Paisajes de España

Llevo varias semanas bombardeando a mis contactos del teléfono con fotografías de paisajes que he tomado en mis viajes. La mayor parte realmente son retratos o selfies, lo que le concede un plus de verosimilitud al hecho de haber estado realmente allí… o así era hasta que llegó la IA. Pero lo cierto es que mi cara estropea el paisaje: me gusta que el encuadre encierre las cosas tal como las veo (y las siento). Por eso he decido amortizarlas en forma de post y he querido comenzar con España, no porque su selección (masculina) de fútbol haya ganado por segunda vez la copa del mundo, sino porque la mayor parte de mis lectores son compatriotas y creo que podrán así apreciar mejor la belleza que tienen a unas pocas horas de coche, más o menos.

Todas las fotos que van a ver aquí surgen de la necesidad de conservar, de alguna manera, las sensaciones de estar en ese lugar, de contemplar ese paisaje. Echar una foto es lo único que puedo hacer ante la certeza de que la memoria (mi memoria) será incapaz de retener la belleza, mucho menos los detalles, que se despliegan ante mis ojos. El protagonista de estas fotos es lo que hay delante de la cámara, no la técnica ni arte del que suscribe, lo que digo a modo de advertencia. En efecto, la mayor parte de las fotos están hechas con un simple móvil (muchas veces en movimiento o con prisa) y, en menor medida, con una cámara, en ocasiones llevada por compañeros (que ruego excusen la ausencia de créditos). En consecuencia, la calidad de las fotos es variable y, desde luego, mejorable.

En un primer momento iba a poner estos Paisajes de España de manera aleatoria, pero al final los he agrupado en unos pocos temas para dar algo de coherencia a alrededor de 90 imágenes. He querido que la primera foto sea la de un paisaje que ha quedado para el recuerdo, al menos, durante las próximas décadas. Se trata de Las Médulas, en la provincia de León pero muy cerca de Galicia, arrasadas por el fuego hace justo un año.

Natural y agreste

Comenzamos con paisajes naturales, más o menos. La variedad de paisajes en España es tremenda, con variaciones de clima y orografía, aunque también dependen del día que se visiten. Es prácticamente imposible encontrar una paisaje que no esté antropizado en alguna medida, pero esto no es un demérito. Aunque no fuera su intención, nuestros antecesores con su actividad han contribuido a la belleza que hoy disfrutamos.

Ruinas de unas instalaciones mineras en los Montes de León, concretamente la mina La Divina Providencia. El viaje que me llevó allí lo cuento en Escapada a León, con los detalles sobre el raro mineral que sólo existe en este lugar del mundo. Tras un rato remontando un arroyo, esta vista fue para mí como llegar a la mítica Shangri-La.
Los Mallos de Riglos (Huesca). El programa Al filo de lo imposible de RTVE me descubrió estas imponentes formaciones de conglomerado. Fueron dos episodios dedicados a los montañeros Alberto Rabadá y Ernesto Navarro en el que recreaban como abrieron vías con un material tan primitivo que hoy día sería una locura. Yo que no soy escalador me quedo con el bocadillo de chorizo a la plancha que me comí en Riglos.
Hayedo de la Selva de Irati (Navarra). Para un murciano contemplar un bosque así viene a ser como estar en Marte. Buen lugar para comerse un queso Idiazábal acompañado de vino tinto.
Vista de la costa norte de Tenerife, dentro del parque de Anaga, tras haber cruzado la franja de laurisilva y disfrutado de la «lluvia horizontal». Naturaleza exuberante y mar salvaje.
Barrancos de Orce (Granada), que horadan un sedimento formado en una laguna interior junto a la que vivían grandes animales y humanos primitivos. La erosión va descubriendo poco a poco sus vestigios.
Playa salvaje en la zona de Cabo Tiñoso-La Azohía (Cartagena, Murcia), a la que se llega tras una larga caminata, particularmente costosa en verano. Poder bañarse a solas y tomar esta foto es un raro privilegio.
Salto de Chella (Valencia) tras unas intensas lluvias. Mi propósito era precisamente aprovechar el lavado del terreno para buscar minerales (cuarzo Jacinto de Compostela, principalmente). Lo único que conseguí fue llenarme de barro y esta foto.
Valle de Ricote, alrededores de Ojós (Murcia). El abandono de los cultivos tradicionales de huerta y una buena lluvia ha provocado esta explosión de vinagrillo en flor. Donde yo veo belleza, otros ven una especie invasora. Parece que algunos no quieren enterarse que la vida no es una foto fija, sino cambio y evolución.
La Albufera de Anna, en Anna (Valencia), es una laguna totalmente improbable, una sorpresa para el viajero y, en verano, hace las veces de playa para los habitantes de la comarca. Muy cerca de la autovía A7 a la altura de Xàtiva, merece la pena el desvío.
Vieja encina en el campo de Caravaca de la Cruz (Murcia). España tiene bellas imágenes de dehesa, pero no están bien representadas en mi archivo fotográfico, así que nos quedamos en Murcia.
El Drago Milenario de Icod de los Vinos (Tenerife), un árbol monumental que bien merece el viaje. En la Universidad de Murcia hay un «jardín canario» con varios dragos de buen porte, pero todavía necesitan unos cuantos siglos más para tener ese aspecto.
Primavera retrasada en la montaña granadina. Foto tomada desde el coche en el bypass de Iznalloz, unos cuantos kilómetros de carretera convencional para atajar hacia Jaén o Córdoba desde Guadix que merecen la pena por el paisaje.
Naturaleza y ciudad no son incompatibles: río Guadiana con Badajoz al fondo, mientras una «flotilla» de patos cruza para a la orilla opuesta.
Reflejo de la frondosa vegetación sobre el espejo del agua, en las Fuentes del Marqués en Caravaca de la Cruz (Murcia). Este es uno de los pocos manantiales de la Región en el que se puede beber agua con tranquilidad.
Cueva de la Horadada en el Monte Arabí de Yecla (Murcia), una de las formaciones más espectaculares de la Región de Murcia. El Monte Arabí es también un lugar de gran importancia arqueológica, con numerosas pinturas rupestres y petroglifos.
Almendros en flor, Campo de Ricote con la Sierra (de Ricote, Murcia) al fondo. Siempre he dicho que la floración del almendro es uno de mis primeros y más entrañables recuerdos. Por eso me emocionó ver los almendros en floridos en Chile en pleno agosto (seis meses de diferencia con España).
Caballos asilvestrados en la reserva de Los Argüellos (León). En general no me dedico a buscar animales para fotografiarlos, sino que me los encontré en el camino hacia una antigua mina de cobre y cobalto.
Bucólico paisaje en los alrededores de Taramundi (Asturias), pueblo famoso por su producción artesanal de navajas.
Saliendo de Orbaneja del Castillo (Burgos), un pueblo cuyos paisajes de roca y agua llenarían un post por sí mismos, observamos lo que parecían las ruinas de un castillo (otro castillo de Orbaneja). Visto más cerca resulta ser una formación natural, un trampantojo… pero ya que hablamos de castillos, sigamos con ellos.

Castillos y murallas

La última refundación de España (y no quiero entrar en polémicas) ocurre a raíz de la fusión, vía matrimonio, de Castilla y Aragón. Como su nombre indica, es tierra de castillos. Sin embargo, en esta selección fotográfica Castilla queda escasamente representada.

Castillo de Zafra (Guadalajara), magníficamente conservado. Es un lugar donde hay que ir a propósito, por caminos complicados. Sin embargo, se hizo muy popular como escenario de algunas secuencias de la serie Juego de Tronos, en que se llamaba la Torre de la Alegría (versión española).
Castillo de Olite (Navarra), se disputa con el Alcázar de Segovia ser el más genuino castillo de cuentos de hadas en España. En su contra tiene que está esencialmente incrustado en el pueblo, siendo difícil individualizarlo en una foto.
Castillo románico de Loarre (Huesca), uno de los complejos medievales más notable de España. Sirvió de escenario a la superproducción cinematográfica El reino de los cielos (2005).
Castillo de Orce (Granada), oculto dentro del casco urbano, resulta una sorpresa darse de bruces con él cuando se cruza el pueblo.
Castillo de Cazorla (Jaén), vigilando y protegiendo su villa como ha hecho siempre, aunque sin mucho trabajo en los últimos siglos.
Castillo de Frías (Burgos), con su espolón roquero que se eleva amenazante sobre el pueblo. Frías se ubica en las Merindades, comarca llena de atractivos paisajísticos y monumentales, o ambos, como Ojo Guareña.
Castillo de Javier (Navarra), cuna natal de San Francisco Javier, mano derecha de San Ignacio de Loyola en la puesta en marcha de la Compañía de Jesús. Un gran cuadro conmemora el Milagro del Cangrejo. El santo murió cerca de lo que ahora es Hong Kong.
Molina de Aragón, que a pesar de su nombre se encuentra en Guadalajara (las divisiones provinciales y las históricas a veces no coinciden), con una vista de su castillo y recinto amurallado. En esta localidad se describió por primera vez el aragonito.
A veces encontramos los vestigios medievales integrados entre construcciones más modernas, como es el caso de Cáceres.
No podía faltar en esta sección La Alhambra de Granada, vista desde el mirador de San Nicolás y con Sierra Nevada al fondo.
Antequera (Málaga) es más ciudad que pueblo, pero esa percepción cambia cuando se entra en ella por una vieja carretera desde el sur.
Vista de las murallas y pueblo de Albarracín (Teruel). Este pueblo figura siempre en las listas de los más bellos de España, tanto por su arquitectura tradicional como su marco natural. Cerramos aquí los castillos y las murallas para pasar a los pueblos.

Los pueblos

Imagen típica de pueblo español del interior: sobre la dura estepa se levanta un altozano, coronado por una fortaleza, alrededor del que se disponen las casas. Tengo muchas fotos de este tipo, pero no sé donde… Ésta no es la mejor, pero el la única que tenía a mano. Por cierto, se trata de Atienza (Guadalajara).
Plaza Mayor de Tembleque (Toledo), con mercadillo. Esta foto tiene alrededor de 20 años, pero parece que tuviera muchos más. Afortunadamente, todavía es posible disfrutar de auténticas experiencias inmersivas en el pasado viajando por España.
Los bares son un elemento indispensable de los pueblos, vertebrador social, aunque en este caso la foto corresponde a una bodega en la ciudad de Málaga.
La típica imagen de Blanca (Murcia) presenta el pueblo frente a la Peña Negra. En este caso es justo al revés, con el Azud de Ojós y el Estrecho del Solvente al fondo.
Típico caserío vasco, sin ubicación precisa. No puedo evitar acordarme de la lectura de los «Pueblos de España» de Julio Caro Baroja… Tampoco puedo evitar fantasear sobre que haría con tanto volumen construido.
Finestrat (Alicante) es un tranquilo pueblo a escasa distancia de Benidorm que está marcado por la presencia ineludible del Puig Campana, que se levanta algo más de 1.400 metros a menos de 8 kilómetros de la costa, lo que marca una especie de récord en la Península Ibérica.
Feria (Badajoz). Supe de este pueblo por el libro de Juan Eslava Galán «Mil sitios que ver en España al menos una vez en la vida», que habitualmente consulto antes de empezar un viaje en coche. Me encontraba cerca, en Burguillos del Cerro buscando minerales y pensé que sería un buen lugar para tomar algo… resulta que la víspera habián acabado las fiestas patronales (muy oportuno por el nombre del pueblo) y los bares estaban descansando.
Setenil de las Bodegas (Cádiz) es uno de los lugares más impresionantes de España, con sus casas e incluso parte de la calle bajo un gigantesco voladizo de roca . Buen queso de oveja payoya.
La archiconocida Torre del Oro de Sevilla. Quería incluir Sevilla porque, a pesar de ser una gran ciudad, su ambiente recuerda mucho más el de un pueblo.
La Algameca Chica (Cartagena, Murcia) conocida también como la «Pequeña Shanghai» por motivos bastante obvios. Las autoridades ven aquí un puñado de viviendas ilegales con aspecto conjunto de poblado chabolista. Yo veo, sin embargo, uno de los paisajes más peculiares de España. Aquí tenéis otra vista de este pintoresco lugar.
La Cartuja de Valldemosa (Mallorca), donde Chopin pasó con George Sand (mujer a pesar del pseudónimo) un par de meses y se vio obligado a dejar su piano. En un lugar lleno de fotogénicas vistas (Valldemosa es considerado uno de los pueblos más bellos de España), pero también turistas, buscaba una foto que evocara paz.
Carro tirado por bueyes destinado a transportar a una pareja recién casada en La Axarquía, más precisamente en Alcaucín (Málaga). Por si no se han dado cuenta, la chica de la izquierda es Tere 🙂
Puentedey (Burgos), pueblo construido sobre un arco natural bajo el que pasa el río. El pueblo se encontraba en fiestas y sobre el río se había instalado una cucaña de manera que los concursantes en la prueba caigan al agua.
Belchite viejo (Zaragoza) es un pueblo que fue dejado en ruinas deliberadamente tras la Guerra Civil. Antes de que cercaran las ruinas era fácil entrar y pasearse por sus calles fantasmagóricas. En un grafiti podía leerse: Pueblo viejo de Belchite, ya no te rondan zagales, ya no se oirán las jotas que cantaban nuestros padres (firmado N.B.)
Turruncún (La Rioja) es un pueblo abandonado y en ruinas. La llegada de la luz eléctrica y el agua corriente a todas partes menos allí fue el desencadenante del abandono. Cada vez que viajo de Arnedo a Cervera del Río Alhama (por extraño que parezca lo hago a menudo) me sigo estremeciendo con su visión.
Iglesia «troglodita» en las minas de azufre de Libros (Teruel). Incluso un pequeño poblado minero tenía un lugar como éste en el que encontrar algo de consuelo en una vida difícil y llena de privaciones. Hablaremos en la siguiente sección de las iglesias.

Devoción

Me gustan en general las iglesias, en todas sus «versiones». Las románicas por lo improbable y peculiar de sus ubicaciones, además de todo su simbolismo estrafalario y obsceno. Las catedrales góticas porque buscan estar más cerca de Dios con sus altas y estiradas siluetas. Los claustros de los monasterios porque invitan a la tranquilidad y la contemplación. Incluso en las construcciones contemporáneas puedo encontrar algo reseñable, pero aquí no están representadas.

Monasterio de Suso, en San Millán de la Cogolla (La Rioja). Comenzó como eremitorio en el siglo VI y en ampliaciones sucesivas fue pasando por todos los estilos arquitectónicos hasta el románico. Cuando se quedó sin más espacio, los monjes se fueron al monasterio de Yuso. No hace falta decir que «suso» significa arriba, mientras que «yuso» es abajo. San Millán es uno de los santos patronos de España junto con Santiago y en numerosas ocasiones ha ayudado en las batallas contra los moros: la iconografía lo representa a caballo blandiendo una espada flamígera.
San Juan de la Peña (Huesca), bajo una gran roca y de ahí su nombre. En sus dependencias estuvo guardado el Santo Grial durante un tiempo, lo que se conmemora con una reproducción del grial de Valencia.
Ermita románica de San Pantaleón de la Losa (Burgos), en su impresionante ubicación.
Iglesia fortificada de Santa María de Nájera (La Rioja), lugar principal del antiguo reino de Navarra y parada importante del Camino de Santiago.
Catedral de León, edificio en planta de cruz latina y gótico de libro. No podía faltar en este repertorio con el trabajo que me costó que saliera entera.
Basílica neorrománica de Covadonga (Asturias), construida en caliza de montaña (Carbonífero) rosa. El lugar es impresionante por la montaña, la cueva santuario y los lagos. Obviamente, también es un lugar importante de la historia de España.
Santa Cruz de la Serós, pueblecito con encantadores huertos y monasterio románico, destacado en la foto, en el desvío que lleva (más bien, sube) a San Juan de la Peña.
Este año se cumplen 100 años de la muerte de Gaudí. El Palacio Episcopal de Astorga proyectado por él no es exactamente un templo y por su aspecto podría entrar en la categoría de castillos, pero tiene un raro encanto y tenía que estar en esta selección.
La misteriosa iglesia octogonal de Santa María de Eunate (Navarra), tal como se la encuentra el peregrino muy cerca de de donde se junta el Camino Aragonés con el que viene de Roncesvalles. En su diseño se buscan reminiscencias del Santo sepulcro de Jerusalem y conexiones con la Orden del Temple.
Claustro del Monasterio de Santo Domingo de Silos (Burgos). Bien merece la pena oír una misa acompañada de cantos gregorianos en su abadía.
Iglesia de las Salinas de Cabo de Gata, uno de los edificios más emblemáticos de este lugar y escenario perfecto para una película de terror, aunque de día no da tanto miedo.
Ermita del Rocío en pleno Parque Nacional de Doñana, con sus calles de albero porque es más normal llegar allí en caballo o carruaje que en coche. Su romería es una de las mayores manifestaciones de devoción religioso-festiva del mundo.
Iglesia del Balneario de Fortuna (Murcia), aunque en el cartel de la entrada leerán Balneario de Leana por desavenencias entre los propietarios y el ayuntamiento del la localidad. Allí los edificios están pintados de colores llamativos, pero el premio se lo lleva la iglesia en la foto, de la que no he podido incluir la fachada por problemas de encuadre.
Abadía de Cañas (La Rioja), uno de los más claros ejemplos del estilo cisterciense, que representa la transición del románico al gótico. Observado aquí desde unos viñedos, nosotros hacemos la transición al siguiente tema.

