Un año

Este mes de septiembre se cumplió un año del comienzo del blog. Desde entonces he escrito 33 entradas o posts, sin contar éste… Realmente, este post no debería contarse como tampoco debe hacerse con el primero, titulado ¡Por fin! Allí hacía una declaración de intenciones sobre los temas que trataría, que se ha quedado obsoleta, en cierto modo, como da fe el menú actual de categorías.

Es posible que después de un año no haya cubierto las expectativas respecto a todo lo que quería escribir. En la página raíz hablaba de frecuencia aproximadamente semanal. Salta a la vista que no ha sido así, pero tampoco está mal… Hemos pasado de 5700 visitas, lo que vienen a ser unas 15 visitas diarias en media. Ya sé, que muchas acciones pueden computar como visitas sin llegar a ser lecturas, pero esos son los números que dispongo. Me consta, además, que algunas entradas en particular han sido muy visitadas por distintos motivos. Otras, por su parte, han servido para ponerme en contacto con personas con las comparto intereses y aficiones.

Estadística de visitas a matiasraja.es

Para poner estas estadísticas en perspectiva, digamos que algunos días he registrado más de 100 entradas en el blog, mientras que en la actividad académica oficial, mi artículo más referenciado acumula poco más de 50 citas a lo largo de unos 22 años según datos de Google Scholar. Sé que no son cosas comparables: mi trabajo en Matemáticas me ha permitido llegar a catedrático de universidad; el tiempo que empleo en el blog lo hago por mero placer.

¿Autobombo?

Anunciaba hace un año que unos de los objetivos de esta web era darme autobombo… ¿lo he conseguido? En cierto modo, sí: mucha gente ha pasado por Algo sobre mí donde expongo algunas de mis “hazañas” con las pruebas documentales correspondientes (mi nombre aparece perdido en una página, pero a veces ni eso). De vez en cuando, los detalles son interesantes y merece la pena ampliar la historia, como en el caso del mamut de Caravaca. También, puestos a contar aventuras menos científicas he volcado en estas páginas el Camino de Santiago en tres semanas o mi vuelta por Europa con el Interrail.

Quo vadis?

En más de una ocasión me han sorprendido diciéndome que leen mi blog. Me explicaré un poco… en mi círculo más cercano a veces tengo la impresión de que me leen por obligación: les mando el enlace al último post, o les pido impresiones… Por eso, encontrarme con un lector/lectora voluntario es siempre un grata experiencia que me recuerda uno de mis primeros momentos de “gloria”. Hace muchos, muchos años, en una reunión entre amigos me presentan a un estudiante de Historia. Al oír mi nombre me dice «¿Eres Matías, el de la cabaña argárica?» Le digo que sí, pero un poco extrañado por la interpelación… «El profesor de Arqueología habló de ti en clase» me dijo. Omitiré el resto de la conversación, pero la idea queda clara: me sentí súper famoso 🙂

Y ahora…

Al comienzo de este proyecto preparé una lista de temas sobre los que escribiría. Tengo títulos por lo menos para dos años a este ritmo de escritura, sin embargo apenas gasto ideas de ese repertorio porque en la mayoría de las ocasiones el tema me viene solo y me dejo llevar. Pero en esto hay un efecto secundario, en el sentido medicamentoso de la expresión, que consiste en un desequilibrio en el tratamiento de temas que para mí son igualmente importantes. Remediar esto es uno de los propósitos de este nuevo curso. Podría adelantar algunos títulos que tengo previstos, pero he descubierto en este año de experiencia el valor de la sorpresa.

A punto de acabar septiembre, por fin hizo aparición la lluvia, y no se me ocurre otra cosa para despedirme por hoy que compartir este fragmento de Nomadi, la canción compuesta por Juri Camisasca y popularizada (universalizada sería más correcto) por Franco Battiato (enlace al tema en YouTube).

Lungo il transito dell’apparente dualità
la pioggia di settembre
risveglia i vuoti della mia stanza
ed i lamenti della solitudine
si prolungano

Otoño en Polonia, hace un huevo de años…

Minerales de Mazarrón

Impresionante contraste de colores en las terreras de las minas de Mazarrón. Parece una imagen de otro planeta, pero está en la Región de Murcia.

En mi anterior post Mazarrón explicaba los vínculos familiares que tengo con esta villa minera. Es posible que el lector acostumbrado a los minerales se sintiera algo decepcionado porque apenas hablé de ellos. Por eso, en esta ocasión quisiera centrarme en los minerales de Mazarrón, propiamente dichos.

Siguiendo mi costumbre, trataré de la «mineralogía manoscópica» : minerales que aparecen con un tamaño apreciable y, en general, masivos. Para mí son piedras que da gusto tenerlas en la mano. No desprecio los cristales, que, de hecho, los busco… pero los minerales son mucho más que piezas de museo. Como ocurre con otros post similares de mi web, Minerales de Mazarrón se irá actualizando a medida que consiga más y mejores ejemplares de los minerales de la zona.

