Burkina Faso

Conocida hasta 1984 como Alto Volta, esta excolonia francesa fue rebautizada con el nombre de Burkina Faso por Thomas Sankara, un líder demasiado progresista para llegar vivo a los 40 años. Desde entonces, la forma de gobierno del país es básicamente la incertidumbre dentro de una alternancia entre revolución, república y golpe de estado (el más reciente en enero de este año 2022).

Burkina Faso significa patria de los hombres íntegros en una combinación de las leguas mossi y dioula, dos de las más habladas en su territorio. Y ciertamente, lo es: difícilmente encontrará el viajero un lugar con gente más amable y hospitalaria.

Río Volta Negro, del que tomaba el nombre la excolonia francesa.

Advierto al lector que este va a ser un post largo basado en una buena cantidad de fotos que he tomado en mis dos viajes a Burkina Faso. Espero que ayuden al conocimiento de este país del África Occidental. Mes chers amis burkinabés, ce post est mon petit homage à votre pays. Je m’excuse car, évidemment, les textes sont en espagnol. J’éspere que ça ne soit pas un problème et que vous vous débrouillerez.

El comienzo

Boureima Sangaré conduciendo por las calles de Ougadougou.

Mi relación con Burkina Faso comienza de manera totalmente casual. Se dice que no hay más de seis grados de separación entre dos personas cualesquiera de este planeta. Sin embargo, de Boureima Sangaré sólo me separaban tres grados, es decir dos intermediarios: un amigo me dice que un colega suyo va a recibir la visita en Murcia de un profesor de Matemáticas de Burkina al que conoció hace muchos años cuando ambos realizaban una estancia en Bélgica como estudiantes. Eran malas fechas para recibir gente en la universidad porque su estancia coincidía con buena parte de nuestras Semana Santa y Fiestas de Primavera (Bando de la Sardina y Entierro de la Huerta). No obstante, pudo impartir un seminario sobre su tema de investigación (modelización por EDOs y numérica de trasmisión de enfermedades tropicales como la malaria).

Tras aquella primera visita de Sangaré (lo suelen llamar por su apellido) vinieron otras. Yo por mi parte, viajé a Burkina a dar un curso abreviado de Análisis Funcional, y posteriormente para formar parte de un tribunal de tesis. Actualmente hay en marcha un convenio Erasmus+ con la Universidad Nazi Boni de Bobo-Dioulasso, gracias al cual unos cuantos estudiantes burkinabeses han disfrutado (o disfrutan) de estancias en la Universidad de Murcia, siendo en la mayor parte de las ocasiones el primer contacto que tienen con Europa. Asimismo, algunos colegas de Murcia ya han viajado al país africano en el marco de este convenio.

Ouagadougou

Una de las avenidas de Ougadougou, capital de Burkina Faso.

La peculiar ortografía de la capital del país se debe, en parte, al problema que tienen los francófonos para representar nuestro sonido «u» con una sola letra, así que debe leerse «Uagadugu». Cada vez que vean una palabra transcrita con «kh», normalmente al inglés o francés, recuerden lo afortunados que somos de tener el sonido «j». Ouagadougou se encuentra en el borde del Sahel por lo que la tierra de las calles, sus afueras y la no infrecuente imagen de beduinos en dromedario evocan al cercano desierto.

Si se llega en avión a Burkina Faso, se hace a través del aeropuerto de Ougadougou. En mi primer viaje, llegué por la noche. Sangaré estaba allí esperándome para realizar los trámites de entrada en el país (no llevaba el correspondiente visado por no tener Burkina Faso consulado en España). Al poco descubro que mi maleta se ha quedado dando vueltas en la cinta de recogida de equipajes del aeropuerto de Argel… Eso me dejaba en una situación bastante precaria, así que parte del día siguiente la empleamos en hacer algunas compras.

Kit de emergencia higiénica que me proporcionó Sangaré tras el extravío de mi maleta… la vaselina es muy útil en países tropicales para protección de la piel.
Plancha a carbón, como la de mi abuela, en una tienda de ropa. Aunque la electricidad llega bien a toda la ciudad, el carbón es más económico para calentar, ya sea la plancha o el té.

Una curiosidad de Ougadougou es que allí se celebra el Festival de Cine Africano FESPACO, cuya sede nos acercamos.

Sede del FESPACO, en obras para su rehabilitación.
Cajas de carretes de películas amontonadas en un rincón.
Maison du Peuple, gran centro de congresos y celebraciones. El mantenimiento era bastante mejorable…

El viaje al sur (-oeste)

Entre Ouagadougou y Bobo-Dioulasso hay casi 400 km (como de Madrid a Murcia) que hicimos en el Toyota Venza de Sangaré. El coche es cómodo, pero quizás no el modelo más adecuado para muchas de las carreteras del país. Desde el asiento de copiloto intenté captar la suave transición del paisaje semidesértico del Sahel al bosque (en ocasiones casi selva) tropical húmedo cerca de la frontera con Costa de Marfil. Durante el viaje hubo varias paradas, pero alguna de ellas será comentada en otra sección.

Pequeños comercios junto a la carretera de calidad de la ciudad: si se te olvidó comprar algo en el centro, no pasa nada.
Escena típica del transporte de pasajeros y mercancías. El único límite es que el motor no pueda mover el furgón…
Parada para ver los cocodrilos sagrados de Sabou.
Los cocodrilos bostezan en la orilla del lago. Poco después se acercarán atraídos por una carcasa de ave amarrada a una cuerda que usa el encargado del lugar.
Paisaje junto al lago de Sabou con un grupo de cebús.
«Posando» con un Baobab junto a la carretera.
Barra de bar en una aldea. El adobe es el principal material de construcción lejos de las poblaciones principales.
Grupo de jóvenes a la sombra y construcciones de adobe. Las circulares suelen ser graneros, mientras que para las viviendas se prefiere la planta rectangular.

Bobo-Dioulasso

La segunda ciudad del país en tamaño y donde he pasado más tiempo está construida directamente sobre laterita, y el polvo rojo lo cubre todo, particularmente cerca del paso de vehículos. El edificio más significativo es la mezquita de adobe construida en 1880 con el estilo propio del Sahel, que se encuentra en el barrio viejo, lugar muy interesante por otros motivos. He disfrutado también recorriendo el bazar y distintos mercados callejeros.

Es evidente que la vegetación va haciéndose más espesa a medida que se viaja hacia el sur.

La mezquita se encontraba en proceso de restauración.
Estación de ferrocarril de Bobo-Dioulasso, desde donde es posible viajar a Costa de Marfil en tren.
Rincón en la parte más vieja de la ciudad. En el cartel puede leerse «Real Madrid, mejor club del mundo».
Reparto de bebidas refrigerantes carbonatadas.
Siluros en el río. La especie se considera sagrada.
Los más pobres lavan la ropa, otros enseres e, incluso, ellos mismos, en el río. El agua «limpia» se obtiene del pozo junto al río.
Pero el agua de beber hay que buscarla el pozos fiables…
… cuando no se puede comprar.
La sociedad de «comedores de cacahuete» es la que gestiona la actividad turística en la ciudad vieja.
Baile de máscaras, justo en el momento en el que los danzadores están sentados. Lo siento, con tan poca luz las fotos en movimiento me salen borrosas.
Interior del bazar. Algunas de las prendas vendidas se confeccionan allí mismo (observen las máquinas de coser).
Venta de ollas y cazuelas de barro en un mercado de las afueras.

La Universidad Nazi Boni

El nombre no tiene nada que ver con la Alemania de los años treinta del pasado siglo, sino con un político burkinabés que tuvo un papel en la independencia del país. La Universidad tiene varias instalaciones, encontrándose el Departamento de Matemáticas en el campus de Nasso. La figura del profesor de universidad goza de prestigio social y los estudios incrementan las expectativas de futuro de los jóvenes.

Entrada al campus de Nasso, a varios kilómetros del centro de Bobo-Dioulasso.
Bakary me enseña la Biblioteca Universitaria en Nasso.
Aula tipo «amphi».
Estudiantes en una pizarra al aire libre discutiendo Química Orgánica.
Uno de los momentos de mi curso.
Detalle de la pizarra, con el teorema espectral para operadores compactos autoadjuntos.
Uno de los mayores problemas en la universidad son las termitas. Éstas construyen pasadizos de barro desde el suelo hasta el techo para comerse los paneles de madera.
En la universidad hay una gran cantidad de árboles de mango. A los de la foto les queda poco para estar maduros.
Con Sangaré, en el aula del curso.
Edificios en otro de los campus de la Universidad Nazi Boni, donde Sangaré tiene una sala donde trabajan sus estudiantes.
Vestido como miembro de tribunal de tesis. Los dos que no llevan el traje académico son los estudiantes que acaban de defender sus trabajos.

Alrededores de Bobo-Dioulasso

En Burkina Faso hay una gran diversidad religiosa. Entre mis amigos hay musulmanes, cristianos y agnósticos. También hay un buen número de animistas en zonas rurales que practican sacrificios de animales. Una tarde nos acercamos a una aldea donde podían verse muchas manifestaciones del culto animista. Las fotos del final son de una zona boscosa junto al campus de Nasso y algo de la fauna que puede verse por las calles.

Paisaje granítico antes de llegar.
Ahí escondida está la aldea.
Enseres de cocina secándose en la calle después de su lavado.
Interior de una casa, con graffiti de elefante rosa.
Altar con restos de sacrificio de gallinas.
Altar en forma de túmulo de barro de extraño rostro. Me recuerda lejanamente los ídolos neolíticos encontrados a lo largo de nuestra costa mediterránea.
Plantación de jóvenes baobabs, un aspecto muy distinto del que tienen cuando llegan a centenarios.
Una fea costumbre: restos de «monodosis» de bebidas alcohólicas, envasados en Ghana.
En los alrededores de Nasso: comprobando la resistencia de las lianas… si pueden conmigo, también podrán con Tarzán y Jane, juntos.
Termitero.
Lagarto de género agama. Son muy rápidos y la foto a distancia no capta bien los colores…
… a no ser que el pobre bicho esté muerto.