Fruto de la tierra

El agua. Este pozo de agua de El Escobar (Fuente Álamo, Murcia) me parece una de las construcciones más asombrosas de la Región de Murcia. Parece transportarnos a otra época… o a otro lugar.
Noria Grande de Abarán (Murcia), la mayor noria de agua todavía en funcionamiento de Europa. Para saber más sobre éste y otros elementos patrimoniales del Valle de Ricote visite la web de Legado Vivo.
La fruta. Huerta de Torreagüera (Murcia), con El Miravete al fondo, observada desde la vía verde. He disfrutado de este paisaje durante ocho años y subir a la cima se fue uno de mis ejercicios frecuentes. También fue el lugar de nacimiento de uno de los personajes fundamentales de la historia de Murcia, Antonete Gálvez.
El trigo. Molinos y castillo de Consuegra (Toledo), una imagen que asociamos inevitablemente con Don Quijote y La Mancha.
El aceite. La Olivera Gorda de Ricote (Murcia), el ser vivo más longevo de la Región de Murcia cuya edad se estima en casi mil años… No podemos ni imaginar todo lo que habrá visto. Aquí podréis observar el tronco en detalle.
El trabajo de la tierra. Arando con burro, en Lezuza (Albacete), una imagen que los jóvenes no van a conocer desgraciadamente. Lezuza tiene unos importantes restos romanos (Libisosa) y es uno de los mejores lugares para comerse un gazpacho manchego con carne de caza.
Palmeral de Santiago y Zaraiche en Murcia, un oasis a punto de ser engullido por el crecimiento de la ciudad hacia el norte.
El vino. Viñedos de la Rioja Alavesa vistos desde el «tejado», por llamarlo de alguna manera, de las Bodegas Baigorri. La visita a las instalaciones fue muy interesante, con cata incluida.
La Ribeira Sacra (Lugo), contemplada desde un paseo fluvial por el Sil. Al fondo se ven las parcelas de vides sobre una pronunciada pendiente. No es de extrañar que este estilo de cultivo reciba el nombre de viticultura heroica.
Cabezo de la Mina, en Santomera (Murcia). Allí hay yacimientos de cobre explotados desde la prehistoria hasta tiempos modernos, a pesar de lo cual, sigue manteniendo un aspecto bastante agreste.
y la sal… Las Salinas de Añana (Álava), además de unas peculiares salinas de interior son Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Castillete metálico de la mina «No te escaparás» en Mazarrón (Murcia). El paisaje minero es parte de nuestra historia y tiene un valor cultural y científico indiscutible. No obstante, hay personas que lo aborrecen y preferirían «regenerarlo», que viene a ser como esconder lo barrido bajo un felpudo.
Pozo de petróleo en el campo de Ayoluengo (Burgos), el que fuera el único campo petrolífero de tierra firme en la Península Ibérica. Actualmente está parado, pero la primera vez que visité esta comarca todavía funcionaban los balancines y era un curioso espectáculo.
Tomé esta foto desde el tren, cuando volvía de pasar dos semanas en China. La huerta y las palmeras me decían que ya estaba llegando a casa. Un paisaje que sólo es posible cerca del Mediterráneo, lo que nos lleva a la última sección: el mar.

El mar

Un restaurante (o chiringuito) en Calnegre (Lorca, Murcia), unas playas casi salvajes a mitad de camino entre Mazarrón y Águilas. El mar estaba un poco revuelto, no era día de baño, pero eso no es obstáculo para poder disfrutar de la vista y la brisa.
Islote en Mazarrón (Murcia) que da nombre a la playa frente a él, la Playa de la Isla. En sus aguas se encontraron los restos de dos barcos fenicios.
Faro de Cabo de Gata (Almería). Todo lo que se puede ver desde allí difícilmente cabe en fotos. Resulta que la parte del litoral mediterráneo con la más me identifico está comprendida entre dos cabos, entre dos faros. Ahí va el otro.
El imponente faro de Cabo de Palos (Cartagena, Murcia). Al contrario que el faro de Cabo de Gata, éste está en una población… algo que se puede olvidar desde esta perspectiva.
Costa salvaje de Mazarrón (Murcia) frente a la Sierra de las Moreras. Se conoce como las calas de Bolnuevo, pequeñas playas nudistas que he frecuentado durante muchos años.
La archiconocida bahía de San Sebastián (Guipúzcoa), con las playas de la Concha y de Ondarreta. Sé que es una imagen muy vista, pero esta foto la hice con mi viejo móvil y creo que me quedó bien 😉
Playa de Berbes (Asturias). Aunque era pleno verano, la visita a esta localidad fue para intentar encontrar fluoritas. La foto está hecha desde la mina.
Playa de Mónsul, en Cabo de Gata (Almería). Un mar de arena delicadamente peinado por el viento. Sólo la certeza de que mis huellas serán borradas tan pronto me vaya me permite hollarla sin remordimiento.
Playa de Muro, en Mallorca, de aguas cristalinas y la profundidad de una piscina infantil.
Playa de Cadaqués (Gerona), un pueblo con rincones de gran belleza y el alma de Dalí por todas partes. Esta no es la imagen más representativa del pueblo, pero evoca verano como ninguna otra.
Vista del Puerto de Cartagena (Murcia) desde el edificio del antiguo Cuartel de Instrucción de Marinería, actualmente una de las sedes de la Universidad Politécnica.
La Isleta del Moro, en el Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar (Almería). El restaurante a la vista es una autentica experiencia inmersiva ya que puedes comer pescado fresco mientras te salpican las olas del mar. También es hotel en la planta superior y, como curiosidad, la habitación que queda a la izquierda es la que aparece en el vídeo musical de Amaral «No quedan días de verano».
El color del mar cambia con los días y no sé cuando volveré a ver este verde esmeralda en las aguas cristalinas de Isla Plana, localidad mazarronera en el término municipal de Cartagena (Murcia).
El Mediterráneo, visto desde la mina de las «turquesas» de Bolnuevo (Mazarrón, Murcia), a cierta altura sobre el mar en la Sierra de las Moreras. Realmente, el mineral con aspecto de turquesa es un silicato de cobre llamado crisocola.

¡Nos vamos de vacaciones!

La publicación de este post coincide prácticamente con el comienzo de las vacaciones de agosto, en las que seguro recorreremos muchos paisajes españoles. Ciertamente seguiré haciendo fotos como las que han visto aquí y me gustaría poder hacerlas mejor… pero lamentablemente, la renovación del móvil no llegará a tiempo, ni la adquisición de una cámara en condiciones (a veces una óptica avanzada se echa de menos). En cualquier caso, no olviden que lo que intento es capturar sensaciones.

¡Feliz verano!

Ghana de África

No he encontrado mejor forma de comenzar que rendir un pequeño homenaje al chiste más repetido desde que anuncié que iba a pasar unos días en Ghana (title means Longing for Africa, with an extra h, in case you are not English speaker). Este es el cuarto post dedicado a un país del África Negra (Subsahariana me resulta un eufemismo contraproducente), tras Angola, Burkina Faso y Camerún (sí, me he saltado tres letras del orden alfabético, aunque algún día escribiré sobre mis intensos días en Egipto). Lo cierto es que me apetecía visitar mucho Ghana como continuación natural de Burkina Faso, siguiendo el río Volta aguas abajo. Más adelante veremos que las fronteras de los países de África, a pesar de su aspecto arbitrario de reparto colonial entre potencias europeas, tienen más sentido natural de lo que parece. En particular, la frontera entre Burkina Faso y Ghana (o Costa de Marfil) tiene mucho que ver con dos productos de uso cotidiano en España.

Foto de mi primera vez en África, Chauen (Marruecos), la Ciudad Azul. Desconocía la existencia de este documento hasta hace relativamente poco…

Hace muchos años que visité África por primera vez, aunque fuera por la parte más próxima a la Península, las montañas del Rif. He contemplado el comienzo del gran desierto del Sahara en Merzouga. El mismo desierto que llega hasta las puertas de Ouagadougou, donde todavía pueden verse beduinos en dromedario. Viajando en coche, desde allí hasta Banfora, he observado como el desierto iba transformándose sucesivamente en sabana, bosque tropical seco (Boromo) y bosque tropical no tan seco (Bobo-Dioulasso)… la visita a Ghana me permite completar este panorama con el bosque tropical húmedo antes de dar con el océano. Pero antes de comenzar con la crónica de este viaje, contaré un poco de una breve visita a Angola el año pasado.

Una carretera en Ghana… alguien vigila que no excedas la velocidad permitida.

Angola 2025

Mi querida amiga angolana (el uso de la variante cubana está más que justificado en este caso) María de Natividade me invitó a dar una ponencia en un congreso con motivo de los 50 años de independencia del país. Aunque fueron muy pocos días, tuve la oportunidad de visitar lugares alrededor de Luanda que no había visto en mi anterior viaje.

Hotel donde estuvimos alojados algunos de los participantes en el congreso, con muy buenos servicios pero lejos de todas partes.
Campus de la Universidade Agostinho Neto, con edificios vanguardistas.
Preparando mi intervención en el congreso, en el que también tuve un brevísimo papel como chairman a pesar de mi penoso portugués.
Visita al Museu Nacional da Escravatura de Luanda.
Cárcavas cerca del mar, desde el Miradouro da Lua.
Impresionante baobab, allí llamados imbondeiros.

Situación de Ghana en África

Normalmente delego estos detalles en Wikipedia, pero me he comprometido en la introducción a dar una explicación sobre el significado de algunas fronteras. En el segundo mapa de esta sección se pueden ver unos países en color verde que constituyen el ECOWAS, la Comunidad Económica de Estados de África Occidental. En su configuración actual (algunos otros países estuvieron, pero actualmente no forman parte de dicha comunidad), la franja verde es, grosso modo, la zona de África Occidental donde es factible el cultivo del cacao y el café. Esto no significa que ambos cultivos estén desarrollados por igual en todos los estados de la franja porque hay otros factores, pero junto con la salida al mar explica la prosperidad de muchos de estos países, Ghana en particular. En África Oriental, café y cacao no se superponen, quedando el cultivo del primero al norte del segundo.

Mapa de África mostrando la situación de Ghana con respecto a otros países, en particular Burkina Faso.
No se puede decir que el parque móvil de Ghana sea obsoleto, viéndose muchos coches de alta gama. El tráfico en Accra es bastante denso y los recorridos en coche se hacen eternos.
Saliendo de Accra, junto a las grandes vías hay siempre mercados con productos de lo más variopinto.
La decoración de restaurantes y locales de ocio es vistosa, especialmente por la noche.
Son relativamente frecuentes los edificios a medio acabar, lo que no significa que no se le saque partido a los locales.
Casas humildes en Aburi.
La moneda de Ghana es el «cedi». Al igual que en China, la extensión del pago electrónico dificulta encontrar billetes nuevos de todos los valores.
Países del ECOWAS, se trata realmente de delimitación climática en África Occidental.
Escena de bosque tropical húmedo con neblina que fue seguida de lluvia, en el jardín botánico de Aburi.

Se puede decir que Ghana es el País de la Chocolata, haciendo referencia a la divertida escena de The Simpsons. En efecto, es el segundo productor mundial de cacao, tras la vecina Costa de Marfil. Aunque el cacao es originario de Sudamérica, se ha convertido en en un producto también de uso tradicional en Ghana. El café, de origen africano está tan bien implantado en América que la familia de Juan Valdez parece que no se hubiera dedicado nunca a otra cosa. Café vs. cacao, ñame vs. yuca, berenjena vs. patata… el intercambio de especies entre ambos lados del Atlántico nos enriquece.

Cappuccino, servido en una cafetería de Accra. Este combinado integra café y cacao, los productos agrícolas del clima tropical húmedo.
Baya de cacao, de buen tamaño aunque no madura.
Bayas de cacao en un mercado de Aburi.
Tableta de chocolate elaborada en Ghana, que me comí allí mismo para evitar problemas aduaneros. Reconozco que mi paladar está muy europeizado y me gusta más como trabajan la materia prima en Suiza o Villajoyosa.

Cuando llegué a Ghana estaba terminando la estación de las lluvias, que se despidió por todo lo alto, provocando numerosas complicaciones en zonas bajas de Accra en las que el agua no drena bien, en parte por las propias construcciones. Este es uno de los vídeos que circulaban tras las lluvias del lunes 29 de julio.

University of Ghana

La fundación de la Universidad de Ghana, aunque con otro nombre en ese momento, es anterior a la independencia del país. Así que no es por casualidad el estilo colonial de muchos de sus edificios, notablemente la Biblioteca Balme y el apartamento que ocupé durante mi visita, parte del complejo residencial Volta Hall. Otros edificios, como el del Departamento de Matemáticas eran de estilo contemporáneo pero con características arquitectónicas tropicales, tales como pasillos y escaleras al aire libre. Es interesante ver todas las facilidades con las que cuentan los estudiantes en el campus: bancos, mercados, librerías…

Biblioteca Balme, uno de los edificios más emblemáticos del campus de la University of Ghana.
Residencia universitaria Volta Hall, entrada principal.
Salón de mi apartamento, con venecianas y mosquiteras. A veces me imaginaba tomando gintonics y contando batallitas con Allan Quatermain encarnado en Sean Connery 🙂
Todos los edificios de Accra cuentan con este tipo de tanques de agua, de tamaño variable, para asegurar el suministro.
Comedor de Volta Hall, actualmente en desuso, por lo que tenía que buscar alimento en otra parte.
Los pequeños retos diarios…
Entrada a uno de los restaurantes del campus de la University of Ghana, relativamente cerca del Departamento de Matemáticas.
Uno de los salones del restaurante, profusamente decorado… te hace olvidar que estás en la universidad.
Edificio del Departamento de Matemáticas de la Universidad de Ghana.
Decoración de una pared del Departamento de Matemáticas.
Riconcito para la preparación de café, té y alguna cosa más.
Descanso tras uno de mis seminarios.
Otro de los edificios del campus que me gustó.
Una tienda de alimentación en el mercado que hay dentro del propio campus universitario. En la mayor parte de comercios, aunque sean puesto callejeros, se puede realizar pago electrónico.
Salón de belleza dentro del campus universitario.
Una residencia de estudiantes.
Las concertinas se usan frecuentemente en las residencias, ya que los pasillos del primer piso suelen estar abiertos al exterior.

Naturaleza alrededor de Accra

El campus de la Universidad de Ghana, alrededor de 12 km al norte del centro de Accra (si es que tal concepto existe), está situado en una isla verde dentro de esta enorme aglomeración urbana. Los grandes espacios abiertos entre los edificios han sido tomados por la naturaleza y paseando entre ellos se puede disfrutar de muchas curiosidades tropicales. Además, gracias a los colegas pude visitar la reserva de Shai Hills (que incluye el lugar sagrado de Mogo Hill) y el jardín botánico de Aburi, donde están tomadas el resto de las fotos de este apartado.

Termitero en el campus de la Universidad de Ghana.
Termitero abandonado y parcialmente desmoronado mostrando su estructura interior.
Baobab en el campus de la Universidad de Ghana.
Flor, algo pocha, del baobab. Cuelga de un largo pedúnculo como si fuera una lámpara.
Colonia de insectos, que no me he preocupado de identificar, sobre la corteza de un baobab.
Paisaje típico tropical, con el suelo rojo de laterita, en las inmediaciones de la universidad.
Cardador o milpiés.
Ciempiés de vistosos colores.
Mariposa con un color que recuerda la natroalunita 🙂
Otra llamativa mariposa.
Lagarto con su presa bajo el voladizo de un tejado.
Escena en Shai Hills: pequeño babuino cabalgando a su madre (es más frecuente verlos colgados de la zona ventral). En este enlace pueden ver la secuencia completa.

Mención especial merece el lugar sagrado de Mogo Hill, un roquedo dentro de la reserva de Shai Hill que funcionó como un lugar para la instrucción de jóvenes mujeres para convertirlas en codiciadas candidatas a esposas. Sólo se podía acceder al «curso» siendo virgen, lo que se comprobaba sentando a la candidata en una piedra especial. Una vez allí, durante 6 meses vivirían únicamente con lo que proporcionara el entorno, trabajando sobre la roca y durmiendo bajo ella. Sería mucho más parecido a una formación en supervivencia, ya que la mujer que superara la estancia en Mogo Hill siempre tendría algo para dar de comer a su familia.

Roquedo de Mogo Hill, con un baobab en primer plano. La grieta entre las rocas proporcionaba cobijo a las mujeres.
Así de angosto es el dormitorio.
Marcas sobre la roca de la actividad de las mujeres, seguramente preparando harinas.
El roquedo está formado de gneiss con abundancia de granates.

En este enlace se puede ver la actividad frenética de las hormigas tropicales, al pie de Mogo Hills.