Geológicamente, en el municipio de Mazarrón se pueden distinguir tres tipos de terrenos: bético, neógeno y volcánico. Los materiales metamórficos béticos, de edad permo-triásica, están compuestos de rocas carbonatadas (dolomías, mármoles) y silíceas (esquistos, filitas). Conforman las sierras de las Moreras, Almenara y el Algarrobo. Los materiales sedimentarios neógenos fueron dejados por la relativamente reciente regresión marina. Son particularmente apreciables cerca de la costa (Gredas de Bolnuevo), pero llegan mucho más adentro (Ermita del Saladillo, Camposol). Finalmente, los materiales volcánicos cubren una gran extensión del municipio y han dado lugar a algunas elevaciones notables, como el cerro de San Cristóbal, que está parcialmente rodeado por la villa de Mazarrón. Corresponden a erupciones volcánicas ocurridas durante el Mioceno y se componen de rocas ácidas, principalmente andesitas y dacitas.

Los filones de las andesitas

Las erupciones volcánicas suponen un transporte de elementos desde el manto a la superficie terrestre, pero esto no implica necesariamente la formación de yacimientos minerales. Se precisa un poco más, como la «destilación» del contenido metálico en la cámara magmática y la eventual interacción de los fluidos con las rocas que encuentran en su ascensión a la superficie. En los cotos mineros clásicos mazarroneros (San Cristóbal – Perules, Pedreras Viejas y Coto Fortuna) encontramos que los filones rellenan grietas en la propia andesita volcánica, como producidos por un proceso hidrotermal tardío. Una vez formados los filones, otros procesos posteriores, como la infiltración de aguas y la alteración superficial, terminan de modelar el yacimiento.

Castillete de hierro, rodeado de escombreras.

Es una creencia común entre los habitantes que las minas eran de plata. Muy posiblemente, en la época protohistórica existiera plata nativa como producto de la descomposición de la galena argentífera. Pero ya en tiempos de la explotación romana de las minas, toda la plata obtenida en Mazarrón procedía únicamente del procesamiento del mineral de plomo. Además, existen otros minerales que fueron explotados cuando se descubrió su uso industrial, como el alumbre y la blenda.

Las minas dejaron de explotarse en 1962, hace justo 60 años. Durante las últimas décadas se usaron técnicas de flotación para concentrar los sulfuros, por lo que todo lo que salía de los pozos era inmediatamente molido. Estas dos circunstancias hacen muy difícil la recolección de minerales en superficie. No obstante, los mineros tenían «descuidos» y a las escombreras fueron a para algunos bolos ricos en metal, hoy escondidos tras una gruesa y oscura costra de alteración.

Galena

Pieza compuesta principalmente por galena, con pirita, siderita y cuarzo.

La galena (sulfuro de plomo) es el mineral más representativo de las minas de Mazarrón, pero es difícil de encontrar en cantidades apreciables. Hay que pensar que ya era explotada por los romanos y, en tiempos más recientes, todo el material arrancado de los filones conteniendo galena pasaba por molino y lavadero. Recordaremos a los lectores que la galena es un mineral muy denso de aspecto metálico cuyo color recuerda el plomo que contiene.

Exfoliación cúbica de la galena.

Cuando la masa de galena se compone de cristales grandes (más de 1 cm), variedad a la que los antiguos mineros se referían como metal de hoja, es fácil apreciar la exfoliación cúbica.

Blenda

Pieza de blenda, con algo de magnetita. El color amarillento central es debido a aguas ferruginosas.

Las aplicaciones industriales del zinc se multiplicaron en tiempos relativamente recientes, y con ello la demanda de este metal que es abundante en los filones de Mazarrón como blenda (sulfuro de zinc). La blenda es menos pesada que la galena y no es un mineral metálico, ya que en condiciones de pureza es transparente. La blenda de Mazarrón contiene una cierta cantidad de hierro que la vuelve casi opaca y le proporciona brillo submetálico (diría que la blenda de Mazarrón es menos ferrífera que la de La Unión). Pero en las secciones de cristales de más de un 1 mm y con ayuda de la lupa se puede ver un color rojizo acaramelado con algo de translucidez.

Para distinguir la blenda de la galena lo mejor es verlas juntas: la franja central es galena, la superior es blenda, y lo de abajo pirita. También aparece la magnetita y la siderita en la foto, pero no diré dónde…

La blenda, junto con la galena, la pirita y otros sulfuros en menor cantidad (calcopirita, estibina…) forma masas indiferenciadas que reciben el nombre de sulfuros polimetálicos. En algunas ocasiones, con la lupa se pueden reconocer los componentes individuales, y con algo más de suerte, ver como los distintos minerales se agrupan como en el ejemplar fotografiado arriba.

Secundarios de plomo

Masa indiferenciada de minerales de plomo procedentes de la alteración de la galena.

