Cuarzo

Jacinto de Compostela, de típico color rojo y pequeños «retoños» en sus caras laterales. El cuarzo rojo es el primer mineral que me fascinó en la infancia. Este ejemplar de 25 mm procede de Jumilla.

Se dice que el cuarzo es el mineral más abundante en la corteza terrestre, pero encontrarlo bellamente cristalizado es bastante más difícil. Depende, por supuesto, de donde se busque. Hay terrenos con más predisposición a la formación de buenos cristales de cuarzo, pero en otros es una rareza. Las diferentes circunstancias en las que puede cristalizar la sílice (óxido de silicio) condicionan el aspecto de los cristales de cuarzo, que pueden llegar a presentar grandes diferencias entre sí, a pesar de ser el mismo mineral.

Cristal de cuarzo terminado en pirámide triangular, Rodalquilar (Almería).

En la forma básica del cuarzo (sistema trigonal), la punta del cristal está formada por una pirámide triangular (puede haber vestigios de otras tres caras). Gracias a una macla de interpenetración de dos cristales con el mismo eje y ligeramente rotados (macla tipo Delfinado) o simétricos (macla tipo Brasil), el cristal de cuarzo adquiere un su aspecto más habitual y estéticamente equilibrado: prisma (o pseudo-prisma) hexagonal terminado en sendas pirámides hexagonales (biterminado). El diferente desarrollo de unas caras respecto a otras, así como la manera en la que se agrupan los cristales, constituye lo que se llama el hábito. Estas nociones serán útiles en las siguientes secciones donde haremos un viaje por el cuarzo.

Jacinto de Compostela

El cuarzo fue mi primer mineral. Empecé buscando cuarzos tirado en el suelo durante los recreos en patio del colegio, en 1º de EGB en Archena: diminutos cristales biterminados, rojos y rosados, salían de entre el chinarro. Después aprendí que, aunque estos cuarzos pueden encontrarse en Neógeno y Cuaternario del Valle de Ricote, realmente proceden de los terrenos del Keuper. Pero no están repartidos por igual. Se puede recorrer suelos de Keuper durante bastante tiempo sin encontrar cuarzo de manera significativa. Así que cuando aparece en un determinado lugar no sólo se regresa de manera estacional para dejar obrar a la erosión mientras, sino que se trata de reconocer las características a grandes rasgos que lo diferencian del los restantes afloramientos estériles de Keuper.

Jacinto de compostela de 32 mm procedente de Buñol (Valencia).

El cuarzo del Keuper presenta variaciones en color y hábito (véase mi artículo Los Minerales del Valle de Ricote). Sólo los de color rojo sangre (debido al óxido de hierro) deben ser llamados jacintos de Compostela, nombre que sigue induciendo a error sobre la procedencia de los ejemplares (London Natural History Museum, sin ir más lejos). El tamaño es un handicap: superar los 3 cm de vértice a vértice en un cristal biterminado del Keuper es motivo de celebración. Los he visto mucho mayores, pero no los he encontrado yo, para mi desdicha. Ciertos afloramientos de Villanueva del Río Segura, Ricote, Jumilla y Cehegín me pueden proporcionar una buena mañana de búsqueda, pero si tengo tiempo cuento también con Chella, Domeño y Buñol (Valencia) o Minglanilla (Cuenca) entre mis lugares favoritos.

Cuarzos del Keuper de diferentes lugares de Murcia. El mayor de ellos mide 2 cm.

En cuanto al hábito cristalino, además de las variaciones en el desarrollo de las caras (principalmente), también hay agregados regulares de cristales. Son notables las disposiciones de cristalitos siguiendo una superficie, tipo esfera o similar. Los agregados de este tipo de Chella eran famosos por su tamaño y calibre de cristal. En Jumilla se pueden encontrar algo más pequeños pero muy regulares. Con uno de ellos mandé hacer una joya para mi madre.

Agregado esferoidal de jacintos de Compostela procedente de Jumilla, que hice engarzar para regalo a mi madre.

A pesar de la posibilidad de cristales de excepcional belleza, el cuarzo del Keuper, con los jacintos de Compostela en particular, tiene sus limitaciones. Si se quiere cuarzo de mayor tamaño, tanto de cristales como de pieza, hay que ir a los filones.

Minas de La Unión

El distrito minero de La Unión ha proporcionado gran cantidad de cuarzo con ciertas variaciones de hábito, color y presentación. Particularmente, la llamada popularmente como mina de Los Pajaritos. En sus alrededores, las escombreras permitían recoger buenos ejemplares sin necesidad de tener que bajar al subsuelo. A colación, uno de esos despropósitos en los que se malgasta el dinero público: a alguien se le ocurrió que había que acometer la «restauración del paisaje» y que lo mejor era arrojar mantillo vegetal sobre las escombreras. El tema de qué significa restaurar un paisaje es complejo y le dedicaré tiempo en otro momento. Sólo una reflexión: vamos muy mal que si los que deciden sobre paisajes y restauración son los mismos que que creen que las medianas y glorietas con césped artificial están más bonitas.

