de psilomelano (un óxido de manganeso), sí que causan mucha confusión, especialmente porque las plantas también manifiestan patrones fractales.

La madera fósil a lo largo de las eras

A continuación haré un repaso de la madera fósil a lo largo del tiempo geológico, ilustrándolo con ejemplares de yacimientos españoles.

Carbonífero

Fragmento de tronco de calamites en óxido de hierro, mina Emma, Puertollano (Ciudad Real).

El Carbonífero es un periodo de la era Paleozoica que va desde 359 Ma a 299 Ma. Su nombre hace alusión a los grandes depósitos de carbón incluidos en él y que se originaron en ambientes lacustres. En esta época todavía no habían aparecido las plantas con flores, y la vegetación no era tan diversa como en la actualidad. Entre los fósiles destacan los helechos arborescentes, similares a los que siguen existiendo en algunas selvas y los calamites, un tipo extinto de equisetos gigantes.

Impronta carbonosa de hojas de helecho, mina Emma, Puertollano (Ciudad Real).

Se pueden recuperar restos de esta época en las escombreras de algunas minas de carbón, como las de la cuenca de León-Asturias. Sin embargo, las muestras que tengo provienen de la mina Emma de Puertollano (Ciudad Real) que tuve la oportunidad de visitar con un permiso. El origen de este yacimiento es curioso porque fue sellado por las cenizas de una erupción volcánica y por eso también se le conoce como la «Pompeya paleobotánica» o la «Pompeya del Paleozoico».

Triásico

Fragmento de rama fosilizada en sílice, Ulea (Murcia).

El Triásico es el primer periodo de la era Mesozoica y abarca de los 251 Ma a los 201 Ma. Parte de los sedimentos de este periodo (Keuper) se originaron en lagunas o mares interiores con algo grado de salinidad, lo que favorece la silificación de la madera. El exceso de sílice también provoca la formación de cristales de cuarzo alrededor del fósil, lo que lo hace menos evidentes.

Madera fosilizada en sílice de Ulea (Murcia). La fibra puede observarse levemente en dirección horizontal, mientras que el veteado aparece en vertical. Encuadre de 3 cm de anchura.

En el Triásico ya existen los bosques de coníferas y los restos recuperados en el Keuper de Ulea (Murcia) parecen adscribirse a ese taxón. La importante concentración de estos restos fue comunicada a las autoridades responsables de Patrimonio de la Región de Murcia tal y como cuento en mi reseña biográfica. La calidad de la fosilización en sílice oscura permite observar las fibras y veteado de la madera, mientras que otros restos conservan estructuras externas.

Cretácico

Sección de tronco fosilizado en sílice de El Bonillo (Albacete).

El Cretácico es el último periodo de la era Mesozoica, que va entre 145 Ma y 65 Ma. Aunque existen facies lacustres cretácicas al norte de la Región de Murcia y que se continúan por Albacete, éstas son más adecuadas para buscar restos de dinosaurios que de madera fósil. Por otra parte, los fragmentos de madera silificada procedentes de terrenos cretácicos de Albacete diría que se han fosilizado en ambientes marinos muy cercanos a la costa.

Fragmento de madera fósil mostrando los anillos de crecimiento (aproximadamente horizontal) procedente de Tobarra (Albacete).

Se pueden recuperar trozos de tamaño variable, correspondiendo algunos a fragmentos de tronco. En otros, que serían esquirlas, es más fácil observar las estructuras internas como fibras o anillos de crecimiento.

Resto vegetal fosilizado en sílice de Cervera del Río Alhama (La Rioja). La trama de fibras se corresponde con la de una planta no leñosa, como una palmera o similar.

Aunque he descartado el origen lacustre para los restos descritos de Albacete, en otros lugares no es así. En Cervera del Río Alhama (La Rioja) en la zona donde aparecen los cuarzos hialinos que corresponden a facies lacustres continentales se puede encontrar restos vegetales fosilizados en sílice negra.

Neógeno

Fragmento de madera fosilizada en sílice del Messiniense de Campos del Río (Murcia) con aspecto de tablón carcomido.

El Neógeno es un periodo de la era Cenozoica que comienza hace 23 Ma y llega hasta hace 2,5 Ma, justo antes del Cuaternario, aunque este límite fue modificado en tiempos recientes. Durante el Mioceno (subdivisión del Neógeno), más particularmente en el Messiniense (subdivisión aún más fina del Neógeno), el mar Mediterráneo quedó aislado del océano Atlántico convirtiéndose así en una «balsa de salmuera» fosilizante.