La galena es un mineral relativamente estable a la intemperie. No obstante, tras muchos años de exposición a las aguas infiltradas en los filones se altera. En primer lugar pasa a sulfato de plomo (anglesita) y posteriormente a carbonato de plomo (cerusita). Estos minerales pueden cristalizar bellamente (tengo noticias de un ejemplar excelente de cerusita cristalizada de Mazarrón), pero en la mayor parte de las ocasiones se presentan como una masa indiferenciada densa y gris.

Pirita

Masa de pirita procedente de una escombrera.

Uno de los minerales más abundantes, la pirita (sulfuro de hierro) de Mazarrón no fue aprovechada. La obtención de hierro a partir de pirita plantea difíciles problemas metalúrgicos. También se podría utilizar como mena de azufre (así se hizo en Riotinto), pero en Mazarrón sencillamente iba a parar a las escombreras, donde a la intemperie se transformaba en sulfato de hierro que es el componente de las costras amarillo verdosas, que dan color a las terreras y los charcos desecados, además de ser responsable del característico olor que se respira en las minas.

Pirita, mostrando algunos cubos. Esta pieza la recogí cuando tenía 10 años de edad y las minas llevaban sólo 20 años cerradas… entonces la pirita todavía tenía color de pirita.

No he encontrado cristales de pirita de tamaño apreciable. Las geodas en la masa de pirita tienen tendencia a ser de siderita. En la foto de arriba se pueden distinguir algunos cubos estriados de tamaño inferior al milímetro.

Siderita

Siderita en una fractura fresca, con algunos sulfuros.

La siderita (cabonato de hierro) fue descrita como mineral portador en mi post Paragénesis. En Mazarrón hay mucha siderita, aunque no juega un papel principal respecto a los sulfuros. La siderita se deteriora rápidamente a la intemperie tomando un color rojizo o marrón en los primeros años. Después pasa a negra y la capa de alteración se va haciendo cada vez más gruesa, por lo que su color original sólo puede ser desvelado por el martillo.

Magnetita

Masa de magnetita, cuarzo y algún sulfuro. El imán adherido a la derecha muestra la característica más distintiva de este mineral.

La magnetita (óxido de hierro) es extraordinariamente abundante en la mineralización primaria acompañando a los sulfuros. Se determina rápidamente por su color negro y la capacidad para ser atraída por el imán. En ocasiones, va entremezclada con cuarzo dándole al conjunto una tenacidad excepcional.

Limonita

Masa de limonita procedente de la alteración de siderita, de la que quedan pequeños vestigios.

Los minerales de hierro que se deterioran a la intemperie, como la pirita o la siderita, se transforma en limonita (mezcla de óxidos e hidróxidos de hierro). En la parte superior de los filones (montera), la descomposición de los minerales de hierro dan lugar a grandes masas de limonita susceptibles de explotación para la obtención de este metal.

Barita

Pieza de barita mostrando uno de sus hábitos cristalinos típicos.

La barita (sulfato de bario) es un mineral pesado y generalmente blanco que suele depositarse en la montera o parte alta de los filones, por los que casi siempre está acompañado de óxidos de hiero, y eventualmente, manganeso. En Mazarrón aún se pueden observar vetas de limonita y barita sin explotar.

Alunita

La alunita tiene un característico aspecto de loza.

La alunita (sulfato hidratado de aluminio y potasio) era la materia prima para la obtención del alumbre, en un proceso que comenzaba con la carbonización del mismo y la recuperación del alumbre cristalizado en balsas. El subproducto de la fabricación del alumbre son los depósitos de almagra que hay repartidos alrededor del Cerro de San Cristóbal. La alunita se ha formado por la acción de los fluidos hidrotermales de los filones en los silicatos de la roca volcánica.

Manganita

Manganita cristalizada sobre una mezcla de limonita y wad.

En algunos lugares de la montera puede apreciarse una alto contenido en manganeso. Sobre la mezcla indiferenciada de limonita y wad (mezcla de óxidos e hidróxidos de manganeso) se han formado cristales brillantes de color gris que corresponden a manganita (óxido de manganeso).

¿Ha salido algo bonito de las minas?

Los coleccionistas locales siempre se quejan de la imposibilidad de adentrase en las minas los cotos mineros clásicos. No hay trancadas, por lo que la única forma de acceso es a través de los pozos. Tras el fin de las explotaciones muchas galerías colapsaron o están inundadas. Algunos dicen que fue la codicia la causa, que arrancaron las «llaves» (columnas y arbotantes de filón que se dejan para refuerzo) que databan del tiempo de los romanos por sacar un poco más de metal. Mi chacho Pepe iba algo más lejos: decía que MINOFER hizo voladuras para dejar las minas inservibles a quien quisiera retomarlas después de ellos.

Sea como fuere, ni se puede bajar hoy día a los filones, ni son frecuentes en museos o colecciones ejemplares notables de los tiempos de bonanza minera de Mazarrón. Sin embargo, aunque deteriorado por el tiempo, se puede ver algún indicio que revela que una vez hubo ejemplares interesantes. Por ejemplo, en la siguiente foto puede verse una pieza de pocos centímetros mostrando galena y blenda cristalizadas juntas: la galena en cuboctaedros y la blenda acaramelada.