Más al sur

Tuve la oportunidad de conocer algunos lugares del sur de Burkina Faso, cerca de Banfora, durante los días libres de las estancias. Esta es la parte más húmeda del país, aunque no lo suficiente para cultivar café y cacao, como sí se hace en Costa de Marfil. Allí hay ríos de agua limpia y lagos donde pueden observarse hipopótamos. También hay elefantes en Burkina, particularmente cerca de Boromo, pero es difícil verlos, y si se tiene «suerte», también es peligroso.

Planta de procesamiento de caña de azúcar. La carretera está asfaltada con melaza.
Peculiar formación rocosa (areniscas). La horizontalidad de los estratos, con ausencia de plegamientos o fallas, es reflejo de la «solidez» de la placa tectónica africana.
Detalle de las areniscas donde se observan ondulaciones provocadas por el agua durante la sedimentación (ripples).
Paisaje, con río y areniscas como las anteriores.
Intento de baño (más bien ducha) a pesar de la ausencia de cocodrilos y otros peligros… he conocido pocos burkinabeses que sepan nadar.
Flores de hibisco, con las que se elabora una bebida popular en el país.
Canoas en la orilla del lago Tengrelá. Su estado normal es estar anegadas. Cuando alquilas alguna, el encargado la vacía y tapona las vías de agua con barro… para un rato aguanta.
La canoa pasando entre nenúfares. Obsérvese el tapón de barro frontal.
Grupo de hipopótamos observando la canoa. Mejor guardar cierta distancia…
Cráneo de hipopótamo.
Fruto del baobab, con el que se elabora el «pan de mono».
Baobab sagrado en el que se refugió una tribu durante un ataque.
Entrada al baobab sagrado. Hay que descalzarse para pisar dentro.
Interior del baobab… no sé si una tribu entera, pero cabe bastante gente.
Compartimos un té con nuestros guías junto al lago.
Paisaje verde desde un roquedo de arenisca, nada que ver con el norte del país.
Y la maleta, finalmente llegó una semana más tarde.

Las gentes

No todo van a ser paisajes y objetos en este repaso fotográfico de mis experiencias en Burkina Faso. La población del país se compone de muchas etnias, todas ellas con alguna lengua y cierta pervivencia de costumbres. La «nobleza» pertenece a los mossi, que es también la etnia mayoritaria en el país. En Bobo-Dioulasso hay una gran proporción de población bobo, mientras que el norte del país hay tuaregs. También hay algunos dogón, de cuyo peculiar arte se pueden encontrar muestras en las tiendas. Sangaré pertenece a la etnia peul, originariamente de pastores nómadas. Por este motivo siempre le digo que en su caso tiene mucho más mérito el haber alcanzado su estatus actual.

Sangaré con su familia.
Con el tío de Sangaré, en Boromo, sus dos esposas y uno de sus hijos. La poligamia es cada vez menos frecuente en Burkina.
El hermano de Sangaré, con su familia y casi todos los niños de la aldea, que acudieron para salir en la foto.
Niña leñadora posando con su hacha. Observe el sistema de enmangue de la hoja, que permite ahorrar metal (el engrosamiento de la madera ayuda en la inercia) y que recuerda el enmangue de algunas hachas neolíticas de piedra y de las primeras en bronce.
Como quería un hacha igual que la de la niña, y las que vendían eran demasiado grandes caber en la maleta, fuimos a encargarla a un herrero. La fragua, para aumentar la temperatura, usa la turbina de un extractor de aire conectado a una rueda de bicicleta.
Estudiantes volviendo de la universidad. La moto, junto con la bicicleta, es el vehículo más popular…
… capaz de llevar a una familia…
… pero, al contrario que la bicicleta, necesita combustible.
Alrededores de Tengrelá. un agujero en el suelo con una escalera tallada en un poste…
… para mantener fresca la hoja de palma mientras se teje con ella, en este caso un cesto.
Vendedoras de fruta «acosando» al pobre Sangaré en una parada en la carretera.

Productos y alimentos

Hablaré un poco de la producción de Burkina Faso. Los índices macroeconómicos sitúan al país africano entre los más pobres del mundo. Ciertamente, no hay allí yacimientos especialmente valiosos, siendo la minería de oro meramente testimonial. Burkina no tiene salida al mar y su clima tropical no es lo suficientemente húmedo para cultivar café o cacao. Hay que precisar que los llamados índices macroeconómicos se basan en los precios de mercado de los productos, y no en su capacidad para paliar el hambre. Afortunadamente, Burkina Faso produce una variedad de productos comestibles: cacahuetes, excelentes aguacates, manteca de karité, mangos…

Renault-Berliet: muchos de los camiones que mueven mercancía en Burkina son modelos clásicos pero de sobrada robustez y fiabilidad.
Fábrica de cerveza Brakina, en las afueras de Bobo-Dioulasso.
Y la mencionada cerveza, que acompañó muchas de mis comidas allí.
Pero una de las mejores bebidas de Burkina es la horchata de chufa, siempre de producción artesanal (por eso va en una botella de agua reutilizada), que es más concentrada que la valenciana.
Sopa de pescado, literalmente, un pescado que ocupa casi todo el plato.
Pescado local preparado al papillote. Se toma con mucho picante.
El pollo es muy popular, sobre todo, como «poulet flambé». Ave recién desplumada en la cocina de un restaurante que ofrece la posibilidad de elegir el pollo (todavía vivo) en el corral.
El cebú está delicioso.
Cocinando de manera tradicional.
Palma, para hacer aceite. Aquí no hay problema con los orangutanes.
Anacardos, la parte carnosa está deliciosa. En España sólo conocemos la semilla como fruto seco, que curiosamente crece en el exterior.
Snack de grillos. Al final, me fui sin probarlos…
… ni esto tampoco: otro snack de larvas de insecto.
Si se trepa a esta farola se puede obtener miel.
«Pan de mono» elaborado con el fruto del baobab.
Hablemos de un producto de importación: Burkina no produce vino, pero allí se puede encontrar vino de Jumilla. El de la foto está producido por García Carrión y no es mejor que el Don Simón a pesar de ir en botella de vidrio.
Afortunadamente, también se puede encontrar vino francés (y argelino) de calidad razonable.

La despedida

La vuelta a Ouagadougou fue nuevamente por carretera. Paramos a ver de nuevo al hermano y al tío de Sangaré en Boromo. Llegando a nuestro destino un extraño ruido salía de la caja de cambios automática del Toyota… los últimos kilómetros fueron muy penosos y no entraba la marcha atrás: el cambio se había quedado sin aceite. Afortunadamente pudo repararlo esa misma noche y al día siguiente, sin contratiempos, yo volaba de vuelta a casa.

Los últimos días los dediqué a buscar recuerdos, como cualquier turista  😕
Le eché una mano a Sangaré conduciendo su Toyota durante el regreso… por si se os ocurre, no tengo nada que ver con la avería de la caja de cambios.
Me hubiera gustado tener más tiempo para estudiar las industrias líticas en los alrededores de Bobo-Dioulasso.
Algunas cosas no cambian…
Me gusta pensar que he podido tener alguna influencia… Bakary luce unas abarcas adquiridas en Murcia.
«Aquí hay alegría»
À bientôt chers amis !

Epílogo

Queridos lectores, espero que os haya gustado este post, esencialmente fotográfico (más de 100 imágenes), sobre Burkina Faso y que contribuya al mejor conocimiento de este país. Espero vuestros comentarios.

¿Cómo se clasifican las rocas?

El otro día paseando con Tere por Bolnuevo, entre la playa y la Sierra de las Moreras (dudo que alguna vez las hubiera) tuve ocasión de decir la manida frase “me alegro mucho de que me hagas esa pregunta”. No era para menos. La respuesta académica habitual se considera uno de los temas más soporíferos de los que se tratan en la escuela ¿Quién (con una cierta edad) no recuerda este anuncio de TV? Realmente, no se trata de un asunto aburrido, pero se suele despachar con una larga enumeración de tipos en lugar de unas pocas ideas básicas y simples. Por cierto, la pregunta era: ¿Cómo se clasifican las rocas?

El autor estudiando unas margas en el Valle de Ricote.

Lo primero que hay que entender es que la Geología trata de los procesos que ocurren en nuestro planeta y conforman no solamente el paisaje que vemos, sino también lo que hay debajo del mismo. Así que lo primero a tener en cuenta para clasificar una roca es saber en qué tipo de proceso se ha formado. Posteriormente, se tiene en cuenta la composición y, eventualmente, otras características como la textura. Pero lo primero es lo primero: los procesos.

Procesos geológicos

Los procesos geológicos necesitan energía para ocurrir, así como cualquier máquina para funcionar. Cuando la energía procede de la Tierra misma, es decir, el calor que almacena bajo la corteza terrestre, el proceso se dice interno. Si la energía que anima el proceso procede del exterior, principalmente del sol, se trata de un proceso externo

El libro de Geología de F. Anguita y F. Moreno está dividido en dos partes de acuerdo a la clasificación de los procesos.

La orogenia o formación de montañas es un proceso interno, ya que se debe a los empujes de las placas tectónicas provocados por corrientes de convección en el manto terrestre. Por otra parte, la erosión provocada por los agentes atmosféricos, el transporte de sedimento por los ríos y la precipitación de sales en aguas marinas por variaciones de la temperatura son procesos externos.

La terminología puede dar lugar a confusión, pues un volcán, aunque arroja material al exterior es un proceso interno, mientras que un sistema kárstico a cientos de metros bajo tierra evidencia un proceso externo. 

Rocas sedimentarias

Son las que se forman como consecuencia de los procesos externos. Su nombre puede sugerir que proceden de la consolidación de sedimentos arrastrados o en suspensión en medio acuoso, pero no siempre es así. Pueden formarse también por precipitación química o acción biológica (ambos orígenes se dan en las calizas, por ejemplo) o sin mediación del agua (loess, polvo transportado por el aire).

Dune du Pilat (Francia), toda esta arena ha llegado arrastrada por el viento.

Los principales componentes de las rocas sedimentarias son el carbonato cálcico (calizas), óxido de silicio (areniscas), sulfato de calcio y otras sales (evaporitas), silicatos del grupo del caolín (arcilla)… hemos destacado entre paréntesis las rocas “monovarietales”, pero también se dan mezclas, como la calcarenita (caliza con sílice), marga (arcilla con caliza) o el flysch (alternancia de bandas de arcilla/marga y caliza).