Placa de cuarzo de suave tono amatista. Las impurezas superficiales de óxido de hierro como las que lleva suelen ser eliminadas con limpieza química por los tratantes de minerales. Yo he querido mantener el aspecto original de la piedra: agua, cepillo suave y palillo de madera, como mucho.

El mantillo arrojado sobre la escombrera duró poco porque había mucho interés por parte de los aficionados de seguir recogiendo cuarzos en el único sitio de Murcia que está bendecido a la vez por la abundancia y la calidad de este mineral, supuestamente el más repartido sobre la tierra. Allí se recogían drusas, casi siempre desprovistas de la roca encajante. Algunas piezas presentan un tono leve amatista, otras aparecen recubiertas de calcedonia o una capa de recristalización. También ocurre que muchas muestras tienen las caras mates o cubiertas de una capa de suciedad resistente a los ácidos, pero se pueden trabajar para que resulten algo más atractivas a la vista.

Detalle de una drusa de cuarzo de La Unión. Las puntas tienen una base de alrededor de 3 cm. Afea su aspecto una deposición posterior de sílice menos transparente que la del interior.

La mina de Los Pajaritos (cuyo nombre oficial, por cierto, es mina Catón) y sus alrededores han producido piezas excepcionales: placas de casi medio metro con puntas de más 3 cm de diámetro medio. De esa remesa gloriosa tengo una pequeña muestra (la foto arriba).

Cristal biterminado de 35 mm con «retoño» lateral, de las cercanías de la venta del Descargador. Se forman adheridos a una masa de óxidos de hierro y manganeso.

Además de las drusas descritas, el cuarzo aparece en otras versiones. En el gossan frente a la venta El Descargador aparece de una manera menos densa que favorece el desarrollo de cristales algo más independientes. En algunas ocasiones pueden aparecer biterminados y casi flotantes. Si hay que poner una pega, es que de la mina sale uno pringado de negro de manganeso y la ropa queda prácticamente para tirarla a la basura.

Cuarzo prasio, agregado de cristales biterminados.

Finalmente, el cuarzo contaminado por greenalita (un silicato verde de hierro) adopta un tono verdoso (cuarzo prasio, el color verde es uno de los más raros para el cuarzo). Se pueden encontrar piezas visiblemente cristalizadas (en ocasiones el contaminante que colorea el cuarzo dificulta el buen desarrollo de los cristales).

Hondón de los Frailes

El cuarzo de La Unión no agota todas las posibilidades filonianas para este mineral. Los procesos volcánicos, aunque sean de eras remotas, pueden también producir cuarzos. En las ofitas (vulcanismo mesozoico) de la Región de Murcia se pueden encontrar alguna muestra, pero muy cerca del límite regional en Hondón de los Frailes (o mejor dicho, Albatera, ambos en la provincia de Alicante) hay una cantera de ofita que ha dado piezas muy estéticas. Los cristales de cuarzo se disponen sobre un «césped» de verde epidota, en los huecos que dejan los filoncillos de este mineral.

Cuarzo sobre epidota, el cristal mayor tiene 2 cm de longitud expuestos. Llama la atención la aparición «fantasmal» de la punta a la izquierda.

Además de cuarzo y epidota, la paragénesis es muy interesante. Hay además calcopirita, granate almandino, titanita, bisolita, aerinita… incluso he recogido algunas piezas de barita azulada. En el Keuper cercano aparece también la magnesita en grandes cristales prismáticos hexagonales de color café con leche.

Punta de cuarzo sobre epidota, en el borde de una drusa. El reflejo es deliberado, pues de no ser por él sería casi invisible. Delante hay un cristal de calcopirita cubierto de pátina oscura.

Producto de la contaminación por aerinita (un silicato azulado), también se pueden encontrar pequeñas muestras de cuarzo azul. Este cuarzo se ha formado tardíamente, respecto al anterior, porque previamente se requiere la descomposición de la ofita por procesos supergénicos.

Cristalitos de cuarzo azul, sobre ofita de Hondón de los Frailes.

El cuarzo de los granitos

Permitidme otro breve retorno a la niñez. Mi padre, después de nuestra primera etapa en Archena, es destinado a Madrid por cuestiones laborales. Entre 1980 y 1982 vivimos en dos ubicaciones del distrito de Villaverde. Desde la segunda tenía fácil acceso a un descampado donde pasaba buenos ratos mirando al suelo y a al balasto de una vía de tren que se metía en el polígono industrial. Allí, en el sedimento cuaternario, encontré la punta de cuarzo rodada que muestro en la foto. Recuerdo también haber recogido un cuarzo más pequeño, pero de mejor calidad en unas obras cercanas a la escuela a la que iba, pero hace 40 años que anda extraviado. Lo que yo no sabía entonces es que aquellos cuarzos procedían de los terrenos graníticos (y metamórficos) que integran la Sierra de Madrid.

