Mazarrón

Querido lector, a estas alturas ya habrás notado que me identifico usando solamente el primer apellido, Raja. No es que desprecie mi rama materna, de apellido Baño, sino que me acostumbré a firmar los artículos de Matemáticas como “Matías Raja” porque los extranjeros no entienden demasiado bien los usos españoles ni la letra eñe. Firmar con los dos apellidos es arriesgarme a que me llamen Sr. Bano, o sea, señor inexistente o superficial (véase la RAE para entender la chanza). Por otra parte, “Matías Raja” es una combinación poco frecuente, y no hay peligro de confusión con el único tocayo que Google es capaz de encontrarme. Va siendo el momento de explicar qué tiene todo esto que ver con el título del post… realmente, no mucho. Solamente que el apellido Raja es relativamente frecuente en Mazarrón, el pueblo donde nació mi padre.

Paisaje de las minas de Mazarrón, en total abandono. Destaca el castillete de madera.

Mazarrón es una palabra que a mucha gente evoca veraneo soleado, buen pescado y excelentes tomates. Pero en otros tiempos, no muy lejanos, Mazarrón era sinónimo de minería. La población fue fundada sobre los filones de plomo argentífero que atrajeron a los fenicios y contribuyeron en buena medida a la financiación del Imperio Romano. Después de muchos siglos alimentando a la industria con su riqueza en metales y alumbre, no hay un solo testigo monumental que recuerde el pasado extraordinario de esta villa. Peor aún, la codicia permitió la demolición parcial del Castillo de los Vélez y horadar un pozo minero dentro de lo que fue su palacio en pleno siglo XX.

Esquema del filón «Prodigio» de Mazarrón (F) en el libro de A.M. Bateman «Yacimientos minerales de rendimiento económico» (Ed. Omega, 1978), un ejemplo a nivel mundial.

Paradójicamente, después tanta tropelía, los vestigios de la actividad minera han pasado a ser el mayor activo histórico de Mazarrón. Y, como no, este patrimonio arqueológico-industrial ahora se encuentra amenazado por la desidia y la ruina, por las gentes incívicas que arrojan escombros y basura en los cotos mineros, por los buscadores de chatarra que vandalizan maquinaria y castilletes y, finalmente, por los “técnicos” que, sin la más remota idea de lo que tienen entre manos, crean problemas donde no los había.

Mis abuelos paternos: Ana Caruana Lardín y Juan Raja Méndez.

Mi abuelo Juan Raja fue minero. Mi padre llegó a trabajar también en las minas, con unos papeles que le acreditaban una edad mayor que la que tenía. Es un consuelo pensar que la necesidad de falsificar documentos para encubrir el trabajo infantil distingue un estado de derecho del tercer mundo ¿no? Mi abuela Ana Caruana debe su raro apellido a un antepasado que llegó a Mazarrón huyendo de Malta por unas deudas de juego. Incidentalmente, esto me hace “pariente lejano” de un exgobernador del Banco de España y de un ex-Chief Minister de Gibraltar. No viendo mucho futuro en las minas, Juan y Ana con sus tres hijos dejan Mazarrón y se instalan cerca del Cañarico. Allí, mi abuelo se dedicaría a hacer pozos, esta vez de agua, el tiempo de vida que le dejó la silicosis.

Uno de los libros de Mariano C. Guillén dedicado al pasado minero de Mazarrón.

Aunque siempre he mantenido el contacto con Mazarrón por cuestiones familiares, gracias a Tere, ahora estoy más involucrado con el pueblo minero al que debo mi apellido Raja. Por eso quiero agradecer aquí la labor de las dos personas que más han hecho, y siguen haciendo, por la conservación de la memoria de Mazarrón. En primer lugar, Mariano C. Guillén Riquelme, óptico, mineralogista, historiador y mazarronero de adopción. Con sus bien documentados libros y búsqueda incansable de fotos antiguas, ha rescatado del olvido una buena parte de la historia de Mazarrón, particularmente, el siglo de esplendor minero. Y en segundo lugar, que no detrás, Antonio Paredes Navarro, carpintero jubilado, hombre de curiosidad insaciable por el pasado, que ha sido capaz de montar un museo extraordinario con objetos que, de no ser por él, hubieran acabado en una hoguera o en la chatarra.

En el Museo, con Antonio Paredes y Pedro Martínez.