Galena cristalizada (gris) rodeada de blenda acaramelada.

En algunos lugares han aparecido en la andesita drusas de barita libre de óxidos de hierro y con cristales algo más independientes y mejor desarrollados que la barita depositada en la montera de los filones de sulfuros.

Cristales de barita sobre andesita recogidos cerca de la rambla de las Moreras.

Minería marginal

Además de los filones en andesitas y la paragénesis descrita en el apartado anterior, existen pequeñas mineralizaciones ligadas a las rocas metamórficas béticas que han dado lugar prospecciones o pequeñas explotaciones, en el mejor de los casos. Algunas calicatas sin interés comercial han producido ejemplares de minerales raros y que muchos coleccionistas es lo que entienden cuando se habla de los minerales de Mazarrón.

Hematites

Hematites de la calicata de la Sierra de las Moreras.

Destaca una masa de hematites (óxido de hierro) de gran calidad cerca del pico de la sierra de las Moreras que no pudo explotarse por la dificultad para sacar el mineral. Hay hematites terrosa y especular similar a la que aparece el las minas de la Cuesta del Cedacero, ya en el término municipal de Cartagena.

Galena

Fragmento de galena de las minas del Cabezo de la Leonera, donada al Museo Antonio Paredes.

Curiosamente, existen unas minas de galena en Mazarrón que no tienen nada que ver con las andesitas. En el cabezo de la Leonera en Bolnuevo se explotaron unas masas estratiformes de galena acerada en dolomía franciscana (bandeada). El mineral fue separado mediante estriado manual, a pesar de lo cual muchos trozos de tamaño variable fueron a parar a las escombreras. Siempre he sostenido que sería interesante hacer un estudio comparativo los plomos de distintas minas: el del Cabezo de la Leonera dejó el manto hace 250 Ma mientras que el de San Cristóbal lo hizo hace menos de 10 Ma.

Secundarios de plomo

Masa de minerales de plomo indiferenciados producto de la alteración casi total de la galena.

Las filtraciones de agua superficiales han alterado parcialmente la galena en sulfato (anglesita) y carbonato (cerusita) de plomo. El aspecto de este mineral es el de una masa grisácea y blanca, aunque con la lupa se pueden identificar cristales.

Minería del cobre

Fragmento de filón correspondiente a lo que fueron sulfuros de cobre. Dentro de la masa alterada aún se puede distinguir la calcopirita. Destacan los colores de la azurita y malaquita.

En la zona existe el dicho «minero de cobre, minero pobre». Aunque en los filones de las andesitas hay pequeñas cantidades de cobre que se hacen evidentes por las aureolas verdes de alteración, no es un metal principal. Sin embargo, en el término municipal de Mazarrón existen varios puntos donde se ha intentado explotar el cobre. En la que fue la mina de cobre mas rica de la comarca, situada en Las Balsicas, se puede observar la mineralización primaria de sulfuros de cobre (calcopirita, cobres grises) aunque bastante alterada.

Mezcla de minerales, destacando la malaquita cristalizada en agujas.

A falta de mineral primario, lo más llamativo en las escombreras son los carbonatos de cobre, malaquita y azurita. Además de la mina de Las Balsicas, existen en el término otras calicatas en las que aparecen minerales de alteración de cobre, con su gama de colores azules y verdes

Cinabrio

Placa de siderita cristalizada en romboedros con algunas inclusiones de cinabrio pulverulento.

En la mina de Las Balsicas aparece cinabrio (sulfuro de mercurio) pulverulento acompañando a los minerales de cobre y la siderita.

Crisocola

Crisocola masiva de distintos colores, de Bolnuevo.

La crisocola es un silicato de cobre que puede adoptar una variada gama de tonos azulados, verdosos e incluso pardos. La mayor concentración de este mineral en Mazarrón aparece en una mina de la Sierra de las Moreras que se ubica frente a la playa de Bolnuevo. A mí me gusta referirme a este bello mineral en su versión azul pálido como «turquesa de Bolnuevo», que estoy seguro que haría las delicias de los aficionados a la energía de los minerales.

Arseniatos de cobre

El arsénico contenido en ciertas menas de cobre (cobres grises) produce en las condiciones geológicas y climáticas de Mazarrón una variedad de minerales complejos: olivenita, cornwallita, conicalcita, lavendulana… De momento, sólo incluyo dos muestras de la calicata de Pastrana. Hay que decir que los arseniatos de cobre son el highlight de Mazarrón que más turismo mineralógico atrae.

Olivenita, en finas agujas sobre costra de óxido de hierro, acompañada de conicalcita.
Conicalcita en esferas.

Minerales de las rocas

Finalmente, nos ocuparemos de los minerales que son componentes o accesorios de las rocas presentes en el municipio de Mazarrón.