Los Mallos de Riglos (Huesca), potente acumulación de conglomerado.

Las rocas sedimentarias formadas en antiguas cuencas marinas afloran hoy y forman montañas gracias a los procesos orogénicos que, aún siendo de tipo interno, no cambian la naturaleza de la roca. La denostada teoría del geosinclinal establecía que el desequilibrio provocado por el movimiento de masa hasta la cuenca sedimentaria activaba el proceso orogénico. Si bien hoy día se considera que son los empujes entre placas tectónicas los que levantan las montañas, algo de cierto debe haber en la “activación” provocada por el relleno de una cuenca porque, con contadas excepciones, las montañas más altas de todos los continentes fueron alguna vez sedimento marino.

Rocas ígneas

Son rocas formadas por materiales procedentes del interior de la Tierra que estuvieron previamente fundidos. Entran, por lo tanto, en la categoría de rocas originadas por procesos internos. Se clasifican de acuerdo con la manera en la que el magma se ha abierto camino hasta el exterior, y posteriormente según los silicatos que integran su composición.

El Etna (Sicilia), imponente volcán.

Si el magma ha salido fluido hasta la superficie de la tierra, las rocas se dicen volcánicas (aunque no todos los volcanes tienen un aspecto similar). El basalto es una de las rocas volcánicas más típicas, pero también están las andesitas, dacitas, jumillitas… y la conocida semipreciosa obsidiana. Los volcanes también emiten cenizas que se acumulan de manera similar a los estratos sedimentarios.

Cuando la intrusión de magma no aflora, ésta se enfría lentamente por lo que se produce una mejor diferenciación y cristalización de los minerales que la componen, dando lugar a las rocas plutónicas de las que el granito es la más representativa. El material inicial para formar las primeras rocas sedimentarias proviene de la meteorización del granito que componía la primitiva corteza terrestre.

Paisaje de metagranitos en Lubrín (Almería), lo más parecido al granito que podemos disfrutar cerca de Murcia.

Una situación intermedia consiste en un magma, con parte de los minerales formados, pero aun fluido que “escapa” a través de fisuras rellenándolas. Esto da lugar a las rocas llamadas  filonianas. Como el proceso conlleva cierta “destilación” del magma, esta rocas pueden ocasionalmente concentrar minerales raros, como las pegmatitas.

Rocas metamórficas

Se trata de rocas preexistentes transformadas por la presión (orogenia) y/o la temperatura (proximidad de un magma). Normalmente se trata de rocas originalmente sedimentarias, por lo que se puede decir que tiene su origen en procesos externos e internos a la vez.

Materiales metamórficos erosionados en la playa de As Catedrais (Lugo), a pesar de la aparente «marabunta humana», el acceso está rigurosamente controlado.

Los compuestos que integran la roca original pueden ser transformados en otros, dependiendo de cuanto se haya «cocinado» la roca. A esto se le llama grado de metamorfismo. Por ejemplo, un sedimento arcilloso muy compactado da lugar a una pizarra. La pizarra actualmente se considera sedimentaria porque puede contener fósiles, mientras que, en una genuina roca metamórfica, los fósiles son destruidos en la transformación.

Fragmento de pizarra con «bicho» (trilobite). Por este motivo la pizarra, inicialmente metamórfica, pasó a considerarse una roca sedimentaria.

Esta misma pizarra, si recibe calor y presión en grado moderado, se convierte en un esquisto. Si el “horneado” es más intenso, pasa a gneis y migmatita, que es lo último que puede ser antes de fundirse y transformarse en granito. Una arenisca da lugar por metamorfismo a cuarcita. La caliza, por su parte, se transforma en mármol, manifestándose el grado de metamorfismo en el tamaño de los cristales y los minerales accesorios.

Mármol de alto grado de metamorfismo, de Estepona (Málaga).

Ocasionalmente, una roca ígnea puede sufrir metamorfismo. Las metabasitas consisten en intrusiones ofíticas en terreno originalmente sedimentario que, junto con él, han sufrido un proceso metamórfico.

Conclusión

A pesar de las sencillas ideas que hay detrás de la clasificación de las rocas, ésta no es siempre tan sencilla. La diferenciación por porcentajes de minerales en la composición no es fácil de establecer en el campo. Igualmente, decidir si las transformaciones sufridas por un sedimento durante su consolidación (diagénesis) que implican la formación de nuevos minerales (dolomita, haciendo que una caliza pase a dolomía, por ejemplo) no traspasan los límites del metamorfismo tienen cierta carga de arbitrariedad.

Para disfrutar de la Geología en Murcia…

Recuerdos de Ucrania

He estado un par de veces en Ucrania, y he visitado tres de sus ciudades. No me apetece hablar mucho, así que sólo pondré algunas fotos que hice allí, y que a estas alturas ya no son otra cosa que unos recuerdos de Ucrania.

Kiev

La capital del país ocupa una posición bastante central en Ucrania en sentido de la latitud, aunque algo desviada hacia el norte, y relativamente cerca de Bielorrusia. Kiev, situada junto al Dniéper, tiene grandes espacios abiertos.

Centro de Kiev
Complejo monástico de San Miguel de las Cúpulas Doradas
Catedral de San Miguel de las Cúpulas Doradas
Monumento a la Independencia
Reloj de grandes dimensiones, cerca del Monumento a la Independencia
Catedral de San Andrés
Graffiti
Literalmente: espreso, amerikano, kapuchino, latte…

Lviv

La ciudad de Lviv siempre ha estado en el mismo sitio, pero no las fronteras. Si nos ceñimos a los últimos dos siglos, Lviv ha sido: austrohúngara, polaca, soviética y, finalmente, ucraniana desde la independencia del país. Durante los años polacos, reunió en su universidad un grupo de matemáticos cuya influencia en Topología y Análisis Funcional ha sido esencial en el siglo XX.

Noche de verano en Lviv
Tranvía por el centro de la ciudad
Volga GAZ-21, automóvil ruso de los años 50-60
Chocolates en forma de herramientas y ferralla
Congreso de Matemáticas en honor de Anatoli Plichko
Foto de los congresistas frente a la tumba de Stephan Banach
Kawiarnia Szkocka, o Café Escocés, donde se reunían S. Banach, S. Mazur, H. Steinhauss, y S. Ulam, entre otros, a hablar de matemáticas y poner problemas, también de matemáticas.
Pasión desmesurada por el fútbol
Un famoso leopoliense, Leopold von Sacher-Masoch ¿de qué me suena su apellido?

Kharkiv

Situada al este del país y muy cerca de la frontera con Rusia, resulta más fácil oír ruso que ucraniano por sus calles. En ella está la Universidad Nacional Karazin, por donde han pasado un buen número de matemáticos y físicos de renombre.

Catedral de la Anunciación
Palacio decimonónico, usado actualmente para celebrar eventos
Mercado de abastos
Plaza cerca de la Universidad tras una nevada
Edificio de la Universidad Nacional Karazin, donde se encuentran las facultades de Ciencias
Tres premios Nobel vinculados con la Universidad de Kharkiv
Colección de modelos geométricos en escayola
Detalle de las superficies en escayola
Plaza de la Libertad, posiblemente la mayor plaza adoquinada de Europa
Productos para una cena de contingencia en Kharkiv

Epílogo

Ucrania está llena de vestigios de las guerras del siglo XX y fue escenario de uno de los mayores genocidios ocurridos en Europa, el Holodomor. La Historia, esa sucesión de fechas y nombres que parece haber quedado fosilizada en los libros, sigue escribiéndose hoy mismo, domingo 27 de febrero de 2022, con sangre.

Graffiti. No he podido averiguar quién está representado, pero el avión es un Yakovlev Yak-1.
Tanque británico Mark V de la Primera Guerra Mundial
Tanque soviético T-34 de la Segunda Guerra Mundial
Con los profesores Vladimir Kadets y Alexander Yampolsky en un restaurante.

Dedicado a mis amigos y colegas ucranianos.

Editado 1/02/2022. La siguiente foto es una vista desde el despacho que ocupé en la Universidad Nacional Karazin de Kharkiv (Járkov) durante mi visita en 2017. El edificio que se ve al final de la Plaza de la Libertad ha sido destruido hoy por un misil ruso.

Editado 4/03/2022. Sin palabras.

Matemáticas y matemáticos

Durante mucho tiempo he sentido cierta aversión a presentarme como matemático ante un grupo de desconocidos. Y si me veo obligado a mencionar mi profesión, digo simplemente que soy profesor evitando concretar mi especialidad. No se trata de vergüenza. Es por el hastío que me produce tener que explicar desde cero una cierta cantidad de conceptos que para ser comprendidos necesitan varios años de estudios reglados, y unos cuantos más para ser dominados. Quizás es que no tengo vocación de divulgador. También podría ser que hacer creer a la gente que en poco menos de una hora puedes exponer ideas que llevan años entender tampoco deba de ser el objetivo de la divulgación… Ahí van unas reflexiones sobre Matemáticas y matemáticos.

Un clásico de la divulgación, por R. Courant y H. Robbins

Hay varios grados de conocimiento o, mejor dicho, ignorancia sobre las Matemáticas y los que nos dedicamos a ellas. El primer escalón y más básico es pensar que las matemáticas tienen que ver con cuentas complicadas, pero en el sentido más aritmético de la palabra. Se espera de nosotros una habilidad sobrenatural para el cálculo, particularmente el mental. ¿Quién no ha estado en una cena y, llegado el momento de fraccionar la dolorosa, las miradas se han dirigido al matemático del grupo? Puede ser mucho peor. Una empresa agrícola descubrió que una parcela necesaria para ampliar su explotación estaba registrada a nombre de mi difunto abuelo. Se convoca a los herederos (un buen puñado de tías maternas y primos) a una reunión para negociar la compra. A la hora de fijar el precio sale a colación una venta reciente de un número centenario de tahúllas de calidad similar por una cantidad millonaria de pesetas, que puede servir de referencia para fijar el precio de la parcela. Por supuesto, los números estaban muy lejos de ser redondos “¿Quién va a hacer la división?” Pregunta alguien ante la ausencia de calculadora (recuerda, el precio estaba en “pesetas”). “Mi hijo, que es doctor en Matemáticas” – dice mi madre con voz fuerte y segura, mientras yo deseo que me trague la tierra. Un poco más tarde, alrededor de veinte personas me miraban, mientras hacía la división con lápiz y papel, con más atención que si estuviera desactivando una bomba. Hay que decir que me salió demasiado bien para llevar veinte años sin practicar el algoritmo…

Las Matemáticas: modo de empleo, por G. Godefroy.