Punta de cuarzo visiblemente erosionada recogida en Villaverde (Madrid) en 1981.

Los terrenos graníticos permiten la formación de filones y geodas de cuarzo a mayor presión y temperatura, pero sobre todo más lentamente, lo que redunda en el buen desarrollo de los cristales. Hay muchas localidades clásicas en las que no he tenido suerte, como La Cabrera (Madrid). Aquí dejo una muestra de lo que poco que tengo en mi colección sobre cuarzo con procedencia granítica.

Cristal (punta) de cuarzo separado de una drusa «flotante» (tiene recristalización por la base), recogido en Cerro Muriano (Córdoba). En la superficie de separación se aprecia con claridad las líneas de crecimiento.

Cerro Muriano (Córdoba) ha producido ejemplares espectaculares que hay que mover con grúa o entre varias personas. Yo mismo he sentido en mis carnes la impotencia de no poder separar un ejemplar con cristales como mi puño por carecer de las herramientas adecuadas. Así que he tenido que conformarme con alguna pieza suelta como la de la foto, recogida en las inmediaciones de las antiguas minas y no de la cantera, todavía en explotación. Aparecen también puntas casi flotantes, con la base recristalizada y contacto mínimo con el resto de la drusa.

Agregado de cristales de cuarzo transparente, de una escombrera de la mina de Sn-W de San Pedro de Rozados (Salamanca). Los líquenes por abajo los he dejado a posta como parte de la historia del ejemplar.

En algunas ocasiones que he visitado antiguas minas en la provincia de Salamanca he visto tirados por el suelo cristales de cuarzo blanquecino de varios centímetros, en general rotos y desgastados. Pero en una escombrera de la mina de San Pedro de Rozados me llevé la grata sorpresa de recoger una pieza relativamente grande con varias puntas transparentes. El ejemplar adolecía de «maltrato minero» y de haber pasado tiempo a la intemperie, pero aún así diría que es una pieza espectacular (juzgue el lector por la foto).

Puntas de cuarzo recogidas cerca de Andújar (Jaén).

Acabo la sección con un recuerdo extraño. Tratando de acceder a ciertos rincones de la Sierra de Andújar, lo que es bastante difícil por estar todas las fincas valladas. En algún lugar de la carretera que sube al Santuario de la Virgen de la Cabeza, pude acceder a unas arenas de meteorización de granitos donde recogí varias puntas de cuarzo con aspecto más alpino que de otra cosa. También había allí un pequeño bifaz sobre lasca de cuarcita.

El cuarzo alpino de Almuñécar

En el imaginario del buscador de cuarzo está siempre presente el cuarzo de tipo alpino. Se trata de cristales de prisma notablemente desarrollado, a veces en detrimento de la punta, de gran brillo y transparencia que se han formado en terrenos metamórficos como producto de potentes movimientos orogénicos. Aparecen en filones, formando drusas o geodas. Sólo he tenido una ocasión de buscar el cuarzo alpino propiamente dicho, véase mi post Weekend en los Alpes. No obstante, con la misma génesis se presenta en la Cordillera Bética (Sierra Nevada, Filabres…).

Punta de 6 cm de longitud y 4 cm de anchura. La base está recristalizada.

La Loma del Gato en Almuñécar (Granada). Supe de este lugar gracias a la información que circula por internet, pero no daban indicaciones precisas sobre dónde están los cuarzos. Paseando por allí, si es que se puede llamar así a moverse por ese lugar tan agreste, se puede ver abundante cuarzo masivo blanco en cuyos huecos hay cristales trasparentes, pero mucho más pequeños que lo que esperaba. La información era correcta, no obstante y se pueden encontrar cristales de varios centímetros en torrenteras y márgenes de caminos. Sin embargo, esos cristales vienen de geodas en los esquistos, no en el cuarzo masivo.

Cristales de cuarzo en su matriz. Lo normal es que estén separados de ella.

Cuando una geoda aflora en el suelo lo primero que ocurre es que se llena de tierra. El «truco» es descubrir estas geodas, delatadas por algunos cristales, y vaciarlas cuidadosamente en busca de más. Los cristales de cuarzo están sueltos porque el sustrato esquistoso no los sujeta firmemente. Yo he tenido la suerte de vaciar dos de estas geodas, una de ellas de más de un palmo de profundidad que me ha proporcionado algunas piezas de buen tamaño. La operación la realicé con mis propias manos para no desportillar las piezas, por lo que me llevé algunos cortes en los dedos, pero mereció la pena.

