Matemáticas y matemáticos

Durante mucho tiempo he sentido cierta aversión a presentarme como matemático ante un grupo de desconocidos. Y si me veo obligado a mencionar mi profesión, digo simplemente que soy profesor evitando concretar mi especialidad. No se trata de vergüenza. Es por el hastío que me produce tener que explicar desde cero una cierta cantidad de conceptos que para ser comprendidos necesitan varios años de estudios reglados, y unos cuantos más para ser dominados. Quizás es que no tengo vocación de divulgador. También podría ser que hacer creer a la gente que en poco menos de una hora puedes exponer ideas que llevan años entender tampoco deba de ser el objetivo de la divulgación… Ahí van unas reflexiones sobre Matemáticas y matemáticos.

Un clásico de la divulgación, por R. Courant y H. Robbins

Hay varios grados de conocimiento o, mejor dicho, ignorancia sobre las Matemáticas y los que nos dedicamos a ellas. El primer escalón y más básico es pensar que las matemáticas tienen que ver con cuentas complicadas, pero en el sentido más aritmético de la palabra. Se espera de nosotros una habilidad sobrenatural para el cálculo, particularmente el mental. ¿Quién no ha estado en una cena y, llegado el momento de fraccionar la dolorosa, las miradas se han dirigido al matemático del grupo? Puede ser mucho peor. Una empresa agrícola descubrió que una parcela necesaria para ampliar su explotación estaba registrada a nombre de mi difunto abuelo. Se convoca a los herederos (un buen puñado de tías maternas y primos) a una reunión para negociar la compra. A la hora de fijar el precio sale a colación una venta reciente de un número centenario de tahúllas de calidad similar por una cantidad millonaria de pesetas, que puede servir de referencia para fijar el precio de la parcela. Por supuesto, los números estaban muy lejos de ser redondos “¿Quién va a hacer la división?” Pregunta alguien ante la ausencia de calculadora (recuerda, el precio estaba en “pesetas”). “Mi hijo, que es doctor en Matemáticas” – dice mi madre con voz fuerte y segura, mientras yo deseo que me trague la tierra. Un poco más tarde, alrededor de veinte personas me miraban, mientras hacía la división con lápiz y papel, con más atención que si estuviera desactivando una bomba. Hay que decir que me salió demasiado bien para llevar veinte años sin practicar el algoritmo…

Las Matemáticas: modo de empleo, por G. Godefroy.

A pesar de la anécdota que acabo de contar, opino que aprender a realizar operaciones aritméticas a mano debe formar parte de la educación de cualquier persona. En la historia de las Matemáticas, la adopción del sistema de numeración actual (expresión de cualquier número como una combinación de potencias de la misma base, digamos 10) fue un catalizador para el avance. Sólo perdiendo el miedo a la Aritmética fue posible el Álgebra, es decir operar con cantidades desconocidas representadas con letras. Esto nos lleva al segundo escalón de mitología o desconocimiento sobre los matemáticos: nos dedicamos a escribir fórmulas que nadie comprende. Imaginad, la clásica imagen de Einstein ante las ecuaciones tensoriales de la Relatividad General, o lo que escriben los personajes de The Big Bang Theory en sus pizarras. Fórmulas misteriosas con las que se puede calcular “matemáticamente” cualquier cosa imaginable: el día más triste del año, enriquecerse en los casinos, averiguar la fecha de tu muerte… Y esto no es exagerado, en absoluto. Laplace dijo que las leyes de la Mecánica determinan completamente la evolución del universo con todo su contenido y lo único que nos impide aplicarlas al conocimiento del futuro es no disponer de la capacidad de cálculo ni los datos exactos de posición y velocidad de todas las partículas en un momento dado. Afortunadamente, la Termodinámica, la Mecánica Cuántica y la Teoría del Caos, más o menos en ese orden, nos restituyeron el libre albedrío… y nos trajeron más fórmulas. Hay algo fascinante en la manera de escribir las Matemáticas, y aún sigo consultando mis libros con la misma reverencia que un nigromante su grimorio. Ciertamente, las fórmulas juegan un papel importante en Matemáticas, pero no todos los teoremas contienen fórmulas, ni todas las fórmulas son ecuaciones. 