A pesar de la anécdota que acabo de contar, opino que aprender a realizar operaciones aritméticas a mano debe formar parte de la educación de cualquier persona. En la historia de las Matemáticas, la adopción del sistema de numeración actual (expresión de cualquier número como una combinación de potencias de la misma base, digamos 10) fue un catalizador para el avance. Sólo perdiendo el miedo a la Aritmética fue posible el Álgebra, es decir operar con cantidades desconocidas representadas con letras. Esto nos lleva al segundo escalón de mitología o desconocimiento sobre los matemáticos: nos dedicamos a escribir fórmulas que nadie comprende. Imaginad, la clásica imagen de Einstein ante las ecuaciones tensoriales de la Relatividad General, o lo que escriben los personajes de The Big Bang Theory en sus pizarras. Fórmulas misteriosas con las que se puede calcular “matemáticamente” cualquier cosa imaginable: el día más triste del año, enriquecerse en los casinos, averiguar la fecha de tu muerte… Y esto no es exagerado, en absoluto. Laplace dijo que las leyes de la Mecánica determinan completamente la evolución del universo con todo su contenido y lo único que nos impide aplicarlas al conocimiento del futuro es no disponer de la capacidad de cálculo ni los datos exactos de posición y velocidad de todas las partículas en un momento dado. Afortunadamente, la Termodinámica, la Mecánica Cuántica y la Teoría del Caos, más o menos en ese orden, nos restituyeron el libre albedrío… y nos trajeron más fórmulas. Hay algo fascinante en la manera de escribir las Matemáticas, y aún sigo consultando mis libros con la misma reverencia que un nigromante su grimorio. Ciertamente, las fórmulas juegan un papel importante en Matemáticas, pero no todos los teoremas contienen fórmulas, ni todas las fórmulas son ecuaciones. 

Uno de mis «grimorios» favoritos: el Whittaker-Watson

El tercer y más avanzado grado en el (des)conocimiento de los matemáticos y su actividad consiste en pensar que somos unos estafadores. Esto puede ocurrir por distintos motivos. Hasta cierto momento en la historia de la Ciencia, las Matemáticas eran “descubiertas”, la mayor parte de las veces con motivos prácticos. Incluso la Geometría de Euclides, prototipo de teoría matemática en lo abstracto y riguroso, simplemente expresaba propiedades inherentes e inmutables del espacio que habitamos. En los últimos cien años ha cambiado la manera de hacer matemáticas y cada vez se rinden menos cuentas a las aplicaciones inmediatas. Las Matemáticas hoy día son el estudio de ciertas estructuras abstractas, algunas realmente extrañas y artificiosas. Tratar de explicar lo que haces a alguien ajeno al oficio se parece mucho al momento preciso en el que un estafador es descubierto tras enredarse en sus propias mentiras. También ocurre a veces que alguien que busca la ayuda de un matemático termina pensando que ha sido una pérdida de tiempo. Como el chiste del hombre que, yendo en un globo aerostático a la deriva, le pregunta a gritos a alguien en tierra firme que dónde está. El señor desde el suelo le dice que se encuentra en un globo y exactamente sobre su vertical. “Usted debe de ser matemático ¿no?” – dice el aeronauta. “¡Cierto! ¿Cómo lo ha sabido?” – dice la voz desde tierra. El hombre del globo se lo explica: “me has dado una respuesta tan cierta y precisa como inútil”.

El primer capítulo del libro de J. Dieudonné es el mejor resumen posible sobre los matemáticos.

Dejando atrás las confundidas creencias de gente ajena a la Ciencia sobre los matemáticos, entre los científicos también existen opiniones que no suscribo. Unos dicen que las Matemáticas son una herramienta, lo que nos convierte a los matemáticos en meros técnicos, esperando a que nos llamen. Sobre este misbelief no suele tener ningún efecto apelar a la enorme extensión y autonomía de la Matemática no Aplicada, es decir, la Matemática Pura. Otros dicen que las Matemáticas son el leguaje de la Ciencia, versión actualizada del aforismo de Galileo, lo que nos convierte ahora en lingüistas o traductores. Lo peor, sin embargo, es cuando dicen que las Matemáticas no son una Ciencia. Esta tesis sostiene que las ciencias “verdaderas” se enriquecen por razonamiento inductivo, es decir, el fenómeno particular sugiere un principio general, mientras que las Matemáticas usan el razonamiento deductivo, que viene a ser la obtención de conclusiones a partir de principios muy generales. Obviamente, quien dice esto (suponemos que un filósofo) ve las Matemáticas tal y como se exponen en los Elementos de Euclides o en cualquier libro de una teoría consolidada. Si bien, esa es la manera de escribir las Matemáticas, no es así como se crean. Los teoremas se originan a partir de conjeturas basadas en ejemplos particulares, y en este sentido un matemático es como cualquier otro científico experimental: mucho ensayo-error y no poca frustración hasta que das con una buena idea. La demostración acabada de un teorema, aunque escrita con todo lujo de detalles, no contiene, sin embargo, ni una pista sobre lo más excitante del trabajo de un matemático.

El título lo dice todo…

Hasta ahora hemos estado diciendo cosas que no hacen los matemáticos, que es intentar definir una categoría por lo que no es. Pero, ¿qué es realmente un matemático? Según Dieudonné, un matemático es alguien que ha publicado alguna vez la demostración de un teorema no trivial. Aunque me puedo identificar en esa definición, resulta algo estrecha. De acuerdo con Feynman, el matemático es un especialista en la búsqueda de patrones. Esto se puede entender como una particular manera de mirar al mundo: con los ojos de un matemático. Prometo ejemplos de esto en futuros posts.

Editado 20/05/2022. Nuestro título «Matemáticas y matemáticos», en cuya ambigüedad está incluida la innecesaria duplicación de género impuesta por la corrección política actual, resulta ser también el título de un libro editado por José Ferreiros y Antonio Durán, cosa que desconocía en el momento de escribir este post.

Vuelto a editar 26/03/2023. Pongo un link a un artículo de Peter Casazza que hará las delicias de los lectores que se defiendan en lengua inglesa.

Paragénesis

Si observáis las piezas de las colecciones de minerales en los museos, o las que se ofrecen a la venta en las ferias especializadas, veréis que los cristales rara vez están sueltos, sino que van incrustados o adheridos a una matriz. Esto se ha convertido en un estándar de belleza o calidad para los minerales de colección, que yo sigo hasta cierto punto pero sin obsesionarme con ello (a la vista está). Sin embargo la matriz contiene información valiosa sobre el origen del mineral, ya que éste no se ha formado solo, sino como parte de una mezcla de compuestos que han dado lugar varios minerales simultáneamente. Esto motiva la introducción del término paragénesis.

Aguamarina sobre matriz tapizada de moscovita, ejemplo de paragénesis. La pieza procede de Pakistán, la foto de Wikipedia.

El concepto…

Se llama paragénesis a la asociación de varios minerales como consecuencia de un mismo origen. Se aplica principalmente cuando dicha asociación tiene carácter habitual, por lo que en algunos casos se puede predecir la presencia de un mineral a partir del conjunto de los otros. Desde un punto de vista petrológico, una paragénesis representa el equilibrio de los diferentes elementos que componen una roca en las condiciones físico-químicas de su formación. Es decir, los minerales que componen una paragénesis representan la organización más estable, y por lo tanto razonable, de los distintos elementos presentes en la mezcla.

Ojo, pero sólo en el momento de la formación. Una vez cambian las condiciones, el equilibrio entre los componentes puede ser inestable y estos comenzarán a reaccionar entre si para formar otros compuestos. Este proceso puede ser muy lento, pero inexorable. Un sedimento arcilloso da lugar por metamorfismo (efecto de la presión y la temperatura) a varios minerales de la clase de los silicatos: feldespatos, micas, granates… y estos minerales, formados en condiciones muy especiales, una vez en la intemperie, comienzan a degradarse lentamente, hasta acabar siendo arcilla de nuevo. Como el movimiento se demuestra andando, voy a ilustrar este post con una selección de paragénesis de distintos tipos. Advierto que no son tan bonitas como la aguamarina de arriba, pero no son menos interesantes.

Evaporita: yeso con cuarzo

Yeso del Keuper con cristales de cuarzo (visibles 5 en esa posición), Ricote (Murcia).

En primer lugar, un yeso del Keuper con cristales de cuarzo. Este yeso tiene origen evaporítico, es decir, procede de la desecación de aguas salobres. Los componentes principales de la salmuera son el cloruro sódico y potásico, pero a su vez son también los más solubles, por lo que el componente principal de las evaporitas termina siendo el sulfato cálcico hidratado, vulgo yeso. Otros componentes minoritarios se agrupan por afinidad dentro de la masa de yeso. Una pequeña cantidad de óxido de silicio (sílice) da lugar a los cristales de cuarzo. En la foto se aprecia que el efecto de la presión en el sedimento ha reorganizado la cristalización del yeso en láminas y los cristales de cuarzo se disponen paralelos a esas capas. Esto nos indica que los cristales se formaron durante la diagénesis (compactación del sedimento por efecto de la presión) y no en el momento de la sedimentación. Es incluso posible que en esa movilidad química juegue un papel fundamental el agua cedida por el yeso al pasar a anhidrita por el efecto de la presión.