Joya elaborada con una punta de cuarzo de Almuñécar recogida por mí mismo y que Tere luce en su cuello de vez en cuando.

De entre los cristales sacados de esas geodas escogí uno para encargar un colgante. No para mí, sino para Tere. Las particularidades de los cristales de Almuñécar, entre otros cuarzos, incluso los alpinos, hacen esta pieza una joya más exclusiva que si la hubiera comprado en Tiffany’s.

Cervera del Río Alhama

Un día me entero gracias Rafa Lozano que en La Rioja aparecen unos cuarzos completamente hialinos, a veces biterminados, de varios centímetros y brillo adamantino. Entre los aficionados y comerciantes este tipo de cuarzo se llama Herkimer por la localidad tipo en el estado de Nueva York (USA). La sorpresa mayor es cuando además me dice que se han formado en un Cretácico lacustre, junto a restos de dinosaurio y madera petrificada ¿En serio? Así que abandonamos momentáneamente los filones para irnos a las rocas sedimentarias.

Cristal completo de 6 cm. Las caras tienen un desarrollo desigual.

A partir de ese momento comencé a incluir un preceptivo paseo por Cervera del Río Alhama cada vez que anduviera cerca de La Rioja. No es fácil ver estos cuarzos porque son tan transparentes que no sabes que tienes uno delante hasta que una de las caras provoca un destello. A veces, se puede ver un brillo desde decenas de metros, pero luego resulta ser de una muestra menos que centimétrica… pero de vez en cuando aparecen una pieza cuyo tamaño y calidad compensa echar la mañana (o tarde) en ese paraje desolador.

Cuarzo perfectamente hialino, sin inclusiones y limitado por caras de desigual desarrollo.

La pieza de la foto justo arriba de este párrafo estaba semienterrada bajo un tomillo (o similar). Lo que mis ojos interpretaban era un agujero en el suelo como el de un bicho (araña, por ejemplo), pero cuando me movía levemente había una cierta distorsión óptica. Cuando acerco el dedo al agujero resulta que toco algo sólido, et voilà ! Otro cuarzo.

Prisma biterminado de 25 mm.

Además de tamaño o pureza, puede intentar buscarse la perfección cristalográfica, representada por el ejemplar de la foto de arriba. Otro objetivo, puede ser tratar de obtener los cuarzos hialinos en matriz. En este sentido no he encontrado nada que me gustara. Sin embargo, los cuarzos lechosos, que también los hay, en general más grandes sí que se pueden encontrar incrustados en filoncillos de calcita.

Cristal biterminado de cuarzo lechoso. Tengo otra muestra, menos agrietada y de similar tamaño en matriz, pero no se luce mucho.

Las «piñas» de Campos del Río

En terrenos ígneos, metamórficos o sedimentarios, parecía, en cualquier caso, que la formación de buenos cristales de cuarzo requiere condiciones de presión (diagénesis, por lo menos, para las rocas sedimentarias) y tiempo… Pues bien, eso tampoco es cierto. En terrenos del Neógeno con menos de 10 ma y de los que el mar no ha hecho otras cosa más que retirarse lentamente, también pueden desarrollarse cristales de cuarzo por encima de 1 cm. Insisto, sin presión ni más temperatura que la de los tórridos veranos miocenos. La prueba: en terrenos del Messiniense de Campos del Río (Murcia) aparecen unos agregados radiales tipo «piña» de cristales de cuarzo blanquecino.

Piña de cuarzo messiniense de 4 cm de diámetro.

Se encuentran en la marga, junto con madera fosilizada (en sílice o, parcialmente, en carbón) y calcedonia, la cual constituye la base de estas piezas. Como mineral formado en ambiente con abundante materia orgánica manifiesta una cierta fluorescencia. La mayor pieza que tengo del yacimiento no tiene forma de piña sino de masa retorcida que podría pasar por un trozo de geoda.

Pieza de cuarzo messiniense de 8 cm de longitud.

«Hielo» de Carrascoy

Después de la etapa en Madrid, mi padre entró en una especie de prejubilación y la casa de veraneo de El Cañarico (Alhama de Murcia) sufrió ciertas reformas para convertirse en vivienda habitual durante 5 años, y esporádica unos cuantos más tras iniciar nuestra segunda etapa en Archena. La cima de la Sierra de Carrascoy, señalada por las antenas, se ubica aproximadamente frente al Cañarico. Desde mi casa, cada mañana contemplaba la umbría de Carrascoy, muchas veces con una neblina que desaparecía en cuanto calentaba algo el sol. En muy raras ocasiones he visto esa misma ladera completamente cubierta de nieve… pero el «hielo» del que voy a hablar ahora no tiene nada que ver con el frío.

