Weekend en los Alpes

Me he dado cuenta de que en lo que llevo de blog hasta ahora, mis menciones a los viajes parecen siempre cosa del pasado. Para romper con esa tónica, hablaré de lo que hice hace apenas un par de semanas: pasar un weekend en los Alpes. No es por esnobismo que escribo la palabra inglesa, sino porque la usan corrientemente los franceses, y es más corta que decir “fin de semana”.

Besançon, casas junto al Doubs

Antes de eso había estado unos días en Besançon, ciudad a la que le tengo mucho apego. Mis colegas Gilles y Florence iban a pasar una semana de vacaciones en su chalet en los Alpes, cerca de l’Alpe d’Huez, y me ofrecieron la posibilidad de visitarlos allí en mi regreso a España. Naturalmente, acepté con gusto la invitación y el viernes por la tarde me presenté allí con unas botellas de garnacha tintorera, monastrell y Pedro Ximénez (desde hace mucho tengo la costumbre de llevar vinos españoles a Francia y volver con vinos franceses). El chalet es bastante grande y tiene varias viviendas separadas habitadas por los padres y la hermana de Florence, ésta con su familia. Así que la primera cena allí fue multitudinaria.

Panorámica desde el chalet de Gilles y Florence
Le dîner en famille

He cruzado los Alpes entre Suiza e Italia, entre Austria y Eslovenia, he pasado unos días en Innsbruck… pero esta era la primera vez que me quedaba literalmente en la montaña. Era una ocasión única para buscar minerales, y a falta de información consulté el mapa del tesoro (mindat.org). De los varios lugares que se indican por la zona, hay uno muy cercano que ha proporcionado muy buenos ejemplares de cuarzo. Hay que decir que el cuarzo alpino es famoso por el hábito y la limpieza de sus cristales. El yacimiento fue fácil de encontrar, a unos metros del “virage numéro 11” de la mítica subida al Alpe d’Huez del Tour de Francia, curva dedicada al no menos mítico Bernard Hinault.

Virage numéro 11 «Bernard Hinault»

Se trataba de una antigua mina (Mine de Ribot), cuyo acceso estaba cerrado con malla metálica y un cartel advertía de las consecuencias legales de forzar la entrada. No obstante, la escombrera frente a la bocamina bastaba para poder hacerse una idea de lo que hubo dentro. En particular, recuperé unas muestras de sulfuro polimetálico con predominancia de galena, lo que explica que la minería antigua de la zona esté ligada a la explotación de plata, como el sitio cercano de Brandes. Lo que más destacaba entre el escombro era el cuarzo masivo acompañado de algo de barita, con abundancia de cristales transparentes de cuarzo, que superaban el centímetro con dificultad. A la búsqueda de cuarzo, además de Gilles y Florence, se sumaron la hermana de Florence y su marido.

Entrada a la Mine de Ribot
Todos buscando minerales en la escombrera de Ribot

En otra excursión, con Gilles y Florence, nos dirigimos a unos lagos que quedan por encima de Alpe d’Huez. El día sombrío y lluvioso a ratos no impidió llegar a un canchal en el que los líquenes delataban la cuarcita, y así la posibilidad de cristales de cuarzo. En efecto, el cuarzo estaba presente, pero no como para que mereciera la pena darle mazazos a la roca. Tengo cristales de cuarzo de buen tamaño y de muchos sitios. A estas alturas de mi vida, encuentro más satisfacción en descubrir dónde están los minerales que en llevármelos a mi casa. Pero lo mejor de todo fue ver como Gilles y Florence se afanaban en buscar minerales. Después de más de veinte años pasando allí las vacaciones, habían descubierto un nuevo aspecto de las montañas. 

Paisaje de alta montaña
Masa de barita cerca de los lagos de Alpe d’Huez
Gilles y Florence trepando por el canchal de cuarcita

Ya en casa, Florence limpia las muestras que ha recogido y las pone en una cajita. Así es como comienza una colección de minerales… y me dará mucho gusto saber que la continúa. Bueno, cuando los tiempos lo permitan, el de reloj y el atmosférico… En efecto, comenzó a nevar unos días después de mi regreso y hasta el verano será difícil volver a buscar piedras a esas altitudes.

El comienzo de la colección de minerales de Florence. Destacan los cristales de cuarzo de Ribot.

Llega el momento de despedirme de Gilles, Florence y de las montañas. Muchísimas gracias queridos amigos por vuestra hospitalidad y vuestra compañía en estos días excepcionales en los Alpes.