Conocí a Antonio Paredes a través de mi amigo Pedro Martínez Pagán, que me concertó una visita a su museo en agosto de 2020 (en estos tiempos de Covid, las visitas son con cita previa). El Museo Antonio Paredes dedica una gran parte de su superficie a la minería. Sin embargo, eché en falta una mayor representación de los minerales explotados, ya que sólo había piedra de alumbre y una pieza de galena muy sobada. Antonio reconoció que él no era experto en ese tema y me comprometí a ayudarlo. Durante el verano de 2020, con sede en Bolnuevo, me dediqué a recolectar los ejemplares de minerales que le entregué en septiembre de ese mismo año. Aquí podéis ver la memoria que describe las piezas donadas al Museo Antonio Paredes.

Minerales de Mazarrón donados al Museo Antonio Paredes, en el momento de llevarlos…
… y ahora formando parte de la exposición (foto por cortesía de L. Arrufat).

Hay muchas más cosas sobre Mazarrón, sobre todo en cuestión de minerales y arqueología, de las que hablaré en futuros posts. Éste está dedicado a mi padre, José Raja Caruana, que me llevó muchas veces a las terreras de San Cristóbal a buscar minerales.

Acabo con una petición: si tenéis 40 minutos e interés en Mazarrón, por favor, dedicadlos a ver este vídeo de Juan Sánchez Calventus, defensor del paisaje cultural minero. Ojo, hay traca final. ¡Gracias!

Rincón de Bolnuevo – Puntabela, otro motivo para visitar Mazarrón.

Para saber más sobre la mineralogía de la comarca de Mazarrón visiten mi post Minerales de Mazarrón.

Almadén, la mina

Almadén, la mina… Un pleonasmo o tautología para comenzar, puesto que la palabra árabe de la que deriva Almadén significa “la mina” (reflexionad un momento, con la etimología en la mano, sobre el comienzo de la frase que sigue). La mina de Almadén es uno de esos santos lugares de la mineralogía a los que me referí hace cuatro semanas (o posts), porque es el lugar de la corteza terrestre donde se ha concentrado la mayor cantidad de mercurio. Se estima que la mina de Almadén (ojo, la mina, en singular) ha producido un tercio del mercurio mundial.

Tere fotografiando las «garrafas» de hierro en las que se transportaba el mercurio, museo del Parque Minero de Almadén.

Tras más de veinte siglos de explotación casi continua (hasta 2003), sigue siendo el lugar con más mercurio del planeta. Si no fuera suficiente, en la cercana localidad de Almadenejos también se explotó el mercurio y hasta manaba líquido por el suelo. Siendo tan grandes las reservas de mercurio, el cese de la minería tiene su principal motivo en las políticas para restringir el uso de este metal debido a la toxicidad de muchos de sus compuestos. Insisto, ciertos compuestos, porque ahora puede parecer un milagro que mi generación haya sobrevivido a las desinfecciones de heridas con mercromina, a los empastes dentales de amalgama y, sobre todo, al juego con las gotitas de mercurio de los termómetros rotos.

Frasquito con mercurio que se solía entregar como recuerdo a los visitantes de la mina.

El mercurio se encuentra en Almadén mayormente en forma de cinabrio, un sulfuro de intenso color rojo usado como pigmento en la antigüedad. También hay diseminado en la roca mucho mercurio nativo. La palabra misma “cinabrio” nos llega sin apenas cambios del griego, y quizás sea incluso más antigua. El cinabrio puro tiene una densidad de 8,17 g/cm3, superior a la de la plúmbea galena, y que es impresionante para una piedra roja con cristalitos translúcidos. A veces le pido a los visitantes que comprueben la gran densidad del cinabrio sopesando una pieza con la mano. Cuando les digo que el peso se debe al mercurio contenido, dejan la piedra con aprensión. Yo suelo “tranquilizarlos” diciendo «no te preocupes, tu cuerpo recibirá más mercurio de una rodaja de emperador a la plancha o de un tartar de atún que de esta piedra»

Cinabrio (rojo) impregnando cuarcita (negra).

Conservo desde la infancia un fragmento de la clásica cuarcita negra de Almadén impregnada de cinabrio que le regalaron a mi padre en Madrid, su último destino laboral, porque sabían que a su hijo le gustaban las piedras. Me la entregó con la misma advertencia que le dieron a él: nunca tocar los objetos de oro con ella. Aunque no sé hasta que punto el mercurio líquido o volátil puede formar amalgama con el oro a temperatura ambiente, sigo respetando escrupulosamente el consejo.