Miscelánea

Hablaremos aquí de algunos alimentos y productos, al margen del cacao, que tuve ocasión de disfrutar en Ghana. En general, la comida de Ghana me pareció sabrosa y no demasiado pesada, siempre con tendencia a ser picante.

El «red red» es un guiso de alubias que se suele acompañar por carne o pescado.
Arroz frito acompañado de tortilla.
La tilapia es un pez que en Europa tiene connotaciones negativas, pero en Ghana tiene su habitat natural y, aunque seguramente venga de granjas en el lago Volta, se puede comer fresco. Con eso y la preparación tradicional se convierte en un bocado exquisito.
El fufu es una pasta hecha de tubérculos y raíces, como el ñame o la yuca, que se usa frecuentemente como acompañamiento. Su presentación típica es envuelta en hoja de banano, pero a mí me la pusioron en bolsitas de plástico, lo que le quita mucho glamur. La salsa verde pica algo más que la roja.
Como se asume que muchos platos tradicionales se comen con la mano, te ofrecen los medios necesarios para poder lavar las manos en la mesa… las veces que sea necesario.
Puesto de venta de fruta en Aburi, destacando en primer plano cacao, guanábanas y mangos.
Banana de reducidas dimensiones, recomendada por los locales.
Puesto de cocos, donde son preparados para beber el agua interior o comer la pulpa, dependiendo de su madurez.
Disfrutando de los cocos, con Benoît y Emmanuel.
Machetes de la marca Crocodile, fabricados en Ghana.
Vestidos tradicionales en una tienda de Aburi.
Sección infantil en una librería del campus universitario… me quedé con ghanas de saber cómo es «el final de un traidor» 😕
Venta de camas junto a la carretera.
Puesto de venta de vino de palma, obtenido de la savia vertida por las palmas tras ser abatidas. Es importante que el vino sea fresco, es decir, de la noche anterior para que apenas esté fermentado. Benoît y Noa negociando con la vendedora.
Tomando vino de palma con Noa en el jardín botánico de Aburi, ¡salud!

Piedras de África

En cualquier viaje siempre dedico un rato a las piedras. No siempre hay minas o canteras, pero me da lo mismo si tengo que mirarlas en un jardín o en una obra. En mis viajes por países africanos nunca había tenido problemas para traer muestras… hasta el año pasado. Estando ya en la sala de embarque para regresar de Angola me llaman por megafonía. Mi maleta parecía contener algo sospechoso y me solicitaron que la abriera. Entre la ropa sucia (que uso para proteger y amortiguar objetos) habían unos guijarros. Les dije que se trataba de unas muestras que había obtenido de zahorra para caminos en unas obras de la universidad, siendo las inclusiones rojas granates, sin más valor que el de curiosidad geológica. Las piedras fueron requisadas y me dijeron que necesitaba un permiso especial para sacar minerales de Angola.

Una de las muetras de roca con granate que me fue requisada en el aeropuerto de Luanda antes de mi partida.
Mi cara tras la incautación de mis piedras en Angola.

Tras varios días recogiendo muestras en Ghana, se me ocurre consultar la legislación al respecto: fue como un jarro de agua fría ¿Qué tienen en común Angola y Ghana? Diamantes. Creo que éste es el verdadero motivo para su susceptibilidad con la salida de minerales o rocas. Así que decidí dejar allí una buena cantidad de piedras que me hubieran metido en un lío. Cuando vuelva a África me aseguraré de tener el visto bueno para poder sacar el material de allí. Cambiando de tema, uno de los momentos más destacados de este viaje fue la visita al Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Ghana.

Museo del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Ghana.
Detalle de algunos de los minerales expuestos, de procedencia internacional y localidades clásicas.
Mueble destinado a albergar muestras en el Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Ghana.
Mineral de manganeso de aspecto estalactítico procedente de las minas de Ghana, expuesto en el Departamento de Ciencias de la Tierra.
Carbonatita, roca ígnea que integra una gran cantidad de carbonatos, en su composición. Resulta de interés por la posibilidad de un alto contenido en tierras raras.
Óxido de manganeso de aspecto botroidal, cortesía del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Ghana.
Nódulo de limonita formado en las lateritas de Accra.
Cuarzo con inclusiones de casiterita (óxido de estaño) recogidas en un jardín de la universidad y procedentes de alguna cantera cercana. Naturalmente, siguen en Ghana.
Visita al Museo Arqueológico de la Universidad de Ghana: reproducción de una excavación.
Pieza en terracota.
Parte etnográfica: collares tradicionales y variedad de las cuentas empleadas en su elaboración.
La cerámica de allí me recuerda a la que podemos ver en nuestros museos.

Amigos

No podría haberme adentrado en los detalles íntimos de la vida en los países del África Negra de no ser por los amigos que he ido encontrando por el camino. Dedico esta última sección a un breve repaso de personas que me alegra haber conocido.

María de Natividade, en su reciente nombramiento como Secretaria General de la African Mathematical Union, celebrado durante el PACOM 2026. Su vida es un ejemplo de superación en más sentidos de los que podría contar y ella me ha abierto las puertas de Angola.
Adérito Araujo, profesor de Coimbra, al que conocí en Luanda el año pasado y que ya ha visitado Murcia. Su trabajo en Matemática Aplicada presenta este área como un lugar lleno de retos también para el matemático puro, muy lejos de recetarios.
Benoît F. Sehba, cuya ayuda fue esencial, especialmente a la llegada a Ghana: sin maleta y con lluvias intensas. Inolvidable excursión a Aburi en compañía de C. D. Noa Bela.
Aquí en el coche de Eugene Y. A. Adjei, con el que pasé un día memorable viendo la naturaleza de Ghana. También quiero agradecer la compañía y ayuda de Augustine L. Mahu y de Emmanuel K. A. Adu-Gyamfi.
Boureima Sangaré, con el que comenzaron mis viajes al África Negra, visitando el Generalife de Granada. Merci beaucoup, mon cher frère !
Puesta de sol en el campus de la Universidade Agostinho Neto de Luanda.

La vida se abre camino

Tenemos tendencia a pensar que el equilibrio es un rasgo esencial de la Naturaleza. Seguramente porque todo lo que podemos observar consiste en una superposición de ciclos, que son leves cambios periódicos para que nada realmente cambie, como la celebre frase de Il Gattopardo. En primer lugar, el día y la noche. Podríamos seguir con la sucesión de las estaciones a lo largo del año, las mareas, el ciclo del agua, etc. Y finalmente, el de cada especie con su ciclo vital: nacimiento, crecimiento, reproducción y muerte. Además, que el ciclo vital sea realmente un ciclo y no una espiral, depende de la interacción mutua entre especies: los conejos se alimentan de especies vegetales para prosperar, pero el zorro los mantiene a raya… y así ad eternum, o hasta que llegó el ser humano a ponerlo todo patas arriba ¿no? Bueno, todo esto que he contado es falso, al menos en la escala geológica. Cuando se profundiza en la historia de la vida sobre el planeta, no hay nada cíclico salvo la sucesión del día y la noche. Y lo único que se puede decir con certeza es que, a pesar de todo, la vida se abre camino.

Los ciclos no son eternos

Para comprobar esta afirmación basta remontarse hacia atrás, como con el manido chascarrillo de ¿qué fue antes, el huevo o la gallina? Pensemos en el ciclo de las estaciones (desde nuestra zona templada). Todo el mundo sabe que tiene que ver con la cantidad de radiación solar recibida, que varía a lo largo del año con el ángulo de incidencia de los rayos y este efecto es modulado por la latitud. Sin embargo, el clima de depende de otros factores que no han sido constantes a lo largo del tiempo. Por ejemplo, que el clima invernal en la mayor parte de Europa no sea más frío depende mayormente de la Corriente del Golfo que, como su nombre indica, a su vez depende de la disposición actual de los continentes. Si viajamos atrás en el tiempo descubriremos que las cosas pueden ser muy diferentes. En los comienzos del planeta, una larga glaciación global tuvo congelada la superficie de la tierra decenas de millones de años y la vida (en formas aún muy elementales) quedó confinada en el mar, bajo el hielo. A finales de la era paleozoica, todas las tierras emergidas se reunieron en un único supercontinente (Pangea) en el que reinó el clima desértico al principio. La arena roja de aquel gigantesco desierto se puede ver desde los Pinares de Rodeno en Albarracín al Cañón del Colorado, o en Canara (Cehegín) sin ir más lejos.

Arte parietal: escena de la Cueva de los Nadadores, en pleno desierto del Sahara.

Y si el clima cambia, los ecosistemas ligados a él también deben hacerlo. En mi post Minerales de Espinardo he dado alguna idea sobre lo mucho que ha cambiado el paisaje y la fauna en un intervalo de, apenas, diez millones de años, por lo que no insistiré más en la escala geológica. Pero los cambios en el clima son también apreciables en la escala humana, hasta tal punto que dejan en entredicho el mismo significado de la palabra «clima» como denominador común de la meteorología de una región. Sin necesidad de irse hasta las glaciaciones cuaternarias, en tiempos históricos han quedado documentadas importantes fluctuaciones del clima. Es indiscutible que actualmente atravesamos un proceso de cambio climático, ya sea por la mera razón de que está en la propia naturaleza de la Tierra. Otra cuestión es discutir si el cambio ocurre en un sentido u otro, acelerado por causa humana o no… A pesar de su importancia, estas cuestiones son tangenciales al tema que nos ocupa y el lector interesado podrá encontrar abundante información (muy distinto es pedir que sea objetiva) en internet 😕

El equilibrio es apariencia

Con bastante frecuencia nos encontramos noticias del tipo «un estudio reciente advierte de la situación crítica (o inminente colapso)» de tal o cual reserva natural o ecosistema. Dejando de lado algunas situaciones con causas evidentes y responsables enjuiciables, lo que en verdad revela este tipo de noticias es que los ecosistemas, en general, están lejos de ser estables, entendiendo por estabilidad ser poco sensible a perturbaciones (climáticas excluidas). No obstante, la idea de estabilidad no sólo está arraigada en el imaginario sino también en el pensamiento científico tradicional, hasta tal punto que un modelo teórico no será validado si no predice un posible equilibrio. Ante la dificultad de analizar un ecosistema, se hacen modelos para describir una pequeña parte del mismo, por ejemplo la interacción de dos especies. El llamado modelo depredador-presa, cuya primera formulación se debe a Lotka y Volterra, que lo propusieron (independientemente) hacia 1925. Este modelo, en su versión original y en posteriores modificaciones, propone una fluctuación periódica del número de individuos, por ejemplo zorros y conejos. Curiosamente, los modelos para una sola especie (en ausencia de depredadores y alimento ilimitado) prevén un crecimiento exponencial: «conejos», Fibonacci (1202); «cerdos», Vauban (1695); «humanos», Malthus (1798); por citar algunos.

Modelo depredador-presa derivado de Lotka-Volterra, pero corregido con crecimiento logístico y efecto por saturación de presa (tomado de J.D. Murray «Mathematical Biology», 2002).

Es cierto que muchos sistemas físicos tienden a la estabilidad, expresada ésta como un mínimo energético. Pero la vida, que recibe su energía directa e indirectamente del sol, está gobernada por la inestabilidad. Esto puede resultar paradójico, porque tendemos a pensar que el hecho de que un ecosistema cada elemento juegue su papel es algo que se ha conseguido con tiempo y ajuste, tal como describen, en pequeña escala, los modelos tipo Lotka-Volterra. Sin embargo, si los escenarios en los que transcurre la vida fueran estables, simplemente no hubiera sido posible la evolución de las especies. El gran árbol de la vida puede verse como una diversificación de adaptaciones sumamente especializadas surgidas para dar respuesta a cambios ambientales. Sobrevive el que se adapta, así que se puede decir que la contemplación de las especies en un momento dado es como ver el medallero olímpico, los campeones en cada categoría de su año. ¿En qué fallan los modelos matemáticos? Un modelo, necesariamente, es una idealización de la realidad, a costa de analizar una pequeña parte y simplificar las relaciones entre sus componentes. Por ejemplo, un modelo como el anterior, basado en ecuaciones diferenciales ordinarias, obvia que las especies se ubican o mueven en un territorio.

Algunos libros de mi biblioteca que tienen que ver con las matemáticas de los procesos complejos.

La dinámica de los sistemas complejos requiere de otro tipo de modelización matemática. Por ejemplo, partiendo desde una Física newtoniana completamente determinista y reversible, al aumentar indiscriminadamente el número de variables, se llega a la Mecánica Estadística y a la Termodinámica, caracterizadas por la irreversibilidad de los procesos que describen. Es decir, la complejidad no es simplemente un avance cuantitativo, sino un gran salto cualitativo. En los sistemas complejos no funcionan las aproximaciones lineales y tratar de hacer estadística a partir de datos experimentales se puede calificar, como poco, de discutible. Sin embargo, una buena parte de lo que se publica hoy día como «ciencia» consiste exactamente en análisis estadísticos sobre procesos cuya complejidad nos desborda.

Colonización y extinción

De nada serviría la maquinaria de la Evolución si cuando aparecen individuos con algún nuevo rasgo no encontraran el lugar adecuado donde sacarle partido. Así las especies se expanden por el mundo buscando su nicho, como quien busca un puesto de trabajo acorde a su cualificación. En ocasiones en nicho está vacío y la nueva especie se instala sin mayor problema. Pero también puede ocurrir que el nicho ya esté ocupado, por lo que la nueva especie tendrá que competir con la ya residente. Las Matemáticas predicen que a la larga sólo quedará una especie (leyes tipo «0 – 1»), pero no siempre la misma ya que pequeñas variaciones del ecosistema pueden favorecer a una u a otra indistintamente. Este principio está presente detrás de la mayor parte de las extinciones no «catastróficas» (como la que podría provocar un meteorito), pero también detrás de la extraordinaria biodiversidad que disfrutamos. Todas las especies buscan un lugar mejor para estar, por lo que vistas en la escala temporal todas son, en el fondo, forasteras.

Caricatura sobre la Evolución… no viene al caso con el tema, pero creo que es un concepto con el que todo el mundo está más o menos familiarizado.

Me pongo muy nervioso, por lo general, cuando se utiliza el término «especie invasora», referido a una especie animal o vegetal introducida, donde no existía antes, de manera deliberada o inconsciente por el ser humano. Yo no veo mucha diferencia en que una especie viaje de un lugar a otro en un tronco flotante, el excremento de un pájaro o el equipaje de un turista. La diferencia sólo existe en la opinión humana, motivada ésta por aspectos prácticos o sentimentales. Al final, es simplemente xenofobia. Por ejemplo, se habla mucho de la amenaza que constituye el cangrejo de río americano para la especie autóctona española. Sin embargo, la llamada especie «autóctona» parece ser una introducción hecha en el siglo XVI. Debo de ser raro porque me gusta el bullicio de las cotorras de Kramer en los bulevares de palmeras o washingtonias, como en Cartagena. Será que los sonidos tropicales no desentonan en absoluto con nuestras temperaturas. Por otra parte, no me gusta el mosquito tigre. Viene de un lugar donde no hay estaciones y aquí se comporta como tal, atacando durante todo el año y a todas horas.

Cuando éramos parte del ecosistema

Creo que uno de los colectivos más peligrosos para la Naturaleza es el de los ecologistas — ojo, utilizo este término en un sentido radical (o woke, si admitimos el anglicismo) que excluye a mis amigos 🙂 –. No confundir con los ecólogos, aunque la intersección entre ambos grupos pueda incluir un buen número de individuos. Estos últimos son científicos dedicados a estudiar los ecosistemas. Los ecologistas toman como dogma de fe una versión parcial y simplificada de la Ecología, aderezada en estos últimos tiempos con doctrina animalista y santería de la pachamama. Cuando un ecologista alcanza una posición de poder político, sus decisiones no son informadas científicamente, sino que se basan en su sistema de creencias, es decir, no admitirá otras opiniones ni debate alguno. Siempre he dicho que me dan miedo las teocracias y en muchos aspectos, que no entraré a discutir ahora, vivimos en una. Por marcar mi posición, sólo señalaré que yo sitúo estos dos titulares en un mismo plano: «dotar de personalidad jurídica a una charca» y «nombrar a la Virgen alcaldesa perpetua del pueblo», pero sólo la segunda me parece inofensiva.

Murcia en el Plioceno, con algunos constructores de paisaje, entre otras cosas, conteniendo la extensión y densidad de los bosques. Dibujo de Mauricio Antón tomado de una publicación de Pedro Piñero.

