Coleccionismo de «piedras»

El pasado fin de semana (7 y 8 de mayo 2022) se celebró en Cabra (Córdoba) el V Encuentro Nacional de Entidades de Ciencias de la Tierra. Naturalmente, sé que la mayor parte de la gente (hablo en términos estadísticos) no sólo desconoce que existen tales encuentros, sino que, además, desconoce lo que es una «entidad de Ciencias de la Tierra». Mi propósito aquí es dar alguna información al respecto y aclarar la relación con el título de este post: coleccionismo de «piedras».

Cartel de la «Trobada» en Cabra, a la que desafortunadamente no pude asistir.

¿Asociaciones de coleccionistas?

Las entidades de Ciencias de la Tierra son asociaciones culturales, generalmente locales, que reúnen a personas interesadas en alguna disciplina englobada o relacionada con la Geología. Muchas de estas asociaciones (al menos, de las que tengo noticia) surgen entre aficionados a la Paleontología y la Mineralogía. Pero, hay que decirlo, es muy difícil ser aficionado a estas disciplinas sin ser coleccionista de fósiles o minerales. Normalmente, la relación causa-efecto responde al siguiente esquema-historieta: al comienzo se siente fascinación por los fósiles, los minerales u otra cosa parecida; a raíz de ello comienza la colección, primando los criterios «estéticos»; a medida que aumenta la colección también se profundiza en el tema y aparecen los criterios «científicos»; al final, el coleccionista se ha convertido en un experto que disfruta conversando con otros que comparten su afición. Y así nace la «asociación». Hasta aquí todo bien ¿no?

Cada comunidad autónoma tiene su propio desarrollo normativo con ciertas diferencias… se dice que el mas duro es el de Aragón, donde doblar el lomo y hacer amago de tocar el suelo es punible.

El coleccionismo de fósiles o minerales son actividades legales, como el de sellos, monedas o aguafuertes de Goya. Sin embargo, la recolección de fósiles en España es delito, en la práctica, en cualquier situación, y la de minerales, aunque todavía no lo es, tiene muchos peros y muchos comos. Ciertamente, es muy difícil explicarle a un niño qué tiene de malo el recoger un fósil de bivalvo que aflora entre un montón de zahorra que unos obreros van a usar para relleno, pero no voy a opinar ahora sobre ese asunto cuyo verdadero meollo no reside tanto en el valor del patrimonio paleontológico como en el hecho de que Spain is different. Sólo diré que existen iniciativas a favor de cambios legislativos al respecto y quien quiera saber lo que pienso sobre el coleccionismo de «piedras» puede verlo aquí.

Saliendo del armario

Las asociaciones de coleccionismo de piedras, particularmente el de fósiles, han realizado la travesía del desierto para adaptarse al marco legal vigente. Con los mejores ejemplares cedidos por sus socios han creado museos a nivel municipal (o regional) de una calidad que no podría alcanzarse a golpe de presupuesto, sobre todo porque se trata de especímenes locales. Ejemplos de esto son los museos de Cidaris (Elche), Isurus (Alcoy) o el de la Asociación Cultural Paleontológica Murciana (Los Garres – Murcia), de la que hablaré algo más al final. La situación legal de estas colecciones es curiosa porque se encuentran «cedidas» a las asociaciones por las autoridades patrimoniales para que las conserven y las exhiban. Afortunadamente, la situación es estable porque es el modelo más barato de museo que pueden permitirse las autoridades con su exiguo presupuesto para Cultura.

Vista general del museo de la ACPM en el IES Severo Ochoa de Los Garres (Murcia). Destaca en el centro el impresionante caparazón de tortuga del Mioceno del Puerto de la Cadena.

Adaptarse a la ley tiene también mucho de dar ejemplo. Me consta que alguna entidad ha perdido miembros porque no comulgan con las buenas prácticas. Los indomables toperos que revientan yacimientos, acaparan ejemplares, especulan con ellos y sólo ven en las piedras un negocio no tienen ya cabida en las asociaciones. Esto es así desde hace más de 15 años en las entidades paleontológicas, pero aún llevamos el estigma y de vez en cuando nos siguen etiquetando de toperos. Curiosamente, hoy me ha llegado una noticia de que en las asociaciones de mineralogistas también cuecen habas. Por contra, hoy día, las entidades de Ciencias de la Tierra colaboran con las autoridades patrimoniales y científicas en la preservación y estudio de yacimientos y especímenes. Algunas, como Nautilus (La Alcarria) desarrollan una notable actividad investigadora y editora.

Recuperación de un fósil de Paleodyction en un bloque de sedimento, movido de su posición original por la construcción de un camino forestal y expuesto por una torrentera. La acción fue llevada a cabo altruistamente por la Asociación Cultural Paleontológica Murciana con el permiso de las autoridades patrimoniales.

La Trobada de Ángel Carbonell

El primer acto conjunto reuniendo al mayor número posible de entidades de Ciencias de la Tierra fue organizado por Ángel Carbonell, presidente de Isurus, en Alcoy (2015). Tengo recuerdos entrañables de aquella reunión, incluso del momento más tenso que vivimos. Durante la visita al yacimiento de La Querola en la vecina Cocentaina, al parecer, unos vecinos llamaron a la policía municipal al ver un grupo tan numeroso de personas en el lugar. La policía municipal, a su vez, avisó al Seprona (Servicio de Protección de la Naturaleza, división de la Guardia Civil) que es la autoridad competente para ese tipo de situaciones. Felizmente, las palabras de Ángel a los agentes explicando que aquella reunión era un acto científico-cultural catalizaron la vuelta a la normalidad en cuestión de minutos.

Encabezado del folleto con las actividades de la primera «Trobada».