Uno de mis «grimorios» favoritos: el Whittaker-Watson

El tercer y más avanzado grado en el (des)conocimiento de los matemáticos y su actividad consiste en pensar que somos unos estafadores. Esto puede ocurrir por distintos motivos. Hasta cierto momento en la historia de la Ciencia, las Matemáticas eran “descubiertas”, la mayor parte de las veces con motivos prácticos. Incluso la Geometría de Euclides, prototipo de teoría matemática en lo abstracto y riguroso, simplemente expresaba propiedades inherentes e inmutables del espacio que habitamos. En los últimos cien años ha cambiado la manera de hacer matemáticas y cada vez se rinden menos cuentas a las aplicaciones inmediatas. Las Matemáticas hoy día son el estudio de ciertas estructuras abstractas, algunas realmente extrañas y artificiosas. Tratar de explicar lo que haces a alguien ajeno al oficio se parece mucho al momento preciso en el que un estafador es descubierto tras enredarse en sus propias mentiras. También ocurre a veces que alguien que busca la ayuda de un matemático termina pensando que ha sido una pérdida de tiempo. Como el chiste del hombre que, yendo en un globo aerostático a la deriva, le pregunta a gritos a alguien en tierra firme que dónde está. El señor desde el suelo le dice que se encuentra en un globo y exactamente sobre su vertical. “Usted debe de ser matemático ¿no?” – dice el aeronauta. “¡Cierto! ¿Cómo lo ha sabido?” – dice la voz desde tierra. El hombre del globo se lo explica: “me has dado una respuesta tan cierta y precisa como inútil”.

El primer capítulo del libro de J. Dieudonné es el mejor resumen posible sobre los matemáticos.

Dejando atrás las confundidas creencias de gente ajena a la Ciencia sobre los matemáticos, entre los científicos también existen opiniones que no suscribo. Unos dicen que las Matemáticas son una herramienta, lo que nos convierte a los matemáticos en meros técnicos, esperando a que nos llamen. Sobre este misbelief no suele tener ningún efecto apelar a la enorme extensión y autonomía de la Matemática no Aplicada, es decir, la Matemática Pura. Otros dicen que las Matemáticas son el leguaje de la Ciencia, versión actualizada del aforismo de Galileo, lo que nos convierte ahora en lingüistas o traductores. Lo peor, sin embargo, es cuando dicen que las Matemáticas no son una Ciencia. Esta tesis sostiene que las ciencias “verdaderas” se enriquecen por razonamiento inductivo, es decir, el fenómeno particular sugiere un principio general, mientras que las Matemáticas usan el razonamiento deductivo, que viene a ser la obtención de conclusiones a partir de principios muy generales. Obviamente, quien dice esto (suponemos que un filósofo) ve las Matemáticas tal y como se exponen en los Elementos de Euclides o en cualquier libro de una teoría consolidada. Si bien, esa es la manera de escribir las Matemáticas, no es así como se crean. Los teoremas se originan a partir de conjeturas basadas en ejemplos particulares, y en este sentido un matemático es como cualquier otro científico experimental: mucho ensayo-error y no poca frustración hasta que das con una buena idea. La demostración acabada de un teorema, aunque escrita con todo lujo de detalles, no contiene, sin embargo, ni una pista sobre lo más excitante del trabajo de un matemático.

El título lo dice todo…

Hasta ahora hemos estado diciendo cosas que no hacen los matemáticos, que es intentar definir una categoría por lo que no es. Pero, ¿qué es realmente un matemático? Según Dieudonné, un matemático es alguien que ha publicado alguna vez la demostración de un teorema no trivial. Aunque me puedo identificar en esa definición, resulta algo estrecha. De acuerdo con Feynman, el matemático es un especialista en la búsqueda de patrones. Esto se puede entender como una particular manera de mirar al mundo: con los ojos de un matemático. Prometo ejemplos de esto en futuros posts.

Editado 20/05/2022. Nuestro título «Matemáticas y matemáticos», en cuya ambigüedad está incluida la innecesaria duplicación de género impuesta por la corrección política actual, resulta ser también el título de un libro editado por José Ferreiros y Antonio Durán, cosa que desconocía en el momento de escribir este post.

Vuelto a editar 26/03/2023. Pongo un link a un artículo de Peter Casazza que hará las delicias de los lectores que se defiendan en lengua inglesa.