Á bientôt chers amis !

Piritas riojanas

La mineralogía tiene un buen número de Santos Lugares a los que un aficionado devoto debe peregrinar, o al menos intentarlo, alguna vez en la vida. Tenemos mucha suerte de que varios de esos santuarios del mineral estén en nuestro país, como son los yacimientos de pirita riojanos de Navajún y Ambasaguas, ambos en el entorno de la Sierra de la Demanda, casi en el límite provincial con Soria. Allí se encuentran los mejores cristales de pirita del mundo. No es exageración. La Ciencia lo dijo, y yo no miento, como tampoco lo hace el mono del anís. Hay que decir que las minas de Navajún y Ambasaguas se dedican a la extracción de ejemplares de colección, por lo que la visita está regulada, si bien eso lo he aprendido después de estar allí. No daré información técnica aquí sobre un mineral de sobra conocido como es la pirita. Este post va sólo de mi historia con las piritas riojanas.

Macla de dos cristales cúbicos de pirita de Navajún

La primera vez que pasé por Navajún fue sin premeditación alguna. Después de cenar en París, me dispuse a conducir toda la noche mi añorado Renault Clío (siempre me ha gustado conducir por la noche, pero reconozco que cada vez me cuesta más). El primer café de la mañana lo tomé en Caparroso (Navarra). Mirando el mapa de carreteras pensé que difícilmente podría pasar más cerca de Navajún en el futuro, así que ¿por qué no? Al llegar al angosto pueblo de casas de piedra, acierto a preguntar a los mineros que se disponían a subir a la explotación en un Nissan Patrol para comenzar la jornada. Me dicen que los siga en mi coche. El camino era muy empinado y a pesar del frío matinal sentía como el motor trabajaba en exceso. Es muy posible que los problemas de culata que el coche tuvo después empezaran allí. Al llegar arriba, uno de los mineros me señala una zona por donde puedo recoger piritas, ya algo oxidadas, que a ellos no les sirven. Tras hacer un pequeño acopio, les doy las gracias y sigo mi camino a Murcia. 

Estrato con piritas, algunas oxidadas superficialmente

He vuelto a Navajún en un par de ocasiones más, aprovechando expediciones turísticas por La Rioja. Casualmente, esas otras veces han sido en domingo o festivo. Sin mineros, pero con la cancela del camino echada, por lo que he tenido que subir a pie. El frente de explotación de la mina Ampliación a Victoria está aislado por una charca, que ablanda la roca y protege las piritas de los furtivos. Cuando los mineros llegan, lo primero que hacen es poner en marcha la bomba para achicar el agua y despejar el acceso.

Pieza con cubos de pirita en matriz de Navajún

Bueno, hay que decir que la charca no es un impedimento si uno está dispuesto a mojarse. Así, con el agua helada como corresponde en plena Semana Santa, allí me metí. Gracias a eso pude hacerme con algunas piezas un poco más grandes de lo habitual. En el frente de explotación al otro lado de la charca, los cubos estaban ligeramente deformados y muy estriados, dándoles un singular aspecto artístico que me resultó novedoso.

En la charca de Ampliación a Victoria con piritas en las manos

Ambasaguas es un lugar si cabe más remoto y merece la pena visitar el pequeño pueblo deshabitado. Se puede decir que las piritas de Ambasaguas complementan, cristalográficamente hablando, a las de Navajún: mientras que en Navajún predomina el cubo, eventualmente en combinaciones con octaedro; en Ambasaguas predomina el piritoedro (rombododecaedro) que, combinado con cubo, da lugar a «cubos panzones».

Macla de «cubos panzones» de Ambasaguas

Llegando a la explotación de pirita, unos carteles avisan de la prohibición de entrar. Así que decido ir por el cauce seco de un arroyo al que han caído algunos escombros con piritas. Al poco se presenta un señor acompañado de un mastín, que viene a decir lo mismo que pone en los carteles. Yo le respondo que hasta donde conozco la ley, el cauce es de dominio público. El hombre me respondió con un contundente «eso al perro le da igual». Así que mi visita a Ambasaguas fue algo más breve de lo que esperaba. Aún así pude traerme alguna muestra para dar testimonio de que cumplí con la peregrinación a los santos lugares riojanos de la pirita.