Aquel primer encuentro fue un éxito, así que se organizaron algunos más. El último antes del COVID tuvo lugar en Cuenca. Además de visitas guiadas a yacimientos (Las Hoyas), al «almacén de dinosaurios» (Lo Hueco) y al Museo Paleontológico de Castilla-La Mancha. En un momento dado de la sesión institucional que tuvo lugar en el salón de actos del museo, una señora sale al estrado y se presenta como delegada de la SEP (Sociedad Española de Paleontología). Tras la sorpresa inicial, se sucedieron las bromas: que si aquello era una encerrona, que si el Seprona nos esperaba al otro lado de las puertas… El humor negro es una consecuencia natural tras muchos años de estigma. La señora de la SEP lo que hizo en su alocución fue elogiar el trabajo de las entidades de Ciencias de la Tierra y expresar su deseo que la colaboración entre aficionados y profesionales siguiera dando muchos frutos en el futuro.

Ángel Carbonell (izquierda) con otros miembros de Isurus.

La Asociación Cultural Paleontológica Murciana

Logo de la ACPM en mi carnet (socio nº 123)

Hace alrededor de 20 años me presenté en el museo que la Asociación Cultural Paleontológica Murciana (ACPM) tiene en Los Garres para ver los impresionantes restos de tortuga gigante, pero lo cierto es que nada allí tenía desperdicio: además de la calidad de las piezas, hay una serie de rarezas dignas de los mejores museos del mundo. El logo de nuestra Asociación incluye los dibujos de los dos fósiles más emblemáticos de la Región de Murcia: los fabulosos erizos marinos Clypeaster portentosus de Sangonera la Verde; y los ammonites fosilizados con concha (Indosphinctes choffati, aparentemente, el del logo) de Fortuna. Para mí, que mi experiencia con los fósiles se reducía a ver los que descubría la lluvia en las gredas miocenas, aquello fue una revelación. Así que me hice socio y comencé a aprender sobre la riqueza paleontológica del subsuelo murciano.

Paco Bernal examina los restos del dinosaurio de Benizar (Moratalla) en la sede de la ACPM.

Paco Bernal no es solamente el presidente de la ACPM, sino que también es su alma y oráculo. Cuando la mayor parte de nosotros se dejaba seducir por los «cantos de sirena», es decir, el entonces todavía proyecto de Museo Regional de Paleontología y de la Evolución Humana (en Torre-Pacheco), él mantuvo una postura firme sobre el futuro de la colección porque sabía que el museo regional sería un fiasco. Y efectivamente, así ha sido. Después de mucho tiempo sin poder juntarnos por las dificultades derivadas del COVID, pudimos echarnos una foto de familia que es muy significativa, porque estamos junto al equipo de excavación del yacimiento de Quibas, dirigido por Pedro Piñero, y en compañía del gran paleontólogo Jordi Agustí (casi tapado por Sangaré), reunidos junto a mi amigo el arqueólogo Ignacio Martín Lerma. Creo que esta imagen expresa mejor que las palabras el buen entendimiento y colaboración entre científicos y las entidades de Ciencias de la Tierra.

Visita de la ACPM y el equipo de excavación de Quibas a la exposición «Ancestros» sobre los neandertales en la Región de Murcia. En medio con un peluche, Ignacio Martín Lerma, organizador y guía del evento.

Mazarrón

Querido lector, a estas alturas ya habrás notado que me identifico usando solamente el primer apellido, Raja. No es que desprecie mi rama materna, de apellido Baño, sino que me acostumbré a firmar los artículos de Matemáticas como “Matías Raja” porque los extranjeros no entienden demasiado bien los usos españoles ni la letra eñe. Firmar con los dos apellidos es arriesgarme a que me llamen Sr. Bano, o sea, señor inexistente o superficial (véase la RAE para entender la chanza). Por otra parte, “Matías Raja” es una combinación poco frecuente, y no hay peligro de confusión con el único tocayo que Google es capaz de encontrarme. Va siendo el momento de explicar qué tiene todo esto que ver con el título del post… realmente, no mucho. Solamente que el apellido Raja es relativamente frecuente en Mazarrón, el pueblo donde nació mi padre.

Paisaje de las minas de Mazarrón, en total abandono. Destaca el castillete de madera.

Mazarrón es una palabra que a mucha gente evoca veraneo soleado, buen pescado y excelentes tomates. Pero en otros tiempos, no muy lejanos, Mazarrón era sinónimo de minería. La población fue fundada sobre los filones de plomo argentífero que atrajeron a los fenicios y contribuyeron en buena medida a la financiación del Imperio Romano. Después de muchos siglos alimentando a la industria con su riqueza en metales y alumbre, no hay un solo testigo monumental que recuerde el pasado extraordinario de esta villa. Peor aún, la codicia permitió la demolición parcial del Castillo de los Vélez y horadar un pozo minero dentro de lo que fue su palacio en pleno siglo XX.

Esquema del filón «Prodigio» de Mazarrón (F) en el libro de A.M. Bateman «Yacimientos minerales de rendimiento económico» (Ed. Omega, 1978), un ejemplo a nivel mundial.

Paradójicamente, después tanta tropelía, los vestigios de la actividad minera han pasado a ser el mayor activo histórico de Mazarrón. Y, como no, este patrimonio arqueológico-industrial ahora se encuentra amenazado por la desidia y la ruina, por las gentes incívicas que arrojan escombros y basura en los cotos mineros, por los buscadores de chatarra que vandalizan maquinaria y castilletes y, finalmente, por los “técnicos” que, sin la más remota idea de lo que tienen entre manos, crean problemas donde no los había.

Mis abuelos paternos: Ana Caruana Lardín y Juan Raja Méndez.