No niego el daño infringido a la Naturaleza por la actividad humana, especialmente desde la Revolución Industrial. Pero es incorrecto sacar al ser humano de la ecuación del ecosistema, que es lo que suelen hacer los ecologistas en sus propuestas de restaurar un improbable Edén. Es materialmente imposible reconstruir y mantener ecosistemas prehumanos hoy día en Europa. Simplemente no existen los elementos necesarios porque hemos acabado con ellos, por ejemplo, los grandes mamíferos plio/pleistocenos considerados «constructores de paisaje». Los bosques que conocemos y por los que nos gusta pasear son el producto de la interacción del ser humano con la Naturaleza a lo largo de los siglos. Comenzar a actuar ahora como si fuésemos ajenos a ellos es suprimir una de las fuerzas que contribuye a delicado equilibrio, aunque en realidad aparente… más o menos como un jardín que se deja de cuidar. Esto no es sólo una metáfora. Sin ir más lejos, los llamados expertos reaccionan con elaboradas explicaciones a favor del llamado «monte sucio», una de las pretendidas causas, si no de los incendios forestales, al menos de su gravedad. Los agentes forestales y los bomberos tienen también opiniones sobre el tema, pero ellos no son expertos, naturalmente.

Pinos de Churra, secándose. Foto tomada de La Verdad.

Ya tengo bastante con señalar errores y crearme nuevos enemigos, así que no intentaré proponer soluciones a problemas que requieren una larga reflexión. Sin embargo, sí que puedo decir una obviedad: podemos recuperar ecosistemas preindustriales, aunque sea a pequeña escala. Lo único que se requiere es que el ser humano ocupe en ellos el rol que le corresponde, con su mera actividad preindustrial: agricultura no intensiva, ganadería trashumante, caza como alimento, leñadores y carboneros… Pero tampoco podemos volver a la Edad Media, así que la opción más aceptable sería permitir y fomentar las actividades tradicionales en los campos y los montes, en lugar de prohibirlas desde el ecologismo de salón a golpe de decreto-ley. Un último ejemplo de cómo los cambios hechos desde una supuesta «sostenibilidad» provocan daños. Nuestros ilustres gobernantes decidieron un día que había que entubar las acequias de la huerta de Murcia para reducir el «gasto» de agua. Poco después comenzaron a morir moreras y otros árboles que no recibían riego directo, como los pinos centenarios de Churra.

Epílogo

He estado escribiendo este post de manera discontinua a lo largo de un tiempo que se me ha hecho largo. Creo recordar que originalmente tenía una idea clara de la estructura que le daría, siendo la foto inicial un ingrediente fundamental. Se trata de una recogida de muestras en la charca ácida de la corta Brunita (La Unión) que hice a petición de un microbiológo de la Universidad de Murcia para estudiar los organismos microscópicos que viven en tales condiciones de pH. Lo sorprendente es que realmente hay mucha vida en esa agua, que los ecologistas quieren secar y «renaturalizar». Existen peores ambientes. Se encuentra vida en las mismísimas fumarolas sulfurosas submarinas, similares a las que dieron origen a las minas de Rio Tinto. Se ha descubierto bacterias que viven de la degradación del plástico, incluso. Obstinadamente, la vida se abre camino. Y esa es mi esperanza, ante los cambios que se avecinan tras el aparente equilibrio, ante el deterioro de los ecosistemas tal como los conocemos y, sobre todo, ante los daños causados por las soluciones mesiánicas de los que nos gobiernan.

Libro de láminas artísticas de especies desaparecidas en tiempos históricos, lamentablemente por culpa del ser humano.

Kamerun

Tras Angola y Burkina Faso, toca Camerún. No me importaría seguir estrictamente el orden alfabético porque así el siguiente país sería Djibuti, que tengo muchas ganas de visitar desde que vi Beau Travail, francesísima película protagonizada por un encabronado Denis Lavant y con un final inolvidable (no haré spoiler) ambientada allí. Volviendo al país del que sí acabo de regresar, se me hacía muy cuesta arriba escribir Camerún como título tras haber estado todo el tiempo leyendo Cameroun o Cameroon, los dos nombres oficiales de este país bilingüe y, sin embargo, dividido por la lengua. Por eso he optado por la antigua denominación como colonia alemana, Kamerun. Si bien, el nombre del país viene del portugués, por la abundancia en gambas de su costa (camarões) que no llegué a probar 😕

Costa de Camerún, bañada por el Golfo de Guinea, en Limbe.

Datos generales

El Kamerun alemán ocupaba una extensión mayor que el país actual, desde la instauración de la colonia en 1884 hasta 1916 que es repartido entre Francia y Reino Unido tras la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial. La parte francesa con Capital en Yaoundé, consigue la independencia en 1960. Poco después se le une la franja británica, de menor extensión tras rechazarse en referendum la anexión a Nigeria. Desde entonces, Camerún tiene el francés y el inglés como lenguas oficiales y la población es bilingüe en la práctica, si bien se habla de un cierto favoritismo hacia la francofonía que sirve de pretexto a grupos separatistas camerooneses. En lo que respecta al uso de estas lenguas, el acento es muy fuerte y lo que más se oye en las calles de Buea es pidgin english.

Antigua oficina de correos alemana, posteriormente inglesa, en Buea.

A Camerún llegué a través del aeropuerto de Douala, la ciudad más poblada del país, que cuenta con puerto marítimo en el estuario del río Wouri. La dos partes de la ciudad separadas por el río se encuentran conectadas por un único puente que, en consecuencia, soporta un tráfico intenso. La mayor parte del tiempo la pasé en Buea (pronúnciese algo así como buya), antigua capital del Cameroon británico, ubicada al pie del Monte Camerún, del que hablaremos después. Tanto Douala como Buea son ciudades de fundación colonial y no tienen una estructura diferenciada, sino que consisten en barrios que emanan como «parrillas» anexas a las carreteras principales (lo mismo que una urbanización, pero sin chalets). Así que lo que describiré en este post se puede localizar en un área relativamente pequeña de Camerún.

Monumento a la Reunificación, en Buea.
El presidente Paul Biya lleva más de 40 años renovando su mandato.

La montaña

El Monte Camerún (o Fako) es un volcán activo (última en mayo de 2000) de 4.100 m (en esto no hay mucho acuerdo) sobre el nivel del mar, cuya proximidad provoca una franja de jungla (rainforest) y en general humedad más abajo. Por encima de la altura habitual de las nubes, el clima es más seco y la vegetación acorde (sabana). En la estación lluviosa, las nubes envuelven la parte inferior de la montaña, lo que era particularmente observable desde mi hotel, ubicado en los barrios más altos de Buea. No sólo eso, se podía señalar incluso en qué punto del recorrido entre la universidad y el hotel se producía el cambio de clima.

Monte Camerún-Fako desde mi hotel en una mañana más despejada de lo habitual.
La llegada a mi hotel era así casi todos los días.

El acceso al Monte Camerún está regulado como Parque Nacional. Nuestra ruta comienza junto a los antiguos edificios de gobernación alemanes, actualmente en uso por las autoridades camerunesas (no está permitido fotografiarlos). El primer tramo se hace entre cultivos de maíz y banana. A continuación, comienza en bosque primario, con árboles de porte pequeño y donde comienzan a verse los primeros helechos arborescentes. A medida que se asciende, los árboles van siendo mayores y las lianas se descuelgan varios metros. Finalmente, en la parte correspondiente a la jungla impera la oscuridad provocada por las frondosas copas de árboles gigantescos y la niebla. Haber podido llegar a este punto se lo debo al guía, porque el sendero en algunos tramos apenas se insinuaba y el cansancio me hubiera desanimado de haber ido solo.

Frondosidad vegetal con bananos en la parte inicial del recorrido.
Zona relativamente baja del Monte Camerún, con pasto y maizal.
Comienzo del bosque, con árboles de porte pequeño.
Helechos arborescentes, con sus troncos trenzados… era como caminar por un bosque Carbonífero.
Tronco de helecho, en la parte donde deja de estar trenzado y comienzan a separarse las frondas ¡Cuidado, que pincha!
A medida que se asciende, los árboles empiezan a ser inabarcables.
Vista de la jungla, con el guía John en primer plano.
La densidad vegetal es considerable.
Al no poder entrar la luz, las ramas bajas acaban muriendo.
Tras esta entrada «oficial» comienza la subida seria, para la que no estaba preparado…
Extremo inferior de una liana.
Zona de selva cerca de Limbe. Las enredaderas cubren troncos y lianas formando un manto impenetrable… Tarzán lo hubiera tenido difícil 🙂

El mar

Al estar Douala en un estuario, no cuenta estrictamente como mar. Limbe, a poca distancia de Buea, se ubica en la costa del Golfo de Guinea, frente a la isla de Bioko (la antigua Fernando Poo española) cuya ciudad principal Malabo es también la capital de Guinea Ecuatorial. Limbe es una ciudad animada con playas, puerto pesquero y algunos vestigios industriales.

Vista del Golfo de Guinea
Vista de la costa con lluvia.
Playa de Limbe, con restos de un embarcadero.
Barcos de pesca en Limbe.
Establecimiento de pescado ahumado.
El acceso al puerto es bastante mejorable…
Barracones de pescadores en el puerto de Limbe.
Lugar de esparcimiento cerca de la costa en Limbe.
Pescador con sus redes en la mano buscando comprador para su captura, en la bolsa negra.
Detalle de la captura.
Centro de Limbe, si es que tal noción se puede aplicar.

Matemáticas en Camerún

Cuando llegué en 1996 a la Université de Bordeaux (en aquel tiempo Bordeaux 1) formaba parte del staff un profesor africano, el camerunés Henri Hogbé-Nlend. Su especialidad era el Análisis Funcional y había realizado la tesis con Laurent Schwartz (que ya mencionamos en nuestro post EDPSF) convirtiéndose en el primer doctor en Matemáticas del África Negra. Después supe que regresó a Camerún para participar en la política, llegando a ser Ministro de Investigación Científica y Técnica entre 1997 y 2002. Como es habitual en la gobernanza africana, tras pasar por el poder nunca se vuelve a vivir tranquilo… Hogbé-Nlend poco después se vio obligado a dejar su país en secreto.

Henri Hogbé-Nlend, foto tomada de La Calebasse Réparée donde se puede encontrar más información sobre el matemático y político camerunés.

Es un buen momento para explicar qué hago yo aquí… La primera universidad anglófona de Camerún es la de Buea (University of Buea), con la que la Universidad de Murcia tiene un convenio Erasmus+ que ha financiado mi viaje. El responsable de la calurosa acogida que recibí es el profesor Cyrille Nana, que también trabaja en ciertos aspectos del Análisis Funcional. Mi tarea allí consistió en dar un minicurso de aplicaciones del Análisis Funcional que incluía, entre otros temas, el Problema de Dirichlet, los teoremas de Punto Fijo de Kakutani y el teorema de Hille-Yosida.

Entrada principal al campus de la Universidad de Buea.
Campus de la Universidad de Buea.
Con Cyrille Nana tras una de las sesiones de mi minicurso.
Durante una de las clases, correspondiente a los teoremas de Punto Fijo.
Aula en la que tuvo lugar el minicurso.
Uno de los edificios de la universidad, precisamente en el que se ubica la oficina que me asignaron.
Aula durante el receso para discusión del tribunal en una defensa de Trabajo Fin de Máster.

Al margen de la Universidad de Buea, tuve también la oportunidad de visitar el centro del African Institute for Mathematical Sciences (AIMS) en Limbe, uno de los cinco centros que tiene esta organización repartidos por todo el continente. El AIMS tiene una oferta de cursos de máster muy interesante para graduados en Matemáticas. En particular, el centro AIMS Cameroon de Limbe admite cada curso a un máximo de 60 estudiantes de países africanos, que son alojados en una residencia del mismo complejo.

Uno de los edificios del AIMS de Limbe. En la planta baja hay aulas.
Con Daniel Duviol Tcheuta, director de AIMS Cameroon.
Pizarra en el exterior de las instalaciones con resultados de Teoría Espectral escritos posiblemente por un estudiante.

Vida y gentes

Esta sección está dedicada a los aspectos de la vida cotidiana del antiguo Kamerun que más me han llamado la atención.

La mayor parte de las construcciones son modernas en sentido estructural: tienen forjados de hormigón, usan bloque de cemento para tabiques (éstos se pueden fabricar sin horno) y el tejado es de chapa cincada fijada a un armazón de madera. Las peculiaridades decorativas son demasiadas para tratar de describirlas.
Calle comercial en Buea… difícilmente se puede encontrar un local de artesanía.
Mercado en Buea, con frutas y otros productos de uso habitual.
Calle sin pavimentar en Buea, los carteles como el que cuelga, suelen anunciar el funeral de un líder religioso evangélico.
Por las calles de Buea… me encantan los envoltorios de las recámaras para neumático (colgando al fondo).
La actividad en el mercado callejero no cesa tras la puesta de sol.
Fila de motos taxi circulando en Douala con la lluvia… salvando las distancias, me recuerda a la escena de las bicicletas en Blade Runner.
Lavado de vehículos, aprovechando un cauce en la parte más baja de Buea.
La marca más popular es Toyota, tanto en turismo como en todoterreno, siendo válidas aquí las observaciones sobre el parque móvil que hicimos en Angola. En la foto un Toyota Land Cruiser HZJ 76, modelo que estuve a punto de comprar hace unos años. En camiones triunfa Mercedes, aunque proliferan marcas chinas entre los nuevos.
Cantina en el campus de la Universidad de Buea. Lo más ligero que ofrecen para el desayuno es una especie de tortilla de spaghetti.
Kingsley sostiene una botella de la cerveza más popular de Camerún, la Export, que viene en botellines de 2/3… Ojo, hay que especificar que la quieres fría.
Momento de la comida con una variada selección de platos cameruneses. En carnes triunfa el pollo, como en otros países africanos. Lo que tengo a mi derecha es tô, una masa blanca que ya había probado en su versión burkinabesa.
Ndole con pescado ahumado, unos trozos de ternera y unos gurruños que no recuerdo de qué estaban hechos… muy bueno a pesar de su aspecto.
¿Se puede beber agua no embotellada en África sin riesgos? Esta «surgencia» viene de un depósito que toma directamente el agua del Monte Camerún por encima de las áreas antropizadas.

Algo más de naturaleza y campo

Es indescriptible la energía que tiene la naturaleza aquí. El fértil suelo volcánico y la abundancia de agua hacen difícil creer que la hambruna de Biafra pasó a sólo unos pocos kilómetros de aquí. En cuanto a animales, no he podido ver ninguno en estado salvaje mayor que la palma de la mano… la estación de lluvias parece ser desfavorable.

Incluso visitar unos aseos públicos puede tener un cierto componente bucólico.
Nidos con forma de bolsa, ocupados por unos pájaros amarillos bastante escandalosos que no he conseguido fotografiar de cerca.
Lagarto agama en el campus de la universidad.
El cocodrilo del Nilo es una especie presente en los ríos de Camerún, pero éste está fotografiado en Limbe Wildlife Centre.
Caracola terrestre de grandes dimensiones en Limbe.
La mimosa es una planta habitual en Buea.
Gran variedad de plantas epífitas creciendo sobre la corteza de un árbol en el campus de la Universidad de Buea.
Cerro compuesto de materiales piroclásticos en Limbe… apenas vi rocas no volcánicas durante todo el viaje.
Roca del Monte Camerún, saturada de cristales de olivino (verde) y piroxeno (negro).
Plantación de palma (al fondo), la del denostado aceite, en la provincia de Limbe.
Detalle de una plantación de palma.
Papayas, en el campus de la Universidad de Buea.
Cocos, en un cocotero obviamente, en Limbe.
Cacao en las inmediaciones de Buea, foto por cortesía del guía John.
Enormes árboles de mango cerca de la costa en Limbe.
Reses pastando cerca de un maizal, con el pastor atento de que no entren en él.
Lamentablemente no pude tomar mejores fotos de esta raza de vacas con grandes cuernos.

Un poco sobre el viaje

El vuelo fue con Royal Air Maroc desde Madrid, con escala en Casablanca. Esto puede parecer trivial, pero en una ocasión anterior un cambio de horario de un vuelo me hizo pasar una noche en Casablanca, como a los Hermanos Marx. Tras una larga espera, una considerable incertidumbre (es posible que el fallo de Windows que afectó a los aeropuertos a escala mundial tuviera algo que ver) y algo de retraso, se produjo el embarque para Douala. El transporte desde Douala hasta Buea corrió a cargo de Kingsley, estudiante de Cyrille Nana y posiblemente el mejor conductor de África. A pesar de eso, nadie está libre de contratiempos…

Volando sobre el desierto.
Comité de bienvenida en el aeropuerto de Douala: Jake, Kingsley y Franck, a quienes estoy muy agradecido por su compañía y explicaciones sobre Camerún.
Antes de salir de Douala, el coche de Kingsley sufrió un reventón… el exceso de peso y estado de la carretera contribuyeron.
… por lo que al día siguiente, pasamos a reponer el neumático dañado.
Repostando en una improvisada gasolinera de Limbe.
Me encanta el «motto» de la Universidad Católica de Buea… en algún sitio tenía que poner esta foto 🙂
Comienzo de la larga espera en el aeropuerto de Douala, antes de mi regreso.

Epílogo

Con esto llego al final del relato de un viaje breve pero intenso. Para no recargar demasiado el post y aburrir a los lectores que aún me siguen, he dejado fuera muchas de las fotos que hice. Espero seguir volviendo por África y contándolo aquí, pero no será muy pronto. Antes tenemos por delante un mes de agosto en el que cargar las pilas y hacer otras muchas cosas…

¡Felices vacaciones de verano!