Cristal de 6 cm entre vértices, con bastantes caras desarrolladas, además de un «retoño» visible a la izquierda, y otro en segundo plano a la derecha.

Hace muchos años visitamos a una pariente lejana de mi madre en Los Almagros (Fuente Álamo). La señora me habló de unas minas de hierro en la solana Carrascoy y mostré tanto interés en el asunto que nos acercamos esa misma tarde. Mi primera impresión fue la de un lugar infestado de moscas, por lo que tardé en volver. Resulta que la masa de óxido de hierro (principalmente hematites) está cortada por filones de cuarzo que han dado lugar a algunas drusas cristalizadas. Una deposición posterior de calcita y brecha ferruginosa ha dejado estas drusas parcialmente ocultas, por lo que el cuarzo resulta menos obvio.

Cristal parcialmente desarrollado que ilustra perfectamente el nombre «hielo de Carrascoy».

Además de drusas, aparecen algunos cristales bastante independientes. Estos cristales superan los varios centímetros entre puntas, cuando las hay (tengo uno que llega a 8 cm), pero tienen muchos defectos de formación. Cuando el cuarzo es blanco suele estar agrietado y muestra tendencia a tener caras curvas y aristas poco definidas. La versión más transparente ofrece una mejor cristalización en general, pero aún así las caras tienen un aspecto disuelto y empañado, que junto con las grietas internas, hacen que estos cuarzos parezcan «cubitos de hielo» irregulares.

Drusa de cristales sobre óxido de hierro con calcita (parte superior a la derecha).

A pesar de las mencionadas irregularidades, la presencia de casi todas las caras en mayor o menor desarrollo, la peculiar trasparencia y el tamaño, hacen de estos cristales un aporte muy interesante a la diversidad del cuarzo en la Región de Murcia. Pero para mí son algo más: un tesoro que la sierra de Carrascoy me ha estado ocultando hasta que yo estuviera preparado para apreciarlo.

Conclusión

Hablar de varios tipos de cuarzo ha sido la excusa. He querido hacer un relato a modo de El Alquimista de Paulo Coelho (aunque la misma moraleja, pero con menos desarrollo, la recoge Borges en su Historia universal de la infamia atribuyéndola a Las 1001 Noches). Un viaje iniciático que comienzo con la búsqueda de cuarzo en terrenos sedimentarios mientras sueño con filones y la riqueza del granito. Tras visitar los terrenos graníticos y metamórficos, resulta que el cuarzo más puro y adamantino no está allí, sino en el Cretácico de La Rioja. Y cuando más convencido estoy de que no hay buenos cuarzos cerca de mi casa, resulta que la montaña de Carrascoy, cuya vista imponente he disfrutado desde que tengo memoria, me desvela su peculiar «hielo»: el tesoro estaba escondido en casa.

Otro cristal de cuarzo de Carrascoy… se parecería más al hielo con luz transmitida.

Yo sólo soy un buscador de cuarzo que de vez en cuando recoge otras piedras. El cuarzo fue mi primer mineral, y en más de una ocasión he pensado que podría ser también el último. No es broma. Los peores accidentes, afortunadamente sin consecuencias, que he tenido en el desarrollo de esta afición me han ocurrido tratando de recolectar cuarzo. Por eso no deja de ser irónico que a veces encuentre buen cuarzo donde no lo espero y no lo busco. Eso me lleva a otro recuerdo de juventud, el último por hoy: la foto con la que cierro este post es cuarzo recogido en El Cañarico. Se trata de una cuarcita con una drusa de cuarzo que ha sobrevivido a la erosión que la depositó en los terrenos cuaternarios, no muy lejos de mi casa.

Drusa de cuarzo desarrollada en un filoncillo en cuarcita alpujárride procedente de Carrascoy, El Cañarico – Alhama de Murcia.

Puede que el cuarzo sea el mineral más abundante, pero también hay que saber verlo… y esto último me ha llevado, sin exagerar, 40 años.

¡Felices vacaciones de verano!

Animales

Grafiti en una calle de Valencia.

Salir al campo, aunque sea solamente a buscar piedras, implica ver otras muchas cosas: paisajes, ruinas, plantas, animales… A veces no encuentras el mineral que buscas pero puedes tener un encuentro inesperado con algún habitante de esos parajes. En muchas ocasiones, dicho encuentro supone un susto para ambos y lo último que uno piensa es en sacar la cámara. Pero una foto de vez en cuando, pueden ser muchas al cabo de los años. Este post está dedicado a los animales con los que me he tropezado de manera casual.

Me he tomado la libertad de incluir muchos animales domésticos o «antropizados» de algún modo, así como verter una cierta dosis de opinión personal en los comentarios a pie de foto. Este post por su naturaleza, recibirá ampliaciones a medida que haga nuevas fotos o descubra alguna interesante entre los millares que aún tengo sin clasificar.