Mi abuelo Juan Raja fue minero. Mi padre llegó a trabajar también en las minas, con unos papeles que le acreditaban una edad mayor que la que tenía. Es un consuelo pensar que la necesidad de falsificar documentos para encubrir el trabajo infantil distingue un estado de derecho del tercer mundo ¿no? Mi abuela Ana Caruana debe su raro apellido a un antepasado que llegó a Mazarrón huyendo de Malta por unas deudas de juego. Incidentalmente, esto me hace “pariente lejano” de un exgobernador del Banco de España y de un ex-Chief Minister de Gibraltar. No viendo mucho futuro en las minas, Juan y Ana con sus tres hijos dejan Mazarrón y se instalan cerca del Cañarico. Allí, mi abuelo se dedicaría a hacer pozos, esta vez de agua, el tiempo de vida que le dejó la silicosis.

Uno de los libros de Mariano C. Guillén dedicado al pasado minero de Mazarrón.

Aunque siempre he mantenido el contacto con Mazarrón por cuestiones familiares, gracias a Tere, ahora estoy más involucrado con el pueblo minero al que debo mi apellido Raja. Por eso quiero agradecer aquí la labor de las dos personas que más han hecho, y siguen haciendo, por la conservación de la memoria de Mazarrón. En primer lugar, Mariano C. Guillén Riquelme, óptico, mineralogista, historiador y mazarronero de adopción. Con sus bien documentados libros y búsqueda incansable de fotos antiguas, ha rescatado del olvido una buena parte de la historia de Mazarrón, particularmente, el siglo de esplendor minero. Y en segundo lugar, que no detrás, Antonio Paredes Navarro, carpintero jubilado, hombre de curiosidad insaciable por el pasado, que ha sido capaz de montar un museo extraordinario con objetos que, de no ser por él, hubieran acabado en una hoguera o en la chatarra.

En el Museo, con Antonio Paredes y Pedro Martínez.

Conocí a Antonio Paredes a través de mi amigo Pedro Martínez Pagán, que me concertó una visita a su museo en agosto de 2020 (en estos tiempos de Covid, las visitas son con cita previa). El Museo Antonio Paredes dedica una gran parte de su superficie a la minería. Sin embargo, eché en falta una mayor representación de los minerales explotados, ya que sólo había piedra de alumbre y una pieza de galena muy sobada. Antonio reconoció que él no era experto en ese tema y me comprometí a ayudarlo. Durante el verano de 2020, con sede en Bolnuevo, me dediqué a recolectar los ejemplares de minerales que le entregué en septiembre de ese mismo año. Aquí podéis ver la memoria que describe las piezas donadas al Museo Antonio Paredes.

Minerales de Mazarrón donados al Museo Antonio Paredes, en el momento de llevarlos…
… y ahora formando parte de la exposición (foto por cortesía de L. Arrufat).

Hay muchas más cosas sobre Mazarrón, sobre todo en cuestión de minerales y arqueología, de las que hablaré en futuros posts. Éste está dedicado a mi padre, José Raja Caruana, que me llevó muchas veces a las terreras de San Cristóbal a buscar minerales.

Acabo con una petición: si tenéis 40 minutos e interés en Mazarrón, por favor, dedicadlos a ver este vídeo de Juan Sánchez Calventus, defensor del paisaje cultural minero. Ojo, hay traca final. ¡Gracias!

Rincón de Bolnuevo – Puntabela, otro motivo para visitar Mazarrón.

Para saber más sobre la mineralogía de la comarca de Mazarrón visiten mi post Minerales de Mazarrón.

Rüdiger Nehberg

Me enteré de la muerte de Rüdiger Nehberg durante el primer confinamiento de 2020. Tras profundizar en los detalles de la noticia, sentí alivio o, mejor aún, alegría. Os dejo que penséis que soy un desalmado durante unos instantes… y ahora, por favor, seguid leyendo. Rüdiger Nehberg murió de viejo, a un mes de cumplir 85 años. Para un hombre que hizo de jugarse el pellejo un modo de vida, morir de viejo ha sido su mayor éxito. 

Rüdiger en «su salsa» (foto tomada de un obituario)

Rüdiger, o Ruediger como también firmaba, simultaneó el oficio de pastelero en su Alemania natal con la práctica de técnicas de supervivencia. Literalmente, después de preparar tartas de merengue, salía a almorzase un gato atropellado en la carretera o algo peor. Remontó el Nilo Azul con medios rudimentarios enfrentándose a toda clase de peligros, incluido el ser humano (uno de sus compañeros de viaje murió allí tiroteado). El revólver que luce en algunas fotos no es de atrezzo. Cruzó en solitario varias veces el océano Atlántico… vale, mucha gente también lo ha hecho. Pero él, en su primera travesía, utilizó un hidropedal, y para la segunda, navegó en una balsa de troncos. Atravesó a pie el Desierto de Danakil y convivió con tribus indígenas de varios continentes. Entre ellas, los Yanomami, que lo aceptaron como uno más de ellos. Y él, por su parte, empleó su fama para luchar por los derechos de las tribus. Porque Herr Rüdiger Nehberg fue también un destacado activista, sobre todo en las últimas décadas de su vida, fundador de una ONG para contra la mutilación genital femenina (vedlo aquí en charla TEDx). Si queréis saber más sobre la vida de Sir Vival, mirad para empezar este post de Un extremeño en el Ártico. Más información en su propio blog, sólo si domináis el alemán, y por supuesto, sus libros, muchos de ellos traducidos.

Su best-seller: todo lo que hay que saber de supervivencia, aderezado con sus aventuras.

La primera vez que supe de la existencia de Rüdiger Nehberg fue a comienzos de los años 80. Le dedicaban un pequeño reportaje en la televisión donde salía mostrando técnicas de supervivencia en un bosque alemán con una meteorología adversa. Me impresionó que no necesitara ropa (lo que no llevas no se moja) y que su mochila consistiera en un armazón uniendo dos grandes bidones de plástico con tapón de rosca (para que evitar que se moje el contenido). Por aquella época, mi hermano trajo a casa el Manual del Aventurero y su lectura me inspiró distintos “entrenamientos” con los que prepararme para situaciones difíciles. Salía a correr descalzo por pedregales en El Cañarico, entre otras cosas, quizás aún más extrañas, que han terminado influyendo en mi carácter y lo que soy ahora.