La ciencia del… desempañado del coche

Al parecer los blogs de Ciencia tienen su público y algunos blogueros se hacen famosos. Dado que el objetivo principal de mi web es el autobombo, hoy inauguro la etiqueta ciencia y comenzaré a producir posts de divulgación para que también mi blog milite en tan exitosa categoría. Lo primero es fijarse en qué hacen los mejores, en qué se basa su éxito. Tenemos la suerte de contar en la Universidad de Murcia con una superestrella de la divulgación científica, José Manuel López Nicolás, creador del blog de divulgación Scientia y autor de Un científico en el supermercado, libro que trata de la ciencia de las pequeñas cosas, de lo cotidiano. Y puesto a buscar un tema “cotidiano”, esta fría mañana (todo lo fría que puede ser en Murcia) de diciembre que salgo en coche hacia la universidad se me prendió el bombillo, que dicen por allá, al ver empañarse el parabrisas de mi Subaru. Hablaré, pues, de la ciencia del… desempañado del coche (nota: López Nicolás titula con frecuencia “La ciencia del X”, siendo X un plato de cocina castiza o un deporte de masas).

Coche empañado, escena de una célebre película de James Cameron.

Pero no todavía… El desempañado del coche no fue mi primera opción. Realmente, de lo que quería era hablar de la ciencia del asiático. Otro José Manuel, pero de apellido Ortega, más conocido como “el Chache” y barista en El Sordo de Ricote prepara unos asiáticos extraordinarios, de los mejores que he probado, y he visto. Porque el aspecto visual es igualmente importante. Seguro que algún purista me dirá que tengo que ir al bar Pedrín del Albujón o a no sé que sitio de Cartagena… Pues vale: ya he ido. Ahora, Sr. Purista, haga el favor de ir a Ricote y tómese un asiático sin prejuicios. Las cosas caen por su propio peso. El hecho de que el submarino Peral fuera el primero no lo hace superior a un clase Akula

Asiático preparado por el Chache, no es tan grande como parece.

Volviendo a Ricote, el Chache prepara los asiáticos con mucho cuidado para que queden las capas de distintos compuestos líquidos bien diferenciadas. Densidad y temperatura juegan un papel muy importante. Antes de servirlos, el chache les imprime un movimiento de vaivén cuya inercia es apreciable durante varios segundos después de que se deja la copa en la mesa, especialmente en la capa límite entre el combinado de licor y el café. Todo esto es muy interesante y merecería ser explicado. Pero en Ciencia, tras tener una buena idea, lo normal es comprobar si otro no la ha tenido antes. En el caso del asiático, López Nicolás nos ha prometido hace relativamente poco que hablaría de su ciencia. 

José Manuel Ortega “el Chache” durante la preparación de uno de sus combinados de café.

Así que, en lugar de hablar del asiático y los fluidos que lo componen, hablaré de los fundamentos del desempañado de coches. No es que el tema no haya sido tratado antes, sino que creo que no se ha hecho de la forma adecuada, es decir, científica. Buscar información sobre el desempañado en internet es como ir a preguntar sobre política internacional a un bar: todo el mundo tiene una opinión, y ni una sola explicación razonada. Así que voy a dejar plasmada aquí la explicación, negro sobre blanco, para las generaciones venideras.

La explicación del desempañado del coche

El aire contiene una cantidad variable de vapor de agua, y su capacidad para contener vapor aumenta con la temperatura. Este es el principio en el que se basa todo. Entrar en el mecanismo íntimo de este fenómeno es mucho más complicado, pero para nuestros propósitos divulgativos simplemente recordaremos que, de manera análoga (pero no igual), el agua caliente tiene más capacidad para disolver sal que la fría. Observemos que, ahora en invierno, en las mañanas o las noches gélidas, vemos vaho salir de nuestra boca o de la gente que nos habla. El vaho es una manifestación del contenido en agua del aire que exhalamos, pero no es vapor, sino cristalitos de hielo microscópicos, que es en lo que se transforma el (exceso de) vapor en contacto con el frío aire de la mañana invernal. Gracias a eso lo vemos, porque el vapor es tan invisible como el oxígeno. Pero con los cristalitos de hielo flotando, el aire se parece al humo, que es ceniza y hollín en suspensión.

Torres de refrigeración de la central nuclear de Cofrentes, lo que se ve salir ya no es vapor de agua, pero lo fue.

Entramos en el coche. Nuestra presencia empieza a calentar el aire en el interior y, particularmente, nuestra respiración hace que aumente el contenido en vapor. Este efecto se magnifica si nuestra ropa está húmeda (llueve fuera) y la calefacción está en marcha. El vapor se mantiene en esa atmósfera casi sin problema, excepto en la proximidad de superficies frías, como son los vidrios de las ventanas y parabrisas. La repentina caída de temperatura en el contacto con el vidrio hace que se deposite en él el exceso de agua que el aire ya no puede transportar. Gotitas de agua, o incluso cristalitos de hielo, producen el empañamiento del parabrisas, que se mantiene frío por estar su superficie exterior en contacto permanente con el aire helado de la calle. Seguro que todos recordamos cierta escena de Titanic

Foto hecha a través del parabrisas sin empañar de un viejo Toyota en un día frío y lluvioso ¿Cómo es esto posible? Por favor, siga leyendo.