Cinabrio puro, esta vez lo oscuro no es cuarcita.

He estado varias veces en Almadén. La primera en 1989, al comienzo de mis estudios en la universidad. Entablé amistad con un estudiante de Ciudad Real que me invitó a pasar unos días en su casa. Casualmente, su familia conocía a alguien en la mina y me concertó una visita. Recuerdo llegar a Almadén en tren una tarde fría y lluviosa. Al salir de la estación me esperaba un coche de la empresa minera. No recuerdo mucho del paseo por las instalaciones, tras el cual recogí unas muestras de mineral bajo la lluvia. Años después, ya en este siglo y en mi coche, volvía a pasar por Almadén. Un guarda nos permitió recoger algunas piezas de un acopio cercano, pero en esa ocasión mi mano ya estaba entrenada para buscar el cinabrio puro (filoncillos en la roca de caja, bandeados por un silicato).

Cristal de cinabrio, con gotitas esféricas de mercurio nativo.

Casualidades de la vida… había quedado en la famosa Venta El Descargador de La Unión con “El Robles” para visitar la mina de Los Pajaritos, y se presenta con un señor que podría pasar por Don Quijote que también viene a picar cuarzos. Resultó ser Fernando Palero, el ingeniero de minas encargado del acondicionamiento de las galerías históricas de la mina de Almadén para su uso turístico tras el cese de la minería. Con él realicé una visita inolvidable, pasando por túneles que databan del s. XVII todavía sin desescombrar, con el malacate del Baritel de San Andrés tal como lo dejaron hace siglos. Después me llevó al último acopio de mineral que quedaba y partimos a mazazos algunos bolos en busca de cristales de cinabrio.

Malacate en el Baritel de San Andrés, tal como se puede ver ahora.

La última vez que visité Almadén fue en 2019 como parte de una excursión organizada por mi querido Paco Guillén para los alumnos del Curso de Patrimonio Geológico en la Universidad de Murcia, a la que también podían apuntarse los amigos hasta completar el aforo. El Parque Minero de Almadén ya estaba abierto a los visitantes, así que hicimos el recorrido turístico tal como está montado, que incluye bajada en jaula y salida en trenecito. La visita es muy recomendable, pero no esperen recoger muestras de cinabrio: ya no se puede.

Bajando del trenecito tras la visita a las galerías.

Hay mucha historia en Almadén, tanto en la mina como en el pueblo. No hablaré aquí de los forzados que no volvían a ver el sol en su vida… eso es fácil de encontrar en Internet. Menos conocido es el asunto de las berenjenas. Cuando a alguien de Almadén se le pregunta por berenjenas, siempre responde diciendo que las suyas son mejores que las de Almagro. Quizás esta rivalidad entre las villas se remonte la época del renacimiento, cuando las ganancias de la mina de Almadén eran invertidas por sus arrendatarios, los Fugger (Fúcares, para los habitantes de entonces), en embellecer Almagro.

Castillete metálico en lo que es ahora el Parque Minero.

Para acabar, un hallazgo sorprendente en el corazón de la Región de Murcia. Paseando por lo que debió ser un asentamiento prehistórico cerca de Ricote, un amigo que siempre tuvo mejor vista que yo, recogió una piedrecita de poco más de un 1 cm que resultó ser cinabrio impregnando una cuarcita grisácea. Por motivos de primer curso de Ciencias Geológicas, la china no procede de los alrededores. Y la paragénesis nos dice que es bastante plausible que provenga de Almadén, de un tiempo remoto en el que el cinabrio era solamente un pigmento.

Cinabrio de Almadén (?) llegado a Ricote en la Prehistoria (?).

Weekend en los Alpes

Me he dado cuenta de que en lo que llevo de blog hasta ahora, mis menciones a los viajes parecen siempre cosa del pasado. Para romper con esa tónica, hablaré de lo que hice hace apenas un par de semanas: pasar un weekend en los Alpes. No es por esnobismo que escribo la palabra inglesa, sino porque la usan corrientemente los franceses, y es más corta que decir “fin de semana”.