No menos interesante que la «primera parte» pero más específico.

Han pasado muchos años desde que yo quería ser como Rüdiger Nehberg, o como Miguel de la Quadra-Salcedo (que, por cierto, murió también con 84 años), perderme por la Selva del Amazonas o cualquier otro lugar inhóspito y volver para contarlo. Quizás no lo deseé con suficiente intensidad, tal como predica San Paulo Coelho. Así que las cosas fueron por otros derroteros: hice de las Matemáticas mi modo de vida, y mis viajes o aventuras no tienen nada de “extremo”. Pero me queda la nostalgia de un mundo donde los viajes no eran fáciles y no existían los móviles para sacarte de aprietos. Esa nostalgia es la que, para mí, representa la foto borrosa que encabeza todas las páginas de mi web: sentado en una valla, tenía 22 años, y nunca había estado más lejos de casa, ni del mar. Detrás, la selva de Paraguay, al noreste de Asunción, salpicada de lapachos en flor (que no se aprecian). Selva que se continúa, detrás del horizonte de la foto, en el Mato Grosso brasilero… y mucho más allá, está el Gran Río de las Amazonas.

En un mundo globalizado, los viajes nunca volverán a ser así…

Descansa en paz, Rüdiger Nehberg. Te lo has ganado.

El Covid visto desde tres congresos

Con la irrupción de la pandemia del Covid-19 (como si hiciera falta indicar el año) muchas cosas cambiaron. Cada uno sabe mejor que nadie como todo esto le ha afectado a su vida, seres queridos, trabajo… No tengo la más mínima intención de entrar en tales asuntos. Y precisamente la mejor forma que tengo de escribir sobre el Covid sin dramatismo o polémica es centrándome en lo anecdótico: cómo la pandemia ha afectado a la celebración de los congresos de matemáticas, particularmente, en los que he participado. Esto es el Covid visto desde tres congresos.

Una de las actividades relacionadas con la investigación en el ámbito universitario es la asistencia a congresos (conferences, workshops). A veces, también hay que participar en la organización de estos, pero eso es mucho menos frecuente por una simple cuestión aritmética. En los congresos, los especialistas de un determinado tema presentan sus nuevos resultados, se conversa y se discuten ideas, problemas o proyectos… Es quizás la parte más humana de la vida científica, y para nosotros los matemáticos, una forma de escapar de la monotonía y la soledad propias de nuestro trabajo. Por eso estamos más pendientes del calendario de congresos que del de festividades.

Cartel del congreso en honor de Gilles Godefroy, cancelado por el Covid

A la vez que la pandemia avanzaba por el mundo, iba cambiando nuestra percepción de ella. Así, a finales de 2019, el Covid se consideraba como una versión algo más virulenta de la gripe. Y si resultaba alarmante en su país de origen, era simplemente porque no disponían de los medios adecuados para tratar a los enfermos. En febrero de 2020, con varios brotes activos en Europa no se apreciaban todavía las dimensiones del problema. A comienzos de marzo de ese año se celebró el Encuentro anual de la Red de Análisis Funcional en la Universidad de La Laguna (Tenerife) al que asistí especialmente feliz por ser la primera vez que viajaba a las islas Canarias.

A la entrada de la Facultad de Matemáticas de La Laguna
Buscando la foto del las «mil pesetas» con el Teide al fondo
Colada de obsidiana, en el Parque Nacional del Teide
Detalle de la obsidiana
El famoso drago de Icod de los Vinos

En Barajas, haciendo escala al regreso de Tenerife, se veía bastante gente con mascarillas quirúrgicas, cosa hasta entonces limitada a los turistas japoneses. Las reuniones convocadas para la semana siguiente se anularon bruscamente. Poco a poco, fueron llegando las cancelaciones de todos los congresos anunciados hasta el verano de 2020. En seguida llegó el primer lockdown, las reuniones vía Zoom, los webinars, salir a la calle con guantes de látex o nitrilo (las mascarillas no podían ser obligatorias por falta de existencias) solamente para comprar víveres… y fuimos afortunados cuando se estableció el horario de paseos. Los números de la pandemia mejoraron con la llegada del verano. Por eso pudimos salir unos días por vacaciones y los organizadores de las reuniones canceladas en primavera se plantearon la posibilidad de celebrarlas en otoño. Ese fue el caso de un congreso en Luminy titulado “Entangling Non-commutative Functional Analysis and Geometry of Banach Spaces” que se reactivó para octubre de 2020.

La «pizarra» en un momento de la clase impartida online desde casa

Para no tener problemas cuando cruzara la frontera me hice mi primera PCR y llevé el resultado negativo a modo de salvoconducto, aunque todavía no era obligatorio. El congreso se celebró en modo semipresencial. Como consecuencia, algunas de las «estrellas» invitadas impartieron las conferencias desde su casa, pero los asistentes físicos al congreso disfrutamos de unos días excepcionalmente buenos en el entorno del parque natural de Les Calanques, con baño incluido en sus azules aguas. Hay que decir que el rato en la playa habría sido más tranquilo de no haberme llevado un bocadillo de salchichón que atrajo a todas las avispas de la zona.