Muestras de pirita de Ambasaguas: piritas en matriz y macla con óxido superficial

Lo que me cuenta una wolframita de Córdoba

Al comienzo de la Galería de minerales digo que mi colección no contiene minerales procedentes del comercio, en general. Eso no significa que yo me autoimponga no comprar minerales. De hecho, adquiero minerales de vez en cuando por motivos diversos: se trata de una bella pieza que nunca podría encontrar yo mismo; o bien quiero familiarizarme con un determinado mineral antes de ir a buscarlo a una mina… o ese ejemplar está tan barato que no puede ser verdad. Lo que digo, sencillamente, es que esas piezas no forman parte de mi colección. Llegado este punto, podéis decir que soy un majadero de primera… pero todo tiene su motivo, y el mío es que las piedras me tienen que contar una historia. Cada vez que miro mis vitrinas, en lugar de minerales veo recuerdos, viajes, aventuras… en definitiva, historias vividas que un ejemplar comprado en una tienda difícilmente me puede contar. Muchas de esas historias las escribiré en este blog, pero algunas otras seguirán siendo un secreto entre mis piedras y yo. Hoy os contaré la historia de una wolframita de Córdoba. Mejor dicho, me limitaré a trascribir lo que ella me cuenta a mí.

Pero antes de comenzar con la historia, haré algunos comentarios generales sobre esta mena. Se podría decir que la wolframita es un óxido de wolframio, hierro y manganeso donde estos dos últimos metales se complementan en proporciones variables. Sin embargo, por misterios de la Ciencia Química, este mineral se considera un wolframato de hierro y manganeso, es decir, la sal que produciría por reacción el llamado ácido wolfrámico, que ni siquiera existe como líquido. En la wolframita es más frecuente la presencia de hierro en detrimento de la de manganeso, aproximándose a la variedad llamada ferberita.

Las mejores wolframitas (variedad ferberita) de la Península Ibérica proceden de Panasqueira (Portugal). Curiosamente, la ferberita fue identificada por primera vez en Sierra Almagrera (Almería). Eso es algo que tengo muy presente cada vez que remonto el Barranco del Jaroso desde Los Lobos, sin que hasta el momento me haya tropezado por allí una sola piedra sospechosa de contener wolframio.

Ferberita de Panasqueira (comprada), no es parte de mi colección

Ahora sí, comienza la historia… Con mi Renault Clío hice muchos viajes de fin de semana a distintos lugares de España en busca de minerales con «el Mirete» como guía en el asiento del copiloto (Introducción a los minerales de España, Emilio Galán y Salvador Mirete, IGME 1979). Sin embargo, la elección de Villanueva de Córdoba fue resultado de las menciones a la minería del wolframio hechas por unos antiguos vecinos procedentes de la localidad cordobesa.

Llegué a Villanueva de Córdoba por la tarde, y salí a cenar después de asegurarme una habitación para esa noche en una pensión (no existía todavía Booking.com). En un bar cercano se estaban convidando unos señores que debieron de haber conocido las minas en activo por mera cuestión de la edad. Después de invitar a los parroquianos a varios chatos de vino y una ración de jamón, la información más interesante me la proporcionó don Pedro, un señor menudo que debía pasar de setenta. Acordamos que a las 6:00 AM del día siguiente lo recogiera para ir a su campo, en donde se explotó el wolframio.

Todavía a oscuras y molido por el madrugón recojo a don Pedro. Camino de sus tierras hacemos sendas paradas en dos bares a “calentar motores”. Al final llegamos pasadas las 8:00, ya con el sol fuera. Por el camino me va contando su historia. En sus tierras no hubo una mina oficialmente hablando, sino mineros furtivos que llegaron allí a explotar una veta de wolframio cuando el precio de este metal estaba disparado por la Segunda Guerra Mundial. Su padre tuvo que avisar a la Guardia Civil para echar a los mineros que invadían su propiedad.

Don Pedro me dijo que era frecuente encontrar por allí piedras con pintas negras de wolframio (wolframita) y me enseñó una bastante grande que guardaba desde hace muchos años para que viera el aspecto del mineral y supiera lo que buscar. Tras un par de horas, don Pedro ya había acabado sus tareas en la parcela, mientras que yo apenas había encontrado unas pocas piedras de cuarzo con inclusiones diminutas de wolframita. Viendo mi evidente decepción, don Pedro se acerca con la piedra que me había enseñado antes y me dice que me la quede. Regresamos a Villanueva y agradeciéndole una vez más su generosidad me despedí de él.