Cuarzo

Fragmento de sílice de las andesitas a la que me suelo referir como «duralex» por la forma en la que se rompe el vidrio de dicha marca.

El cuarzo está presente en las rocas metamórficas, en las volcánicas y los filones. En este último caso aparece cristalizado, pero no dispongo ahora mismo de un ejemplar significativo. La versión más peculiar de la sílice es el «duralex» incluido en las andesitas, que probablemente deba su aspecto a las tensiones acumuladas por su formación a altas temperaturas, posiblemente como cristobalita. Por cierto, la cristobalita debe su nombre al cerro de San Cristóbal en Pachuca de Soto (México) que fue llamado así por los mineros en recuerdo del cerro homónimo de Mazarrón.

Calcita

Relleno masivo de calcita procedente de una grieta de la Sierra de las Moreras.

La calcita es un mineral muy abundante, pero no dispongo todavía de ejemplares cristalizados del término de Mazarrón.

Yeso

Yeso bandeado de las yeseras del Barranco de Algezares.

Otro mineral muy abundante, el yeso, aparece en casi todo tipo de terrenos. En particular, las evaporitas paleozoicas metamorfizadas han dado lugar a los yacimientos de yeso de la Sierra de las Moreras (Barranco de los Algezares) y Sierra del Algarrobo.

Rosa del desierto de las inmediaciones de San Cristóbal.

Las aguas ácidas de la descomposición de la pirita reaccionan con el carbonato cálcico dando lugar a yeso en las inmediaciones de las minas. Este diría que es el origen de la «rosa del desierto» que doné al Museo Antonio Paredes.

Dolomita

Dolomita en dolomía, del Cabezo de la Leonera.

La dolomita (carbonato de calcio y magnesio) es el principal componente de las rocas llamadas dolomías. Justo en esas rocas se puede encontrar recristalizada en filoncillos.

Andalucita

Xenolito de gneiss de las dacitas de La Majada saturado de cristales de andalucita.

La andalucita es un silicato de aluminio que cristaliza en forma de prismas cuadrados. El mismo compuesto químico de la andalucita se puede presentar en forma de otros minerales: sillimanita y distena. Aunque estos dos últimos existen también en el municipio, la andalucita es el más llamativo por el desarrollo de los cristales. Aparece indistintamente en la matriz de las andesitas/dacitas o en los xenolitos de gneiss que portan estas rocas volcánicas.

Sillimanita pseudomórfica de andalucita en prismas cuadrados.

Algunos de los cristales prismáticos de andalucita resultan ser de sillimanita. Cuando un mineral se presenta con la forma de otro se dice que hay pseudomorfosis.

Andalucita verde de Mazarrón.

Excepcionalmente la andalucita puede presentar otros colores aparte del típico rosado. En Mazarrón ha aparecido andalucitas verdes.

Granate

Xenolito de gneiss con varios granates almandinos.

El granate almandino es un silicato de aluminio y hierro que en ocasiones sirve como piedra semipreciosa. Aparece en cristales de hasta dos centímetros de diámetro en las andesitas/dacitas o sus xenolitos. Los individuos pequeños suelen estar mejor cristalizados que los grandes, normalmente en trapezoedros que le dan aspecto de bolitas color rubí.

Cordierita

Cordierita de las andesitas de Mazarrón.

La cordierita es un mineral curioso. Un día, recoges una piedra que vista a la luz del sol parece azul y te la echas al bolsillo. Cuando regresas a casa, la sacas, la vuelves a mirar con luz artificial y resulta ser gris… sin duda es cordierita, un silicato de aluminio, magnesio y hierro con una curiosa propiedad óptica llamada pleocrismo que se encuentra en las andesitas/dacitas acompañando a la andalucita y granate.

A un tiro de piedra

Hay sitios interesantes cerca de Mazarrón pero por azares de la geografía caen fuera de su término municipal. Por ejemplo, las minas de Ramonete, las minas del Cedacero o las minas de Boletes. En estas últimas aparece una galena muy interesante acompañada de cinabrio. De momento, sólo añadiré dos localidades. Una es Tallante (Cartagena), donde hay unos volcanes de lamproita en los que se puede encontrar hormblenda en grandes cristales y olivino masivo.

Cristales de hormblenda basáltica de Tallante.
Olivino de las lamproitas de Tallante.

La otra localidad es Morata (Lorca) donde hace tiempo recogí unas azuritas estupendas. Su origen era la alteración de la calpirita contenida en unos esquistos con magnetita.

Cristales de azurita depositados sobre el esquisto cuarzoso con calcopirita y magnetita.
Agregado de cristales de azurita en forma de roseta, una pieza pequeña pero increíble.

Perspectivas

Como de costumbre, mientras escribía esto he sido más consciente de los lugares que no he visitado todavía en Mazarrón, de los minerales que sé que están y aún no he recogido… Espero que la próxima vez que vuelvas a mirar este post esas deficiencias estén ya subsanadas.