Sala de conferencias en el CIRM, Luminy
El mejor momento del congreso: bouillabaisse, plato típico marsellés, para comer
Les Calanques, cerca de Luminy
Imagen idílica…
Tomando el sol tras el baño
En el cercano pueblo de Les Baux-de-Provence, de donde la bauxita toma el nombre
Con Paula y Luis Carlos en Zaragoza, unas horas después de que Francia decretara el estado de alarma

A lo largo de esa semana, veíamos con inquietud los datos de incidencia en Europa volvían a subir. Mientras abandonábamos Francia, nacía mi primera sobrina-nieta, Ariadna, y el président Macron anunciaba medidas excepcionales en el país galo. Cataluña ya había cerrado la hostelería, pero llegamos a tiempo de tomar unas tapas en Zaragoza. Pocos días después el presidente Sánchez anunciaba el segundo estado de alarma. Los viajes entre provincias se acabaron… A comienzos de 2021 el gobierno regional anunciaba un nuevo confinamiento municipal. Unas horas de que entrara en vigor Tere y yo nos acercamos a ver la nieve recién caída en Bullas.

Nevada en Bullas, con muñeco de nieve incluido

Las cifras de incidencia volvían a ser altas, en parte por la mayor capacidad para diagnosticar a los asintomáticos, pero también la presión hospitalaria había bajado con relación a la primera y segunda olas. Las campañas de vacunación empezaron a tener un efecto directo en la bajada de la incidencia, y con ello, volvieron las ganas de organizar reuniones científicas. El tercer congreso de este post se celebró a finales de junio en Borovets (Bulgaria) con el título “15-th International Workshop on Well-Posedness of Optimization Problems and Related Topics”. Viajé con una sola dosis de Pfizer puesta, por lo que tuve que hacerme PCRs a la ida y a la vuelta. Borovets está frente a la montaña más alta de los Balcanes, el Musala (2925 m) en el Parque Nacional de Rila. El congreso se celebraba en una estación de esquí rodeada de bosques. Al final, los organizadores se vieron obligados a adoptar la modalidad semipresencial, pero no es lo mismo participar desde la pantalla de un ordenador.

En un momento de mi conferencia sobre funciones uniformemente convexas
La cena oficial del congreso, a punto de ser servida
El Musala con sus neveros
La excursión del congreso a vista de dron (cortesía de Mikhail Krastanov)

Después del congreso de Bulgaria vino el verano y una mayor apertura. Aunque ya no se trata de congresos, merece la pena mencionar los viajes. Tere y yo pasamos las vacaciones de agosto en La Provenza, enseñando el «pasaporte Covid» a cada momento. Más recientemente estuve unos días en Besançon y los Alpes, y justo ayer volvimos de pasar unos días en New York… pero eso es otra historia. Ahora, con el frío de nuevo, parece que la incidencia del Covid vuelve a repuntar… Mejor me despido ya y acabo este post deseando que no tenga que hacer una segunda parte.

Velas y plegarias en la catedral ortodoxa de Sofia

Las librerías de Francia

Supongo que los primeros posts tienen bastante de autojustificación y aún no sé cómo empezar de otra forma… Cuando comenté a mis amigos que iba a poner en marcha un blog algunos me dijeron que eso ya no se lleva. Que es mucho mejor un canal de YouTube o TikTok, y basar la comunicación en vídeos porque la gente ya no lee. Ciertamente, es un argumento de peso, y si antes tenía alguna duda, ya ha desaparecido completamente: nada de vídeos. Voy a seguir escribiendo, porque este blog es para la gente que lee, aunque seamos cuatro gatos mal contados. Tengo mucho respeto por los profesionales que graban y publican tutorials, particularmente los de fontanería casera. Pero lo siento mucho, sin lectura no hay cultura. Aunque el papel va siendo progresivamente reemplazado como soporte, la salud de sus librerías sigue siendo un buen indicador del desarrollo de una sociedad. Para explicar esto mejor, un ejemplo, librerías de España contra librerías de Francia. Lo siento de nuevo, aparte del fútbol, Francia va por delante también en esto.

Las mil y una noches, comprada en la Librería de Mariano, mejor sin sobrecubierta

Un pueblo no muy grande como Archena, hasta los primeros años de este siglo tenía una librería. Digo bien, librería, no una papelería que ofrece unos pocos libros, particularmente los anunciados en la tele. La Librería de Mariano era prácticamente una cueva, por la poca luz que entraba y lo angosto de sus estanterías repletas de libros. Todas las colecciones: Austral, Alianza, Destino, Alfaguara, algún Gredos, diccionarios enciclopédicos Sopena… Ahí compré mi primer ejemplar de Las mil y una noches (tengo unos cuantos… quien conozca esta compilación de historias lo entenderá perfectamente). Mariano «el Librero» (que en realidad no se llamaba Mariano, cosas del marketing, supongo) atendía con una levita gris y asesoraba diligentemente sobre cualquier libro que se le preguntara. Ha llovido bastante desde que Mariano se jubiló y traspasó el negocio con la condición de que conservara el nombre. Y así ha sido: la todavía llamada Librería de Mariano, ahora al otro lado de la calle y en un local mucho más luminoso, decora su escaparate con los libros de la tele y regalos de primera comunión. Otras librerías de la Región han corrido peor suerte, como Yerba en Murcia o Escarabajal en Cartagena. Incluso el emporio Diego Marín ha tenido que reducir sus locales a sólo dos: la clásica González Palencia y la «juguetería» sita en el polígono El Tiro. Cierto es que han aparecido comercios nuevos, como Casa del Libro o las secciones de libros en grandes superficies, pero su política anti-fondos me impiden considerarlas librerías sensu stricto.

Le Somail (foto tomada de micrucerofluvial.com porque es mejor que las mías)

Mientras que en España hay centros comerciales donde no se venden libros y pueblos sin librería, en Francia se pueden encontrar librerías sin pueblo. El Canal du Midi, en su recorrido desde Toulousse hasta el Mediterráneo ofrece numerosas estampas bucólicas y rincones singulares. Uno de ellos es Le Somail, que no llega a la categoría de pueblo y se queda en aldea (hameau, en francés). Un puente de piedra sobre el Canal, el centro vital de este caserío, desde el que se observa el embarcadero, una terraza al aire libre donde degustar los vinos del Languedoc, y una sorprendente librería. Ya antes de entrar en la Librairie Ancienne, hay que esquivar mesas con libros viejos o dañados a precios económicos. Un pasillo relativamente largo atestado de libros hasta el alto techo conduce a una enorme sala rectangular con dos alturas y exposición en el centro. La foto lo explicará mucho mejor que yo.