Besançon, casas junto al Doubs

Antes de eso había estado unos días en Besançon, ciudad a la que le tengo mucho apego. Mis colegas Gilles y Florence iban a pasar una semana de vacaciones en su chalet en los Alpes, cerca de l’Alpe d’Huez, y me ofrecieron la posibilidad de visitarlos allí en mi regreso a España. Naturalmente, acepté con gusto la invitación y el viernes por la tarde me presenté allí con unas botellas de garnacha tintorera, monastrell y Pedro Ximénez (desde hace mucho tengo la costumbre de llevar vinos españoles a Francia y volver con vinos franceses). El chalet es bastante grande y tiene varias viviendas separadas habitadas por los padres y la hermana de Florence, ésta con su familia. Así que la primera cena allí fue multitudinaria.

Panorámica desde el chalet de Gilles y Florence
Le dîner en famille

He cruzado los Alpes entre Suiza e Italia, entre Austria y Eslovenia, he pasado unos días en Innsbruck… pero esta era la primera vez que me quedaba literalmente en la montaña. Era una ocasión única para buscar minerales, y a falta de información consulté el mapa del tesoro (mindat.org). De los varios lugares que se indican por la zona, hay uno muy cercano que ha proporcionado muy buenos ejemplares de cuarzo. Hay que decir que el cuarzo alpino es famoso por el hábito y la limpieza de sus cristales. El yacimiento fue fácil de encontrar, a unos metros del “virage numéro 11” de la mítica subida al Alpe d’Huez del Tour de Francia, curva dedicada al no menos mítico Bernard Hinault.

Virage numéro 11 «Bernard Hinault»

Se trataba de una antigua mina (Mine de Ribot), cuyo acceso estaba cerrado con malla metálica y un cartel advertía de las consecuencias legales de forzar la entrada. No obstante, la escombrera frente a la bocamina bastaba para poder hacerse una idea de lo que hubo dentro. En particular, recuperé unas muestras de sulfuro polimetálico con predominancia de galena, lo que explica que la minería antigua de la zona esté ligada a la explotación de plata, como el sitio cercano de Brandes. Lo que más destacaba entre el escombro era el cuarzo masivo acompañado de algo de barita, con abundancia de cristales transparentes de cuarzo, que superaban el centímetro con dificultad. A la búsqueda de cuarzo, además de Gilles y Florence, se sumaron la hermana de Florence y su marido.

Entrada a la Mine de Ribot
Todos buscando minerales en la escombrera de Ribot

En otra excursión, con Gilles y Florence, nos dirigimos a unos lagos que quedan por encima de Alpe d’Huez. El día sombrío y lluvioso a ratos no impidió llegar a un canchal en el que los líquenes delataban la cuarcita, y así la posibilidad de cristales de cuarzo. En efecto, el cuarzo estaba presente, pero no como para que mereciera la pena darle mazazos a la roca. Tengo cristales de cuarzo de buen tamaño y de muchos sitios. A estas alturas de mi vida, encuentro más satisfacción en descubrir dónde están los minerales que en llevármelos a mi casa. Pero lo mejor de todo fue ver como Gilles y Florence se afanaban en buscar minerales. Después de más de veinte años pasando allí las vacaciones, habían descubierto un nuevo aspecto de las montañas. 

Paisaje de alta montaña
Masa de barita cerca de los lagos de Alpe d’Huez
Gilles y Florence trepando por el canchal de cuarcita

Ya en casa, Florence limpia las muestras que ha recogido y las pone en una cajita. Así es como comienza una colección de minerales… y me dará mucho gusto saber que la continúa. Bueno, cuando los tiempos lo permitan, el de reloj y el atmosférico… En efecto, comenzó a nevar unos días después de mi regreso y hasta el verano será difícil volver a buscar piedras a esas altitudes.

El comienzo de la colección de minerales de Florence. Destacan los cristales de cuarzo de Ribot.

Llega el momento de despedirme de Gilles, Florence y de las montañas. Muchísimas gracias queridos amigos por vuestra hospitalidad y vuestra compañía en estos días excepcionales en los Alpes.

Á bientôt chers amis !

Piritas riojanas

La mineralogía tiene un buen número de Santos Lugares a los que un aficionado devoto debe peregrinar, o al menos intentarlo, alguna vez en la vida. Tenemos mucha suerte de que varios de esos santuarios del mineral estén en nuestro país, como son los yacimientos de pirita riojanos de Navajún y Ambasaguas, ambos en el entorno de la Sierra de la Demanda, casi en el límite provincial con Soria. Allí se encuentran los mejores cristales de pirita del mundo. No es exageración. La Ciencia lo dijo, y yo no miento, como tampoco lo hace el mono del anís. Hay que decir que las minas de Navajún y Ambasaguas se dedican a la extracción de ejemplares de colección, por lo que la visita está regulada, si bien eso lo he aprendido después de estar allí. No daré información técnica aquí sobre un mineral de sobra conocido como es la pirita. Este post va sólo de mi historia con las piritas riojanas.