Xenolito de gneiss: granate, sillimanita…

Xenolito de gneiss de biotita con granates almandinos, sillimanita y cordierita, Níjar (Almería)

A continuación hablaremos de dos paragénesis originadas a altas temperaturas. En primer lugar, un gneiss con biotita, granate almandino, cordierita y anadalucita/sillimanita. Esta roca se encontraba embutida en el seno de una roca volcánica, andesita. Este tipo de inclusiones se llaman xenolitos. Se supone que vienen de estratos profundos, arrancados y atrapados por el magma en su movimiento ascendente. Es posible, incluso, que la roca original fuera esquisto y el contacto con el magma terminara de “cocinarlo”, formando minerales estables a temperaturas mayores y aportando algún elemento más. No obstante, los minerales mencionados sólo necesitan silicio, aluminio, potasio, magnesio y hierro, que están presentes en grandes cantidades en la corteza terrestre.

Migmatita con chorlo

Migmatita con estratos enriquecidos en chorlo (turmalina negra), Torrox (Málaga).

Continuemos… un gneiss puede llevarse, por medio de la presión y la temperaturas, a la fusión parcial de algunos de los minerales que lo componen, dando lugar a una roca llamada migmatita. En la foto tenemos una migmatita en la que destacan unas inclusiones de chorlo (turmalina negra), lo que supone un aporte extra de boro.

Magnetita y calcopirita

Masa de calcopirita y magnetita provocada por enriquecimiento en metales de un esquisto cuarzoso, Zurgena (Almería).

Sigamos con las rocas metamórficas. Las condiciones de presión y temperatura pueden provocar también la concentración de minerales interesantes para la industria. Una paragénesis frecuente es la de la magnetita y calcopirita (en ocasiones con otros sulfuros) en esquistos cuarzosos. Los minerales, en forma de granos, se disponen siguiendo los estratos de la roca. La muestra de la foto procede de Zurgena y tiene una alta concentración de calcopirita. Los yacimientos de cobre de Morata y La Carrasquilla (Lorca) responden al mismo patrón, aunque lo que se explotó allí fueron los carbonatos de cobre procedentes de la alteración de la calcopirita.

Yeso del Keuper «enriquecido» en magnetita y calcopirita (la alteración de ésta última es visible como malaquita), Ulea (Murcia).

En relación con la paragénesis que acabo de describir en los esquistos, en Ulea aparecen unos yesos enriquecidos en magnetita y calcopirita. Suponemos que en su formación ha tenido lugar un proceso similar, aunque “técnicamente” no se considera metamorfismo.

Ortomagmática: cromita y niquelita

Masa de silicato (cordierita) con cromita y niquelita, Ojén (Málaga).

En un magma se forman diferentes minerales que pueden concentrarse por diversos mecanismos. Algunos cristalizan antes y se separan por la dinámica de la fluidez del magma o su diferente densidad. Así se producen yacimientos de cromo y níquel por segregación de la peridotita, roca procedente del manto compuesta principalmente por olivino, aunque tras la exposición a la intemperie se transforma en serpentina. En la foto se muestra la paragénesis de cromita, niquelita y cordierita de Ojén (Málaga).

Pegmatita, con casiterita

Pegmatita con casiterita, La Fregeneda (Salamanca).

Pero también, la fase fluida del magma puede escapar a través de fisuras en la roca de caja dando lugar a otro tipo de asociaciones minerales. Por ejemplo, una intrusión granítica puede producir en su entorno por este mecanismo filones de una roca llamada pegmatita, que además de los componentes del granito puede contener otros muchos minerales. En la foto mostramos una pegmatita (cuarzo, feldespato y moscovita) con nódulos de casiterita (mineral de estaño).

Hidrotermal: galena y blenda

Fragmento de filón de galena-blenda, con óxidos de hierro en el contacto con la roca de caja, Linares de Mora (Teruel).

Finalmente, pondremos varios ejemplos de paragénesis con origen hidrotermal, esto es, cuando los minerales se forman a partir de agua calentada y enriquecida en elementos por un magma. En este caso, en su camino ascendente a través de fallas y grietas, los solutos van depositándose formando filones o sustituyendo parte de la roca de caja. Una paragénesis frecuente es la galena-blenda (sulfuros de plomo y cinc). En la foto se muestra un fragmento de filón de estos minerales poco menos de 10 cm de grosor recogido en Linares de Mora (Teruel).

Masa de greenalita con galena y blenda, La Unión (Murcia).

Realmente, no hace falta irse tan lejos para ver dicha asociación. Se puede encontrar mezcla de galena y blenda en también Mazarrón, La Unión, Águilas, e incluso en el término municipal de Murcia. Sin embargo, cada zona minera tiene sus peculiaridades, que se manifiestan en forma, obviamente, de paragénesis. Por ejemplo, en La Unión, los sulfuros mencionados aparecen diseminados en un silicato de hierro llamado greenalita que forma masas estratiformes.

Hidrotermal: sideritas «dopadas»

Filoncillo de siderita con calcopirita, más concentrada ésta última en el contacto con el esquisto, Fiñana (Almería).

En las sierras Almagrera, de Filabres, Nevada, y también en Cabo de Palos, aparecen filones de siderita (carbonato de hierro) que llevan ciertas cantidades de otros elementos en forma de sufuros. Durante cierta época, los yacimientos asociados a este tipo de filones se registraban como minas de hierro para tributar menos al Estado, si bien, la riqueza venía dada por los minerales accesorios: cobre, plomo, arsénico, bismuto… Siempre bromeo con mi amigo Luis Arrufat sobre la antigua picaresca refiriéndome a este tipo de yacimientos como “miserables filones de hierro”. En la foto de arriba, un filoncillo de siderita con calcopirita atravesando un esquisto, procedente de Filabres. En la foto a continuación, un gran trozo de siderita (más clara porque la fractura es reciente) con calcopirita y arsenopirita, también de Filabres. Y finalmente, una pieza con galena (mimetizada con el esquisto) procedente de Almagrera.

Siderita con calcopirita, arsenopirita… Caniles (Granada).
Galena con siderita en esquisto, Los Lobos (Almería).

Conclusión

El interés por las paragénesis añade un nivel de profundidad a la colección de minerales, ya que ejemplares de un mismo mineral formado en condiciones distintas deben considerarse como esencialmente diferentes. Como veis esto va mucho más allá de la simple estética. Algún día ilustraremos esto detalladamente con un post monográfico sobre el cuarzo.

Por cierto… ¡Mis mejores deseos para 2022!

La ciencia del… desempañado del coche

Al parecer los blogs de Ciencia tienen su público y algunos blogueros se hacen famosos. Dado que el objetivo principal de mi web es el autobombo, hoy inauguro la etiqueta ciencia y comenzaré a producir posts de divulgación para que también mi blog milite en tan exitosa categoría. Lo primero es fijarse en qué hacen los mejores, en qué se basa su éxito. Tenemos la suerte de contar en la Universidad de Murcia con una superestrella de la divulgación científica, José Manuel López Nicolás, creador del blog de divulgación Scientia y autor de Un científico en el supermercado, libro que trata de la ciencia de las pequeñas cosas, de lo cotidiano. Y puesto a buscar un tema “cotidiano”, esta fría mañana (todo lo fría que puede ser en Murcia) de diciembre que salgo en coche hacia la universidad se me prendió el bombillo, que dicen por allá, al ver empañarse el parabrisas de mi Subaru. Hablaré, pues, de la ciencia del… desempañado del coche (nota: López Nicolás titula con frecuencia “La ciencia del X”, siendo X un plato de cocina castiza o un deporte de masas).

Coche empañado, escena de una célebre película de James Cameron.

Pero no todavía… El desempañado del coche no fue mi primera opción. Realmente, de lo que quería era hablar de la ciencia del asiático. Otro José Manuel, pero de apellido Ortega, más conocido como “el Chache” y barista en El Sordo de Ricote prepara unos asiáticos extraordinarios, de los mejores que he probado, y he visto. Porque el aspecto visual es igualmente importante. Seguro que algún purista me dirá que tengo que ir al bar Pedrín del Albujón o a no sé que sitio de Cartagena… Pues vale: ya he ido. Ahora, Sr. Purista, haga el favor de ir a Ricote y tómese un asiático sin prejuicios. Las cosas caen por su propio peso. El hecho de que el submarino Peral fuera el primero no lo hace superior a un clase Akula

Asiático preparado por el Chache, no es tan grande como parece.

Volviendo a Ricote, el Chache prepara los asiáticos con mucho cuidado para que queden las capas de distintos compuestos líquidos bien diferenciadas. Densidad y temperatura juegan un papel muy importante. Antes de servirlos, el chache les imprime un movimiento de vaivén cuya inercia es apreciable durante varios segundos después de que se deja la copa en la mesa, especialmente en la capa límite entre el combinado de licor y el café. Todo esto es muy interesante y merecería ser explicado. Pero en Ciencia, tras tener una buena idea, lo normal es comprobar si otro no la ha tenido antes. En el caso del asiático, López Nicolás nos ha prometido hace relativamente poco que hablaría de su ciencia. 

José Manuel Ortega “el Chache” durante la preparación de uno de sus combinados de café.

Así que, en lugar de hablar del asiático y los fluidos que lo componen, hablaré de los fundamentos del desempañado de coches. No es que el tema no haya sido tratado antes, sino que creo que no se ha hecho de la forma adecuada, es decir, científica. Buscar información sobre el desempañado en internet es como ir a preguntar sobre política internacional a un bar: todo el mundo tiene una opinión, y ni una sola explicación razonada. Así que voy a dejar plasmada aquí la explicación, negro sobre blanco, para las generaciones venideras.

La explicación del desempañado del coche

El aire contiene una cantidad variable de vapor de agua, y su capacidad para contener vapor aumenta con la temperatura. Este es el principio en el que se basa todo. Entrar en el mecanismo íntimo de este fenómeno es mucho más complicado, pero para nuestros propósitos divulgativos simplemente recordaremos que, de manera análoga (pero no igual), el agua caliente tiene más capacidad para disolver sal que la fría. Observemos que, ahora en invierno, en las mañanas o las noches gélidas, vemos vaho salir de nuestra boca o de la gente que nos habla. El vaho es una manifestación del contenido en agua del aire que exhalamos, pero no es vapor, sino cristalitos de hielo microscópicos, que es en lo que se transforma el (exceso de) vapor en contacto con el frío aire de la mañana invernal. Gracias a eso lo vemos, porque el vapor es tan invisible como el oxígeno. Pero con los cristalitos de hielo flotando, el aire se parece al humo, que es ceniza y hollín en suspensión.