Reunión de jabalíes en la Fuente del Hilo (Sierra Espuña). Hasta hace unos pocos años, esta escena era frecuente porque los animales se habían acostumbrado a bajar cada día a la hora en la que sacaban la basura orgánica del restaurante. Me cuentan que los animales fueron sacrificados… motivo: los gestores del parque han adoptado esa visión fanática del ecologismo que se empeña en considerar al ser humano como una anomalía.
Este zorro en Cazorla (Jaén) también ha perdido el miedo al ser humano y se acerca a nosotros para intentar conseguir algún resto de comida. La foto salió borrosa porque estaba casi oscuro.
Salamanquesa, un cazador que también obtiene beneficio del ser humano. Sabe que su comida acude atraída por la luz de las bombillas en las noches de verano. En contrapartida, nosotros tenemos menos mosquitos y menos polillas.
Burrito con un arado romano en las proximidades de Lezuza (Albacete). El ideario buenista contemporáneo quiere que veamos aquí un «animal explotado», pero el alimento, los cuidados y, posiblemente, todo el cariño que recibe este animal proceden únicamente de su amo y «explotador».
Además de ser la oveja negra de su rebaño, va rezagada… Ya sé que hay ovejas en todas partes, pero justamente por eso no suelo hacerles fotos. Esta escena está tomada cerca Setenil de las Bodegas (Cádiz).
Bloqueado por un rebaño… lo que más me gusta de estas situaciones es ver la diligencia con la que actúan los perros pastores.
Tere saludando a una cabra que se proteje del calor a la sombra de un taray, cerca de Salobre (Albacete). Estar acostumbrado a condiciones climáticas duras no significa renunciar a las pequeñas alegrías.
Cabra montés sorprendida cuando devoraba las hojas de una higuera en un huerto cerca de Cazorla (Jaén).
Bucólica escena con vacas en Asturias, camino de Taramundi para visitar sus conocidos talleres de fabricación de navajas.
Más vacas, pero ahora en Suiza. No deja de llamarme la atención la gran diferencia que puede llegar a haber entre razas.
Toro, en los Pirineos, cerca de Puigcerdá, mientras yo buscaba, con poco éxito, un raro fosfato.
Toro de una raza particularmente lanuda, en Métabief (Francia).
Para acabar con el ganado vacuno, la versión jorobada africana en Burkina Faso.
Una imagen del pasado: colonia de galápagos de florida en el jardín tropical de la Estación de Atocha (Madrid). El estanque fue suprimido hace unos años, galápagos incluidos, en nombre del «bienestar animal».
Sapo tratando de escabullirse mientras intento fotografiarlo, en un día lluvioso (que aprovechan para desplazarse y reproducirse) en las inmediaciones de Chella (Valencia). Que el día fuera lluvioso repercutió positivamente en la búsqueda de jacintos de Compostela.
Enorme rana refrescándose en un gotero en las inmediaciones de Alhama de Murcia.
Tortuga mora, en el campo de Mazarrón. Todavía bastante gente cree que estos animalitos están en el campo para cogerlos y llevarlos a casa… La de la foto muestra cicatrices en la parte delantera de su caparazón, posiblemente un encuentro con los colmillos de un carnívoro.
Juvenil de tortuga mora trepando por mi martillo, también en Mazarrón. Esta foto fue tomada en pleno invierno «astronómico», cuando se supone que las tortugas hibernan… obviamente no era el caso y estos animalitos se fían más de la temperatura que del calendario.
Libélula captura en casa, momentos antes de su puesta en libertad.
Araña, en el centro de su tela en la Sierra de Ricote. No es incompatible la belleza del dibujo de su abdomen con el temor que infunden en muchas personas.
Si no ves los hilos te puedes encontrar de repente con esto (Mazarrón).
Araña de la misma especie, pero ahora en Librilla. Lo que tiene delante es su víctima, envuelta en tela hasta que llegue el momento del banquete.
Bonito «cráter» anunciando la entrada a un hormiguero. Seguramente es el resultado de las reparaciones tras una lluvia reciente.
Culebra tomado el sol en la Sierra de Ricote. Normalmente son muy tímidas, pero esta no se sentía demasiado molesta con mi presencia.
Pequeña víbora, aletargada por estar hibernando. La encontré al mover una piedra en el campo de Ulea (Murcia), y después de hacer la foto, volví a colocarla cuidadosamente. Esta foto es fue hecha mientras me documentaba para mi post Minerales del Valle de Ricote.
Este pequeño saurio conocido como «culebrilla ciega» puede ser fácilmente confundido con una lombriz. La primera vez que encontré uno en El Cañarico me pasé varios días, antes de liberarlo, tratando de convencer a mi familia de que se trataba de un auténtico vertebrado.
Cuervo, en un parque londinense.
Urraca con problemas de ceguera, entre otros males, adoptada en un taller mecánico de Les Milles, cerca de Aix-en-Provence (Francia).
Buitres, sobre el cementerio de un pueblo soriano. Un rato después, ya entrada la noche y recogidos los buitres, salen de paseo las ánimas del purgatorio… Buen sitio para (re)leer las Leyendas de Bécquer.
Nidos de cigüeña en un promontorio rocoso coronado por una veleta ¿lo habrán confundido con un campanario? En Autol (La Rioja).
Puesta de chotacabras, un ave que no hace nido, por lo que incuba sus huevos directamente en el suelo. Este pájaro se mimetiza muy bien con el terreno y no es visible hasta que se pasa muy cerca de él, momento en el que sale espantado. Es importante no tocar los huevos para que no los rechace una vez que regrese. Esta foto está tomada en el campo de Ulea.
Pequeño escorpión retirado de un «bed & breakfast» en una zona rural de Liguria (Italia) para ser liberado después en la calle.
Ácaro de llamativo color, en uno de los escasos promontorios rocosos de Burkina Faso.
La serenidad de Buda, especialmente si es de cerámica, no se altera por tener un opilión («araña patúa» por estas tierras) paseando por su cara.
Murciélaga con sus dos pequeños retoños colgando del techo de una mina. Una de esas agradables sorpresas que te depara el subsuelo aunque uno haya entrado a la galería para buscar minerales.
Rata, visiblemente enferma, en el Campus de Espinardo de la Universidad de Murcia. El pobre animal se subió después con bastante dificultad a una papelera.
Joven erizo, también en el Campus de Espinardo.
Ardilla comiendo, no sé exactamente qué, en un parque cerca de Washington. El animalito permitió que me acercara bastante para echar la foto, a pesar de lo cual no quedó demasiado bien de enfoque.
Mariposa monarca, protagonista de una de las mayores migraciones de insectos en Norteamérica. La foto está tomada en Chautauqua, relativamente cerca de las cataratas del Niágara, en el estado de Nueva York.
Gaviota en plena batida de alas sobre un lago suizo cerca de Neuchâtel.
Holoturia, en una granja experimental del Algarve (Portugal) para la crianza de estos invertebrados marinos. La idea es que en el futuro sustituyan al cerdo ibérico en nuestra alimentación…
En una ruta 4×4 por el Sahara son frecuentes escenas como ésta.
Mi madre acariciando un burro, en Mazarrón.
Me despido con una foto de este pasado invierno, en compañía de mi colega Wieslaw Kubis y un enorme caballo, en Svratka (República Checa).