Madera fósil

Sección pulida de tronco petrificado procedente de Madagascar que me regaló mi querido amigo Fernando Cánovas. Pueden apreciarse claramente los anillos de crecimiento.

Acabadas las vacaciones de verano y, supuestamente, «recargadas las pilas», quisiera retomar con fuerza la actividad divulgativa. En esta ocasión le toca a la Paleontología y hablaré de algo que durante muchos años ha sido un misterio para mí, la madera fósil, o más en general, los fósiles de vegetales. Digo bien, un misterio: cómo han podido preservarse árboles muertos hace millones de años, sabiendo que la madera se pudre y descompone, ya sea a la intemperie o enterrada. Por contra, que una concha o un hueso puedan fosilizarse no resulta tan extraño… En este post trataremos de arrojar alguna luz sobre la transformación de la madera en «piedra» teniendo en cuenta los procesos de fosilización, así como las circunstancias que han concurrido en la preservación de muestras de distintas eras.

Petrified Forest National Park en Arizona (USA), santuario de la madera fósil que no tengo la fortuna de haber visitado… todavía (foto tomada de Wikipedia).

Diferentes tipos de fosilización

Los fósiles son los vestigios de vida de eras pasadas. En ocasiones, los organismos contienen partes inorgánicas, lo cual puede resultar chocante, y por ello resistentes a la descomposición tras la muerte del organismo. Por ejemplo, carbonato cálcico (conchas de moluscos), fosfato cálcico (huesos, dientes) y sílice (diatomeas, espículas de algunas esponjas).

En el caso de los vegetales, la presencia de materia inorgánica es casi irrelevante, por lo que los procesos de fosilización, cuando son posibles, implican la transformación total de los restos. La parte de la Paleontología que estudia la formación de fósiles se llama Tafonomía. A continuación describiré algunos de los procesos que permiten la conservación de plantas de tiempos remotos.

Improntas

Improntas de hojas en una toba calcárea, inmediaciones del río Guadalentín cerca de El Cañarico (Murcia). Los tubitos huecos que también se observan corresponden a tallos ausentes.

Si el vegetal queda cubierto por alguna substancia es posible que se preserve el aspecto externo de mismo mucho tiempo después de descomponerse. Esto es lo que ocurre con la toba calcárea que depositan algunos ríos y fuentes alrededor de los vegetales que mojan. También pueden producirse improntas vegetales en ciertos sedimentos como areniscas de grano fino o calizas lacustres.

Carbonización

Fragmento de carbón procedente de una mina de la cuenca hullera de León.

En determinadas condiciones la materia orgánica acumulada en un pantano no se descompone, sino que es progresivamente enriquecida en carbono, al eliminarse el hidrógeno y otros elementos, por la acción de bacterias anaerobias. La materia orgánica va compactando al tiempo que se transforma en carbón, reduciéndose el volumen hasta una décima parte del original. Esto hace difícil que se conserven las estructuras vegetales. Sin embargo, si se producen intercalaciones de limos, o precipitaciones calcáreas, entre la materia orgánica hay más oportunidades de poder recuperar fósiles de un yacimiento de carbón. También, incidentalmente, la madera puede carbonizarse en un incendio y preservarse después en sedimento.

Óxido de hierro

Pequeños cilindros de óxido de hierro en marga miocena que se corresponden con raíces de plantas que crecían en ambiente fangoso, Lorquí (Murcia).

Alrededor de la materia orgánica sumergida en ambiente pobre en oxígeno (anaerobio) actúan bacterias que obtienen su energía de las reacciones químicas más insólitas. A partir del azufre orgánico y el hierro, siempre abundante, producen sulfuro de hierro (pirita o marcasita) que rellena el hueco ocupado por el organismo, a veces preservando estructuras. Este proceso se llama piritización. En lo que respecta a vegetales, distintas bacterias anaerobias puede intervenir a la vez: he visto fósiles mixtos en carbón y pirita en el escombro de una mina. Si bien la substancia inicial es el sulfuro de hierro, lo normal es que en condiciones cercanas a las de la intemperie éste se transforme en limonita (hidróxido de hierro de aspecto enrobinado), que es la forma más habitual de encontrar estos fósiles. También hay bacterias que obtienen su energía directamente de la oxidación del hierro, que podrían tener un papel en la formación de ciertos fósiles vegetales en limonita.

Sílice

Madera silificada de Campos del Río (Murcia), encuadre de 5 cm de anchura.

La más perfecta «petrificación» de la madera ocurre por medio de la sílice (óxido de silicio). La materia vegetal conserva la forma después de muerta por la rigidez de las paredes celulares hechas de lignina y celulosa, entre otros componentes. El interior de la célula queda vacío. En determinadas condiciones, la materia vegetal sumergida es penetrada por las substancias disueltas en el medio, en particular la sílice. Este material comienza a rellenar los huecos dejados por las células en una primera fase. En una segunda fase la sílice sustituye también el material de las paredes celulares. El resultado final puede ser cuarzo criptocristalino (calcedonia) o sílice hidratada (ópalo). La diferencia entre ambas versiones quizás pueda deberse a si la sílice va simplemente disuelta o en estado coloidal. Debido a que la substitución se hace célula a célula, se preservan las estructuras vegetales perfectamente.