Escapada a León

Con el recuerdo todavía muy reciente, os contaré nuestra escapada a León. Para ser exactos, no la ciudad sino cierta parte al norte de la provincia, en plena Cordillera Cantábrica, muy interesante por sus valores naturales y, como es de esperar en este blog, por sus minerales. Se trata de la comarca de Los Argüellos, concretamente de la zona alrededor de Cármenes. Además, este es el viaje más largo que hemos realizado con el pequeñín desde que estuvimos en Ricla, toda una proeza 🙂

Los Argüellos

Los Argüellos es una comarca histórica del Reino de León, que se superpone, aunque no coincide, con la Reserva de la Biosfera del mismo nombre. A efectos históricos y oficiales, la capital de Los Argüellos es Cármenes, si bien Villamanín tiene mayor población. Esta comarca puede parecer un lugar remoto, pero se encuentra en una ruta natural de la Meseta a Asturias. Particularmente, si se regresa de Oviedo por tierra, basta desviarse un poco por la antigua carretera nacional y después de cruzar el Puerto de Pajares se llega enseguida a Villamanín.

Paisaje de Los Argüellos: vista desde la mina La Profunda.
Iglesia de Cármenes, construida en caliza de montaña.

El marco es espectacular: imponentes montañas de cimas rocosas, valles con verdes pastos y manchas de bosque caducifolio. En lo que respecta a fauna, quizás lo más interesante es que es una zona de paso eventual de osos pardos. Por suerte, la mayor parte de las bestias que uno se tropieza son caballos y vacas. También hay ovejas y cabras, con las que se elabora una de las especialidades de la comarca, la cecina de chivo.

Panel informativo sobre la Reserva de de Biosfera de Los Argüellos.
Grupo de caballos en las inmediaciones de la mina La Profunda.
Camino de la mina La Profunda y reses curioseando.

En los Argüellos hay algunos lugares de interés geológico. Destaca la cueva de Valporquero (que no visitamos en esta ocasión por las limitaciones para el bebé) y las hoces de Vegacervera. Precisamente la carretera de Vegacervera a Cármenes pasa por las hoces que ha abierto el río Torío. Siguiendo esta misma carretera, no muy lejos al sur de Vegacervera, en Matallana de Torío, pero ya fuera de Los Argüellos, se pueden ver restos de la minería del carbón.

Panel informativo en las hoces de Vegacervera.
El río Torío pasando por las hoces de Vegacervera.
La calera de Felmín, en muy buen estado de conservación.

La roca omnipresente es la caliza de montaña carbonífera (que ya he mencionado anteriormente en este artículo), principalmente gris aunque también la hay roja. Se puede observar con facilidad algunos fósiles, típicamente crinoideos, pero también moluscos y corales.

Caliza de montaña carbonífera mostrado restos fósiles.

Mina La Profunda

Las escombreras de la mina La Profunda son visibles desde la carretera Cármenes-Villamanín. Sin embargo, no es recomendable acceder por la vía más corta, ya que hay alambradas y riachuelos, además de ortigas arborescentes si se va en verano, por si no hubiera suficiente con los tábanos. Desde la Collada de Cármenes sube una pista que permite acceder a las escombreras desde arriba. La Profunda es una mina de cobre que se ha explotado desde la Prehistoria, como atestiguan los abundantes restos arqueológicos que se han recuperado.

La Collada de Cármenes, el lugar más adecuado para acceder a la mina La Profunda. Allí está la divisoria de aguas entre los ríos Torío y Bernesga.

La Profunda es rica en sulfuros de cobre y productos de su alteración, pero además están presentes otros elementos como el cobalto, el arsénico, el níquel e incluso el uranio (ver este artículo). La entrada principal a la mina parece una inmensa cueva y merece la pena visitarla, si bien el escombro contiguo a esta parte más alta del yacimiento es pobre en minerales.

Entrada principal de la mina La Profunda.

En la varias visitas que he hecho a esta mina (tres, contando ésta) siempre he tenido la sensación de que se desperdiciaban grandes trozos de mineral en las escombreras, así que me dediqué a recorrerlas de arriba abajo y viceversa. Los sulfuros más frecuentes son la bornita, la digenita (prácticamente un polimorfo de la calcosina) y algo de calcopirita, además de los productos de alteración, entre los que el cobalto se hace más patente.

Vista de las escombreras de La Profunda desde el riachuelo. La mina principal es la mancha oscura entre los peñascos, hacia la izquierda.
Mezcla de sulfuros parcialmente alterados. Es reconocible la calcopirita, aunque contiene mineral primario de cobalto sin identificar, posible skutterudita, delatado por las alteraciones en eritrina.
Bornita, sulfuro de cobre y hierro de color bronce, que se oscurece con una pátina iridiscente, si bien después de muchos años a la intemperie la pátina se vuelve mate.
Digenita, sulfuro de cobre de composición similar a la calcosina. Este mineral recibió durante algún tiempo el nombre de carmenita por aparecer en Cármenes.

Aparte de sulfuros, incluyo algunos minerales de alteración.

Eritrina, arseniato de cobalto, detalle de la primera pieza mostrada en esta sección.
Cobaltocalcita, una calcita teñida por sales de cobalto.
Formación «muñequito» de azurita y malaquita.

Mina La Divina Providencia

Durante algunos años, una pedanía de Villamanín fue más famosa que la propia villa leonesa. Se trata de Rodiezmo, a tres kilómetros de la primera, donde desde 1979 hasta 2012 se celebraba, a comienzos de cada septiembre, una gran fiesta de la UGT y del PSOE, con motivo del alto predicamento que estas organizaciones tenían en el sector minero del carbón asturleonés. Ahora que no hay mineros, con la clase proletaria «externalizada» y una coalición en el gobierno de la nación que abjura de la explotación de los recursos del subsuelo, especialmente combustibles fósiles, la fiesta de Rodiezmo no tendría ningún sentido hoy día.

Sorprendente indicación para llegar a la mina… casi lloro de la emoción.

Pero Villamanín es también un lugar conocido entre los mineralogistas porque da nombre a un mineral bastante exclusivo: la villamaninita, un sulfuro complejo de hierro, cobre, cobalto y níquel. No deja de ser curioso que se tomase Villamanín como indicación geográfica, estando la mina en el municipio de Cármenes. Quizás fuese porque Cármenes le dio transitoriamente el nombre a otro mineral que, al final, resultó ser digenita. La villamaninita aparece casi exclusivamente en la mina Divina Providencia, un lugar relativamente escondido en las montañas.

Ruinas de las instalaciones de la mina Divina Providencia.

Así que el principal objetivo del día era dar con la villamaninita. La pista forestal parte de Villanueva de Pontedo. Tras dejar el coche donde la pista se cruza con el arroyo de la Mina, comienzo la subida por un sendero que discurre paralelo a éste, aunque con el deshielo, en algunos tramos el sendero era más bien arroyo. La mina y sus escombreras limitaban con las nieves. Imagino que de haber llegado una semana antes me lo hubiera encontrado todo cubierto con un blanco manto. Podía sentirme afortunado, aunque el tiempo en la montaña no fuese particularmente agradable.

Una de los accesos a la mina Divina Providencia, con un nevera en la entrada.

Las abundantes escorias delatan que, durante algún periodo de la explotación, se realizó la fundición del mineral allí mismo. Reviso varias de las bocaminas y cerca de una de ellas puede verse un acopio de mineral con abundante villamaninita en forma de pequeños granos incrustados en dolomía. La alteración del sulfuro ha cementado el acopio y las muestras del mineral no parecen ser particularmente buenas.

Acopio de mineral con villamaninita.

Al final, tras revisar escombreras y el arroyo, reúno una pequeña selección de lo que me parece más significativo. El cobalto se hace evidente en forma de pequeñas inclusiones de eritrina, aunque ninguna que merezca la pena. Entre las muestras de villamaninita que recojo las hay con diferentes grados de alteración. La mayor parte de la villamaninita aparece en formaciones botroidales de estructura radiada y capas, pero en algunos granos se perciben caras de cristalización.

Pieza típica de villamaninita poco alterada: inclusiones granulares arriba a la derecha, filoncillo de dolomita, y villamaninita masiva mezclada con la dolomía oscura abajo a la derecha.
Otra muestra típica de villamaninita, algo más alterada. Los alveolos vacíos contenían mineral, pero lo han perdido. La pieza todavía lleva una buena cantidad de villamaninita en su interior, pero no tengo intención de partirla.
Villamaninita en formación arriñonada en una foto ampliada.

Al margen de la villamaninita, la pieza más interesante que encontré allí es una mezcla de sulfuros con textura de «mortadela». Pirita, calcopirita y calcosina son reconocibles, pero imagino que la pieza llevará también una cierta cantidad de cobalto y níquel.

«Mortadela» de sulfuros de Divina Providencia.

El viaje: anécdotas y pormenores

No hay que olvidar que viajamos con un bebé de siete meses, por eso Kaváfis ha estado más presente que nunca durante estos días: dos noches en Toledo a la ida y una noche en Ávila a la vuelta. Pero de estas dos ciudades extraordinarias hablaremos en otra ocasión… La mayor parte del tiempo estuvimos hospedados en Vegacervera, en un pequeño apartamento de un complejo rural que no tenía demasiados visitantes en esta época del año. Las temperaturas en la calle provocaron que la estufa de pellets estuviese funcionando casi de modo continuo.

Vegacervera.
Complejo rural «Fuentes Blancas» en Vegacervera.

Los caminos para acceder a los yacimientos están en general en buenas condiciones, pero con el deshielo hay mucho barro y en algunos puntos hay peligro de deslizar y/o quedar atascado. Circular con un buen todoterreno es más que recomendable. Habitualmente hay cancelas en los caminos con la finalidad de que no se escapen las reses, no para impedir el paso de personas o vehículos. Es una secuela de la Edad Media que, lamentablemente, no disfrutamos en el sur de España: en el norte los montes son comunales, que no hay que confundir con públicos (la titularidad es de los vecinos, no institucional). Compárese esta situación con, por ejemplo, la umbría de Carrascoy que es prácticamente inaccesible porque está cercada con las vallas de los latifundios que la rodean.

Pista forestal embarrada.
Toyota Land Cruiser HDJ 80, inseparable compañero de fatigas.
Rudimentaria cancela, que hay que dejar exactamente igual cada vez que se pase.

Para acabar hablaremos un poco de los aspectos culturales. La ciudad de León no queda lejos de Vegacervera por lo que pudimos hacer una visita tan rápida como incompleta. En cuanto a gastronomía, en Los Argüellos lo normal es que la comida de los restaurantes consista en recetas caseras y cantidades abundantes, si bien, siendo temporada baja, no hay muchas opciones para elegir.

Catedral de León… Gótico de libro.

Pero lo más curioso, gastronómicamente hablando, nos ocurrió dejando la provincia de León. Llegando a Benavente, pensamos que para comer sería mejor dejar la autovía y buscar un lugar en la población que fuera, al menos, un poco mejor que lo que suele ofrecer un área de servicio. Tere me dice que ha encontrado un restaurante con buenas referencias en Google y decidimos comer allí sin pensarlo dos veces. Tras varios kilómetros por caminos inverosímiles, desembocamos en una finca. Tras la valla, un caserón antiguo con una capilla o ermita, y el parking, lleno de vehículos de alta gama: parece que hemos llegado al restaurante 😕 Una estrella Michelín en la puerta no nos intimida lo suficiente como para dar la vuelta y los empleados se desviven por encontrarnos una mesa junto a la que poder colocar el carrito del bebé.

Restaurante «El Ermitaño», en Benavente.
Uno de los platos que nos sirvieron.

En algún momento del regreso, uno empieza a ser consciente de que el viaje se acaba. Al sur de Madrid fue necesario usar el aire acondicionado del coche y, a medida que nos acercábamos hacia Murcia, se hacía patente en el cielo una calima cargada de polvo sahariano.

¡Vamos a echar mucho de menos la montaña leonesa!

Área de servicio en Tobarra, con la calima al fondo.
Foto de familia durante el viaje.

Minerales de verano

Por primera vez en muchos años, este verano Tere y yo no nos hemos lanzado como locos a hacer miles de kilómetros buscando sitios nuevos, y más frescos que nuestra región. Una buena parte de las vacaciones las pasamos en Mazarrón, así que ha sido por esa zona donde he echado más horas de campo. Debo decir también que ha sido una exploración un poco desigual porque me he concentrado más en los minerales volcánicos, pero no lo suficiente como darle ese título al post (me reservo la idea para más adelante). Estos son mis minerales de verano 2023… si os gusta, haré los del 2022, que fue una campaña interesante.

Vista del Mediterráneo desde la mina de Bolnuevo.

Por la zona, la mayor parte de lo que pondré aquí ya fue tratado en Minerales de Mazarrón, pero algunos de los ejemplares conseguidos de este verano son mejores que los que ya tenía. También doy cuenta de un pequeño escarceo fuera de la Región de Murcia, a pesar de que fue escasamente productivo.

Entre andesitas y dacitas

Las coladas de andesita y dacita producto del vulcanismo neógeno ocupan kilómetros del término municipal de Mazarrón. En algunas zonas se pueden observar formaciones típicas como la disyunción columnar o grandes extensiones de coladas dando lugar a un terreno muy irregular llamadas malpaís.

Disyunción columnar en dacitas. Foto de Luis Arrufat.
El autor caminando sobre un malpaís en dacitas. Foto de Luis Arrufat.
Caralluma europaea, un pequeño cactus que crece sobre las andesitas y dacitas.

Entre los minerales accesorios destacan la andalucita, sillimanita, cordierita, sanidina, almandino, cuarzo y biotita. Estos minerales pueden aparecer en la propia roca volcánica, pero los mejores ejemplares están ligados a xenolitos, que son fragmentos de roca preexistente digeridos por el magma durante su ascensión. La distribución de los minerales es bastante desigual, así que es importante prospectar terrenos nuevos en busca de posibles sorpresas.

Cristales de andalucita, tal como aparecen en el campo.

Tuve la fortuna de descubrir una nueva zona excelente para la andalucita (aviso de que no es la que aparece en las dos primeras fotos). Por los lugares donde he buscado este mineral desde hace años era frecuente que los cristales mejor acabados fueran, en realidad, pseudomorfos, es decir, la andalucita se ha transformado en sillimanita, que tiene la misma composición pero cristaliza en fibras.

Masa fibrosa de sillimanita con granate.

En el nuevo yacimiento, la andalucita destaca por el tamaño y calidad de los cristales, aunque las caras son mates en general (no se puede tener todo). Las pseudomorfosis mencionadas antes son un poco menos abundantes, aunque hay también bastante sillimanita. Además, he vuelto a encontrarme allí con la andalucita verde, que no veía desde hace décadas.

Prisma cuadrangular de andalucita.
Agregado de cristales prismáticos de andalucita en forma de ramillete, con biotita. Esta pieza representa a la andalucita en mi colección actualmente.
Granate almandino sobre sillimanita masiva.

Volcanes de Tallante

También vulcanismo neógeno, algo más reciente, pero de composición y aspecto muy diferentes a las andesitas/dacitas de Mazarrón, son los basaltos que afloran en los Cabezos Negros de Tallante (técnicamente Cartagena, pero muy cerca de Mazarrón). La erosión hace que la lava libere algunos minerales en las inmediaciones de los antiguos volcanes. La roca volcánica es también responsable de un endemismo: el garbancillo de Tallante.

Panel informativo frente al mayor de los Cabezos Negros.

La visita merece la pena aunque no se tenga mucha afición a la Geología o al campo. A pesar de los millones de años transcurridos desde la última erupción (2,6 Ma), es posible observar restos variados del vulcanismo, tales como cenizas y bombas volcánicas. Éstas últimas demuestran que la erupciones fueron bastante violentas. Las lavas esponjosas, muy abundantes por los alrededores, no llegan a piedra pómez, pero han sido usadas tradicionalmente por su capacidad abrasiva.

Capas de cenizas volcánicas.
Bomba volcánica de considerable tamaño, con su forma típica de balón de rugby y estructura en capas concéntricas.

El basalto de Tallante arrastra xenolitos de rocas del manto, compuestos de olivino y hornblenda basáltica. Los mejores cristales, refiriéndome ahora a hornblenda y plagioclasa, aparecen embutidos en la masa basáltica, siendo la erosión nuestro mejor aliado para encontrarlos. El olivino, de momento no aparece en cristales, pero algunos de los xenolitos contienen granos de buen tamaño y color.

Masa de olivino en una brecha volcánica de Tallante.
Olivino masivo mostrando el grosor que llega a alcanzar el grano del mineral.
Cristal de hornblenda completo, una maravilla.
Otro cristal de hornblenda de gran perfección.
Cristal en matriz, para que pueda ser apreciado también por los «vitrinólogos».

Una de las sorpresas que ofrece el basalto de Tallante es la presencia de un feldespato más o menos transparente, aunque también lo hay blanco. Lo hemos clasificado dentro de la familia de las plagioclasas por la presencia de maclas polisintéticas, pero no podemos precisar su composición química exacta, si bien Arana et al. identifican el feldespato de Tallante principalmente como anortita, pero no descarto la albita, que produce piedras de luna.