La apoteosis de los libros en la Librairie Ancienne du Somail

Dos advertencias. En primer lugar, la librería de Le Somail es esencialmente una librería de viejo (para ser justos, tendría que haber mencionado el mítico Bazar del TBO en mi repaso a Murcia). Una librería moderna ofrece lo que se ha publicado en los últimos años, una librería de viejo ofrece lo que se ha publicado en los últimos siglos. No hay comparación. En segundo lugar, la mayor parte de los libros están en francés. Recomiendo el conocimiento de esta lengua de cultura que nos abre las puertas a una infinidad de obras interesantísimas que nunca se traducirán al español por motivos más que obvios.

Una calle de Montolieu

Remontando el Canal du Midi, que es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, llegamos a la amurallada Carcassonne, también Patrimonio de la Humanidad y tal… y a menos de 20 km de allí está Montolieu, uno de los varios Villages du Livre que tiene Francia. Más de 15 librerías (como el número puede fluctuar os dejo este enlace), y alguna con varios pisos, en un pueblo que se recorrería en menos de diez minutos. No hace falta decir que a Montolieu no se va a disfrutar de sol y playa. Aún así, recibe muchos turistas en verano, diría que bastantes más que Urueña, su villa homóloga en España. Os sugiero, como actividad instructiva de vacaciones, efectuar la comparación de Montolieu, Canal du Midi y Languedoc, con Urueña, Canal de Castilla y Ribera de Duero. Para que haya una mención a las piedras, cerca de Carcassonne y Montolieu está Salsigne, en cuya mina a cielo abierto se explotó hasta 2004 el oro contenido en las piritas arsenicales.

Son muchos años yendo a Francia y he desarrollado una serie de rituales alrededor de los libros. Por ejemplo, cuando paso por París siempre visito la Gibert Joseph del Boulevard Saint-Michel. Pero no quiero aburrir al lector con más recuerdos de librerías francesas. Para acabar este post lo mejor que se me ocurre es una despedida con estilo… no la mía, sino la una librería gala en el momento de su cierre. Sí, también cierran librerías en Francia. Esta nota la encontré en 2016 en un escaparate de Saint-Martin-de-Crau, en esa peculiar región taurina conocida como La Camarga. La foto no es muy buena porque la hice de noche.

A continuación la traducción de la nota:

Con pesar, la librería cerrará sus puertas definitivamente.

Antes de irme quiero agradecer a mis amigos lectores y a todos aquellos que me han ayudado y apoyado durante estos siete años.

Doy las gracias a todos aquellos y todas aquellas que han permitido la existencia de este pequeño comercio local.

Gracias por vuestra amabilidad, vuestra confianza y vuestra simpatía.

A los otros, los internautas y compinches, que permiten que las grandes corporaciones de siempre se enriquezcan, les diría que ya no es necesario quejarse de que el comercio (del centro) del pueblo se está muriendo.

Una página pasa para dejar sitio a otra historia

El libro que hemos escrito juntos está lleno de bellos encuentros, de buenos momentos y de gente maravillosa que están grabados en mi memoria para siempre.

Nada de rabia, nada de resentimiento, ni de rencor, sólo la preocupación por el porvenir de nuestro comercio local.

Marjorie 

Adenda 5/01/2023

En el año y pico que lleva este post publicado han ocurrido varias cosas significativas. En primer lugar, el interesante comentario del Sr. Cabrera que pueden leer abajo. En segundo lugar, decir que entre los artículos que publica el XLSemanal de Vocento, que en Murcia se vende con La Verdad, apareció un artículo de Isabel Coixet con una referencia implícita a Montolieu y más recientemente uno de Arturo Pérez Reverte mencionando la librería Gibert Joseph de París. Finalmente, para alegrar a los lectores murcianos, no dejen de visitar la librería Mandrágora. De haberla conocido antes, este post no hubiera resultado tan pesimista.

Adenda 17/12/2023

Debe de resultar llamativo para el viajero encontrar un monumento a la entrada de Blanca (Murcia) que se refiere a la población del Valle de Ricote como «Villa del Libro». Para los que conocemos algo el lugar, más que llamativo resulta extraño. Por eso no sorprende en absoluto que Blanca no aparezca en ningún listado o reportaje sobre las Villas del Libro patrias. Tras indagar un poco en el asunto, parece que se trata de uno de esos habituales brindis al sol de la política española, a los que algún día dedicaré un post. Los detalles son incluso más sórdidos: me cuentan que una bienintencionada vecina donó su biblioteca personal al ayuntamiento, y que los libros ensartados en alambres, fueron usados a modo de guirnaldas por las calles de Blanca. El cielo, enfurecido por la afrenta, llovió esa misma noche poniendo fin al «despliegue cultural».

Foto del monumento en Blanca (tomada de la prensa), cuya instalación se remonta a 2009.

La verdadera historia del mamut de Caravaca

La edición de El Faro de Caravaca cuya portada tengo escaneada en Algo sobre mí, dice literalmente con respecto a los fósiles de mamut que descubrí en ese municipio “un profesor de matemáticas encontró casualmente los restos el pasado verano” (ojo, de esto ya han pasado unos cuantos años). Sin negar que todo hallazgo paleontológico tiene un componente casual importante, el titular parece obviar una parte causal no trivial de conocimiento y trabajo aportados por mí. Si algún periodista hubiera contactado conmigo en aquel momento, podría haberle contado detalles interesantes sobre cómo se produjo el descubrimiento. Quiero pensar que fue bad timing, simplemente. Que de haber existido entonces nuestra apreciada UCC (Unidad de Cultura Científica de la Universidad de Murcia), el hallazgo de los restos del mamut, el primero de su clase en la Región de Murcia, hubiera tenido la cobertura debida, sin duda, y hasta hubieran visto una foto mía… Bueno, a estas alturas ya no espero que venga nadie a preguntarme cómo de casual, o no, fue dar con esos huesos, así que ahí va la verdadera historia del mamut de Caravaca.