Torres de refrigeración de la central nuclear de Cofrentes, lo que se ve salir ya no es vapor de agua, pero lo fue.

Entramos en el coche. Nuestra presencia empieza a calentar el aire en el interior y, particularmente, nuestra respiración hace que aumente el contenido en vapor. Este efecto se magnifica si nuestra ropa está húmeda (llueve fuera) y la calefacción está en marcha. El vapor se mantiene en esa atmósfera casi sin problema, excepto en la proximidad de superficies frías, como son los vidrios de las ventanas y parabrisas. La repentina caída de temperatura en el contacto con el vidrio hace que se deposite en él el exceso de agua que el aire ya no puede transportar. Gotitas de agua, o incluso cristalitos de hielo, producen el empañamiento del parabrisas, que se mantiene frío por estar su superficie exterior en contacto permanente con el aire helado de la calle. Seguro que todos recordamos cierta escena de Titanic

Foto hecha a través del parabrisas sin empañar de un viejo Toyota en un día frío y lluvioso ¿Cómo es esto posible? Por favor, siga leyendo.

Ya tenemos el parabrisas empañado ¿Qué hacemos? Con el mando de distribución de aire dirigimos el chorro al parabrisas con la calefacción puesta. Podríamos pensar que va a pasar lo mismo que cuando dirigimos un secador de pelo al espejo del baño, que está empañado tras la ducha. El secador desempaña en poco tiempo y el chorro de aire caliente dirigido al parabrisas no ¿Por qué? Porque el aire del secador está considerablemente más caliente y tiene una capacidad mucho mayor para llevarse el agua en forma de vapor. Además, calienta el espejo, impidiendo que pueda condensarse de nuevo el vapor sobre él. A falta de más temperatura, podríamos probar con aire más seco. El aire que produce el sistema de aire acondicionado (AA) es muy seco. En efecto, el súbito enfriamiento le quita el exceso de vapor que ya no puede transportar. Esta agua de condensación es conducida al exterior y gotea bajo el coche, como todos hemos observado en verano. El aire frío del AA dirigido al parabrisas es, en efecto, más seco, pero eso no es suficiente, en determinadas circunstancias, para desempañar porque es incapaz de “excitar” el agua líquida o sólida para que pase a vapor. Podría ser incluso peor. El AA puede enfriar el parabrisas por debajo de la temperatura ambiente y provocar el empañamiento exterior.

¿Combinación absurda? Y sin embargo, efectiva.

Lo mejor es usar ambos recursos a la vez, es decir, calefacción con AA. Teóricamente, lo óptimo sería que el aire fuera calentado tras pasar por el sistema de AA, pero lo que hace realmente el dispositivo es mezclar el aire de calefacción con el de AA (dos circuitos diferentes). La mezcla produce un aire más seco, ávido de portar vapor, pero también más energético para provocar el cambio de fase del agua. Y, simplemente, funciona. La gente, que suele ver la combinación de calefacción y AA absurda, opta por una de las dos según su grado de desinformación y supersticiones. Como un colega, que consiguió formar escarcha en el exterior del parabrisas, conmigo de consternado copiloto, y todo por no darle a la rula de la calefacción. Muy posiblemente los ingenieros hayan automatizado el desempañado del parabrisas, incluido como uno de los modos del climatizador en los coches actuales, a causa del desconocimiento por parte de los usuarios del simple principio que acabamos de explicar.

¡Felices Fiestas!

Editado 9/01/2022. Tras la publicación del post he recibido varias preguntas relacionadas con el tema se pueden aclarar con los mismos principios ya expuestos. Así que prefiero añadir las respuestas a éste en lugar de publicar uno nuevo.

  • El desempañado de la ventana trasera del coche se realiza normalmente con un sistema de calefacción eléctrico (resistencia). El calentamiento provocado evapora el agua condensada e impide la condensación posterior.
  • A veces, al poner en marcha la ventilación del parabrisas, éste se empaña rápidamente. Eso se debe a que el aire estancado en el sistema de ventilación, o el que entra del exterior, está más húmedo que el del habitáculo. En este caso, lo más eficaz es usar el AA para secar el aire entrante.
  • En verano, puede ocurrir un fenómeno curioso. Tras haber parado el AA durante unos minutos, cuando se vuelve a poner en marcha se observa, con cierta sorpresa, la salida de vaho (aire blanco) por las rejillas de ventilación. La explicación es la siguiente. No toda la humedad que el AA le quitó al aire entrante durante el primer intervalo de funcionamiento ha salido al exterior. El condensador está empapado de agua y al subir la temperatura, parte de esa humedad pasa a vapor que queda estancado en el sistema. Cuando se vuelve a poner en marcha el AA, el aire frío empuja al aire con vapor, o lo arrastra gracias al efecto Venturi, hacia afuera. Al mismo tiempo, la bajada de temperatura hace que el vapor pase a hielo, haciéndolo visible como vaho.

Editado 19/03/2022. José Manuel López Nicolás ha publicado hoy su esperado artículo La ciencia del asiático, a punto de declararse este combinado bien de interés cultural de la Región de Murcia.

Paisajes de la Prehistoria

En la búsqueda de yacimientos prehistóricos, la clave es mirar el paisaje tal y como lo vería un primitivo morador. Para empezar, hay que ignorar toda la alteración antrópica: ciudades, carreteras y cultivos ya no existen para nuestros ojos. Hay que pensar en términos de recursos, protección y vías de comunicación entre ellos. Y hay que añadir, además, la vegetación acorde al clima reinante y posibles variaciones orográficas si es que retrocedemos mucho en el tiempo. ¿Dónde nos instalaríamos? Realmente, hay más lógica en las ubicaciones de los antiguos asentamientos que en las de los contemporáneos. En efecto, hoy no sólo se construye de espaldas a la naturaleza, sino desafiándola. Así que luego pasa lo que pasa cuando cae una gota fría… Hablar de lo mal que se hacen las cosas hoy día daría para otro tema. Ahora sólo quiero hacer unas reflexiones sobre los paisajes de la Prehistoria.

Efectos de una riada la urbanización Camposol en Mazarrón (foto publicada en La Verdad). Esto nunca hubiera pasado en un poblado Argárico.

Cuando el ser humano cambia la actividad de cazador y recolector nómada para ser ganadero y/o agricultor asentado (desde el Neolítico en adelante) se experimenta un cambio fundamental: la posibilidad de acumular bienes, sobre todo los estacionales. Esto es el comienzo de la noción de riqueza y, quizás también, de propiedad privada. Los ajuares en las tumbas son una manifestación de la importancia que se tuvo en vida. Pero con las ganancias aparecen a la vez los enemigos de lo ajeno, tanto en pequeña escala como al por mayor. La respuesta a esta situación es la aparición de un nivel superior de organización de las sociedades a la que llamamos “estado”. Los poblados se disponen de manera que sea más fácil defenderlos de los ataques. Para esto se eligen lugares idóneos: promontorios, amesetados o con una suave pendiente orientada hacia el sur. Si es posible, también en las inmediaciones de un río y de tal manera que el agua, además de cercana, sea parte de su barrera defensiva.

Reconstrucción del poblado fortificado de La Bastida (Totana), defendido a la izquierda por el cañón excavado por el río (rambla de Lébor) y a la derecha por una muralla (imagen UAB).

Aunque los ejemplos de este tipo son innumerables, quiero mencionar aquí el yacimiento de La Bastida (Totana) que se está revelando como uno de los asentamientos más importantes en Europa en la Edad del Bronce. Una de las cosas más simpáticas sobre las investigaciones llevadas a cabo por la UAB en el yacimiento es el fuerte sesgo de materialismo histórico que impregna los artículos y los comunicados de prensa, que nos hablan del comienzo de las profundas desigualdades sociales mantenidas por medio de la violencia institucionalizada. Esta peculiar interpretación de unas ruinas revive, aunque sea por omisión, el mito de la Edad de Oro, cuando la fraternidad humana se entendía en la Lengua de los Pájaros (o de Adán), mucho antes de que todo se fuera a la porra con Babel. Parece, pues, que no es incompatible llevar a las excavaciones arqueológicas el Libro Rojo de Mao con tener una visión cándida de la naturaleza humana y empeñarse en considerar como una anomalía todo lo que es normal.

Montefrío (Granada), ejemplo de ocupación persistente de un emplazamiento ideal.

Volviendo a los promontorios como lugares de asentamiento, las excelentes condiciones que ofrecen han sido apreciadas a lo largo de las épocas. Así es frecuente que después de poblamientos en Neolítico o Edad de los Metales, hayan tenido ocupaciones romanas, medievales (castillo) o incluso sigan siendo usados en tiempos contemporáneos. En este último caso, los vestigios prehistóricos quedan sepultados bajo el pavimento y los edificios. También, al desaparecer las amenazas y con el aumento de la población, la urbanización se expande hacia las llanuras, pero el promontorio en el que todo empezó sigue siendo claramente reconocible. Siempre hay excepciones, nótese que la ciudad de Molina de Segura (Murcia) no “emana” de la urbanización Altorreal ni hay ruinas bajo el campo de golf (hay que conocer el lugar para entender el chiste, désolé).

Cabezo Negro (Lorca), con ocupaciones desde el Paleolítico Medio al Bronce.

Cuando la ocupación no ha persistido hasta la actualidad y el asentamiento fue abandonado siglos atrás, por la ladera se superponen restos de distintas épocas y culturas revueltos por la erosión. Por poner un ejemplo, en un asentamiento cerca de El Cañarico, junto a los cimientos de una torre medieval islámica aparecen restos de cerámica sigillata romana y argárica. Restos de tres ocupaciones espaciadas por intervalos de más de un mileno. Puede ser muy difícil convencer a alguien menos experimentado que un trocito de tiesto aparecido entre otros residuos tiene 4000 años de antigüedad, o que un cacho de cerámica con un esmalte verde la hizo un árabe del s. XIII. Reconozco que me gustaría saber más sobre este aspecto porque tengo lagunas en unos cuantos siglos  😕

Peña con orientación sur (Lorca), emplazamiento ideal según los criterios del Paleolítico Superior y Epipaleolítico.