Cristal de feldespato de considerable tamaño para lo que es habitual en los Cabezos Negros.
Cristal al trasluz mostrando la estructura polisintética como planos paralelos.
Fragmento redondeado de feldespato mostrando irisaciones tipo «piedra de luna». La pieza está mojada para compensar la imperfección de la superficie.
Tapizado verde de un mineral sin identificar sobre un xenolito de esquisto, «cocinado» en el basalto.

La mina de Bolnuevo

Frente a la playa de Bolnuevo, en la Sierra de las Moreras, hay una pequeña mina de cobre. Por la escasa ley de los minerales cobrizos, principalmente impregnaciones de crisocola, un silicato de cobre, es dudoso que la mina fuera alguna vez rentable. Mi hipótesis, a falta de información sobre la mina, es que los mineros trabajaran durante años buscando un filón de más rico en profundidad que no encontraron. Eso explicaría la magnitud de las labores y las dimensiones de la escombrera.

Sierra de las Moreras, con las Gredas de Bolnuevo en primer plano. Arriba se encuentra la mina de Bolnuevo distinguible por su terrera aislada.
La terrera de la mina de Bolnuevo, desde el camino de acceso.

Merece la pena el paseo hasta la mina para disfrutar del paisaje. Se puede usar en la aproximación la red de caminos que hizo con el propósito de urbanizar la ladera de la sierra, que afortunadamente no fue a más. Las últimas decenas de metros hasta la entrada principal son más complicadas debido a la desaparición del antiguo camino de los mineros.

Vista de la costa desde la entrada principal de la mina.

Las galerías son bastante seguras por la calidad de la roca alpujárride que atraviesan. Sin embargo, no puedo recomendar el adentrarse en la mina si no se hace en las condiciones adecuadas y acompañado de algún experto. Los mismos minerales que existen dentro de la mina pueden verse en las rocas de la escombrera exterior.

Galería con muro de refuerzo en piedra seca.
Mineralizaciones de secundarios de cobre, principalmente crisocola.
Roca con recubrimiento de crisocola.

Una escapada a Finestrat

Al comienzo de las vacaciones, Tere y yo nos fuimos a pasar unos días a Finestrat, un pequeño pueblo alicantino que, aunque está prácticamente pegado a Benidorm, vive al margen del bullicio de la playa. La geología alrededor del pueblo es espectacular, pero decidí limitarme a recorrer afloramientos del Keuper, que no requieren tanto esfuerzo físico en los calurosos días de verano.

El Puig Campana preside el pequeño pueblo de Finestrat.

En el mapa geológico, en el centro del mayor afloramiento de Keuper destaca una potente intrusión ofítica, que fue explotada por una cantera que da la impresión de llevar unos cuantos años abandonada.

Instalaciones abandonadas en una cantera de «pórfidos».
Roca ofítica con filoncillos de mineral.

Tras invertir un buen rato en la cantera y sin ver nada que me gustase, me cambié a los minerales de los yesos. No resulta difícil encontrar jacintos de Compostela y teruelitas, aunque de tamaño bastante limitado. Pero lo que más me alegró fue constatar la presencia de yesos magnéticos (yeso con alto contenido de magnetita que le proporciona magnetismo y color oscuro) como en el Keuper de Ulea.

Jacinto de Compostela, nombre tradicional que recibe el cuarzo rojo sangre del Keuper.
Yeso magnético.
Espectacular paisaje.

Alrededor de Cartagena

Más allá de Tallante, en dirección hacia Cartagena, está La Aljorra, cuyo volcán ha proporcionado minerales raros en pequeñas cantidades. La roca eruptiva de aquí ha sido clasificada como lamproíta, mineralógicamente diferente del basalto, a pesar de su apariencia bastante similar.

Rocas y maleza en el volcán de La Aljorra.

El mineral más evidente en la escala macroscópica es el ópalo. En su forma masiva, hay indicios de su uso como materia prima para industria lítica prehistórica. Hay bellos ejemplares de ópalo hialino en bolitas tapizando geodas.

Ópalo hialino.

Otra escapada hacia Cartagena, esta vez con mi amigo Manolo Morales, tuvo por objeto la visita de algunos lugares de la Sierra Minera. Notablemente, la playa del Gorguel, antes de comernos un buen caldero en Portmán. Lamentablemente no puedo mencionar muchos minerales de aquel paseo: la mala suerte y el calor se aliaron en nuestra contra.

Argiope lobata, araña muy corriente por estas tierras.
Puente en el camino a la playa del Gorguel: primero se pasa por encima y luego por debajo.
Playa del Gorguel, con su «arena pesada»… explicación en el siguiente vídeo.

Sin que sirva de precedente, me ha parecido oportuno incluir un vídeo demostrando el contenido en magnetita de la arena del Gorguel (grabado por Manolo Morales).

Si no funciona el audio, pulsar aquí.

Retorno a San Cristóbal

En veranos anteriores dediqué mucho tiempo a recorrer el coto de San Cristóbal y los Perules, llegando a recoger buenas muestras de las menas explotadas. Pero después de muchos paseos sin encontrar nada nuevo, salvo picaduras de avispa, dejé de lado el viejo coto minero… Hasta que los últimos días de agosto y con el regreso inminente a Murcia, quise disfrutar una vez más de ese paisaje fantasmagórico que forma parte de mi pasado y buscar rincones que no hubiera pisado antes.

Ruinas de las instalaciones de la mina San Antonio.
La mina San Antonio, cuando se encontraba en funcionamiento, tomada de una exposición de fotografías antiguas en el Puerto de Mazarrón.

En las inmediaciones de una de las minas que menos había visitado encontré una relativa abundancia de cuarzo, aunque de pequeño tamaño. Más curioso me resultó encontrar una pieza compuesta de bandas de blenda y siderita.

Drusa de cristales de cuarzo con siderita limonitizada.
Alternancia de franjas de blenda (oscura) y siderita (clara) con cuarzo (más claro).
Galena de Mazarrón… no es un mineral de este verano, pero tenía que incluirla.
Balsa de estériles totalmente consolidada por el tiempo y las reacciones químicas de los minerales… pero las autoridades, que son más sabias que nosotros, ven en ella una amenaza.

¡Hasta el próximo verano!

Hasta aquí llega mi crónica de los minerales de verano… esperemos que el otoño nos traiga el frío y buenas piedras.

Out of Africa

Hablar de África, en su generalidad, con motivo de un viaje breve y limitado a Angola sería tan injusto como no reconocer que lo que más me ha gustado de este país es transversal a todo el continente, o por lo menos, a su parte subsahariana. Entre las capitales de Angola (Luanda) y Burkina Faso (Ougadougou) hay más kilómetros de distancia que entre Murcia y Moscú, sin embargo, entre ambos países africanos pueden encontrar muchas más similitudes que diferencias. Out of Africa es una referencia cinematográfica (Memorias de África, en español) pero también un término científico que nos recuerda que la humanidad surgió en África y comenzó su expansión hace alrededor de 2 Ma. Por eso más que viajar a África, lo que hago es regresar a ella.

África es también el continente del color: sus paisajes sobrecogedores, sus mercados de productos frescos o artesanía, y sus gentes, sobre todo mujeres, envueltas en telas estampadas de llamativos colores… Hace algún tiempo traté de mostrar todas esas impresiones en un post fotográfico sobre Burkina Faso. Ahora, que acabo de regresar de Angola, que tengo los recuerdos recientes y el móvil repleto de fotos no puedo hacer otra cosa que dedicarle este espacio.

Angola

El séptimo país en extensión de África es, sin duda, uno de los más desconocidos del continente. La guía Lonely Planet de África dedica apenas cuatro de sus más de mil páginas a un país cuya extensión viene a ser como dos veces España más el Reino Unido. Angola nunca ha sido un destino tradicional para los turistas, ni conseguirlo tampoco parece que sea una prioridad del gobierno angoleño (una excepción es la agilización del trámite del visado turístico puesta en marcha este año). La relativamente reciente guerra (hasta 2002) que ha dejado un buen número de minas antipersonas aún sin localizar y que la bandera nacional ostente un gran machete acanalado, seguramente no incitan a visitar el país por gusto.

Bandera de la República de Angola.

No obstante, Angola recibe muchos visitantes de Portugal y Brasil, con los que comparte el idioma. Hay también hay bastantes cubanos por asuntos de cooperación que se remontan varias décadas atrás, y gente de negocios de todo el mundo atraída por los diamantes y el petróleo. Al contrario que en Bobo-Dioulasso, donde todos los blancos nos habíamos visto las caras a los tres días de estar en la ciudad, las ciudades angoleñas acogen bastantes extranjeros. Eso facilita, por ejemplo, que sea fácil cambiar divisas en las calles de Luanda.

Mapa de Angola en la guía de África de Lonely Planet (2017).
Billetes de kwanzas, con António Agostinho Neto, fundador de la República de Angola, y dos paisajes que serán explicados más adelante.

Luanda

Luanda es una ciudad de dos millones y medio de habitantes. Como la mayor parte de las casas son de planta baja ocupa una gran extensión en la que apenas hay avenidas que alivien el denso tráfico rodado. Los rascacielos y edificios más modernos se agolpan junto a la bahía. Entre ellos quedan construcciones de época colonial, así como edificios de un periodo de desarrollismo de las décadas de los 70 y 80 del siglo pasado en estado muy variable de conservación.

Bahía de Luanda vista desde el puerto.
El centro de Luanda presenta el aspecto típico de cualquier cuidad moderna.
Vista del paseo de la bahía, desde la explanada del Museo de la Moneda, con el Banco Nacional al fondo, edificio de época colonial.

Junto a la bahía discurre la Avenida 4 de Fevereiro, fecha que conmemora el comienzo en 1961 de la guerra de independencia de Portugal, y que se consumó finalmente en 1975. De los tiempos coloniales quedan edificios notables, como la Fortaleza de São Miguel y el Banco Nacional de Angola. Sin embargo, las casitas de una o dos plantas de techos altos y fachadas coloreadas parecen condenadas a desaparecer.

Las construcciones modernas van devorando las casas de época colonial como si no hubiera un plan para conservar un núcleo histórico.
Fortaleza de São Miguel, ciudadela portuguesa que se eleva sobre un promontorio frente al mar.

Ilha de Luanda

Paralela a la costa continental hay una franja de arena mayormente construida, al estilo de La Manga murciana, unida al continente por un istmo donde se ubica la Fortaleza de São Miguel. Esta barra litoral, conocida como la Ilha de Luanda, configura al norte la bahía de Luanda y le da protección al puerto comercial. Hacia el sur deja una angosta ría de la que hablaremos después.

Vista de la Ihla de Luanda desde la ventana del apartamento donde me alojé en mi visita. En plena bahía, bote de pescadores echando las redes.
Cartel dando la bienvenida a la Ilha de Luanda.

En la parte continental de la bahía de Luanda no hay playas: la costa tiene un talud protegido con hormigón. Las mejores playas son las que dan al Atlántico desde la Ilha.

Olas llegando a la playa de la Ilha de Luanda.
Momia de pez globo en la arena de la playa.
Otra vista de la playa.

Otro de los alicientes de la Ilha de Luanda son los muchos restaurantes y locales de ocio… como digo, el paralelismo con La Manga es total.

Restaurante en Ilha de Luanda, donde mis amigos angoleños me llevaron a comer pescado fresco.

¿Otra Luanda?

Al contrario de las ciudades europeas, donde los suburbios se ubican en zonas marginales, en Luanda los suburbios están distribuidos de manera bastante uniforme también en el centro de la ciudad. Es frecuente ver como edificios modernos y lujosos conviven con zonas de chabolas. Quizás esta configuración, más que falta de planificación urbanística, revele el poco clasismo que pude apreciar el la sociedad angoleña: por ejemplo, me pareció que las diferencias de etnia podían ser para ellos más evidentes que las diferencias económicas.

Vista trasera de los edificios que dan a la bahía, mostrando un barrio bastante descuidado.
Grafiti en un edificio condenado a desaparecer en poco tiempo… obsérvese como en el solar a la derecha se construye un rascacielos.
Calle en un barrio que limita con la ría, al sur de la Fortaleza de São Miguel.
Fin, o comienzo, de la ría de la parte sur de la Ilha. Al frente, un atajo hacia las playas que dan a mar abierto.
Arte urbano con reminiscencias tribales en el barrio al sur de la Fortaleza.

Lubango y sus alrededores

Lubango es la segunda ciudad de Angola en cuanto a población. Se ubica al sur del país, en un valle de la meseta angoleña. Gracias a su altitud y latitud, el invierno es más marcado allí que en Luanda. La ciudad está presidida por una montaña en la que destaca la imagen de Cristo Rei.

Una de las iglesias de Lubango en domingo.
Colina sobre la que se alza la estatua del Cristo Rei y un cartel con el nombre de la ciudad.
Vista de la ciudad desde el mirador del Cristo Rei.
Cristo Rei, propiamente dicho.
Niños jugando con un «esquema» de camión hecho de alambres y deshechos.

Cañón de Tundavala

Uno de los atractivos más famosos de Lubango es el cañón de Tundavala, que se encuentra a unos pocos kilómetros de la ciudad. Es una hendidura de más de 1000 metros en la meseta angoleña, siendo el desnivel con el fondo del valle aún mayor. En el viaje en coche se pueden apreciar varios tipos de paisajes.

Paisaje durante el camino al cañón de Tundavala.
Parte superior del cañón de Tundavala. Las malas condiciones de luz no me permitieron hacer buenas fotos incluyendo el fondo.
Vista de la meseta y el valle que conduce a Lubango.
Niñas de una de las tribus que habitan la zona esperando a los turistas cerca del mirador de Tundavala.
Paisaje desde la meseta.

Hacia Namibe

La ciudad de Namibe comparte etimología con el país al sur de Angola, Namibia. No es por casualidad, sino por el desierto que se extiende desde allí hacia el sur y del que Namibia se lleva la mayor parte y, en cierto modo, la fama. Uno de los highlights del recorrido es la carretera que salva el desnivel de la Serra da Leba: más de 1000 metros en unos pocos kilómetros de angostas curvas.

Recién salidos de Lubango, tras ascender la meseta.
Venta de plantas junto a la carretera.
Comienzo del descenso de la meseta.
Imagen tomada de Internet que muestra la carretera.

A lo largo del recorrido resulta fácil seguir los cambios en la vegetación, y a una altitud que no podría precisar comienzan a aparecer los primeros baobabs, con su extraña silueta. En Angola, al baobab se le llama imbondeiro y a su fruto múcua, del que se extrae un zumo rico en vitamina C y de sabor tan extraño como el árbol.

El primer baobab que observé durante el descenso. Después se harían muy frecuentes.
Baobab relativamente cerca de la carretera…
… un poco más adelante un puesto de artesanía.
Uno de los últimos baobabs de la ruta, cuando el terreno comienza a ser demasiado hostil para el gigante africano.

Cuando el suelo se vuelve arenoso y demasiado árido desaparecen los baobabs, y la vegetación comienza una suave transición hacia el desierto: los árboles van perdiendo altura progresivamente hasta que se convierten en arbustos. En este biotopo habitan tribus de pastores y en algunos de los puestos junto a la carretera venden leche de cebra. Me dicen mis anfitriones que no me fíe porque la rebajan con agua de dudosa procedencia.

Uno de los varios controles de carretera que tuvimos que pasar.
«Estación de servicio».
Mujeres de una tribu llevando, posiblemente, agua.
Construcciones en madera y paja de un poblado, al atardecer.

Durante este recorrido hicimos numerosas paradas para comprobar las rocas del suelo, sobre todo, por la posibilidad de que la meteorización de los granitos hubiera liberado algún mineral interesante. A medida que nos acercamos a Namibe, los granitos son sustituidos por materiales sedimentarios.

Toyota Hilux en el que hicimos el viaje entre Lubango y Namibe.
Después de revisar los terrenos sedimentarios a pocos kilómetros de Namibe.

Color, mar y desierto

La ciudad de Namibe se ve mucho más tranquila que Luanda y Lubango. Los edificios de época colonial con sus coloreadas fachadas contribuyen al encanto de este enclave costero. Hacia el sur de Namibe se extiende el desierto del Namib unos 2000 kilómetros, de los cuales 200 pertenecen a Angola. El desierto del Namib está considerado el más antiguo del mundo: ya era desierto antes de la extinción de los dinosaurios y de la llegada de Tom Bombadil.

Por las calles de Namibe.
Fachadas pintadas de vivos y variados colores en Namibe.
La playa de Namibe.
Niños jugando en un embarcadero de la playa de Namibe.

La ciudad de Namibe está propiamente rodeada de desierto, cuya monotonía queda rota por pequeñas áreas de cultivos que destacan como oasis. Hay que recorrer unos cuantos kilómetros por la carretera hacia el sur para ver uno de sus más extraños habitantes: la Welwitschia mirabilis. Esta planta tiene un grueso tronco, totalmente hundido en el suelo, del que salen dos hojas, normalmente fragmentadas en varios trozos cada una, que crecen lentamente durante siglos. Se estima que hay individuos con más de 2000 años, convirtiendo a la welwitschia en uno de los seres vivos más longevos del planeta.