La wolframita que me regaló don Pedro, es parte de mi colección

Esa wolframita forma parte de mi colección. Cada vez que la miro me cuenta esta historia y me acuerdo del señor Pedro de Villanueva de Córdoba.

La verdadera historia del mamut de Caravaca

La edición de El Faro de Caravaca cuya portada tengo escaneada en Algo sobre mí, dice literalmente con respecto a los fósiles de mamut que descubrí en ese municipio “un profesor de matemáticas encontró casualmente los restos el pasado verano” (ojo, de esto ya han pasado unos cuantos años). Sin negar que todo hallazgo paleontológico tiene un componente casual importante, el titular parece obviar una parte causal no trivial de conocimiento y trabajo aportados por mí. Si algún periodista hubiera contactado conmigo en aquel momento, podría haberle contado detalles interesantes sobre cómo se produjo el descubrimiento. Quiero pensar que fue bad timing, simplemente. Que de haber existido entonces nuestra apreciada UCC (Unidad de Cultura Científica de la Universidad de Murcia), el hallazgo de los restos del mamut, el primero de su clase en la Región de Murcia, hubiera tenido la cobertura debida, sin duda, y hasta hubieran visto una foto mía… Bueno, a estas alturas ya no espero que venga nadie a preguntarme cómo de casual, o no, fue dar con esos huesos, así que ahí va la verdadera historia del mamut de Caravaca.

Durante mucho tiempo he estado frecuentando Caravaca y sus alrededores. No recuerdo como comenzó, pero pronto se convirtió en una costumbre casi semanal con su ritual: buscar piedras por la mañana; refugiarse en El 33 cuando apretaba el sol con una Franziskaner en la mano mientras le preguntábamos a Paco por las tapas del día; y después, echar un rato más por la tarde antes de volver a casa.

Piritoedros del Piscalejo en matriz (encuadre 3 cm ancho)

Lo que sí recuerdo un poco mejor es lo que me llevó a la rambla del Piscalejo: sus famosos piritoedros (cristales pentágono-dodecaédricos de pirita). Aunque se considera un yacimiento clásico, no tenía una ubicación exacta. Remontando la rambla desde el puente romano es fácil ver piritoedros oxidados (total o superficialmente) de tamaño centimétrico. Debido a la mayor densidad de la pirita, los piritoedros arrastrados por las lluvias tienden a acumularse en ciertos rincones entre los riscos del cauce. Un día mientras un amigo y yo escudriñábamos las piedras con claro afán, pasó un pastor con su rebaño y nos dijo (más bien gritó) «¡Neneh! ¿Ejtaih bujcando eso que son como hierro con picoh? Pos’eso eh mah pa’rriba, allá en lo salitreh». Esas palabras fueron para nosotros como una revelación. Me explico, lo que dijo el pastor convenientemente traducido fue lo siguiente «¡Chicos! ¿Estáis buscando piritoedros? Debéis ir rambla arriba, a las margas yesíferas del Keuper». Después de aquello comencé a recoger mejores piritoedros, pero eso es otra historia.

La primera esquirla de hueso encontrada en el Piscalejo

Volví muchas veces después a la rambla del Piscalejo. Una mañana luminosa paseando por sus meandros, en una de las graveras encuentro una esquirla de hueso fósil pulida por la erosión. ¿Cómo se reconoce el hueso fósil? Sin duda, lo mejor es haberlo visto antes porque tiene un aspecto muy característico dado por la parte mineral (fosfato cálcico) cuando desaparece la parte orgánica (colágeno). Es un lustre muy particular, independiente del tono, que no es necesariamente «color hueso». Otro test consiste en comprobar si el posible hueso fósil se pega a la lengua, cosa que pasa con los fragmentos del Piscalejo. No recomiendo hacer esta prueba de manera sistemática por tres motivos. En primer lugar, porque es repugnante en el caso que el hueso no sea fósil. En segundo lugar, porque no siempre funciona. A veces, los poros que deja la desaparición del colágeno, motivo de la adherencia lingual, son rellenados por algún mineral, que de paso proporciona al fósil mayor densidad y resistencia. Y en tercer lugar, los huesos que se han fosilizado en sedimentos procedentes de la meteorización de rocas plutónicas (no es el caso en Caravaca) tienen cierta tendencia a concentrar uranio… mejor no pasar la lengua.