Durante mucho tiempo he estado frecuentando Caravaca y sus alrededores. No recuerdo como comenzó, pero pronto se convirtió en una costumbre casi semanal con su ritual: buscar piedras por la mañana; refugiarse en El 33 cuando apretaba el sol con una Franziskaner en la mano mientras le preguntábamos a Paco por las tapas del día; y después, echar un rato más por la tarde antes de volver a casa.

Piritoedros del Piscalejo en matriz (encuadre 3 cm ancho)

Lo que sí recuerdo un poco mejor es lo que me llevó a la rambla del Piscalejo: sus famosos piritoedros (cristales pentágono-dodecaédricos de pirita). Aunque se considera un yacimiento clásico, no tenía una ubicación exacta. Remontando la rambla desde el puente romano es fácil ver piritoedros oxidados (total o superficialmente) de tamaño centimétrico. Debido a la mayor densidad de la pirita, los piritoedros arrastrados por las lluvias tienden a acumularse en ciertos rincones entre los riscos del cauce. Un día mientras un amigo y yo escudriñábamos las piedras con claro afán, pasó un pastor con su rebaño y nos dijo (más bien gritó) «¡Neneh! ¿Ejtaih bujcando eso que son como hierro con picoh? Pos’eso eh mah pa’rriba, allá en lo salitreh». Esas palabras fueron para nosotros como una revelación. Me explico, lo que dijo el pastor convenientemente traducido fue lo siguiente «¡Chicos! ¿Estáis buscando piritoedros? Debéis ir rambla arriba, a las margas yesíferas del Keuper». Después de aquello comencé a recoger mejores piritoedros, pero eso es otra historia.

La primera esquirla de hueso encontrada en el Piscalejo

Volví muchas veces después a la rambla del Piscalejo. Una mañana luminosa paseando por sus meandros, en una de las graveras encuentro una esquirla de hueso fósil pulida por la erosión. ¿Cómo se reconoce el hueso fósil? Sin duda, lo mejor es haberlo visto antes porque tiene un aspecto muy característico dado por la parte mineral (fosfato cálcico) cuando desaparece la parte orgánica (colágeno). Es un lustre muy particular, independiente del tono, que no es necesariamente «color hueso». Otro test consiste en comprobar si el posible hueso fósil se pega a la lengua, cosa que pasa con los fragmentos del Piscalejo. No recomiendo hacer esta prueba de manera sistemática por tres motivos. En primer lugar, porque es repugnante en el caso que el hueso no sea fósil. En segundo lugar, porque no siempre funciona. A veces, los poros que deja la desaparición del colágeno, motivo de la adherencia lingual, son rellenados por algún mineral, que de paso proporciona al fósil mayor densidad y resistencia. Y en tercer lugar, los huesos que se han fosilizado en sedimentos procedentes de la meteorización de rocas plutónicas (no es el caso en Caravaca) tienen cierta tendencia a concentrar uranio… mejor no pasar la lengua.

Huesos aflorando por la erosión del agua

La aparición de la esquirla de hueso fósil me puso en alerta. Seguí mirando al suelo y al cabo de un rato remontando la rambla encontré una segunda. Luego una tercera, y así sucesivamente… como Pulgarcito, me encontré siguiendo un rastro que me condujo a un lugar en el que la rambla corta un sedimento de tono claro y apariencia estéril. Más arriba ya no aparecían esquirlas así que ahí debía de estar el origen de éstas. En una oquedad excavada por el agua, sobresalía una roca de apariencia extraña, que para ver mejor tuve que tirarme al suelo. Viendo que eran huesos, parecía que había llegado a la fuente de las esquirlas. Una inspección más detallada reveló que la zona donde aparecían restos de huesos era un poco más extensa que la oquedad incluyendo parte del talud. Trato, sin éxito, de localizar algún hueso característico que dé información sobre la especie. En su lugar, tomo una «pelota de hueso» que estaba levemente adherida a la pared por algo de barro. Unos días después se la enseño a D. José María Vázquez Autón, catedrático de Anatomía Veterinaria de la Universidad de Murcia que tras observar la pieza dijo varias cosas muy interesantes: 1) se trata de una cabeza de fémur; 2) por el tamaño el animal debía ser bastante más grande que un caballo; 3) la superficie rugosa del hueso indicaba que el animal estaba todavía creciendo en el momento de su muerte, es decir debía ser un juvenil, como mucho. Volví a Caravaca a inspeccionar el terreno donde aparecieron los restos. Ganando un poco de altura sobre la rambla observé que los terrenos blanquecinos se continuaban, sin la más mínima discordancia, en los conglomerados rojizos del glacis que forma el suelo primitivo que la rambla erosionó. Esto me permitió adscribir el sedimento a un periodo lacustre en el Cuaternario. Por otra parte, la ausencia de otros fósiles en el sedimento me hizo pensar que la laguna debía ser excesivamente salina para la vida, posiblemente por la removilización de sales del Keuper.