Fragmento de madera fosilizada en sílice de Archena (Murcia) en el que se puede apreciar la rugosidad de la corteza y un nudo.

Los restos de madera fósil de este periodo son relativamente abundantes en la Región de Murcia. Destaca un «tablón» fosilizado conservado con los rastros de carcoma de Campos del Río. En ese mismo yacimiento he visto algunos restos de madera parcialmente carbonizados y silificados. He podido observar también algunos restos curiosos pero aislados en Archena . En Molina de Segura y Fortuna han aparecido fosilizados troncos de palmera.

Fragmento de palmera fosilizada en sílice de Fortuna (Murcia) en el que se aprecia la estructura interna.

Del Neógeno pero más reciente, lo que correspondería al Plioceno, mencionaré una pieza muy curiosa encontrada en los sedimentos de una playa de Estepona (Málaga). Se trata de una piña de conífera fosilizada en carbón, que apareció junto a restos de moluscos como dentalium, posiblemente arrastrada hasta el mar por las lluvias. La pieza está protegida por un endurecimiento concéntrico de la arenisca debido a la presencia de óxido de hierro del sedimento, cuyo origen más probable sea la alteración de una parte de sulfuro de hierro que acompañaba al fósil inicialmente.

Piña de conífera fosilizada en carbón y rodeada de un enriquecimiento en óxido de hierro de la arenisca, Estepona (Málaga).

Turismo de árboles petrificados

Los árboles petrificados, como cualquier otro fósil, se pueden encontrar en los museos de Paleontología. A veces no hace falta ni entrar al museo para verlos porque debido a sus grandes dimensiones y calidad de la roca en la que están fosilizados pueden exponerse en el exterior. Así ocurre en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (Madrid) o el London Natural History Museum (Londres).

Más interesante es para mí cuando estos fósiles se pueden ver en el lugar donde aparecieron, ya que el contexto puede aportar una información extra. Además de eso, la visita a los yacimientos paleontológicos puede ser uno más de lo mucho que puede ofrecer la comarca donde se encuentran. He seleccionado tres visitas que conozco personalmente, aunque me he visto obligado a usar fotos de internet para ilustrarlos. Los lugares son de España, porque el Petrified Forest National Park me pilla un poco lejos…

Maestrazgo

Arbol fosilizado en Castellote (Teruel), foto tomada de https://venerablesarboles.blogspot.com/

El Maestrazgo es una comarca histórica a caballo entre Aragón y la Comunidad Valenciana, muy interesante desde los puntos de vista paisajístico, etnográfico, arqueológico y, por supuesto, paleontológico. Añadiré que algunos de los pueblos de esta comarca figuran entre los más bonitos de España, pero dejo al lector que haga las indagaciones oportunas, porque aquí hemos venido a hablar de árboles. En Castellote, en la zona del Barranquillo, han aparecido varios troncos fósiles de notables dimensiones que han sido acondicionados para su visita in situ (la calidad de la fosilización no hace aconsejable su traslado).

Señorío de Molina

Tocón mostrando algunas raíces. Foto tomada de http://www.rillo-de-gallo.com/geoparque.htm

La comarca conocida como Señorío de Molina tiene por capital la notable villa de Molina de Aragón, que se ubica en la provincia de Guadalajara (la división administrativa actual a veces no coincide con la medieval). De Molina de Aragón toma su nombre el mineral llamado aragonito y por el interés geológico de la comarca se ha creado el Geoparque Molina – Alto Tajo. Uno de los hitos del parque son los árboles fosilizados en posición de vida de Rillo de Gallo. Cierto es que los árboles solo exhiben el tocón (parte baja del tronco con las raíces), pero esto lo convierte en un yacimiento singular.

Sierra de la Demanda

Arbol fósil parcialmente «recosntruido» en Hacinas (Burgos), foto tomada de https://www.terranostrum.es/

La Sierra de la Demanda se ubica entre La Rioja y las provincias de Burgos y Soria. Los yacimientos de huellas de dinosaurios de La Rioja son los más conocidos, así como las famosas piritas de Navajún y Ambasaguas, en la misma comunidad. No obstante, al sur de la Demanda hay también mucho que ver. A un cuarto de hora de coche desde el Monasterio de Silos está el pueblo de Hacinas (Burgos), donde se pueden ver algunos troncos fosilizados que han aparecido en los alrededores.