Montemáticas

Momento de descanso con un visitante checo en la subida a La Sagra por el «Embudo» (Fucking Funnel, desde entonces). Solamente repetía la ruta que aprendí en las «Montemáticas»… La foto la tomó Ricardo, un estudiante que tras licenciarse tuvo que elegir entre las Matemáticas y la Montaña (la solución, al final).

Hace unos días se publicó un informe de la Oficina del Dato Único de la Universidad de Murcia titulado El envejecimiento del PDI funcionario. Al margen de lo inquietante que me resulta esa afición de nuestros dirigentes a poner nombres a los organismos dignos del 1984 de Orwell, no es menos inquietante que la plantilla de mi Universidad (y las demás) envejece en media. En particular, uno de los datos del estudio revela que 2020 el grupo de edad (quinquenal) más numeroso entre el profesorado funcionario era el que iba de 55 a 59 años. Peor aún, en 2010 el grupo más numeroso era el 45-49, o sea, los mismos. Apenas hay relevo generacional y en cuestión de 10 años se producirá una situación crítica. A estas alturas, mis apreciados lectores estarán preguntándose qué tiene que ver todo esto con el título del post: Montemáticas.

Gráficos de distribución por edades en distintos grupos de PDI funcionario en la Universidad de Murcia, tomados del informe de la ODU (las siglas TU y CU hacen referencia a profesores titulares y catedráticos de universidad).

Las Montemáticas, propiamente dichas

Hace 20 años éramos prácticamente los mismos en el Departamento de Matemáticas. Por supuesto, ha habido nuevas incorporaciones, alguna baja, últimamente varias jubilaciones y, lamentablemente, también decesos, pero eso son anécdotas comparadas con el grueso de la «pirámide» demográfica del PDI. Así que hace 20 años éramos esencialmente los mismos, pero más jóvenes y con más ganas de hacer cosas, tanto en la Universidad como fuera de ella. En ese contexto, hacia 2004 y por iniciativa de nuestro compañero José Pastor, consumado montañero y autor del blog Montañas del Sur, comenzamos a hacer algunas excursiones a montañas de la Región de Murcia y alrededores que se llamaron Montemáticas (¿copyright?).