Montamos en la máquina del tiempo y retrocedemos hasta hace unos 20 Ka. Estamos en pleno Paleolítico Superior. La mayor parte de asentamientos se realizan al abrigo de covachas, peñas o cejos, orientados hacia el mediodía para protegerse de los vientos helados del norte. Si la pared rocosa es demasiado vertical, añaden una “marquesina” de palos y cubierta vegetal para protegerse de la lluvia. El hogar, funcionando de manera casi ininterrumpida impregna de ceniza toda la ladera… Hacía más frío que ahora, en los últimos coletazos de la glaciación Würm. Estos asentamientos no eran permanentes porque los animales migraban estacionalmente y la tierra ofrece sus frutos según momento y altitud. Por eso es frecuente encontrarlos junto a las grandes rutas naturales, lo que ahora llamamos cañadas, y por las que discurren los últimos vestigios de la trashumancia. En el asentamiento, con un sol que apenas calienta, un cazador experimentado toma un trozo de carbón y sobre la roca esboza un uro. Así les explica a los más jóvenes dónde hay que clavar la lanza para que el animal caiga muerto en el acto, porque no hay nada más peligroso que un uro herido.

Cejo con covachas, típico emplazamiento de Paleolítico Superior y Medio. Las covachas, previa construcción de un muro, han sido aprovechadas como corrales por pastores.

Aunque los neandertales no eran antepasados directos, la forma de vida del Paleolítico Medio no debía ser muy distinta de la del Paleolítico Superior. De hecho, en muchos lugares se superponen los restos de unos y otros, aunque todavía no se ha probado que llegara a haber convivencia. Así que mejor continuamos nuestro viaje al pasado y nos plantamos hace 500 Ka, Paleolítico Inferior. En ese intervalo de tiempo el paisaje sí que ha cambiado mucho. Lo que antes fueron llanuras, ahora son barrancos y cárcavas. Hay cierto empeño en Murcia en llamar a este proceso desertificación, pero la verdad es que esos erosionables materiales margosos (casi siempre miocenos) son demasiado pobres para mantener un árbol, o incluso, un modesto esparto. La dinámica erosiva, espoleada por la bajada del nivel del mar durante la glaciación, nos regala estos paisajes peculiares. Pero también se lleva los escasos vestigios de los habitantes de aquel tiempo que, instalados junto a un río o laguna, seleccionaban cantos rodados para tallar bifaces. Cuando miramos este paisaje, tenemos que imaginarnos la llanura original, de la que las cimas de algunos cerros conservan pequeños reductos.

Cárcavas (badlands) en Mioceno cerca de Librilla (Murcia). El nivel correspondiente a la antigua llanura ha desaparecido casi completamente. No obstante, los materiales son muy interesantes por su riqueza en vertebrados de hace 7 Ma.

El panorama es distinto si en lugar de quedarnos en la cuenca mediterránea, donde la erosión ha sido atroz los últimos cientos de miles de años, nos vamos a la meseta. Allí los ríos, que vierten en el Atlántico, han conservado mejor el sedimento depositado en los periodos interglaciares en forma de terrazas fluviales que se corresponden de manera aproximada con suelos de distintas etapas de cuaternario. Las más antiguas son las que están a mayor altura respecto al cauce actual. También las llanuras meseteñas, como La Mancha, funcionan de manera prácticamente endorreica, es decir, el agua de lluvia se estanca en lagunas (navas) o fluye muy lentamente. En este caso la erosión es despreciable y las piedras del suelo apenas se han movido de su sitio en 1 Ma. No sólo los artefactos del Paleolítico Inferior se quedan allí, sino cualquier cosa que caiga al suelo, desde una moneda del s. XIX hasta un meteorito. Cuando estéis en La Mancha, pensad que hace 300 Ka era similar en vegetación y fauna al Serengueti, pero hace apenas 50 Ka se parecía más a la estepa siberiana.

En un lugar de La Mancha, donde los arados remueven los artefactos dejados por Homo erectus.

Espero que estas reflexiones os ayuden a mirar el paisaje con otros ojos.

La llanura contemplada desde una covacha en un promontorio.

Mazarrón

Querido lector, a estas alturas ya habrás notado que me identifico usando solamente el primer apellido, Raja. No es que desprecie mi rama materna, de apellido Baño, sino que me acostumbré a firmar los artículos de Matemáticas como “Matías Raja” porque los extranjeros no entienden demasiado bien los usos españoles ni la letra eñe. Firmar con los dos apellidos es arriesgarme a que me llamen Sr. Bano, o sea, señor inexistente o superficial (véase la RAE para entender la chanza). Por otra parte, “Matías Raja” es una combinación poco frecuente, y no hay peligro de confusión con el único tocayo que Google es capaz de encontrarme. Va siendo el momento de explicar qué tiene todo esto que ver con el título del post… realmente, no mucho. Solamente que el apellido Raja es relativamente frecuente en Mazarrón, el pueblo donde nació mi padre.

Paisaje de las minas de Mazarrón, en total abandono. Destaca el castillete de madera.

Mazarrón es una palabra que a mucha gente evoca veraneo soleado, buen pescado y excelentes tomates. Pero en otros tiempos, no muy lejanos, Mazarrón era sinónimo de minería. La población fue fundada sobre los filones de plomo argentífero que atrajeron a los fenicios y contribuyeron en buena medida a la financiación del Imperio Romano. Después de muchos siglos alimentando a la industria con su riqueza en metales y alumbre, no hay un solo testigo monumental que recuerde el pasado extraordinario de esta villa. Peor aún, la codicia permitió la demolición parcial del Castillo de los Vélez y horadar un pozo minero dentro de lo que fue su palacio en pleno siglo XX.

Esquema del filón «Prodigio» de Mazarrón (F) en el libro de A.M. Bateman «Yacimientos minerales de rendimiento económico» (Ed. Omega, 1978), un ejemplo a nivel mundial.

Paradójicamente, después tanta tropelía, los vestigios de la actividad minera han pasado a ser el mayor activo histórico de Mazarrón. Y, como no, este patrimonio arqueológico-industrial ahora se encuentra amenazado por la desidia y la ruina, por las gentes incívicas que arrojan escombros y basura en los cotos mineros, por los buscadores de chatarra que vandalizan maquinaria y castilletes y, finalmente, por los “técnicos” que, sin la más remota idea de lo que tienen entre manos, crean problemas donde no los había.

Mis abuelos paternos: Ana Caruana Lardín y Juan Raja Méndez.

Mi abuelo Juan Raja fue minero. Mi padre llegó a trabajar también en las minas, con unos papeles que le acreditaban una edad mayor que la que tenía. Es un consuelo pensar que la necesidad de falsificar documentos para encubrir el trabajo infantil distingue un estado de derecho del tercer mundo ¿no? Mi abuela Ana Caruana debe su raro apellido a un antepasado que llegó a Mazarrón huyendo de Malta por unas deudas de juego. Incidentalmente, esto me hace “pariente lejano” de un exgobernador del Banco de España y de un ex-Chief Minister de Gibraltar. No viendo mucho futuro en las minas, Juan y Ana con sus tres hijos dejan Mazarrón y se instalan cerca del Cañarico. Allí, mi abuelo se dedicaría a hacer pozos, esta vez de agua, el tiempo de vida que le dejó la silicosis.

Uno de los libros de Mariano C. Guillén dedicado al pasado minero de Mazarrón.

Aunque siempre he mantenido el contacto con Mazarrón por cuestiones familiares, gracias a Tere, ahora estoy más involucrado con el pueblo minero al que debo mi apellido Raja. Por eso quiero agradecer aquí la labor de las dos personas que más han hecho, y siguen haciendo, por la conservación de la memoria de Mazarrón. En primer lugar, Mariano C. Guillén Riquelme, óptico, mineralogista, historiador y mazarronero de adopción. Con sus bien documentados libros y búsqueda incansable de fotos antiguas, ha rescatado del olvido una buena parte de la historia de Mazarrón, particularmente, el siglo de esplendor minero. Y en segundo lugar, que no detrás, Antonio Paredes Navarro, carpintero jubilado, hombre de curiosidad insaciable por el pasado, que ha sido capaz de montar un museo extraordinario con objetos que, de no ser por él, hubieran acabado en una hoguera o en la chatarra.

En el Museo, con Antonio Paredes y Pedro Martínez.

Conocí a Antonio Paredes a través de mi amigo Pedro Martínez Pagán, que me concertó una visita a su museo en agosto de 2020 (en estos tiempos de Covid, las visitas son con cita previa). El Museo Antonio Paredes dedica una gran parte de su superficie a la minería. Sin embargo, eché en falta una mayor representación de los minerales explotados, ya que sólo había piedra de alumbre y una pieza de galena muy sobada. Antonio reconoció que él no era experto en ese tema y me comprometí a ayudarlo. Durante el verano de 2020, con sede en Bolnuevo, me dediqué a recolectar los ejemplares de minerales que le entregué en septiembre de ese mismo año. Aquí podéis ver la memoria que describe las piezas donadas al Museo Antonio Paredes.

Minerales de Mazarrón donados al Museo Antonio Paredes, en el momento de llevarlos…
… y ahora formando parte de la exposición (foto por cortesía de L. Arrufat).

Hay muchas más cosas sobre Mazarrón, sobre todo en cuestión de minerales y arqueología, de las que hablaré en futuros posts. Éste está dedicado a mi padre, José Raja Caruana, que me llevó muchas veces a las terreras de San Cristóbal a buscar minerales.

Acabo con una petición: si tenéis 40 minutos e interés en Mazarrón, por favor, dedicadlos a ver este vídeo de Juan Sánchez Calventus, defensor del paisaje cultural minero. Ojo, hay traca final. ¡Gracias!

Rincón de Bolnuevo – Puntabela, otro motivo para visitar Mazarrón.

Para saber más sobre la mineralogía de la comarca de Mazarrón visiten mi post Minerales de Mazarrón.

Rüdiger Nehberg

Me enteré de la muerte de Rüdiger Nehberg durante el primer confinamiento de 2020. Tras profundizar en los detalles de la noticia, sentí alivio o, mejor aún, alegría. Os dejo que penséis que soy un desalmado durante unos instantes… y ahora, por favor, seguid leyendo. Rüdiger Nehberg murió de viejo, a un mes de cumplir 85 años. Para un hombre que hizo de jugarse el pellejo un modo de vida, morir de viejo ha sido su mayor éxito. 