Ya tenemos el parabrisas empañado ¿Qué hacemos? Con el mando de distribución de aire dirigimos el chorro al parabrisas con la calefacción puesta. Podríamos pensar que va a pasar lo mismo que cuando dirigimos un secador de pelo al espejo del baño, que está empañado tras la ducha. El secador desempaña en poco tiempo y el chorro de aire caliente dirigido al parabrisas no ¿Por qué? Porque el aire del secador está considerablemente más caliente y tiene una capacidad mucho mayor para llevarse el agua en forma de vapor. Además, calienta el espejo, impidiendo que pueda condensarse de nuevo el vapor sobre él. A falta de más temperatura, podríamos probar con aire más seco. El aire que produce el sistema de aire acondicionado (AA) es muy seco. En efecto, el súbito enfriamiento le quita el exceso de vapor que ya no puede transportar. Esta agua de condensación es conducida al exterior y gotea bajo el coche, como todos hemos observado en verano. El aire frío del AA dirigido al parabrisas es, en efecto, más seco, pero eso no es suficiente, en determinadas circunstancias, para desempañar porque es incapaz de “excitar” el agua líquida o sólida para que pase a vapor. Podría ser incluso peor. El AA puede enfriar el parabrisas por debajo de la temperatura ambiente y provocar el empañamiento exterior.

¿Combinación absurda? Y sin embargo, efectiva.

Lo mejor es usar ambos recursos a la vez, es decir, calefacción con AA. Teóricamente, lo óptimo sería que el aire fuera calentado tras pasar por el sistema de AA, pero lo que hace realmente el dispositivo es mezclar el aire de calefacción con el de AA (dos circuitos diferentes). La mezcla produce un aire más seco, ávido de portar vapor, pero también más energético para provocar el cambio de fase del agua. Y, simplemente, funciona. La gente, que suele ver la combinación de calefacción y AA absurda, opta por una de las dos según su grado de desinformación y supersticiones. Como un colega, que consiguió formar escarcha en el exterior del parabrisas, conmigo de consternado copiloto, y todo por no darle a la rula de la calefacción. Muy posiblemente los ingenieros hayan automatizado el desempañado del parabrisas, incluido como uno de los modos del climatizador en los coches actuales, a causa del desconocimiento por parte de los usuarios del simple principio que acabamos de explicar.

¡Felices Fiestas!

Editado 9/01/2022. Tras la publicación del post he recibido varias preguntas relacionadas con el tema se pueden aclarar con los mismos principios ya expuestos. Así que prefiero añadir las respuestas a éste en lugar de publicar uno nuevo.

  • El desempañado de la ventana trasera del coche se realiza normalmente con un sistema de calefacción eléctrico (resistencia). El calentamiento provocado evapora el agua condensada e impide la condensación posterior.
  • A veces, al poner en marcha la ventilación del parabrisas, éste se empaña rápidamente. Eso se debe a que el aire estancado en el sistema de ventilación, o el que entra del exterior, está más húmedo que el del habitáculo. En este caso, lo más eficaz es usar el AA para secar el aire entrante.
  • En verano, puede ocurrir un fenómeno curioso. Tras haber parado el AA durante unos minutos, cuando se vuelve a poner en marcha se observa, con cierta sorpresa, la salida de vaho (aire blanco) por las rejillas de ventilación. La explicación es la siguiente. No toda la humedad que el AA le quitó al aire entrante durante el primer intervalo de funcionamiento ha salido al exterior. El condensador está empapado de agua y al subir la temperatura, parte de esa humedad pasa a vapor que queda estancado en el sistema. Cuando se vuelve a poner en marcha el AA, el aire frío empuja al aire con vapor, o lo arrastra gracias al efecto Venturi, hacia afuera. Al mismo tiempo, la bajada de temperatura hace que el vapor pase a hielo, haciéndolo visible como vaho.

Editado 19/03/2022. José Manuel López Nicolás ha publicado hoy su esperado artículo La ciencia del asiático, a punto de declararse este combinado bien de interés cultural de la Región de Murcia.