Huesos aflorando por la erosión del agua

La aparición de la esquirla de hueso fósil me puso en alerta. Seguí mirando al suelo y al cabo de un rato remontando la rambla encontré una segunda. Luego una tercera, y así sucesivamente… como Pulgarcito, me encontré siguiendo un rastro que me condujo a un lugar en el que la rambla corta un sedimento de tono claro y apariencia estéril. Más arriba ya no aparecían esquirlas así que ahí debía de estar el origen de éstas. En una oquedad excavada por el agua, sobresalía una roca de apariencia extraña, que para ver mejor tuve que tirarme al suelo. Viendo que eran huesos, parecía que había llegado a la fuente de las esquirlas. Una inspección más detallada reveló que la zona donde aparecían restos de huesos era un poco más extensa que la oquedad incluyendo parte del talud. Trato, sin éxito, de localizar algún hueso característico que dé información sobre la especie. En su lugar, tomo una «pelota de hueso» que estaba levemente adherida a la pared por algo de barro. Unos días después se la enseño a D. José María Vázquez Autón, catedrático de Anatomía Veterinaria de la Universidad de Murcia que tras observar la pieza dijo varias cosas muy interesantes: 1) se trata de una cabeza de fémur; 2) por el tamaño el animal debía ser bastante más grande que un caballo; 3) la superficie rugosa del hueso indicaba que el animal estaba todavía creciendo en el momento de su muerte, es decir debía ser un juvenil, como mucho. Volví a Caravaca a inspeccionar el terreno donde aparecieron los restos. Ganando un poco de altura sobre la rambla observé que los terrenos blanquecinos se continuaban, sin la más mínima discordancia, en los conglomerados rojizos del glacis que forma el suelo primitivo que la rambla erosionó. Esto me permitió adscribir el sedimento a un periodo lacustre en el Cuaternario. Por otra parte, la ausencia de otros fósiles en el sedimento me hizo pensar que la laguna debía ser excesivamente salina para la vida, posiblemente por la removilización de sales del Keuper.

Suave transición del sedimento lacustre a los conglomerados continentales

Vertebrado terrestre, tamaño enorme y era geológica apuntaban a un elefante. Quizás un mamut de los que convivieron con los primeros humanos que habitaron estas tierras… Con toda esta información me dirigía a D. Miguel Ángel Mancheño, profesor de Geología, que en aquel momento estaba más centrado en la Paleontología con motivo de la puesta en marcha de las excavaciones de la Sierra de Quibas. Fuimos a visitar el yacimiento con Juan Abel, su estudiante, quien posteriormente se ocuparía del trabajo más pesado. A partir de ese momento toda la gestión del hallazgo quedó en manos del profesor Mancheño. Yo me acerqué en distintos momentos a ver si aparecía la cabeza del animal. Tenía la corazonada de que debía de estar enterrada allí todavía porque entre las esquirlas de la rambla nunca había encontrado restos de molar. Pero no hubo suerte.

Con Juan Abel por la rambla del Piscalejo

Los trabajos se llevaron un tiempo porque Juan Abel sólo podía trabajar en fines de semana. Así que de las imágenes veraniegas de las prospecciones pasamos a la primera nevada del año.

El Piscalejo nevado con la caja conteniendo la «momia» a la izquierda

Una buena porción de sedimento conteniendo unos cuantos huesos en conexión anatómica (vértebras, parte de pelvis…) fue preparada para su transporte en un cajón, como una momia en su sarcófago. El peso y el tamaño de la momia hacía difícil su transporte seguro hasta la pista forestal donde el Nissan Patrol de la Universidad podía llegar. El profesor Mancheño consiguió los servicios de un helicóptero de Protección Civil. Así que el mamut (o lo quedaba de él) salió volando de la rambla del Piscalejo, pero no exactamente como Dumbo.

Imagen histórica…

La investigación de los restos dio lugar a un artículo, y la momia, una vez preparada y consolidada fue expuesta un tiempo en el vestíbulo del Museo Arqueológico Regional. Ahora se conserva en un almacén de la Comunidad Autónoma a la espera de que alguna vez se ponga en marcha el Museo Regional de Paleontología en Torre-Pacheco… ¿Recuerdan el final de En busca del arca perdida de Indiana Jones? Mismamente. The End.

Fin de fiesta

Piedra imán

Una de mis fotos que más ha circulado en Internet: no te extrañe verla en webs de esoterismo…

Antes de que la electrónica matara a la imaginación, un imán era lo más parecido a la magia con lo que podían jugar los niños. Yo, que hace años que no me siento aludido por la palabra «joven», sigo jugando de vez en cuando con imanes. Los tengo de distintos materiales e intensidades. El imán de acero más potente que tengo (en esta categoría no entran los de neodimio) lo tengo puesto con alfileres apoyados por sus puntas que se mantienen verticales.