Rüdiger en «su salsa» (foto tomada de un obituario)

Rüdiger, o Ruediger como también firmaba, simultaneó el oficio de pastelero en su Alemania natal con la práctica de técnicas de supervivencia. Literalmente, después de preparar tartas de merengue, salía a almorzase un gato atropellado en la carretera o algo peor. Remontó el Nilo Azul con medios rudimentarios enfrentándose a toda clase de peligros, incluido el ser humano (uno de sus compañeros de viaje murió allí tiroteado). El revólver que luce en algunas fotos no es de atrezzo. Cruzó en solitario varias veces el océano Atlántico… vale, mucha gente también lo ha hecho. Pero él, en su primera travesía, utilizó un hidropedal, y para la segunda, navegó en una balsa de troncos. Atravesó a pie el Desierto de Danakil y convivió con tribus indígenas de varios continentes. Entre ellas, los Yanomami, que lo aceptaron como uno más de ellos. Y él, por su parte, empleó su fama para luchar por los derechos de las tribus. Porque Herr Rüdiger Nehberg fue también un destacado activista, sobre todo en las últimas décadas de su vida, fundador de una ONG para contra la mutilación genital femenina (vedlo aquí en charla TEDx). Si queréis saber más sobre la vida de Sir Vival, mirad para empezar este post de Un extremeño en el Ártico. Más información en su propio blog, sólo si domináis el alemán, y por supuesto, sus libros, muchos de ellos traducidos.

Su best-seller: todo lo que hay que saber de supervivencia, aderezado con sus aventuras.

La primera vez que supe de la existencia de Rüdiger Nehberg fue a comienzos de los años 80. Le dedicaban un pequeño reportaje en la televisión donde salía mostrando técnicas de supervivencia en un bosque alemán con una meteorología adversa. Me impresionó que no necesitara ropa (lo que no llevas no se moja) y que su mochila consistiera en un armazón uniendo dos grandes bidones de plástico con tapón de rosca (para que evitar que se moje el contenido). Por aquella época, mi hermano trajo a casa el Manual del Aventurero y su lectura me inspiró distintos “entrenamientos” con los que prepararme para situaciones difíciles. Salía a correr descalzo por pedregales en El Cañarico, entre otras cosas, quizás aún más extrañas, que han terminado influyendo en mi carácter y lo que soy ahora.

No menos interesante que la «primera parte» pero más específico.

Han pasado muchos años desde que yo quería ser como Rüdiger Nehberg, o como Miguel de la Quadra-Salcedo (que, por cierto, murió también con 84 años), perderme por la Selva del Amazonas o cualquier otro lugar inhóspito y volver para contarlo. Quizás no lo deseé con suficiente intensidad, tal como predica San Paulo Coelho. Así que las cosas fueron por otros derroteros: hice de las Matemáticas mi modo de vida, y mis viajes o aventuras no tienen nada de “extremo”. Pero me queda la nostalgia de un mundo donde los viajes no eran fáciles y no existían los móviles para sacarte de aprietos. Esa nostalgia es la que, para mí, representa la foto borrosa que encabeza todas las páginas de mi web: sentado en una valla, tenía 22 años, y nunca había estado más lejos de casa, ni del mar. Detrás, la selva de Paraguay, al noreste de Asunción, salpicada de lapachos en flor (que no se aprecian). Selva que se continúa, detrás del horizonte de la foto, en el Mato Grosso brasilero… y mucho más allá, está el Gran Río de las Amazonas.

En un mundo globalizado, los viajes nunca volverán a ser así…

Descansa en paz, Rüdiger Nehberg. Te lo has ganado.

Almadén, la mina

Almadén, la mina… Un pleonasmo o tautología para comenzar, puesto que la palabra árabe de la que deriva Almadén significa “la mina” (reflexionad un momento, con la etimología en la mano, sobre el comienzo de la frase que sigue). La mina de Almadén es uno de esos santos lugares de la mineralogía a los que me referí hace cuatro semanas (o posts), porque es el lugar de la corteza terrestre donde se ha concentrado la mayor cantidad de mercurio. Se estima que la mina de Almadén (ojo, la mina, en singular) ha producido un tercio del mercurio mundial.

Tere fotografiando las «garrafas» de hierro en las que se transportaba el mercurio, museo del Parque Minero de Almadén.

Tras más de veinte siglos de explotación casi continua (hasta 2003), sigue siendo el lugar con más mercurio del planeta. Si no fuera suficiente, en la cercana localidad de Almadenejos también se explotó el mercurio y hasta manaba líquido por el suelo. Siendo tan grandes las reservas de mercurio, el cese de la minería tiene su principal motivo en las políticas para restringir el uso de este metal debido a la toxicidad de muchos de sus compuestos. Insisto, ciertos compuestos, porque ahora puede parecer un milagro que mi generación haya sobrevivido a las desinfecciones de heridas con mercromina, a los empastes dentales de amalgama y, sobre todo, al juego con las gotitas de mercurio de los termómetros rotos.

Frasquito con mercurio que se solía entregar como recuerdo a los visitantes de la mina.

El mercurio se encuentra en Almadén mayormente en forma de cinabrio, un sulfuro de intenso color rojo usado como pigmento en la antigüedad. También hay diseminado en la roca mucho mercurio nativo. La palabra misma “cinabrio” nos llega sin apenas cambios del griego, y quizás sea incluso más antigua. El cinabrio puro tiene una densidad de 8,17 g/cm3, superior a la de la plúmbea galena, y que es impresionante para una piedra roja con cristalitos translúcidos. A veces le pido a los visitantes que comprueben la gran densidad del cinabrio sopesando una pieza con la mano. Cuando les digo que el peso se debe al mercurio contenido, dejan la piedra con aprensión. Yo suelo “tranquilizarlos” diciendo «no te preocupes, tu cuerpo recibirá más mercurio de una rodaja de emperador a la plancha o de un tartar de atún que de esta piedra»

Cinabrio (rojo) impregnando cuarcita (negra).

Conservo desde la infancia un fragmento de la clásica cuarcita negra de Almadén impregnada de cinabrio que le regalaron a mi padre en Madrid, su último destino laboral, porque sabían que a su hijo le gustaban las piedras. Me la entregó con la misma advertencia que le dieron a él: nunca tocar los objetos de oro con ella. Aunque no sé hasta que punto el mercurio líquido o volátil puede formar amalgama con el oro a temperatura ambiente, sigo respetando escrupulosamente el consejo.

Cinabrio puro, esta vez lo oscuro no es cuarcita.

He estado varias veces en Almadén. La primera en 1989, al comienzo de mis estudios en la universidad. Entablé amistad con un estudiante de Ciudad Real que me invitó a pasar unos días en su casa. Casualmente, su familia conocía a alguien en la mina y me concertó una visita. Recuerdo llegar a Almadén en tren una tarde fría y lluviosa. Al salir de la estación me esperaba un coche de la empresa minera. No recuerdo mucho del paseo por las instalaciones, tras el cual recogí unas muestras de mineral bajo la lluvia. Años después, ya en este siglo y en mi coche, volvía a pasar por Almadén. Un guarda nos permitió recoger algunas piezas de un acopio cercano, pero en esa ocasión mi mano ya estaba entrenada para buscar el cinabrio puro (filoncillos en la roca de caja, bandeados por un silicato).

Cristal de cinabrio, con gotitas esféricas de mercurio nativo.

Casualidades de la vida… había quedado en la famosa Venta El Descargador de La Unión con “El Robles” para visitar la mina de Los Pajaritos, y se presenta con un señor que podría pasar por Don Quijote que también viene a picar cuarzos. Resultó ser Fernando Palero, el ingeniero de minas encargado del acondicionamiento de las galerías históricas de la mina de Almadén para su uso turístico tras el cese de la minería. Con él realicé una visita inolvidable, pasando por túneles que databan del s. XVII todavía sin desescombrar, con el malacate del Baritel de San Andrés tal como lo dejaron hace siglos. Después me llevó al último acopio de mineral que quedaba y partimos a mazazos algunos bolos en busca de cristales de cinabrio.

Malacate en el Baritel de San Andrés, tal como se puede ver ahora.

La última vez que visité Almadén fue en 2019 como parte de una excursión organizada por mi querido Paco Guillén para los alumnos del Curso de Patrimonio Geológico en la Universidad de Murcia, a la que también podían apuntarse los amigos hasta completar el aforo. El Parque Minero de Almadén ya estaba abierto a los visitantes, así que hicimos el recorrido turístico tal como está montado, que incluye bajada en jaula y salida en trenecito. La visita es muy recomendable, pero no esperen recoger muestras de cinabrio: ya no se puede.

Bajando del trenecito tras la visita a las galerías.

Hay mucha historia en Almadén, tanto en la mina como en el pueblo. No hablaré aquí de los forzados que no volvían a ver el sol en su vida… eso es fácil de encontrar en Internet. Menos conocido es el asunto de las berenjenas. Cuando a alguien de Almadén se le pregunta por berenjenas, siempre responde diciendo que las suyas son mejores que las de Almagro. Quizás esta rivalidad entre las villas se remonte la época del renacimiento, cuando las ganancias de la mina de Almadén eran invertidas por sus arrendatarios, los Fugger (Fúcares, para los habitantes de entonces), en embellecer Almagro.

Castillete metálico en lo que es ahora el Parque Minero.

Para acabar, un hallazgo sorprendente en el corazón de la Región de Murcia. Paseando por lo que debió ser un asentamiento prehistórico cerca de Ricote, un amigo que siempre tuvo mejor vista que yo, recogió una piedrecita de poco más de un 1 cm que resultó ser cinabrio impregnando una cuarcita grisácea. Por motivos de primer curso de Ciencias Geológicas, la china no procede de los alrededores. Y la paragénesis nos dice que es bastante plausible que provenga de Almadén, de un tiempo remoto en el que el cinabrio era solamente un pigmento.

Cinabrio de Almadén (?) llegado a Ricote en la Prehistoria (?).