Falsos fósiles

Dendritas de óxido de manganeso (psilomelano) con aspecto de impronta vegetal (foto tomada en una fachada de Bolnuevo, Murcia).

Del mismo modo que los vegetales pueden transformarse en substancia mineral, algunos minerales pueden recordar estructuras vegetales. Los crecimientos paralelos de cristales, o las direcciones preferentes en ciertas rocas metamórficas como los esquistos, pueden recordar las fibras de la madera; los espelotemas (formaciones calcáreas) pueden imitar troncos y ramas; los cristales que ramifican desde un punto pueden parecerse a un haz de hojas aciculares… Pero los crecimientos de tipo fractal llamados dendritas, como los de psilomelano (un óxido de manganeso), sí que causan mucha confusión, especialmente porque las plantas también manifiestan patrones fractales.

La madera fósil a lo largo de las eras

A continuación haré un repaso de la madera fósil a lo largo del tiempo geológico, ilustrándolo con ejemplares de yacimientos españoles.

Carbonífero

Fragmento de tronco de calamites en óxido de hierro, mina Emma, Puertollano (Ciudad Real).

El Carbonífero es un periodo de la era Paleozoica que va desde 359 Ma a 299 Ma. Su nombre hace alusión a los grandes depósitos de carbón incluidos en él y que se originaron en ambientes lacustres. En esta época todavía no habían aparecido las plantas con flores, y la vegetación no era tan diversa como en la actualidad. Entre los fósiles destacan los helechos arborescentes, similares a los que siguen existiendo en algunas selvas y los calamites, un tipo extinto de equisetos gigantes.

Impronta carbonosa de hojas de helecho, mina Emma, Puertollano (Ciudad Real).

Se pueden recuperar restos de esta época en las escombreras de algunas minas de carbón, como las de la cuenca de León-Asturias. Sin embargo, las muestras que tengo provienen de la mina Emma de Puertollano (Ciudad Real) que tuve la oportunidad de visitar con un permiso. El origen de este yacimiento es curioso porque fue sellado por las cenizas de una erupción volcánica y por eso también se le conoce como la «Pompeya paleobotánica» o la «Pompeya del Paleozoico».

Triásico

Fragmento de rama fosilizada en sílice, Ulea (Murcia).

El Triásico es el primer periodo de la era Mesozoica y abarca de los 251 Ma a los 201 Ma. Parte de los sedimentos de este periodo (Keuper) se originaron en lagunas o mares interiores con algo grado de salinidad, lo que favorece la silificación de la madera. El exceso de sílice también provoca la formación de cristales de cuarzo alrededor del fósil, lo que lo hace menos evidentes.

Madera fosilizada en sílice de Ulea (Murcia). La fibra puede observarse levemente en dirección horizontal, mientras que el veteado aparece en vertical. Encuadre de 3 cm de anchura.

En el Triásico ya existen los bosques de coníferas y los restos recuperados en el Keuper de Ulea (Murcia) parecen adscribirse a ese taxón. La importante concentración de estos restos fue comunicada a las autoridades responsables de Patrimonio de la Región de Murcia tal y como cuento en mi reseña biográfica. La calidad de la fosilización en sílice oscura permite observar las fibras y veteado de la madera, mientras que otros restos conservan estructuras externas.

Cretácico

Sección de tronco fosilizado en sílice de El Bonillo (Albacete).

El Cretácico es el último periodo de la era Mesozoica, que va entre 145 Ma y 65 Ma. Aunque existen facies lacustres cretácicas al norte de la Región de Murcia y que se continúan por Albacete, éstas son más adecuadas para buscar restos de dinosaurios que de madera fósil. Por otra parte, los fragmentos de madera silificada procedentes de terrenos cretácicos de Albacete diría que se han fosilizado en ambientes marinos muy cercanos a la costa.

Fragmento de madera fósil mostrando los anillos de crecimiento (aproximadamente horizontal) procedente de Tobarra (Albacete).

Se pueden recuperar trozos de tamaño variable, correspondiendo algunos a fragmentos de tronco. En otros, que serían esquirlas, es más fácil observar las estructuras internas como fibras o anillos de crecimiento.

Resto vegetal fosilizado en sílice de Cervera del Río Alhama (La Rioja). La trama de fibras se corresponde con la de una planta no leñosa, como una palmera o similar.

Aunque he descartado el origen lacustre para los restos descritos de Albacete, en otros lugares no es así. En Cervera del Río Alhama (La Rioja) en la zona donde aparecen los cuarzos hialinos que corresponden a facies lacustres continentales se puede encontrar restos vegetales fosilizados en sílice negra.