Los cultivos cerca de Namibe son verdaderos oasis.
Vista del desierto desde la carretera hacia el sur.
Arbusto del desierto con su característica silueta.
Welwitschia mirabilis, la extraña planta única en su género que sólo crece en este desierto.
El tronco de la welwitschia es sorprendentemente grueso y robusto. Surgiendo de la arena me recuerda a los gusanos de Dune.
Río de arena en el desierto del Namib.
Tareas de mantenimiento del Hilux.
Paisaje con luna, durante el regreso a Lubango.

Miscelánea

Hay muchos aspectos de la vida cotidiana de los días que pasé en Angola que no he contado en las secciones anteriores. Para empezar, los hoteles en Luanda son terriblemente caros. Siguiendo indicaciones de un colega que había viajado anteriormente, alquilé un mucho más asequible apartamento el la Avenida 4 de Fevereiro. La ventana daba a la bahía, permitiéndome observar los atardeceres sobre la Ilha de Luanda.

Atardecer sobre «La Manga» de Luanda.

Pero la vida en un apartamento tampo es sencilla. El edificio tenía escaso mantenimiento y el sistema de agua corriente dependía de depósitos con bombas automáticas situados frente a cada apartamento para asegurar el suministro. Naturalmente, si se va la luz tampoco hay agua. Por otra parte, algo incorrecto debía de haber en la instalación porque recibía pequeños calambres cada vez que me duchaba.

Pasillo de acceso a mi apartamento. Nótense los depósitos de 500 litros a la izquierda (el verde era el mío) y un grupo electrógeno (de otro apartamento) a la derecha.

Comida

Batatas, yuca, feijão (alubias) y una masa llamada funge (que me recordó al de Burkina Faso) constituyen los principales acompañamientos. En los restaurantes suelen mostrar los productos frescos antes de prepararlos, ya sean carnes o pescado. En la calle es frecuente ver pequeños puestos de venta de plátano o batata cocinados, y cacahuetes (tostados o garrapiñados).

Oferta de pescado y marisco frescos en un restaurante de la Ilha de Luanda.
Bacalao secándose al estilo casero en el pasillo de mi apartamento.
Una de las marcas de cerveza del país. Ésta, en particular, se fabrica en Lubango.

Parque móvil

Aunque empiezan a proliferar nuevas marcas, muchas de ellas chinas, la estrella de la movilidad en África sigue siendo Toyota. Particularmente, del modelo Land Cruiser, la serie 70 en sus distintas versiones: 5 puertas, furgón y pickup. Este modelo de todoterreno tiene como principal característica un motor diesel de 4.200 cm3 sin electrónica y una cadena cinemática robusta (como de camión, para entendernos). También se ven muchos modelos Land Cruiser de las series 200 y 300 (ésta última no se vende en Europa) que son modelos de lujo antes que todoterrenos.

Toyotas bajo mi ventana: Hilux (pickup), series 70, 200 y 300… si pudiera aparcaría mi 80 en el hueco central para hacer una escalera de color 😉

Los modelos de Toyota Land Cruiser más comunes en España llevan aquí la denominación Prado y no se ven tanto por no ser ni muy robustos ni muy lujosos… Después de Toyota, los más habituales son los Mitsubishi Pajero (llamado Montero en España por motivos obvios) y Nissan Patrol. Land Rover no es muy frecuente en Angola, aunque gusta en los países africanos de tradición inglesa. Al contrario que el los países del Magreb, aquí no se ven muchos Mercedes Benz (con la excepción de algún G).

Land Cruiser de la serie 70, más precisamente el 78 (furgón).

En cuanto a camiones, el parque no es tan clásico como el que se aprecia en Burkina Faso. Entre los camiones nuevos proliferan marcas de fabricación china como FAW. Como vestigio de los tiempos de cooperación soviética se puede ver algún camión Kamaz y Ural (rusos) y curiosos ejemplares de IFA W 50 (de la desaparecida RDA). Añado a esta galería un Blue Bird (USA) de la Universidade Agostinho Neto y una moto modificada para transportar combustible (vi también un modelo con contenedor de escombro).

Camión Ural 4320 de las Fuerzas Armadas angoleñas.
Magnífico IFA W 50, lo mejor que se ha fabricado en Alemania del Este.
Transporte de combustible en moto.
Bus Blue Bird aparcado frente a uno de los edificios de la universidad.

Fauna presente y pasada

Es posible encontrar casi todos los grandes mamíferos africanos en Angola, pero para verlos, además de ir a una reserva es necesario tener suerte. A priori, en este viaje tenía la posibilidad de ver antílopes y cebras… pero no se pusieron al alcance de mi objetivo. Me hubiera gustado poder ver al animal nacional de Angola: la palanca negra. En su lugar, pude fotografiar vacas y ovejas 😕

Ganado vacuno cerca de Lubango.
Ovejas en terrenos semidesérticos cerca de Namibe.

Los pequeños animales son también escurridizos. Os dejo las fotos de una salamanquesa y de una serpiente, que tampoco ha salido muy nítida porque se estaba alejando y a contraluz. Según me dicen los locales, se trataría de una cobra, que son frecuentes por allí.

Salamanquesa en el campus de la Universidad de Lubango.
Serpiente cerca del mirador del cañón de Tundavala, posiblemente una cobra.

La geología a grandes rasgos de buena parte de África consiste en una inmensa placa granítica, eventualmente cubierta por potentes estratos de arenisca continental sin apenas deformación tectónica que constituyen mesetas. No obstante, cerca de la costa las variaciones de nivel del mar pueden haber dejado su testimonio. Por ejemplo, en el promontorio sobre el que se ubica la Fortaleza de São Miguel me parece haber identificado estructuras arrecifales. En el viaje a Namibe encontré minerales procedentes de la meteorización de granitos (cuarzo, feldespato, turmalina) con posibilidad de minerales de pegmatitas y vulcanismo. El límite entre las montañas y la llanura semidesértica me pareció interesante para investigar posibles yacimientos de concentración gravimétrica de metales por procesos externos.

Vista del promontorio sobre el que se levanta la fortaleza de São Miguel.
Areniscas con ripples, marcas producidas en aguas poco profundas hace unos cuantos millones de años.
Fósil de gasterópodo en los sedimentos próximos a Namibe.

La riqueza arqueológica de Angola merecería un capítulo aparte. Durante mis excursiones puede identificar muchos artefactos, en su mayoría de estilo Achelense antiguo, por su aparente tosquedad. Esta es la tecnología de tallar la piedra que los primitivos humanos exportaron a Eurasia, el referido «Out of Africa«, hace más de un millón años. Es muy probable que aquí las cronologías sean mucho más antiguas que las similares en Europa, pero al ser hallazgos al aire libre, la datación es poco menos que imposible.

Toscos bifaces achelenses recogidos en el viaje de Lubango a Namibe, posteriormente entregados al ISCED-HUÍLA en Lubango.

¿Por qué Angola?

La Universidad de Murcia tiene un convenio Erasmus+ con la Universidade Agostinho Neto de Luanda. Este convenio se puso en marcha gracias a la relación entre mi colega Gustavo Garrigós y la profesora angoleña María da Natividade que se remonta al tiempo en que ambos coincidieron en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). María es una mujer llena de energía que ha acometido la ardua tarea de poner en marcha la investigación matemática en Angola. Peor este es el menor de los retos a los que se ha enfrentado. Citemos dos de los más notables: sobrevivió a las matanzas de la guerra civil en su aldea escondiéndose tres días en el bosque; consiguió el doctorado en la especialidad de Análisis Funcional en al UAM mientras sacaba adelante a su familia sola, convirtiéndose así en la primera mujer, y hasta ahora única, con un doctorado en Matemáticas en Angola.

María da Natividade durante una de las comidas que compartimos.

Mi paso por la Universidad Agostinho Neto se limitó a la sede que tiene en el centro de Luanda donde se imparten las clases del Mestrado em Matemática. Allí presencié las defensas de los trabajos finales de dos estudiantes del Mestrado. Al día siguiente impartí una conferencia sobre una de mis líneas de investigación.

Edificio de la Faculdade de Ciencias de la Universidade Agostinho Neto en la Avenida 4 de Fevereiro, en el que se encuentra la sala del Mestrado em Matemática.
Momento en el que el estudiante es revestido con la estola y el birrete que simbolizan que ha obtenido el Grado de Mestrado.
Cartel anunciador de mi conferencia en Luanda.

Unos días más tarde nos desplazamos a Lubango, al ISCED-HUÍLA, un centro de formación de profesores que depende del Ministerio de Educación Superior donde María ejerce como coordinadora y docente. Allí impartí una conferencia de divulgación matemática basada en el material de mi post Área: «Área, uma noção não tão simples quanto parece» (la presentación puede verse aquí, lamento no incluir los créditos de las imágenes de internet y libros que usé en su elaboración). El éxito de público y el interés despertado que se manifestó en las preguntas de los asistentes me conmovió.

El ISCED-HUÍLA se ubica en un edificio de época colonial.
Foto tras la conferencia de divulgación con los asistentes.

Esta inolvidable experiencia académica en Angola no hubiera sido posible sin el inestimable apoyo de María da Natividade y la ayuda prestada por Edgar Ribeiro, joven profesor de Matemáticas en la Universidade Agostinho Neto.

El viaje

Como a Angola no se viaja todos los días, aprovecharé el post para dejar por escrito unas cuantas quejas, sabiendo perfectamente que no servirá para nada.

El AVE Murcia-Madrid

En el post Interrail expresé mi amor por los viajes en tren y lamenté el desmantelamiento de este medio de transporte en España por políticas inadecuadas. Desde que lo publiqué hasta ahora ha habido un cambio importante en Murcia: llegó el AVE, pero a costa de abandonar la ruta lógica para convertirlo en una especie de “tren turístico”: se adentra en la provincia de Alicante, desde donde se retoma el rumbo a Albacete, para después pasar por Cuenca antes de llegar a su destino en Madrid. Así pues, para un vuelo desde Barajas previsto a las 16:40 me veo obligado a salir de Murcia a las 6:25 (un horario excelente). Además, las obras en Chamartín impiden que el tren pare a una distancia razonable de la estación, por lo que el último kilómetro hasta el vestíbulo corre por cuenta de los viajeros.

Disfrutando del paisaje de la provincia de Cuenca desde la cafetería del AVE. Estaría mucho mejor si el café fuera bueno y se ofrecieran combinados.
Según el mapa no parece que vayamos hacia Madrid.
Gracias a esos picos de velocidad todavía se puede decir que tarda un poco menos que el antiguo Talgo.

Aeropuertos

Los grandes aeropuertos internacionales donde de vez en cuando se hace alguna escala, me habían inoculado la idea de que el lujo es asequible si se le quitan los insufribles impuestos con los que se grava. Un aeropuerto fuera del Espacio Schengen debía ser el lugar ideal para comprar alta relojería o una botella de un whisky escocés que haya pasado más de 200 años olvidado en una barrica, por ejemplo. Al final tampoco era eso… Pero lo que no es de recibo es la cutrería de los aeropuertos españoles con sus productos propios de tiendas de todo a euro.

Tiendas de lujo en el aeropuerto Charles de Gaulle de París.

Algo también imposible de encontrar en los aeropuertos españoles son restaurantes donde cocinen productos frescos. Todos los alimentos calientes que se puede tomar en las franquicias que ocupan el lugar de la restauración en nuestros aeropuertos son precocinados y han estado previamente congelados o, al menos, refrigerados. Al final lo mejor es buscar el local de Enrique Tomás y comerse un bocadillo de ibérico que es lo más auténtico que vas a encontrar.

Entrar en Angola

Tras la dificultades que tuve hace un año y que echaron mi viaje por tierra, tengo que reconocer que las cosas han mejorado. La tramitación del visado de frontera (un documento que garantiza que tendrás el visado oficial cuando te presentes en la frontera de país) por internet fue rápida. No se puede decir lo mismo del tiempo que pasé esperando que me atendieran en la oficina de inmigración del aeropuerto de Luanda. Sirva como ilustración las dos fotos siguientes: la llegada por la madrugada y la salida bien entrada la mañana a la calle.

Llegada a Luanda del A350 de AirFrance.
Exterior del Aeropuerto de Luanda, más de tres horas después.
Avión en el que viajamos de Luanda a Lubango.

¡Hasta pronto, África!

Después de dejar el apartamento en el centro de Luanda nos desplazamos hacia el sur de la ciudad. Cuando ésta acaba, aparecen grandes espacios abiertos en los que destacan los baobabs. Ésta fascinante especie vegetal es uno de los símbolos de África y poder contemplar esos extraños gigantes una vez más antes de llegar al aeropuerto fue una bonita despedida. En cuestión de horas estaré out of Africa pero una parte de mí se quedará aquí.

Minerales y Matemáticas

Con motivo de la declaración de marzo como mes de las Matemáticas disfrutamos en el vestíbulo de nuestra Facultad una exposición fotográfica titulada «Geometría Natural», cuyo comisario es el Prof. Ángel Ferrández. Entre la selección no había imágenes de minerales. Desconozco si es por que ésta se ha limitado a organismos vivientes, o quizás porque las fotos de cristales imitando poliedros es un recurso demasiado manido… A mí no me cabe la menor duda de que los minerales son tan naturales como la tela de una araña. Para remediar la situación, decidí seleccionar algunas fotos de mis minerales con connotaciones matemáticas y añadirlas de extranjis, como Banksy en sus buenos tiempos, antes de cotizar en Sotheby’s. Esas fotos aparecen aquí, junto con unas cuantas más, para ilustrar la relación entre Minerales y Matemáticas.

Minerales: ¿únicamente poliedros?

Hay que decir que los poliedros que aparecen como cristales no son poliedros arbitrarios, sino que siguen ciertos patrones estudiados por la Cristalografía. Las formas aparecen como consecuencia del empaquetamiento regular de las moléculas condicionando la disposición de los planos que limitan las caras y los elementos de simetría. Pero además de cristales, hay agregados de estos que muestran otro tipo de patrones que evocan igualmente nociones matemáticas como la de fractal. Animo al lector que visite la galería por si descubre más motivos matemáticos entre las fotos de mi colección.

El icosaedro de pirita de casi 4 cm de diámetro recogido en Puebla de Lillo (León), una de las piezas más icónicas de mi colección. En este artículo describo matemáticamente la disposición de sus veinte caras.
Piritoedros (pentágono-dodecaedros) de pirita en matriz, Caravaca (Murcia). Los piritoedros de Caravaca (Rambla del Piscalejo) son para mí los más bellos de la mineralogía española.
Octaedro de magnetita en matriz, Torre Pacheco (Murcia). Las piezas masivas de magnetita del Cabezo Gordo están consisten frecuentemente en agregados de octaedros milimétricos.
Curioso cristal cúbico compuesto de agregados octaédricos, Ricote (Murcia). La formación de esta pieza debió ocurrir en condiciones físico-químicas inestables oscilando alrededor de la frontera entre las dos formas..
Cristal de pirita, forma combinada de cubo y octaedro, Navajún (La Rioja). En este caso, las condiciones de formación fueron más estables, pero también en la frontera entre ambas formas.
Macla de cristales cúbicos de pirita, con leve pátina de óxido, Navajún (La Rioja). A veces el criterio para seleccionar ejemplares es más bien de tipo artístico y en este caso me he dejado llevar por el parecido con algunas obras de Chillida.
Pseudo-tetraedro de calcopirita, dentro de una geoda de siderita en romboedros, procedente de la Sierra de Filabres (Almería). Con el tetraedro, completamos la aproximación mineral a los cinco sólidos platónicos.
Granate almandino, en forma de trapezoedro de 24 caras, Níjar (Almería). La Luz transmitida permite apreciar su extraordinario color, pero hace difícil ver las aristas del poliedro.
Cristal de cuarzo hialino rematado en pirámide hexagonal, Albatera (Alicante). Lo bonito de esta pieza es que el cristal sólo se ve a gracias al reflejo de sus caras.
Agregados esferoidales de prehnita (Cehegín, Murcia). Las esferas aparecen como resultado del crecimiento radial de los cristales de este silicato.
Aragonito en prisma pseudo-hexagonal, Minglanilla (Cuenca). Si se miran bien sus caras laterales descubriremos por qué nos referimos como pseudo-hexagonal. En efecto, estos cristales son el resultado del agregado de tres primas rómbicos.
Yeso, cristal totalmente desarrollado, Utrillas (Teruel). El yeso cristaliza en el sistema monoclínico, que no tiene demasiados elementos de simetría, si bien da para varios pares de caras paralelas y un “centro”.
Cuarzo, prisma hexagonal rematado por sendas pirámides en matriz de yeso, Ricote (Murcia). Aunque el primas es hexagonal en una buena aproximación geométrica, realmente su simetría es ternaria.
Nódulo elipsoidal de barita iluminado con luz UV mostrando una trama fractal, Caravaca (Murcia). Es posible (me quedo con la hipótesis en lugar de partir el nódulo) que la trama sea consecuencia de un agrietado por retracción, como el de los nódulos septarios.
Granate melanito, cristal rombo-dodecaédrico, Cehegín (Murcia). Como se puede ver, la palabra dodecaedro en mineralogía resulta confusa si no se especifica la forma de las caras.
Cubo deformado de pirita, Navajún (La Rioja). Es innegable la estética de este tipo de piezas.
El cristal de la izquierda es un octaedro tallado de fluorita, mineral que en la naturaleza se presenta generalmente en cubos, pero se exfolia siguiendo planos paralelos al octaedro. El cristal de la derecha no es tallado, sino natural y se trata de magnetita de Brasil. Ambas piezas proceden del comercio.
Crecimiento fractal de psilomelana, observado en una fachada de Bolnuevo (Mazarrón). Las dendritas de óxido de manganeso, mal llamadas «de pirolusita» en muchos textos, se desarrollan en planos de diaclasado como fractal que imita motivos vegetales.
Fragmento de un nódulo esférico de marcasita alterado en limonita, Picos de Europa (Cantabria). Queda el vestigio de los cristales radiales que convergen en un único punto.
Ágata, Iguazú (Brasil). A pesar de la exótica procedencia, la recogí yo mismo. La roca volcánica alrededor de las famosas cataratas estaba repleta de ágata, pero no pude recoger un trozo mayor. Las líneas recuerdan las curvas de nivel de una función de dos variables.
Quiastolita, una variedad de andalucita que presenta un dibujo cruciforme en sección (pulida), Boal (Asturias). La aparición de la cruz se debe a la variación en «contaminantes» durante el crecimiento del cristal.
Cristales de barita, Mazarrón (Murcia). Los cristales tabulares rómbicos se han replicado en una especie de macla repetitiva, produciendo un borde aserrado.
Cristal de casiterita de localidad desconocida procedente de una colección antigua. Consiste en un prima cuadrangular rematado en pirámide, forma propia del sistema tetragonal.
Cubos de fluorita violeta, Berbes (Asturias). El biselado que se aprecia en las aristas del cubo se debe a una leve combinación con el rombo-dodecaedro.
Romboedro de exfoliación de espato de Islandia, purísima variedad de calcita, procedente del comercio. Por la parte de la izquierda incide la luz solar, que es descompuesta en colores elementales a la derecha.
Rinconcito de los minerales en le exposición fotográfica de la Facultad de Matemáticas de la Universidad de Murcia.