Macla de dos cristales cúbicos de pirita de Navajún

La primera vez que pasé por Navajún fue sin premeditación alguna. Después de cenar en París, me dispuse a conducir toda la noche mi añorado Renault Clío (siempre me ha gustado conducir por la noche, pero reconozco que cada vez me cuesta más). El primer café de la mañana lo tomé en Caparroso (Navarra). Mirando el mapa de carreteras pensé que difícilmente podría pasar más cerca de Navajún en el futuro, así que ¿por qué no? Al llegar al angosto pueblo de casas de piedra, acierto a preguntar a los mineros que se disponían a subir a la explotación en un Nissan Patrol para comenzar la jornada. Me dicen que los siga en mi coche. El camino era muy empinado y a pesar del frío matinal sentía como el motor trabajaba en exceso. Es muy posible que los problemas de culata que el coche tuvo después empezaran allí. Al llegar arriba, uno de los mineros me señala una zona por donde puedo recoger piritas, ya algo oxidadas, que a ellos no les sirven. Tras hacer un pequeño acopio, les doy las gracias y sigo mi camino a Murcia. 

Estrato con piritas, algunas oxidadas superficialmente

He vuelto a Navajún en un par de ocasiones más, aprovechando expediciones turísticas por La Rioja. Casualmente, esas otras veces han sido en domingo o festivo. Sin mineros, pero con la cancela del camino echada, por lo que he tenido que subir a pie. El frente de explotación de la mina Ampliación a Victoria está aislado por una charca, que ablanda la roca y protege las piritas de los furtivos. Cuando los mineros llegan, lo primero que hacen es poner en marcha la bomba para achicar el agua y despejar el acceso.

Pieza con cubos de pirita en matriz de Navajún

Bueno, hay que decir que la charca no es un impedimento si uno está dispuesto a mojarse. Así, con el agua helada como corresponde en plena Semana Santa, allí me metí. Gracias a eso pude hacerme con algunas piezas un poco más grandes de lo habitual. En el frente de explotación al otro lado de la charca, los cubos estaban ligeramente deformados y muy estriados, dándoles un singular aspecto artístico que me resultó novedoso.

En la charca de Ampliación a Victoria con piritas en las manos

Ambasaguas es un lugar si cabe más remoto y merece la pena visitar el pequeño pueblo deshabitado. Se puede decir que las piritas de Ambasaguas complementan, cristalográficamente hablando, a las de Navajún: mientras que en Navajún predomina el cubo, eventualmente en combinaciones con octaedro; en Ambasaguas predomina el piritoedro (rombododecaedro) que, combinado con cubo, da lugar a «cubos panzones».

Macla de «cubos panzones» de Ambasaguas

Llegando a la explotación de pirita, unos carteles avisan de la prohibición de entrar. Así que decido ir por el cauce seco de un arroyo al que han caído algunos escombros con piritas. Al poco se presenta un señor acompañado de un mastín, que viene a decir lo mismo que pone en los carteles. Yo le respondo que hasta donde conozco la ley, el cauce es de dominio público. El hombre me respondió con un contundente «eso al perro le da igual». Así que mi visita a Ambasaguas fue algo más breve de lo que esperaba. Aún así pude traerme alguna muestra para dar testimonio de que cumplí con la peregrinación a los santos lugares riojanos de la pirita.

Muestras de pirita de Ambasaguas: piritas en matriz y macla con óxido superficial

Lo que me cuenta una wolframita de Córdoba

Al comienzo de la Galería de minerales digo que mi colección no contiene minerales procedentes del comercio, en general. Eso no significa que yo me autoimponga no comprar minerales. De hecho, adquiero minerales de vez en cuando por motivos diversos: se trata de una bella pieza que nunca podría encontrar yo mismo; o bien quiero familiarizarme con un determinado mineral antes de ir a buscarlo a una mina… o ese ejemplar está tan barato que no puede ser verdad. Lo que digo, sencillamente, es que esas piezas no forman parte de mi colección. Llegado este punto, podéis decir que soy un majadero de primera… pero todo tiene su motivo, y el mío es que las piedras me tienen que contar una historia. Cada vez que miro mis vitrinas, en lugar de minerales veo recuerdos, viajes, aventuras… en definitiva, historias vividas que un ejemplar comprado en una tienda difícilmente me puede contar. Muchas de esas historias las escribiré en este blog, pero algunas otras seguirán siendo un secreto entre mis piedras y yo. Hoy os contaré la historia de una wolframita de Córdoba. Mejor dicho, me limitaré a trascribir lo que ella me cuenta a mí.