Neógeno

Fragmento de madera fosilizada en sílice del Messiniense de Campos del Río (Murcia) con aspecto de tablón carcomido.

El Neógeno es un periodo de la era Cenozoica que comienza hace 23 Ma y llega hasta hace 2,5 Ma, justo antes del Cuaternario, aunque este límite fue modificado en tiempos recientes. Durante el Mioceno (subdivisión del Neógeno), más particularmente en el Messiniense (subdivisión aún más fina del Neógeno), el mar Mediterráneo quedó aislado del océano Atlántico convirtiéndose así en una «balsa de salmuera» fosilizante.

Fragmento de madera fosilizada en sílice de Archena (Murcia) en el que se puede apreciar la rugosidad de la corteza y un nudo.

Los restos de madera fósil de este periodo son relativamente abundantes en la Región de Murcia. Destaca un «tablón» fosilizado conservado con los rastros de carcoma de Campos del Río. En ese mismo yacimiento he visto algunos restos de madera parcialmente carbonizados y silificados. He podido observar también algunos restos curiosos pero aislados en Archena . En Molina de Segura y Fortuna han aparecido fosilizados troncos de palmera.

Fragmento de palmera fosilizada en sílice de Fortuna (Murcia) en el que se aprecia la estructura interna.

Del Neógeno pero más reciente, lo que correspondería al Plioceno, mencionaré una pieza muy curiosa encontrada en los sedimentos de una playa de Estepona (Málaga). Se trata de una piña de conífera fosilizada en carbón, que apareció junto a restos de moluscos como dentalium, posiblemente arrastrada hasta el mar por las lluvias. La pieza está protegida por un endurecimiento concéntrico de la arenisca debido a la presencia de óxido de hierro del sedimento, cuyo origen más probable sea la alteración de una parte de sulfuro de hierro que acompañaba al fósil inicialmente.

Piña de conífera fosilizada en carbón y rodeada de un enriquecimiento en óxido de hierro de la arenisca, Estepona (Málaga).

Turismo de árboles petrificados

Los árboles petrificados, como cualquier otro fósil, se pueden encontrar en los museos de Paleontología. A veces no hace falta ni entrar al museo para verlos porque debido a sus grandes dimensiones y calidad de la roca en la que están fosilizados pueden exponerse en el exterior. Así ocurre en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (Madrid) o el London Natural History Museum (Londres).

Más interesante es para mí cuando estos fósiles se pueden ver en el lugar donde aparecieron, ya que el contexto puede aportar una información extra. Además de eso, la visita a los yacimientos paleontológicos puede ser uno más de lo mucho que puede ofrecer la comarca donde se encuentran. He seleccionado tres visitas que conozco personalmente, aunque me he visto obligado a usar fotos de internet para ilustrarlos. Los lugares son de España, porque el Petrified Forest National Park me pilla un poco lejos…

Maestrazgo

Arbol fosilizado en Castellote (Teruel), foto tomada de https://venerablesarboles.blogspot.com/

El Maestrazgo es una comarca histórica a caballo entre Aragón y la Comunidad Valenciana, muy interesante desde los puntos de vista paisajístico, etnográfico, arqueológico y, por supuesto, paleontológico. Añadiré que algunos de los pueblos de esta comarca figuran entre los más bonitos de España, pero dejo al lector que haga las indagaciones oportunas, porque aquí hemos venido a hablar de árboles. En Castellote, en la zona del Barranquillo, han aparecido varios troncos fósiles de notables dimensiones que han sido acondicionados para su visita in situ (la calidad de la fosilización no hace aconsejable su traslado).

Señorío de Molina

Tocón mostrando algunas raíces. Foto tomada de http://www.rillo-de-gallo.com/geoparque.htm

La comarca conocida como Señorío de Molina tiene por capital la notable villa de Molina de Aragón, que se ubica en la provincia de Guadalajara (la división administrativa actual a veces no coincide con la medieval). De Molina de Aragón toma su nombre el mineral llamado aragonito y por el interés geológico de la comarca se ha creado el Geoparque Molina – Alto Tajo. Uno de los hitos del parque son los árboles fosilizados en posición de vida de Rillo de Gallo. Cierto es que los árboles solo exhiben el tocón (parte baja del tronco con las raíces), pero esto lo convierte en un yacimiento singular.

Sierra de la Demanda

Arbol fósil parcialmente «recosntruido» en Hacinas (Burgos), foto tomada de https://www.terranostrum.es/

La Sierra de la Demanda se ubica entre La Rioja y las provincias de Burgos y Soria. Los yacimientos de huellas de dinosaurios de La Rioja son los más conocidos, así como las famosas piritas de Navajún y Ambasaguas, en la misma comunidad. No obstante, al sur de la Demanda hay también mucho que ver. A un cuarto de hora de coche desde el Monasterio de Silos está el pueblo de Hacinas (Burgos), donde se pueden ver algunos troncos fosilizados que han aparecido en los alrededores.