Animales

Grafiti en una calle de Valencia.

Salir al campo, aunque sea solamente a buscar piedras, implica ver otras muchas cosas: paisajes, ruinas, plantas, animales… A veces no encuentras el mineral que buscas pero puedes tener un encuentro inesperado con algún habitante de esos parajes. En muchas ocasiones, dicho encuentro supone un susto para ambos y lo último que uno piensa es en sacar la cámara. Pero una foto de vez en cuando, pueden ser muchas al cabo de los años. Este post está dedicado a los animales con los que me he tropezado de manera casual.

Me he tomado la libertad de incluir muchos animales domésticos o «antropizados» de algún modo, así como verter una cierta dosis de opinión personal en los comentarios a pie de foto. Este post por su naturaleza, recibirá ampliaciones a medida que haga nuevas fotos o descubra alguna interesante entre los millares que aún tengo sin clasificar.

Reunión de jabalíes en la Fuente del Hilo (Sierra Espuña). Hasta hace unos pocos años, esta escena era frecuente porque los animales se habían acostumbrado a bajar cada día a la hora en la que sacaban la basura orgánica del restaurante. Me cuentan que los animales fueron sacrificados… motivo: los gestores del parque han adoptado esa visión fanática del ecologismo que se empeña en considerar al ser humano como una anomalía.
Este zorro en Cazorla (Jaén) también ha perdido el miedo al ser humano y se acerca a nosotros para intentar conseguir algún resto de comida. La foto salió borrosa porque estaba casi oscuro.
Salamanquesa, un cazador que también obtiene beneficio del ser humano. Sabe que su comida acude atraída por la luz de las bombillas en las noches de verano. En contrapartida, nosotros tenemos menos mosquitos y menos polillas.
Burrito con un arado romano en las proximidades de Lezuza (Albacete). El ideario buenista contemporáneo quiere que veamos aquí un «animal explotado», pero el alimento, los cuidados y, posiblemente, todo el cariño que recibe este animal proceden únicamente de su amo y «explotador».
Además de ser la oveja negra de su rebaño, va rezagada… Ya sé que hay ovejas en todas partes, pero justamente por eso no suelo hacerles fotos. Esta escena está tomada cerca Setenil de las Bodegas (Cádiz).
Bloqueado por un rebaño… lo que más me gusta de estas situaciones es ver la diligencia con la que actúan los perros pastores.
Tere saludando a una cabra que se proteje del calor a la sombra de un taray, cerca de Salobre (Albacete). Estar acostumbrado a condiciones climáticas duras no significa renunciar a las pequeñas alegrías.
Cabra montés sorprendida cuando devoraba las hojas de una higuera en un huerto cerca de Cazorla (Jaén).
Bucólica escena con vacas en Asturias, camino de Taramundi para visitar sus conocidos talleres de fabricación de navajas.
Más vacas, pero ahora en Suiza. No deja de llamarme la atención la gran diferencia que puede llegar a haber entre razas.
Toro, en los Pirineos, cerca de Puigcerdá, mientras yo buscaba, con poco éxito, un raro fosfato.
Toro de una raza particularmente lanuda, en Métabief (Francia).
Para acabar con el ganado vacuno, la versión jorobada africana en Burkina Faso.
Una imagen del pasado: colonia de galápagos de florida en el jardín tropical de la Estación de Atocha (Madrid). El estanque fue suprimido hace unos años, galápagos incluidos, en nombre del «bienestar animal».
Sapo tratando de escabullirse mientras intento fotografiarlo, en un día lluvioso (que aprovechan para desplazarse y reproducirse) en las inmediaciones de Chella (Valencia). Que el día fuera lluvioso repercutió positivamente en la búsqueda de jacintos de Compostela.
Enorme rana refrescándose en un gotero en las inmediaciones de Alhama de Murcia.
Tortuga mora, en el campo de Mazarrón. Todavía bastante gente cree que estos animalitos están en el campo para cogerlos y llevarlos a casa… La de la foto muestra cicatrices en la parte delantera de su caparazón, posiblemente un encuentro con los colmillos de un carnívoro.
Juvenil de tortuga mora trepando por mi martillo, también en Mazarrón. Esta foto fue tomada en pleno invierno «astronómico», cuando se supone que las tortugas hibernan… obviamente no era el caso y estos animalitos se fían más de la temperatura que del calendario.
Libélula captura en casa, momentos antes de su puesta en libertad.
Araña, en el centro de su tela en la Sierra de Ricote. No es incompatible la belleza del dibujo de su abdomen con el temor que infunden en muchas personas.
Si no ves los hilos te puedes encontrar de repente con esto (Mazarrón).
Araña de la misma especie, pero ahora en Librilla. Lo que tiene delante es su víctima, envuelta en tela hasta que llegue el momento del banquete.
Bonito «cráter» anunciando la entrada a un hormiguero. Seguramente es el resultado de las reparaciones tras una lluvia reciente.
Culebra tomado el sol en la Sierra de Ricote. Normalmente son muy tímidas, pero esta no se sentía demasiado molesta con mi presencia.
Pequeña víbora, aletargada por estar hibernando. La encontré al mover una piedra en el campo de Ulea (Murcia), y después de hacer la foto, volví a colocarla cuidadosamente. Esta foto es fue hecha mientras me documentaba para mi post Minerales del Valle de Ricote.
Este pequeño saurio conocido como «culebrilla ciega» puede ser fácilmente confundido con una lombriz. La primera vez que encontré uno en El Cañarico me pasé varios días, antes de liberarlo, tratando de convencer a mi familia de que se trataba de un auténtico vertebrado.
Cuervo, en un parque londinense.
Urraca con problemas de ceguera, entre otros males, adoptada en un taller mecánico de Les Milles, cerca de Aix-en-Provence (Francia).
Buitres, sobre el cementerio de un pueblo soriano. Un rato después, ya entrada la noche y recogidos los buitres, salen de paseo las ánimas del purgatorio… Buen sitio para (re)leer las Leyendas de Bécquer.
Nidos de cigüeña en un promontorio rocoso coronado por una veleta ¿lo habrán confundido con un campanario? En Autol (La Rioja).
Puesta de chotacabras, un ave que no hace nido, por lo que incuba sus huevos directamente en el suelo. Este pájaro se mimetiza muy bien con el terreno y no es visible hasta que se pasa muy cerca de él, momento en el que sale espantado. Es importante no tocar los huevos para que no los rechace una vez que regrese. Esta foto está tomada en el campo de Ulea.
Pequeño escorpión retirado de un «bed & breakfast» en una zona rural de Liguria (Italia) para ser liberado después en la calle.
Ácaro de llamativo color, en uno de los escasos promontorios rocosos de Burkina Faso.
La serenidad de Buda, especialmente si es de cerámica, no se altera por tener un opilión («araña patúa» por estas tierras) paseando por su cara.
Murciélaga con sus dos pequeños retoños colgando del techo de una mina. Una de esas agradables sorpresas que te depara el subsuelo aunque uno haya entrado a la galería para buscar minerales.
Rata, visiblemente enferma, en el Campus de Espinardo de la Universidad de Murcia. El pobre animal se subió después con bastante dificultad a una papelera.
Joven erizo, también en el Campus de Espinardo.
Ardilla comiendo, no sé exactamente qué, en un parque cerca de Washington. El animalito permitió que me acercara bastante para echar la foto, a pesar de lo cual no quedó demasiado bien de enfoque.
Mariposa monarca, protagonista de una de las mayores migraciones de insectos en Norteamérica. La foto está tomada en Chautauqua, relativamente cerca de las cataratas del Niágara, en el estado de Nueva York.
Gaviota en plena batida de alas sobre un lago suizo cerca de Neuchâtel.
Holoturia, en una granja experimental del Algarve (Portugal) para la crianza de estos invertebrados marinos. La idea es que en el futuro sustituyan al cerdo ibérico en nuestra alimentación…
En una ruta 4×4 por el Sahara son frecuentes escenas como ésta.
Mi madre acariciando un burro, en Mazarrón.
Me despido con una foto de este pasado invierno, en compañía de mi colega Wieslaw Kubis y un enorme caballo, en Svratka (República Checa).

Montemáticas

Momento de descanso con un visitante checo en la subida a La Sagra por el «Embudo» (Fucking Funnel, desde entonces). Solamente repetía la ruta que aprendí en las «Montemáticas»… La foto la tomó Ricardo, un estudiante que tras licenciarse tuvo que elegir entre las Matemáticas y la Montaña (la solución, al final).

Hace unos días se publicó un informe de la Oficina del Dato Único de la Universidad de Murcia titulado El envejecimiento del PDI funcionario. Al margen de lo inquietante que me resulta esa afición de nuestros dirigentes a poner nombres a los organismos dignos del 1984 de Orwell, no es menos inquietante que la plantilla de mi Universidad (y las demás) envejece en media. En particular, uno de los datos del estudio revela que 2020 el grupo de edad (quinquenal) más numeroso entre el profesorado funcionario era el que iba de 55 a 59 años. Peor aún, en 2010 el grupo más numeroso era el 45-49, o sea, los mismos. Apenas hay relevo generacional y en cuestión de 10 años se producirá una situación crítica. A estas alturas, mis apreciados lectores estarán preguntándose qué tiene que ver todo esto con el título del post: Montemáticas.

Gráficos de distribución por edades en distintos grupos de PDI funcionario en la Universidad de Murcia, tomados del informe de la ODU (las siglas TU y CU hacen referencia a profesores titulares y catedráticos de universidad).

Las Montemáticas, propiamente dichas

Hace 20 años éramos prácticamente los mismos en el Departamento de Matemáticas. Por supuesto, ha habido nuevas incorporaciones, alguna baja, últimamente varias jubilaciones y, lamentablemente, también decesos, pero eso son anécdotas comparadas con el grueso de la «pirámide» demográfica del PDI. Así que hace 20 años éramos esencialmente los mismos, pero más jóvenes y con más ganas de hacer cosas, tanto en la Universidad como fuera de ella. En ese contexto, hacia 2004 y por iniciativa de nuestro compañero José Pastor, consumado montañero y autor del blog Montañas del Sur, comenzamos a hacer algunas excursiones a montañas de la Región de Murcia y alrededores que se llamaron Montemáticas (¿copyright?).

José Pastor en la Sierra de María.

Las excursiones Montemáticas se realizaban en un solo día. La cumbre coincidía con el momento del almuerzo/comida para lo que se llevaban bocadillos. Después de esto, la bajada era mucho más relajada. Hubo subidas a La Sagra, Sierra de María, Espuña, Ricote… de las que no queda demasiado testimonio gráfico. Aquí pondré algunas fotos de las que aún quedan en la, muchos años inactiva, página web donde se daba cuenta de estas sesiones.

Ascenso a Sierra Espuña por la Senda del Caracol.
Almuerzo en el Morrón de Espuña.
Una mañana fresca en La Caleruela.
Cima de la Sierra de María. Hacía tanto frío que ni sacamos los bocadillos. La falta de equipamiento adecuado es una constante en mí: soy el que lleva guantes de bricolaje.

¿Matemáticas y montaña?

La Facultad de Matemáticas de la Universidad de Murcia no tiene cantina. Si bien esto puede ser algo meramente coyuntural (volumen del alumnado, oportunidad de negocio…), tradicionalmente las cantinas surgen para proporcionar comida caliente a los alumnos que, tras las lecciones teóricas de las mañanas, deben hacer prácticas por las tardes. No era el caso de Matemáticas, a pesar de que ahora hay más prácticas de ordenador… ni tampoco de Filosofía, otra facultad sin cantina. Ciertamente, no compartir prácticas ni comidas hacía que los estudiantes de Matemáticas no estuviéramos tan «cohesionados» como los de otras carreras científicas.

Nevada en Fuente Dé, para la que iba precariamente equipado (1991).

Ese era el panorama cuando entré como estudiante, y fue también el motivo de que no perdiera la oportunidad de «asociarme» (más bien, fui «adoptado») a una promoción de Biología, sólo un curso mayores que yo, para realizar distintas salidas de campo, algunos viajes por España y, por supuesto, visitar alguna montaña. Un buen número de Licenciados en Biología de esa promoción se incorporó a la Universidad de Murcia, y ahora avanzamos todos juntos en la «joroba» del gráfico de envejecimiento del PDI  😕

Ascensión a uno de los cerros en la Reserva de Saja.

Unos pocos años después, acabando mis estudios, gracias a las Becas del Programa Intercampus E./AL. pude viajar a Sudamérica (Paraguay y Perú). Aunque el motivo de los viajes era la realización de unas prácticas docentes, hubo ocasiones para conocer algo mejor los países de acogida, y los limítrofes, si se terciaba. En particular, en los Andes peruanos disfruté de la experiencia de estar a más de 5000 metros sobre el nivel del mar. Con bastante trabajo y resbalando continuamente, trepé por un glaciar. Es lo más alto a lo que me han llevado las Matemáticas 😉

Foto tomada desde lo alto del Nevado Pastoruri, glaciar andino en Perú (1995).

Ya incorporado como profesor en la Universidad de Murcia, y antes del comienzo de las Montemáticas, recuerdo algunos momentos divertidos en la montaña y de los que apenas queda alguna foto.

Cima de Revolcadores, con mi amigo y colega Pedro Fernández y dos de sus estudiantes en aquella época. No estoy descalzo por gusto, sino porque se me empaparon las botas y los calcetines de agua.

Conclusión

El toque de atención sobre el envejecimiento del personal de la Universidad de Murcia me ha hecho recordar lo diferentes que eran las cosas hace un par de décadas: teníamos más ganas de hacer cosas y más tiempo para quedar en fin de semana. Sin embargo, la edad no es el motivo de mayor peso en esta transformación. Las excursiones a la montaña es uno sólo de esos aspectos que hemos perdido, de momento… antes del COVID hubo algún amago de recuperar la parte lúdica de ser profesor de Matemáticas, como un divertido descenso con algunos compañeros en bote por el río Segura, entre Cieza y Blanca. No es lo mismo, pero hubo fuertes descargas de adrenalina.

Momento más intenso del descenso por el río Segura: la bajada por la presa antes de Abarán.

He hablado en ocasiones con Jose Pastor sobre la posibilidad de recuperar las Montemáticas, aunque sea en versión «senior». Las Matemáticas siguen pareciendo una materia muy árida para los que están fuera de ellas y transmitir a los posibles estudiantes que los profesores de Matemáticas somos capaces de divertirnos y parecer gente «algo más normal» seguramente redunde en una mejor percepción de esta carrera.

Excursión al Mont d’Or durante un congreso de Espacios de Banach, celebrado en Métabief (Francia) en 2019.

Respuesta a la incógnita del primer pie de foto: Ricardo escogió la Montaña. Lo último que supe de él es que andaba por USA formándose para ser «Forest Ranger» en los National Parks de Norteamérica.