José Pastor en la Sierra de María.

Las excursiones Montemáticas se realizaban en un solo día. La cumbre coincidía con el momento del almuerzo/comida para lo que se llevaban bocadillos. Después de esto, la bajada era mucho más relajada. Hubo subidas a La Sagra, Sierra de María, Espuña, Ricote… de las que no queda demasiado testimonio gráfico. Aquí pondré algunas fotos de las que aún quedan en la, muchos años inactiva, página web donde se daba cuenta de estas sesiones.

Ascenso a Sierra Espuña por la Senda del Caracol.
Almuerzo en el Morrón de Espuña.
Una mañana fresca en La Caleruela.
Cima de la Sierra de María. Hacía tanto frío que ni sacamos los bocadillos. La falta de equipamiento adecuado es una constante en mí: soy el que lleva guantes de bricolaje.

¿Matemáticas y montaña?

La Facultad de Matemáticas de la Universidad de Murcia no tiene cantina. Si bien esto puede ser algo meramente coyuntural (volumen del alumnado, oportunidad de negocio…), tradicionalmente las cantinas surgen para proporcionar comida caliente a los alumnos que, tras las lecciones teóricas de las mañanas, deben hacer prácticas por las tardes. No era el caso de Matemáticas, a pesar de que ahora hay más prácticas de ordenador… ni tampoco de Filosofía, otra facultad sin cantina. Ciertamente, no compartir prácticas ni comidas hacía que los estudiantes de Matemáticas no estuviéramos tan «cohesionados» como los de otras carreras científicas.

Nevada en Fuente Dé, para la que iba precariamente equipado (1991).

Ese era el panorama cuando entré como estudiante, y fue también el motivo de que no perdiera la oportunidad de «asociarme» (más bien, fui «adoptado») a una promoción de Biología, sólo un curso mayores que yo, para realizar distintas salidas de campo, algunos viajes por España y, por supuesto, visitar alguna montaña. Un buen número de Licenciados en Biología de esa promoción se incorporó a la Universidad de Murcia, y ahora avanzamos todos juntos en la «joroba» del gráfico de envejecimiento del PDI  😕

Ascensión a uno de los cerros en la Reserva de Saja.

Unos pocos años después, acabando mis estudios, gracias a las Becas del Programa Intercampus E./AL. pude viajar a Sudamérica (Paraguay y Perú). Aunque el motivo de los viajes era la realización de unas prácticas docentes, hubo ocasiones para conocer algo mejor los países de acogida, y los limítrofes, si se terciaba. En particular, en los Andes peruanos disfruté de la experiencia de estar a más de 5000 metros sobre el nivel del mar. Con bastante trabajo y resbalando continuamente, trepé por un glaciar. Es lo más alto a lo que me han llevado las Matemáticas 😉

Foto tomada desde lo alto del Nevado Pastoruri, glaciar andino en Perú (1995).

Ya incorporado como profesor en la Universidad de Murcia, y antes del comienzo de las Montemáticas, recuerdo algunos momentos divertidos en la montaña y de los que apenas queda alguna foto.

Cima de Revolcadores, con mi amigo y colega Pedro Fernández y dos de sus estudiantes en aquella época. No estoy descalzo por gusto, sino porque se me empaparon las botas y los calcetines de agua.

Conclusión

El toque de atención sobre el envejecimiento del personal de la Universidad de Murcia me ha hecho recordar lo diferentes que eran las cosas hace un par de décadas: teníamos más ganas de hacer cosas y más tiempo para quedar en fin de semana. Sin embargo, la edad no es el motivo de mayor peso en esta transformación. Las excursiones a la montaña es uno sólo de esos aspectos que hemos perdido, de momento… antes del COVID hubo algún amago de recuperar la parte lúdica de ser profesor de Matemáticas, como un divertido descenso con algunos compañeros en bote por el río Segura, entre Cieza y Blanca. No es lo mismo, pero hubo fuertes descargas de adrenalina.

Momento más intenso del descenso por el río Segura: la bajada por la presa antes de Abarán.

He hablado en ocasiones con Jose Pastor sobre la posibilidad de recuperar las Montemáticas, aunque sea en versión «senior». Las Matemáticas siguen pareciendo una materia muy árida para los que están fuera de ellas y transmitir a los posibles estudiantes que los profesores de Matemáticas somos capaces de divertirnos y parecer gente «algo más normal» seguramente redunde en una mejor percepción de esta carrera.

Excursión al Mont d’Or durante un congreso de Espacios de Banach, celebrado en Métabief (Francia) en 2019.

Respuesta a la incógnita del primer pie de foto: Ricardo escogió la Montaña. Lo último que supe de él es que andaba por USA formándose para ser «Forest Ranger» en los National Parks de Norteamérica.