Suave transición del sedimento lacustre a los conglomerados continentales

Vertebrado terrestre, tamaño enorme y era geológica apuntaban a un elefante. Quizás un mamut de los que convivieron con los primeros humanos que habitaron estas tierras… Con toda esta información me dirigía a D. Miguel Ángel Mancheño, profesor de Geología, que en aquel momento estaba más centrado en la Paleontología con motivo de la puesta en marcha de las excavaciones de la Sierra de Quibas. Fuimos a visitar el yacimiento con Juan Abel, su estudiante, quien posteriormente se ocuparía del trabajo más pesado. A partir de ese momento toda la gestión del hallazgo quedó en manos del profesor Mancheño. Yo me acerqué en distintos momentos a ver si aparecía la cabeza del animal. Tenía la corazonada de que debía de estar enterrada allí todavía porque entre las esquirlas de la rambla nunca había encontrado restos de molar. Pero no hubo suerte.

Con Juan Abel por la rambla del Piscalejo

Los trabajos se llevaron un tiempo porque Juan Abel sólo podía trabajar en fines de semana. Así que de las imágenes veraniegas de las prospecciones pasamos a la primera nevada del año.

El Piscalejo nevado con la caja conteniendo la «momia» a la izquierda

Una buena porción de sedimento conteniendo unos cuantos huesos en conexión anatómica (vértebras, parte de pelvis…) fue preparada para su transporte en un cajón, como una momia en su sarcófago. El peso y el tamaño de la momia hacía difícil su transporte seguro hasta la pista forestal donde el Nissan Patrol de la Universidad podía llegar. El profesor Mancheño consiguió los servicios de un helicóptero de Protección Civil. Así que el mamut (o lo quedaba de él) salió volando de la rambla del Piscalejo, pero no exactamente como Dumbo.

Imagen histórica…

La investigación de los restos dio lugar a un artículo, y la momia, una vez preparada y consolidada fue expuesta un tiempo en el vestíbulo del Museo Arqueológico Regional. Ahora se conserva en un almacén de la Comunidad Autónoma a la espera de que alguna vez se ponga en marcha el Museo Regional de Paleontología en Torre-Pacheco… ¿Recuerdan el final de En busca del arca perdida de Indiana Jones? Mismamente. The End.

Fin de fiesta

Meli y el Departamento de Geología et al.

Ayer celebramos la comida de jubilación de cuatro profesores del Departamento de Química Agrícola, Geología y Edafología al que llamaré de ahora en adelante Departamento de Geología et al. por la parte que más me interesa (no hard feelings para las otras disciplinas). Los homenajeados fueron Ginés Navarro García, María José Martínez Sánchez, Joaquín Hernández Bastida y Carmen Pérez Sirvent. 

Los homenajeados ayer

Carmen, más conocida entre sus amigos como Melita o Meli, es la primera profesional de la Mineralogía del ámbito universitario con la que entré en contacto. No recuerdo bien si era mi último año de instituto o primer curso de universidad, cuando entré al Departamento de Geología et al. y buscando un profesor con el que poder tratar sobre minerales y me encontré con ella (bueno, Meli dice acordarse mejor de aquel encuentro y asegura que era la primera opción). De esa manera comenzamos nuestra relación y cuando Matemáticas se trasladó al campus de Espinardo en 1990 comencé a visitar el departamento con frecuencia. Desde el primer momento puso a mi disposición todo lo que fuera necesario para determinar los minerales que se resistían a ser identificados, así como información sobre yacimientos totalmente desconocidos para mí. Cada vez que llegaba con un mineral dudoso me indicaba el mortero de ágata y me decía “ya sabes”. El porta con el polvo se metía en el DRX (difractómetro de rayos X) y al cabo de un rato interpretaba el diagrama a ojo, mucho más fiable que el primitivo software de la época. Me decía “esos son los picos del cuarzo, ni caso” y al poco tenía el nombre del mineral.

Meli y Tere, en una visita a la mina de Almadén

Después empecé a tratar también con Rafael Arana, hombre sabio donde los hubiera que nos dejó precipitadamente en 2011, y con Miguel Ángel Mancheño, geólogo montaraz hasta que un accidente lo jubiló antes de lo que él hubiera querido. Para poner un contrapunto a esta tristeza, en el Departamento de Geología et al. siguen, y espero que por muchos años, Paco Guillén, apasionado defensor del Patrimonio Geológico, y Asun Alías, entusiasta de la Mineralogía que forma un buen tándem con mi querido Luis Arrufat.

Excursión con Paco Guillén hace un huevo de años… entonces yo llevaba un Bellota

Para acabar, una noticia estupenda: Meli me ha dicho que la despedida de ayer fue una pantomima, que no se retira todavía y que se queda en el departamento como emérita. 

Foto de familia

¡Por fin!

Hace varios años que me reservé el dominio para una web personal con la idea de descargar paulatinamente mi página de la Universidad de Murcia de contenidos ajenos a mi trabajo académico. Gracias a las fotos e informaciones sobre minerales que tengo colgadas allí, he recibido muchos mensajes de gente interesada. También algunas de las fotos de mis piezas han llegado a estar indexadas en primeros puestos en Google, lo que es señal de cierto interés por los aficionados a los minerales. Como curiosidad, he llegado incluso a encontrar mis «piedras» en un foro de mineralogía, donde un usuario las incluía como parte de su colección…

Mi idea es reconducir todo ese flujo, si es que sigue habiéndolo en el futuro, a esta web. Además de eso, como se puede ver en Algo sobre mí, quiero dar a conocer mi actividad como aficionado a la Prehistoria y a la Geología, en particular Mineralogía y Paleontología. Soy un apasionado del mundo que me rodea y quiero dejar constancia de esa pasión… realmente no sé por dónde empezar. Llevo casi medio siglo buscando y aprendiendo, y de una buena parte de los posibles temas sobre los que podría escribir no tengo fotos para adornarlos (hubo un tiempo que los móviles no tenían cámara, incluso un tiempo sin móviles). Bueno, iremos viendo… para que esta primera entrada tenga alguna foto pondré un par de ellas, viajes al oriente cercano, separadas por unos cuantos años.

Bursa (Turquía) 1994
Timna (Israel) 2017