Pero antes de comenzar con la historia, haré algunos comentarios generales sobre esta mena. Se podría decir que la wolframita es un óxido de wolframio, hierro y manganeso donde estos dos últimos metales se complementan en proporciones variables. Sin embargo, por misterios de la Ciencia Química, este mineral se considera un wolframato de hierro y manganeso, es decir, la sal que produciría por reacción el llamado ácido wolfrámico, que ni siquiera existe como líquido. En la wolframita es más frecuente la presencia de hierro en detrimento de la de manganeso, aproximándose a la variedad llamada ferberita.

Las mejores wolframitas (variedad ferberita) de la Península Ibérica proceden de Panasqueira (Portugal). Curiosamente, la ferberita fue identificada por primera vez en Sierra Almagrera (Almería). Eso es algo que tengo muy presente cada vez que remonto el Barranco del Jaroso desde Los Lobos, sin que hasta el momento me haya tropezado por allí una sola piedra sospechosa de contener wolframio.

Ferberita de Panasqueira (comprada), no es parte de mi colección

Ahora sí, comienza la historia… Con mi Renault Clío hice muchos viajes de fin de semana a distintos lugares de España en busca de minerales con «el Mirete» como guía en el asiento del copiloto (Introducción a los minerales de España, Emilio Galán y Salvador Mirete, IGME 1979). Sin embargo, la elección de Villanueva de Córdoba fue resultado de las menciones a la minería del wolframio hechas por unos antiguos vecinos procedentes de la localidad cordobesa.

Llegué a Villanueva de Córdoba por la tarde, y salí a cenar después de asegurarme una habitación para esa noche en una pensión (no existía todavía Booking.com). En un bar cercano se estaban convidando unos señores que debieron de haber conocido las minas en activo por mera cuestión de la edad. Después de invitar a los parroquianos a varios chatos de vino y una ración de jamón, la información más interesante me la proporcionó don Pedro, un señor menudo que debía pasar de setenta. Acordamos que a las 6:00 AM del día siguiente lo recogiera para ir a su campo, en donde se explotó el wolframio.

Todavía a oscuras y molido por el madrugón recojo a don Pedro. Camino de sus tierras hacemos sendas paradas en dos bares a “calentar motores”. Al final llegamos pasadas las 8:00, ya con el sol fuera. Por el camino me va contando su historia. En sus tierras no hubo una mina oficialmente hablando, sino mineros furtivos que llegaron allí a explotar una veta de wolframio cuando el precio de este metal estaba disparado por la Segunda Guerra Mundial. Su padre tuvo que avisar a la Guardia Civil para echar a los mineros que invadían su propiedad.

Don Pedro me dijo que era frecuente encontrar por allí piedras con pintas negras de wolframio (wolframita) y me enseñó una bastante grande que guardaba desde hace muchos años para que viera el aspecto del mineral y supiera lo que buscar. Tras un par de horas, don Pedro ya había acabado sus tareas en la parcela, mientras que yo apenas había encontrado unas pocas piedras de cuarzo con inclusiones diminutas de wolframita. Viendo mi evidente decepción, don Pedro se acerca con la piedra que me había enseñado antes y me dice que me la quede. Regresamos a Villanueva y agradeciéndole una vez más su generosidad me despedí de él.

La wolframita que me regaló don Pedro, es parte de mi colección

Esa wolframita forma parte de mi colección. Cada vez que la miro me cuenta esta historia y me acuerdo del señor Pedro de Villanueva de Córdoba.

Piedra imán

Una de mis fotos que más ha circulado en Internet: no te extrañe verla en webs de esoterismo…

Antes de que la electrónica matara a la imaginación, un imán era lo más parecido a la magia con lo que podían jugar los niños. Yo, que hace años que no me siento aludido por la palabra «joven», sigo jugando de vez en cuando con imanes. Los tengo de distintos materiales e intensidades. El imán de acero más potente que tengo (en esta categoría no entran los de neodimio) lo tengo puesto con alfileres apoyados por sus puntas que se mantienen verticales.