El «truco» es que se trata de la cara débil del imán, donde el campo es muy homogéneo. Los alfileres se magnetizan de manera que en la parte distal (cabeza) aparece un polo del mismo signo que en la base, por lo que ese extremo es repelido, como es atraída la parte de la punta.

Me resulta particularmente asombroso que podamos encontrar piedras con la capacidad de atraer el hierro, que ha sido adquirida de manera natural, al contrario que el imán de la foto, que es un producto manufacturado. No voy a repetir aquí las leyendas sobre la piedra imán prácticamente conocidas por todo el mundo. Lo que voy a hacer es contar mi experiencia con este mineral.

Primero hay que aclarar que la piedra imán es magnetita, pero no al contrario: rara vez un trozo de magnetita es capaz de atraer un clip (salvo que el clip, a su vez, esté magnetizado). La magnetita es atraída por el imán, como cualquier otro material magnético, pero actúa como imán en contadas ocasiones. Así pues, la piedra imán (llamada también calamita, o lodestone en inglés) es un trozo de magnetita que atrae el hierro u otros materiales magnéticos de manera sensible.

Ilustración mostrando una piedra imán con armadura de hierro dulce para potenciar sus cualidades magnéticas (A. Ganot, Traité élémentaire de physique expérimentale et appliquée, 1866)

¿Dónde se encuentra la piedra imán? Hay localidades tan clásicas como remotas: Magnetic Cove en Arkansas, montes Urales, Capoliveri en Elba (Italia), un templo de Kioto (Japón, las imágenes las grabó mi sobrino)… Puede dar la impresión de que es un objeto raro. En principio, si hay magnetita puede haber piedra imán. En la Región de Murcia hay una gran yacimiento de magnetita, las minas de Gilico (Cehegín), donde se pueden encontrar fragmentos de magnetita arbitrariamente grandes pero con escasas cualidades como imán. Sin embargo, entre los fragmentos de magnetita que han sido arrancados por la erosión, sobre todo en los bancales, es más probable encontrar una pieza capaz de atraer un clip o un clavo. Así es como conseguí mis primeras piedras imán.

Piedra imán de Bullas (Murcia)

Pero hay más magnetita en la Región de Murcia. No puedo dejar de mencionar el Cabezo Gordo (Torre-Pacheco) donde hay bonitos cristales octaédricos de magnetita pero no he encontrado piedra imán. Lo curioso es que en las minas de La Unión, no siendo la magnetita un mineral predominante, sea el lugar que me ha proporcionado las piedras imán más intensas.

La «estrella» de la colección

Esta pieza la recogí hace muchos años. No es muy grande, pero tiene los dos polos «bien colocados», en los extremos más distantes, por lo que son casi opuestos, además de intensos. Para hacerse una idea de que quiere decir eso, véase la siguiente foto.

La piedra imán levantando unas viejas tijeras de tamaño mediano

Hay teorías que tratan de explicar el origen de la piedras imán, pero no me decanto por ninguna. El caso es que este lugar de la Sierra Minera está bendecido con el magnetismo, y lo visito de vez en cuando para ver si aparece otra pieza que le quite el título de «campeona» a la que os he enseñado. De momento, la otra «finalista» desempeña un papel muy importante en mi despacho.

Así no pierdo los clips…

Hace no mucho, un profesor de un IES de Dos Hermanas (Sevilla) contactó conmigo para que le proporcionara una piedra imán para su uso en clase. Como me pareció una petición muy razonable, tiré de stock y le envié una de las más decentes, costeando yo mismo los portes. Sólo le pedí a cambio que me enviara una foto del uso docente de la piedra para ponerla en este artículo, que por aquel tiempo no era más que un proyecto ¿Ven ustedes la foto? No, no es un fallo… aparentemente poner aquí la susodicha foto podría acarrear problemas legales, aunque no salgan rostros de estudiantes, aunque omita el nombre del centro (como estoy haciendo ahora). Moraleja: no me pidan más piedras.

Editado 30/11/2021: Veo con alegría, gracias a Google, como la foto de mi mejor piedra imán colgada hace años en mi web corporativa sigue siendo usada en el comercio de las supuestas propiedades mágicas de este mineral.

Editado 30/04/2022: He pasado la foto al comienzo porque Google la primera foto es asociada por Google como icono de la página… cosas del marketing.