El «truco» es que se trata de la cara débil del imán, donde el campo es muy homogéneo. Los alfileres se magnetizan de manera que en la parte distal (cabeza) aparece un polo del mismo signo que en la base, por lo que ese extremo es repelido, como es atraída la parte de la punta.

Me resulta particularmente asombroso que podamos encontrar piedras con la capacidad de atraer el hierro, que ha sido adquirida de manera natural, al contrario que el imán de la foto, que es un producto manufacturado. No voy a repetir aquí las leyendas sobre la piedra imán prácticamente conocidas por todo el mundo. Lo que voy a hacer es contar mi experiencia con este mineral.

Primero hay que aclarar que la piedra imán es magnetita, pero no al contrario: rara vez un trozo de magnetita es capaz de atraer un clip (salvo que el clip, a su vez, esté magnetizado). La magnetita es atraída por el imán, como cualquier otro material magnético, pero actúa como imán en contadas ocasiones. Así pues, la piedra imán (llamada también calamita, o lodestone en inglés) es un trozo de magnetita que atrae el hierro u otros materiales magnéticos de manera sensible.

Ilustración mostrando una piedra imán con armadura de hierro dulce para potenciar sus cualidades magnéticas (A. Ganot, Traité élémentaire de physique expérimentale et appliquée, 1866)

¿Dónde se encuentra la piedra imán? Hay localidades tan clásicas como remotas: Magnetic Cove en Arkansas, montes Urales, Capoliveri en Elba (Italia), un templo de Kioto (Japón, las imágenes las grabó mi sobrino)… Puede dar la impresión de que es un objeto raro. En principio, si hay magnetita puede haber piedra imán. En la Región de Murcia hay una gran yacimiento de magnetita, las minas de Gilico (Cehegín), donde se pueden encontrar fragmentos de magnetita arbitrariamente grandes pero con escasas cualidades como imán. Sin embargo, entre los fragmentos de magnetita que han sido arrancados por la erosión, sobre todo en los bancales, es más probable encontrar una pieza capaz de atraer un clip o un clavo. Así es como conseguí mis primeras piedras imán.

Piedra imán de Bullas (Murcia)

Pero hay más magnetita en la Región de Murcia. No puedo dejar de mencionar el Cabezo Gordo (Torre-Pacheco) donde hay bonitos cristales octaédricos de magnetita pero no he encontrado piedra imán. Lo curioso es que en las minas de La Unión, no siendo la magnetita un mineral predominante, sea el lugar que me ha proporcionado las piedras imán más intensas.

La «estrella» de la colección

Esta pieza la recogí hace muchos años. No es muy grande, pero tiene los dos polos «bien colocados», en los extremos más distantes, por lo que son casi opuestos, además de intensos. Para hacerse una idea de que quiere decir eso, véase la siguiente foto.

La piedra imán levantando unas viejas tijeras de tamaño mediano

Hay teorías que tratan de explicar el origen de la piedras imán, pero no me decanto por ninguna. El caso es que este lugar de la Sierra Minera está bendecido con el magnetismo, y lo visito de vez en cuando para ver si aparece otra pieza que le quite el título de «campeona» a la que os he enseñado. De momento, la otra «finalista» desempeña un papel muy importante en mi despacho.

Así no pierdo los clips…

Hace no mucho, un profesor de un IES de Dos Hermanas (Sevilla) contactó conmigo para que le proporcionara una piedra imán para su uso en clase. Como me pareció una petición muy razonable, tiré de stock y le envié una de las más decentes, costeando yo mismo los portes. Sólo le pedí a cambio que me enviara una foto del uso docente de la piedra para ponerla en este artículo, que por aquel tiempo no era más que un proyecto ¿Ven ustedes la foto? No, no es un fallo… aparentemente poner aquí la susodicha foto podría acarrear problemas legales, aunque no salgan rostros de estudiantes, aunque omita el nombre del centro (como estoy haciendo ahora). Moraleja: no me pidan más piedras.

Editado 30/11/2021: Veo con alegría, gracias a Google, como la foto de mi mejor piedra imán colgada hace años en mi web corporativa sigue siendo usada en el comercio de las supuestas propiedades mágicas de este mineral.

Editado 30/04/2022: He pasado la foto al comienzo porque Google la primera foto es asociada por Google como icono de la página… cosas del marketing.